Mudanzas
Árboles callados, mudándose
Comienza una época de cambios, más si cabe... A las mudanzas que pululan por mi cabeza desde el otoño se añade de repente una mudanza de verdad que se materializará a lo largo del mes, que me trastocará la vida y que me mantendrá un tanto alejada de este mundo que tanta vida me da. Mudanzas... el diccionario dice que mudar es:
- (1)Cambiar una persona o cosa el aspecto, la naturaleza, el estado, etc.
- (2) Dejar una cosa y tomar otra en su lugar.
- (3) Remover o apartar de un sitio o empleo.
- (4) Efectuar una ave la muda de la pluma.
- (5) Renovar la epidermis los gusanos, las culebras y otros animales.
- (6) Experimentar un muchacho el cambio de la voz en la adolescencia.
- (7) Variar, cambiar.
- (8) Cambiar de modo de vida.
- (9) Cambiarse de ropa interior.
- (10) Dejar la casa que se habita y pasar a otra.
- (11) Irse uno del lugar, sitio o concurrencia en que estaba.
En fin, he comenzando con la acepción una, mudando un poco este bosque callado y actualizando sus raíces y sus troncos, que falta le hacía; por cierto, sigo confesando mi inutilidad para instalar el contador: he probado hasta con tres distintos, pero por más plantillas que copio – siguiendo todas las instrucciones- siempre me da error! (se aceptan ayudas y mudanzas temporales). La acepción dos la realizo cada vez que os leo, aunque me temo que me llevo muchísimo más de lo que os dejo. La tres se cumplirá a finales de abril (esa es la mudanza del horizonte). En la cuatro difiero del diccionario...¿se dice una ave? Siempre hubiera dicho un ave... La cinco aparte de cumplirla escrupulosamente cada verano trato de tenerla presente el resto del año, ya sabéis, no hay que dejar células muertas por la mente. En la seis me rindo a la naturaleza: por más que quisiera probarla es bastante difícil... Ay, la siete...¿cambiar, variar? En muchas cosas a cada momento, en otras jamás... lo que me lleva a la ocho y a uno de los conceptos que me paso la vida analizando: el modo de vida (demasiado teórico, lo dejaré para otro día...). Prometo que me mudo cada día de ropa interior y que la mudanza diez, no será mi décima pero sí mi séptima y no mi última. Que me apetece mucho y que me horroriza. Que en un mes de mucho trabajo, con viajes y mil cosas más, tendré además que salir de mi casa, lo que implica: buscar cajas de cartón, comprar cinta, tijeras y papel de pompitas, empaquetar, limpiar, espulgar, tirar, dejar mi vista sobre Madrid, dar de baja la luz, el teléfono, el agua, el gas, avisar del cambio de dirección, recuperar mi fianza y no perder los nervios... para llegar a mi nueva casa y medir, elegir muebles, electrodomésticos, comprar, limpiar, montar, instalar, morirme del horror cuando las cajas no me dejen ver... y volver a dar de alta la luz, el teléfono, el agua... y hacerme con el barrio, descubrir el supermercado más cercano y los autobuses y, sobre todo, descubrir nuevas vistas que me alegren la mañana, porque esta séptima mudanza mía me lleva a la acepción undécima: me voy del lugar en el que estoy a un nuevo sitio, físico, nuevo, desconocido.
Sin embargo, dejadme deciros una cosa: aunque pueda desaparecer un poquito por fuerzas mayores, no abandonaré esta concurrencia que sois vosotros, que me muda cada mañana el gesto, que me puebla la cara de sonrisas, que me trastoca el alma, que me descubre azares y sorpresas. Intentaré no desaparecer del todo... porque ya casi os estoy echando de menos.
Viento

Winding the skein
Se deslía el viento
de mi memoria
madeja de veletas
gregal de mar
jaloque de ideas
palabras calladas
trompetas
Se deslía el viento
alzándose
desde los orientes del azar
brisa, vendaval,
hasta los alisios
tramontanas de pesar
flautas de Levante
otoño estival
Se deslía el viento
el abrego y el mestral
y sopla y fluye
canción de sal
ponientes de miradas
sirocos a la mar
Se deslía el viento
en los saxos de la voz
turbinas de madera
árboles sin sol
garbinos, abregos
vendavales de función
Se deslía el viento
aleteos de cielo
travesías de sueño
ráfagas en poros
ondas por la piel
Se deslía el viento
intenso
turbulencias
Anemómetros
en soplos
necesito
Carta a Wilhelm
Hoy vuelvo de nuevo a las cartas. La de hoy es el resultado de un reto, del reto de un guerrero que estoy segura conocéis bien. Pues bien, el guerrero me retó y este es el resultado; un resultado modesto, en el que me abandono a la prosa, abandonando por un momento mis habituales vericuetos poéticos. Una carta a Wilhelm.
Espero que os guste.

