logotipo

img_google
Un breve espacio
Acerca de
Soy de plata, soy de luna, compañera siempre, enemiga nunca. Niña malcriada, un poco caprichosa y un tanto enamorada... soledad apresurada que prefiere estar acompañada. Quizás más, quizás menos.
Sindicación
 
Cuando te nombra



A veces no riman estos versos, escritos entre apuros y gestos
Sólo quisiera decirte que hoy me trago los besos
Que me vuelo en alas de ángeles y palomas
Que te llevo envuelto en mis brazos, acoplado a mis piernas y a mis aromas.

Para algunos labios no bastan amaneceres, necesitan refugios de soles
Y es que el silencio se va, solo cuando tu vuelves
Y es que saber que tu alma no está, hace todo tan diferente

Una luz no alcanza para encandilarte de mi mirada
Sabes que ni siquiera el sol, es suficiente
Ya nada nos alcanza.

Si te nombro mil veces puedo encontrarme con tu sombra
Pero tu sombra no besa, no corre, no brota
Y es que a veces tu nombre se escapa sin querer de mis labios
Quiere salir a encontrarme por una esquina de mi canto

Y es que cuando tu no estás ningún verso es suficiente
Porque se envuelven en silencios y se tragan tu nombre
Se esconden en sombras, los versos en tu ausencia
Se encadenan al alma y todo vuelve a ser prosa
.
 
Soledad, soledad



En este mar que es la vida, Soledad sigue siendo a veces tempestad y a veces calma; sigue siendo la luna pegada a la cortina azul, imposible de tocar, de sacar, de sentir. Soledad fue mujer, mito y leyenda. Fue dueña de curiosidades, de cuentos y de cantares. Fue la roca anclada y tatuada de recuerdos, la brisa suave antes del amanecer; puerto y mar adentro, juego de alas, vuelo y gaviota, coral y espuma. Desde su nacimiento han pasado siglos y estrellas, infinidad de edades, dolores y desamores. Creció y se fortaleció del alma de pescadores, que sin querer la hicieron su fiel compañera, su red, la única estancia que podía admitir a sus desesperados corazones. Soledad les recitaba poemas en noches de dura faena, acallando así el silencio perpetuo al que estaban sometidos los hombres de mar. Soledad aplacaba sus vacíos, las sombras, el dolor de las heridas. Soledad fue espectro de fortuna y buenaventura; era bella, buena, jamás abandonaba a nadie, jamás estaba sola.

Una noche cualquiera, Soledad quiso mirarse en el reflejo de la luna, esperando verse por primera vez a sí misma, a ese belleza de la que tanto hablaban. Sin embargo, se encontró cara a cara con lo innombrable, lo indigno, lo indescifrable, lo nunca esperado. En su reflejo sólo vio ruinas, lágrimas, desapego, egoísmo, ansías, deseos, vaivenes, levedades... dolor, mucho dolor. Soledad comenzó a sangrar por dentro, su propio reflejo hizo heridas tan profundas en su corazón que fueron imposibles de sanar. De las mejillas antes rosadas cayeron mariposas muertas en lo más oscuro del mar, que nunca más volvieron a emprender vuelo. Sus pies comenzaron a pisar sólo espinas y sangraron incluso mas que su corazón. Cayó junto a sus penas, a su suerte, sus margaritas y sus sueños de mil colores, ahora despintados de blanco y negro. Su boca se rompió en mil pedazos, y su garganta fue incapaz de acallar ahora el silencio eterno al que estaba siendo condenada su alma.

Soledad ya no baila, ya no vuela, no juega, ya no es canto ni suave brisa, ni siquiera tormenta en medio de la tempestad. Soledad ya no extiende estrellas en el firmamento, ni recita poemas en medio de la oscuridad del mar.

Fue así como Soledad se convirtió en soledad.

