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EL BÚCARO DE BARRO
Simplemente un rincón donde reencontrarme con las palabras.
Acerca de
El búcaro de barro, cuando es atravesado por las gotas de agua, refresca el interior, así me gustaría que mis palabras salieran de mí "refrescándome" a mí y a quien las lea.
Sindicación
 
EL CALLEJÓN DEL DUENDE
Cuando me adentré en el jardín del callejón del duende, así le llamaba Olga porque según ella en este lugar, donde nos conocimos, fue donde quedó embrujada por mí, mis pasos plomizos cargaron con pena sobre los adoquines. El repiqueteo machacón y descompensado de las suelas me semejaron a John Silver con su pata de palo. El atardecer empezaba a tender sus visillos en el cielo, mientras cabizbajo, con el corazón apretado por una mano invisible, divagaba. Mis pensamientos todos de un color negro zaino se mezclaban confusamente. Era incapaz de asumir que no la vería nunca más, me parecía todo un mal sueño y, sin embargo, aún resonaba en mis oídos el ruido de la paleta del sepulturero, hace escasamente una hora, mientras extendía el cemento en su nicho. Eso fue lo último que escuché, me giré bruscamente y, como el que huye desesperadamente de su propia sombra, salí del cementerio, sin importarme nada lo que pensaran los vivos que allí se quedaron. Y seguí a mis pies.

Y en ese callejón donde nuestros besos iluminaron los rincones, donde nuestras caricias crearon estrellas y donde tomamos grandes decisiones, he caminado ahora con la mayor de las soledades, una soledad permanente, con la que hiere la muerte haciendo anidar en mí la certeza de que nunca volverá para curar ese aislamiento. Sólo dos días han sido necesarios para que la muerte como un amante irresistible arrastrara a Olga y destruyera la feliz y amorosa existencia que vivíamos. Al final del callejón está el lugar donde levantamos nuestra casa. La construimos aunando ladrillos e ilusiones. Es la misma, aparentemente nada ha cambiado en ella, pero un hálito de silencio la envuelve. Al atravesar la puerta, enciendo la luz, pero las tinieblas siguen cubriéndolo todo. Los recuerdos que me rodean, las fotos en la pared, su sillón, sus gafas sobre la mesa,…laceran aún más mis recuerdos. Subo las escaleras con el mismo ánimo que si las estuviera bajando por lo que se me hace interminable la subida. Entro en el dormitorio, testigo mudo de ráfagas de pasión, y al observar las sábanas arrugadas en la cama es como si entrara en el epicentro del vacío. ¡Nunca me había parecido el colchón tan grande! Al fondo de la habitación, con las puertas abiertas, y acariciado por el bamboleo que la brisa nocturna imprime a las cortinas, está el balcón.

La oscuridad de la calle, a modo de un imán, me atrae hacia él. Me agarro al borde con mis manos, miro hacia esas estrellas que en otro tiempo nos enamoraron y que hoy parecen burlarse de mí. Se me hace insoportable tanto desgarro y percibo como se desangran mis emociones. Saco mis pies fuera del balcón y mi cuerpo obediente le sigue y aún me queda un instante para pensar que, si la aceleración de la gravedad es de 9,8 m/s2 , tardaré escasamente medio segundo para reencontrarme con Olga.
 
Comentario:
¡Qué interesante relato! Me ha gustado mucho.Lo he releído varias veces para no perder detalle.Está muy bien contada la historia .Te felicito.
Saludos
 
Comentario:
Muy trágico y triste, pero genial como has descrito la soledad.
Besos
 
Comentario:
Vaya, amigo, me ha encantado esta historia, me ha enganchado desde el principio y me ha tenido sin despegar ojo de tus letras hasta el fin.

Precioso de verdad. Triste pero bello. Bien redactado y tramado.

Un fuerte abrazo
No