Juan GrisFrutero, libro y periódico.
Queridísimo Wilhelm,
No sabes la alegría que me embarga desde que he sabido de tus andanzas, de tus viajes, de tus nuevos mundos. Y la envidia sana que me embarga también. La semana pasada me llamó Alma comentándome tu deseo de donar tu biblioteca al Departamento;no sabía que aún mantuvieras el contacto con ella, pero me comentaba que ya no querías tus libros, aquellos viejos tesoros acumulados, porque no pensabas volver y porque como ya los leíste una vez, no los ibas a necesitar; me decía que el único libro que quieres desde que te fuiste es el que vas escribiendo cada día con tus viajes. Así que aquí me tienes hoy, con las manos llenas de polvo y el alma llena de letras. Alma vino esta tarde y hemos estado un buen rato descargando entre las dos las primeras cajas que nos traía; me he comprometido a clasificarlas como sé que tú hubieras hecho y después hemos tomado un café en la cafetería de la Facultad. Todo sigue igual, las mismas sillas desvencijadas, el mismo olor a humo, las mesas con alumnos jugando al mus y los gritos de Pascual y Fernando desde la barra pidiendo los bocadillos a cocina. Todo sigue igual, menos los recuerdos que Alma hoy me ha traído de ti y de los tiempos que ya pasaron. Y la propia Alma, que ya no es aquella chica larguirucha que se presentaba en nuestro despacho preguntando siempre por ti, aunque fuera yo quien le diera clase. Alma está espléndida, con el mismo brillo que veía siempre en tus ojos cuando la mirabas y la determinación perfilándosele en cada gesto; cercana, cariñosa y llena de vida. Y ya hemos quedado en vernos la semana que viene, que será cuando me traiga el siguiente lote de tus libros.
Ay, Wilhelm, si supieras a veces como te echo de menos, si supieras cuánto vacío dejaste tras tu marcha quizás sin tú saberlo. Te imagino ahora mismo, leyéndome y sonriendo, con esa sonrisa que siempre me echabas. Pero a pesar de que me agrada imaginar que tus sonrisas son igual que las de antes, no puedo sino echarte de menos cada día que pasa. El Departamento sigue siendo el mismo nido de víboras de siempre, todos los pasos hay que realizarlos con el mismo cuidado que antes - áquel sobre el que tanto me advertiste cuando llegué- y los alumnos vienen cada vez con más ganas de salir con un trabajo y con menos de aprender. Tu sitio en el despacho que compartíamos lo ocupa Blas, que sigue siendo el mismo inepto y vago de entonces, y yo ya no tengo quien me diga aquello de “Nena, tú vales mucho” cuando me entran los ataques de inseguridad tras las clases, cuando no sé resolver bien las conclusiones de los papers y conferencias. Sí, Wilhelm, te echo de menos y echo de menos nuestros cafés a media mañana, tus comentarios en voz alta mientras leías el periódico y tus rituales cuando corregías exámenes ¿te acuerdas? Sin embargo, la alegría me embarga, superando toda la soledad en la que me dejaste, cuando te imagino viajando. Viajando por fin por aquel sueño que siempre tuviste y que no te dejabas a ti mismo formular. Y cómo te envidio, Wilhelm, cuánto te envidio... Te envidio el valor, la determinación y la creencia firme en aquello que, a veces, discutíamos: qué haríamos en la vida sin sueños o qué harían los sueños sin nosotros. Porque la vida que llenaste de sueños se ha convertido por fin en el sueño que la vida te debía y no puedo sino preguntarme cuándo la vida me regalará a mi mi sueño. Aunque para eso tenga primero que soñarlo...

Tulasi
Verás que sigo como siempre. Con mis mismas trascendencias cuando no son necesarias y mis miedos ante la rutina voraz, que tan bien sabes crece por estos pasillos. Con mis dudas sobre la pertinencia de hacer lo que hago y con mis dudas sobre si finalmente me adjudicarán la plaza y si es finalmente lo que quiero. Y te haré otra confesión más, amparada en la distancia que nos aleja, vivo deseando a quien no amo y amo a quien ya con la fuerza de los años no deseo. Y esa dualidad que sabes siempre me acompañaba pero que tan bien disimulaba en nuestras conversaciones, se hace cada vez más patente, no sólo en el deseo sino en los más pequeños detalles... Y también te echo de menos por ello, por aquellas conversaciones en las que sin hablar sobre lo concreto – sé que siempre sabías lo que me pasaba- tantos consejos, opiniones y refrendos me dabas... En fin, tampoco te quiero aburrir con las historias de este mundo que tan sabiamente cambiaste por el que ahora te acompaña; me basta con que sepas que dejaste un hueco muy grande, no sólo en este Departamento, sino en mi persona...

