Recuerdos del futuro

Me descuadriculé
y desde entonces
soy un mosaico de colores
piezas de puzzle
llenas de interrogación
Colores
Me acabo de dar cuenta que El Bosque callado ya tiene más de un año. Un bosque, un año, que comencé con fuerza, aunque después he ido teniendo que centrar mis esfuerzos en otras realidades. Pero me encanta saber que siempre puedo volver. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que me encanta saber que todos vosotros estáis ahí.
Gracias a todos por vuestras lecturas, por vuestras impresiones y por dejar descubriros y descubrirme. Gracias porque este bosque no existiría sin vosotros.
Acabaría secándose sin remedio.

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Sordera de otoño

No puedo más
Con este silencio de cantos rodados
Con este silencio que atruena el barco
No puedo más
Cielo gris y mar sin horizonte
No puedo más
Impaciencia
Inquietud
Y no te veo tras el quicio de la puerta
Sordera en la mirada.
Gris
Siento la tristeza de tu ausencia ausente
como el mar añora a las olas
las orillas, los peces
las letras, las palabras
Siento el silencio de mi lengua callada
mudez con ganas de gritar
pero se me han ido las vocales
añoranza sólo queda
Siento el otoño del tiempo
arrugas en la inspiración
sin ver, horizonte difuso
huelga por la piel
Siento gris
Me echo de menos
Te echo de menos sin saber
Huida II

Reflejos de lo que quisiera
Retazos de lo que soñé
Huida
Única salida posible, aparente
Y sin embargo ni huir puedo
Realidad dual que me deja soñar
Sin conseguir los sueños
Sueños irreales
que no ayudan a sobrellevar esta realidad
Dualidad en las raíces
Y muchas ganas de chillar
Ecos entre ramas.
Iris

Quisiera ser
como nube de caramelo
entre tus besos terciopelo
Quisiera ser
horizonte gris, mar eterno
O puesta de sol
en las orillas de tu pecho
en los tesoros de tu piel invernadero
Oír las campanas de deseo
en el malecón de tus recuerdos
Ser turista en la ciudad de tus secretos
Mar, aire, ola, viento
sin edades, ni tiempos
Y todos los colores
- turquesa, gris, añil –
quisiera ser
Iris en tu descubrimiento
Incertidumbre

Y es la incertidumbre
camino frágil
duda espesa
miedo en la piel
razón inconexa
Y es la incertidumbre
decisión ajena
voluntad en huelga
no saber…
No saber si será
Si habrá caminos
- sin culebras-
Ahora, hoy
se me encoge el estomago
se me nubla la vista
Culebras
Incertidumbre hecha
Amor en letras

Necesito que me hagas el amor con todas tus palabras
que tus vocales me acaricien
y tus consonantes me besen
Sentir tus hiatos de silencio entre los muslos
y todos tus diptongos, sonoros por mi piel
Deleitarme en tus estrofas, miel para mis retinas
Y sentir la cadencia de tu verso
y el aliento sin acento de tu voz
Necesito todas tus letras
Te necesito
Infinito placer
Dosis de orgasmo escrito
Foto de Ed Goldstein
Agua de mar

Y de tu mano descubrir lo que siempre soñé
Ángel González
En las sombras del silencio
añoro vuestras palabras
Agua de mar para los sentidos
Oleaje en calma para mi sed
Y sueño con lo que de tu mano soñé
Y tiemblo con el miedo aferrado a la piel
Miedo a perder
ilusiones entre vocales
y sonrisas
Sueños, mares y palabras
Todo sonrisas sois
Y tiemblo
miedo amargo a perderos
sin haber temblado
bajo vuestra mirada
frente al mar
sonriéndonos, Capitán
Silencio

Silencio
Silencio anudado a la garganta
Sol callado en días de verano
Recuerdo
Primavera de tus labios
Jugando por mis manos
Silencio
Por encima del hallazgo
Encuentro inusitado
Silencio
Y sólo la memoria
me sube por la piel
Germinando