 
María



María busca su alma, busca su pena, su rabia, su dignidad... busca su alma. Hacía ya algún tiempo que no abría la puerta de los recuerdos, pero sabía perfectamente que los había dejado ahí en un rincón oscuro, frío, muerto, para olvidarlos, para no verlos. María ahora los busca y lo hace con miedo, con esperanza, con necesidad del pasado y de sus eternas nostalgias. Los recorre, los siente, los toca desesperadamente, los vive una y otra vez, una y otra vez. María busca su presencia, ese mareo infinito de la felicidad, las ganas indescriptibles de la dulzura de la niñez mezclada con la pasión de los grandes. Hoy los deseos le devoran el cuerpo y el alma. Sabe que su nombre no volverá a su boca, ni sus manos volverán a estar en su piel, ni las de él en la suya. Sabe que sus lágrimas no la limpiarán de sus errores, de sus intentos fallidos, del silencio imperdonable antes cometido. Sabe que su corazón ya no arde como antes, y que su cuerpo ya no tiene la frescura de aquellos años. El tiempo se la estaba llevando a ese lugar al que tanto temió, en el que nunca quiso estar, en donde nunca quiso ser.
María se sienta junto a sus recuerdos, los mira y los reconoce, le pertenecen aunque no los quisiera, son su maldito pasado: el todo, la sombra de sus manos, la caída de las hojas, las olas que arremeten con fuerza en contra de las rocas, lo que ahora le falta, lo que más quisiera, lo que no tiene.
Se queda con ellos, pero solo por esta noche en que los deseos se han vuelto bandidos. Mañana volverá a cerrar la puerta y se prometerá no volver a abrirla jamás.
 
Luna escribe...


Estoy aquí, todavía no me he ido. Estoy aquí, caminando con tus pasos, mirando con tus ojos, sintiendo con tu piel.
Estoy aquí, recordando y viviendo, soñando e ilusionando, tocando los filos de tu alma. Me hago presente y no te olvido. No te olvido nunca.
Recorro tu pasado y me doy cuenta que he sido lo único que has tenido seguro en tu vida. Recorro mi futuro y es tan incierto como el tuyo; tal vez tenga que marcharme de una buena vez y dejarte ir, quizás me quede contigo un tiempo más.
Tú, mi compañerita, también tienes -debes- dejarme ir.
No me extrañarás, lo sé. Nos veremos cada vez que tú quieras, porque para tu desgracia y mi fortuna, sigo siendo lo más seguro en tu vida. Sé que también me necesitarás, siempre ha sido así. Te puedo dar calor cuando estes triste, te puedo contar un cuento de hadas antes de ir a dormir o podemos escribir por las mañanas poemas juntas.
Te extrañaré mi dulce niña, debo confesar que así será. Estuvimos por mucho tiempo unidas en un sólo ser, en un sólo corazón, en un solo cuerpo... aunque a veces renegabas de mi o me cambiabas por otros. Pero tú pudiste ver que mi alma no era de metal, reconociste mi alegría, mi belleza, mi dulzura... fuiste mi reflejo, un poco triste, inseguro, hasta algo ingenuo a veces. Fuiste mi reflejo y más, mucho más.
Siempre recuerda nuestras risas y también nuestras lágrimas. Recuerda cuánto llegamos a querer, cuánto pudimos dar, cuánto disfrutamos. Y recuerda, por sobre todas las cosas, que sólo yo puedo voltear a ver el pasado, tú siempre, siempre debes seguir hacia delante.
Estoy aquí, tratando de fundir el tiempo y la distancia en una esquina de este espacio, no para recuperar lo ya vivido, no para seguir en tu vida, sino para que vivas este presente...
Estoy aquí todavía... y no te olvido. Nunca te olvido.
 
Los delfines también puedes volar...


Los delfines también pueden volar...

Suenan como campanitas cuando el viento golpea sus espaldas.

Cantan como las sirenas cuando quieren desplegar sus alas invisibles.

Y vuelan alto... cuando sus sueños húmedos se pierden entre la fuerte tempestad.

Los delfines también pueden volar...

Con su vuelo despiertan ilusiones dormidas entre los corales de la felicidad.

Acarician las nubes y hacen dibujos a la luna cuando esta llena.

Con su vuelo, acurrucan a ese niño que no puede dormir

y lo mecen hasta dejarlo prendido a la estrella que cumple deseos.

Los delfines también pueden volar, sabes?