Alma me dijo que habías viajado por África, que disfrutaste de las calles de Egipto y de los desiertos de Libia pero que en breve irías a la India. Wilhelm, la India, appapa! Si llegas a orillas del Golfo de Bengala, recuérdame y escríbeme, tráeme de vuelta aquellos olores, los olores a arroz basmati y bhel puri emergiendo de las cocinas, los olores de las chapatti y los chakkuli que vendían por las calles, los olores a sambrani y garbatti de las casas, el de los idlis y jalebis de los desayunos... escríbeme y cuéntame si todo sigue igual, sorprendiendo a cada momento. No dejes de acudir a alguna boda y ver ese momento en el que el novio le pone a la novia el mangalya , compra algún langa-dhavani para Alma, brillante y de colores vivos, observa los rangoli dibujados con harina de arroz a las puertas de las casas y no te sientas extraño, a pesar de que te llamen sahib. Ay, Wilhelm, la India... ese país con mil países en uno.... no dejes de oler las flores, las plantas, y recuérdame aquellas fragancias. Busca las tulasi, esa especie de albahaca consagrada a Vishnu y las raat-ki-rani , maravillosas flores blancas que despiden todo su aroma por la noche o las champa, muy parecidas a nuestras magnolias con pétalos en forma de tubos... Disfruta de todo como nunca lo soñaste y acuérdate alguna vez de quienes aún permanecemos en la tierra de la indecisión. Y si puedes, escríbeme, lléname de tus viajes de forma tal que pueda salir de las paredes de este despacho que compartíamos y soñar con un sueño que quizás sea también el mío. El sueño de hallar el camino.Champa

Champa en flor
No dejes de caminar por el camino de tu sueño, Wilhelm, por la vida que por fin te regaló el sueño que te debía. Y gracias por tus libros, permanecerán aquí y seguiremos en deuda contigo y con los años que nos dedicaste, que me dedicaste.
Un fuerte abrazo y mil palabras llenas de sueños,
Ira
A orillas del Nilo

Atardecer en el Nilo
Serás bruma de invierno entre la arena
reflejo de la noche encarnecida
brillo entre todos los soles
espejeo a las orillas del Nilo
Y cuando regreses al calor del invierno
me hallarás esperando
tejiéndote palabras
en el bosque callado,
que es nuestro día
refulgiendo entre los sueños
de tu boca y la mía
Un viaje por la memoria
Hace tiempo os conté que había escrito dos cartas, no sé si lo recordáis. Pues bien, hoy he decidido transcribiros una de ellas, la que escribí aquel día dirigida a mi Capitán, a mi Capitán de todos los mares, viejo lobo sabio, que tantas letras me envía y que tanto me alegra contándome de sus andanzas por todos los puertos y por todas las tabernas. Mi Capitán escribe con sabor a salitre y ron y su escritura desprende esa fuerza callada que otorga el paso de los años, sin perder por ello todos los guiños y todos los arrebatos de la juventud. Pero lo mejor son los viajes. Los viajes que me regala por el tiempo y la memoria. Como aquél que me proporcionó aquel día tras obsequiarme con un puñado de pequeñas cosas que atesoraba en el baúl de su camarote. Aquí va lo que dio de sí ese viaje por la memoria.