Sed de ti
de tus labios, árboles
de tus ojos, ramas
de tus manos, raíces
Sed de tu mirada trémula
y de tu deseo en gotas
y de tu sed de mi
Sed de ti
creciendo desde el otoño
germinando en primavera...
P.D. Gracias por vuestros mensajes, por vuestro apoyo en primavera.
Demasiados cambios, demasiadas mudanzas...
Cansancio
No puedo más.
P.D. Y os echo de menos. Y me echo de menos.
Enroscada II
Nympheas. Claude Monet
Enroscada
en el hábito de los sueños
en las sombras
de tu son de terciopelo
Enroscada
cuan fantasma
crisantemo
Enroscada
en la risa de tus versos
en el mar oceáno
de tu sueño
Insomnio
De repente me sentí completamente despierta. Despierta en la oscuridad de la noche sin haber recorrido el tránsito desde el sueño a la vigilia. Tenía tu nombre impregnado entre las sábanas y el regusto del sabor de tus besos en la garganta. Y no podía dormir. Comenzaba a ser la noche una larga carrera en la que pasaban las horas mientras me debatía, nerviosa, acurrucada en tu recuerdo. Sentía el cansancio por los párpados y mi piel ya percibía los claroscuros que se dibujaban por las paredes de la habitación. Supongo que amanecía y, de repente, te intuí despierto. Quizás leyendo aquella novela de Regás que me contaste y que juzgué tan claustrofóbica. Como claustrofóbica comenzaba a parecerme esta noche insomne. Quizás tu insomnio ha convocado al mío. Entre las sombras que me rodeaban comenzaron a alzarse párrafos enteros de letras; letras que flotaban a mi alrededor, distrayéndome del propósito de mantener los ojos muy cerrados para dormirme. Letras que releía inconsciente desde la memoria; aquel Son de mar callado que días atrás me trajo tu recuerdo:
“Aquel paraje se llenó de la respiración de los dos y también de los latidos de sus pulsos. Y pese a que el oleaje golpeaba las rocas con un fragor hueco el silencio seguía siendo igual de profundo. Se sentaron a la sombra de un olivo, uno junto al otro, sólo para no decirse nada. Luego caminaron por la alta planicie hasta la punta del cabo y se asomaron al acantilado. En el fondo del abismo chillaban las gaviotas y se veían pasar estáticos unos veleros sobre un mar con brillos de zinc y aunque el panorama era muy espectacular ellos siguieron guardando silencio que era lo que más les unía.” (Manuel Vicent)
El silencio. En estos días de transcurrir callado he pensado mucho en el silencio. Y tras una noche en la que tampoco conseguía conciliar el sueño, escribí:
Tic tac tic tac
suena el reloj
rey indiscutible
silencio
cada vez más fuerte
cada vez mayor
Esta mañana el despertador rompió mi silencio. Un silencio desde el que te soñaba, sólo roto por el sonido de tus besos y por el temblor de tu barbilla. No recuerdo cuándo caí dormida, sólo que la luz se colaba ya por las rendijas de la persiana. Quizás me dormí cuando conseguí acostumbrarme de nuevo a aquella sensación que nació en otoño. Aquella sensación que nos acompañó hasta el invierno. Aquella sensación que se agazapaba detrás de cada palabra y de cada silencio, detrás de cada sonrisa y detrás de cada instante de cordura. Y detrás de cada beso no dado. Aquella sensación que sólo puede ser vértigo. Un vértigo cada vez más grande, que me despierta, que no me deja dormir, que sacude mi cuerpo como un látigo. Un vértigo que se trastoca en deseo. Es vértigo y me noto caer, y caer, y caer. Como si volara. Y al final llego a una inconsciencia llena de luz. Como la luz que una vez quise ser para acariciarte siempre. Como la luz que se colaba por las rendijas cuando conseguí dormir. Como la luz que reinaba ya brillante cuando ha sonado el despertador. Como la luz que ayer, más que nunca, despedían tus ojos primavera.
Reflejos
Anclada a la primavera
de tus manos
- reflejos-
del deseo guardado
en la memoria
- espejos -
de una realidad ajena
invierno en voluntad
Foto de Fernando Manso