Claude MonetSunrise.
Mi querido Capitán…
Me siento acariciada por tus palabras, llenas de mar, de sonrisas provocadas y de recuerdos que se multiplican al leerte. Y me ha encantado la travesía que he realizado contigo, sin saber y sabiéndote al mismo tiempo… Me ha encantado y la he releído unas cuantas veces esta tarde, cerrando los ojos en el despacho y soñando..… y he sentido ese mar a través de tus manos dibujándolo, de tus ojos viendo y contándome, de tus dedos recorriendo las teclas como quien acaricia la arena, esa arena que me cuentas. Y no sé qué me gusta más, si la arena, si el confín del horizonte donde no crecen los recuerdos o si la estampa del mar ardiendo, elemento contra elemento; creo que me quedo con la última, tal y como me la cuentas. Así me iría yo contigo. Sin saber que depara el mar cuando el barco virara tras el horizonte…quizás es igual, el agua de todos los azules siempre es bella y pocos paisajes bañados por el mar pueden dejar indiferentes, pocos, muy pocos…y mucho menos si tú me acompañaras…
Y qué decir de tus regalos…sólo ansío que sigas abriendo ese baúl que guardas en tu camarote y me sigas alegrando, salpicándome la memoria…
- La falda era amarilla, herencia de una prima y muy incomoda para andar en bici, pero yo me sentía estupenda con ella, con su color, con sus apliques metálicos en los bolsillos y por aquella sensación de sentirme mayor… Es curioso, hacía años que no la recordaba pero ha sido leerte y venirme al recuerdo, mi falda amarilla, mi favorita del verano.
- El aroma en mi piel adolescente tenía nombre de Cristalle y era de Chanel; el primer frasco fue regalo de mi padre tras ayudarle un verano en la oficina. Aún recuerdo la emoción al llegar a casa con mi perfume. No tenía vaporizador y apoyaba con cuidado la boca de cristal en mis muñecas y después posaba éstas en los lóbulos… También me sentía mayor. Aquél perfume me hacía sentir especial. Es curioso que, tras el paso del tiempo, acabara aborreciéndolo.
- Los lápices de colores, con su punta afilada y apenas utilizados descansan en un plumier de madera y fue un regalo de mi abuela en una de sus últimas Navidades. El plumier es vertical y tiene pegados recortables, de aquellos antiguos de muñecas. No sé cómo ha sobrevivido a través del tiempo y a todo tipo de mudanzas, físicas y mentales, pero ahora descansa en mi mesilla, haciendo equilibrios cada noche con los libros que se van amontonando…
- Como ya te comenté mi mala memoria para las películas no logro ahora mismo verlas reflejadas en ese espejo que me traes, pero serían sin duda clásicas, de aquellas que echaban en TVE en ciclos cuando no había más canales; me las vi todas y muchas aún andan confundidas en la memoria… Pero sí elijo una, El rostro impenetrable, protagonizada por Marlon Brando, que decoraba desde su moto en Salvaje mi habitación adolescente. Esa película sobre la venganza, sobre el amor, sobre la decepción me alcanzó desde la primera vez que la vi.
- Encerrar en una caja de música todas las canciones que me han hecho vivir es difícil: desde las religiosas que cantaba, o más bien vocalizaba, en el colegio de monjas hasta la bossa nova que ahora mismo me acompaña ¡qué difícil! Digo vocalizaba porque canto fatal, mal, mal… y mi gran frustración infantil fue no participar en el coro fantástico de mi colegio, que ganaba todos los premios y con el que mi abuela lloraba de emoción al oír Nabuco, clásico en los festivales navideños….así que yo, sólo vocalizaba… Me gusta la música que se puede paladear, la que me eriza la piel, las letras poemas, las notas envolventes y toda la música que me acompañó cuando las sensaciones nublaban la vista y sólo mandaba la piel… Y toda la que me queda por escuchar, la que me emocionará y la que me seguirá acompañando…
- Los paisajes que me gustaría que me acompañarán siempre huelen a mar, a las puestas de sol en L’Escala, pero también a campo, a montaña, a flores en primavera y a verde tirolés… como los paisajes de este verano desde lo que parecía el techo del mundo... uno, entre montañas con salpicaduras de nieve, luce en mi ordenador, para animarme a lo largo del día, en medio de fragores, ruidos y silencios…
- Y los cachorros tiernos entre los brazos son bracos alemanes, todos criados en la casa del guarda de la casa de mis abuelos, chiquititos y de todos los colores porque la mayoría de las veces el cruce no era planificado. Y todos tenían un nombre y eran apadrinados con fervor y despedidos con lloros y pataletas cuando eran regalados… Algunos se quedaban temporadas y nos destrozaban todo lo que encontraban a su paso: toallas, bañadores, gorros y hasta los libros que siempre pedía de regalo en mi santo… Aún recuerdo el berrinche una tarde de julio en la que miles de trocitos de un libro de Enid Blyton flotaban en la piscina…
- He dejado para el final el saquito lleno de mis palabras favoritas, el más complicado de llenar pero estarían: aljibe, alcauciles, ambrosía, árbol, sendero, ojos, mirada, mar, marina, marino y azul, verde, palabra, palabras, letra, letras y esdrújula, y las que empiezan por hache como horizonte y hueco, pero también oquedad y bosque, silencio, cómplice, caricia y beso, deseo, y arrebato y rubor, y corteza y fusión y furia, fundir y anclaje, ancla y marinero, y zarapita y cagarrope, gozo, cintura y savia, reflejo y enredo….y podría seguir y seguir….. metería también la mayoría de las que me has enviado como aroma, papel de celofán (¡se me han olvidado los cuentos!) y salitre y cava y ron por la piel…y lápices y travesías…y fragor…
No hace falta que te recuerde….ya he subido al barco, seguro que ya oyes mis pasos acercándome… Deja tu libro y deja si quieres la vela encendida, te contaré de los cuentos que leía y que me has recordado, te contaré que no fumo y que odio el olor a tabaco, te contaré cómo me gusta tomar el ron y cómo me gusta creer en los cinco arco iris cuadrados que has guardado en tu viejo baúl para mi…
Óyeme llegar, Capitán, óyeme llegar a tu camarote...
Brotes
Como el brote que espera la primavera
que no espera o espera sin saber
Como el brote que desea
al amparo de tus ramas crecer
que desea tus hojas rozar
en cada lluvia
con cada viento
Como el brote que espera su instante
verde bajo sol
como el brote
raíz de otoño
preludio invernal
Como el brote
que busca tu savia
que sueña florecer
que imagina bosques
de azúcar y miel
Como el brote de primavera
que es sin ser
ilusiones renacidas entre sueños
bella flor
Como el brote que me muestras
entre tus ojos primavera
y tus raíces quietas
Como ese brote
así, me siento yo
Sed

Hoy tengo sed de ti
premura de tus labios
savia verde
y me siento seca
y tengo sed
del jugo de tus palabras
raíces creciendo por ti
Hoy tengo sed de ti
se amargan mis frutos
se seca el verdor
se caen las hojas
Tengo sed de ti
subiéndome por las entrañas
hasta esta boca seca
que te llama sin hallarte
Sed de ti que me atrapa
en la tarde larga
que te sueña sin ver
Sed furiosa de ti
que sacude las letras
y me paso la lengua por los labios
y no estás...
Sólo ausencia
hielo en la piel
seca
Sedienta
Hilando...

Hilando, tiempos que pasan
ausencias…
minutos goteando
impaciencia…
Hilando
chal de las esperas
manto de palabras
bufandas que no llegan
Hilando
aristas de recuerdo
rompecabezas
urdimbres de deseo
extrañeza…
Hilando
tiempos que pasan, girando
tiempos suspendidos
hilándose…
Enredaderas de peligros
hilándose…
Todo
hilándose… por ti
Hilándome… en ti
April Love de Arthur Hughes. Mi cuadro favorito, de siempre...
Tate Galery
Enroscada
Enroscada en tus manos caracola
Enroscada en los anillos de tu tronco
Enroscada a tus caricias que son miradas
Quiero seguir
Enroscada
Enroscada
cuan liana trepadora
anillo solar
tapón de la botella
Enroscada a tu sueño
que me sueña
a tus letras que me escriben
Enroscada
al hueco de tu nombre
a tus raíces en la tierra
a todos los horizontes
verdes, naranjas
que nos sueñan
Enroscada…
A tus ojos primavera
A tus abrazos de maderaQuiero seguir...
Sueño verde
Enroscada a tu vereda
Invierno

Llegó el invierno a tus ojos primavera
Llegó y me mirabas
con temblor de escarcha en los labios
con follaje vibrante en los brazos
y deseo de pascua por las piernas
Nos llegó el invierno
nos llegó...
y me abrazaste
por fin
con tu fuerza milenaria
Llenando de besos
los huecos
de las hojas caídas en otoño
llenando huecos...
besándome, pura savia
sabor, tacto, miradas
besándome
con todos los sentidos
de hombre renacido en árbol invernal
Tus besos miradas
traspasando labios
Tus ojos temblando en los míos
y el invierno agitándose
y el tiempo quieto
quieto, muy quieto
cuando tus ramas se enredaron con las mías
Y me ceñiste los sentidos
allá donde el frío no llega
calor recorriéndome
y hojas brotándome
desde mis dedos por tu cuello
a tu lengua libélula por mi boca
Amor del bosque...
Quisiera
Quisiera ser árbol de veras
y fundirme en tu madera
En un bosque sin razones
elementos deseándose
sólo
sólo ramas apoyadas
creciendo...
más allá de todas las cárceles y fronteras
la de la piel
la del cuerpo
la del temblor que se siente
y que no llega
la del sueño
linde en el que estamos
cárcel real la de la consciencia
Invierno, árboles, bosque creciendo...
te quiero árbol
te quiero sueño, infinito, entre los dedos
Y también quiero tus hojas de invierno
y tu lengua libélula
tu lengua libélula revoloteándome
por el cuerpo
por la piel
por el deseo
Zumbidos de deseo
deshaciendo los lindes
deshaciendo los tiempos
¡Feliz Año Nuevo a tod@s!





