UN ENCUENTRO PARA HABLAR
Aquella noche El había dormido bien y tras un saludable desayuno de pan con jamón impregnado en aceite de oliva empezó a tomar cuerpo aquellas decisiones que había esbozado durante la vigilia nocturna. Tras una semana de lejanía y silencios culpables hoy habían quedado en reencontrarse para hablar y almorzar.
Despojó su cuerpo de telas y, desnudo, se reencontró con el agua de la ducha que notaba como le hablaba a sus poros y los reconstruía. El jabón de afeitar mimoso y jugueton desaparecía a medida que el brillo de la cuchilla recorría la piel, para finalmente un peine, casi de adorno, aderezaba su escasa cabellera. Tenía la comida casi preparada, darle un pequeño punto, o tal vez varias comas y guiones, y la ensalada estaría inteligente, o debía decir lista, hay palabras que no siempre son sinónimos, pensó. Los aperitivos ornaban las bandejas escalonadas y organizadas sobre la mesa de la cocina.
Y se sentó en el sillón dejando que su cabeza volara sin alas. Estaba dispuesto a echarle un bote salvavidas a su relación. A tragar esos sapos saltarines que le comían el estómago ante alguna de las actitudes de ella. A regar con agua de manantial sus sentimientos y sus sensaciones. A segar la mala hierba que había crecido estos días entre ellos. A esculpirle en su corazón figuras de marfil que brillaran en la oscuridad. A arrancarle palabras sin sonido de las que no figuran en ningún diccionario. Y a que sus manos se entrecruzaran como los dientes de un candado que ha perdido la llave.
El sonido del timbre quebró el encantamiento de sus buenos deseos, mientras ella, a paso cimbreante entró en su casa. Hermosa como un nenúfar se dirigió hasta él con unas palabras que crujieron el aire en mil pedazos. "Tenemos que hablar".
Entonces fue cuando al dirigir la vista a los ojos de ella, no los encontró, el brillo opaco que rezumaba impedía el contacto visual. Mientras ella se sentaba en el sofá, descorriendo la cortina miró por la ventana y, entonces sí vio otra mirada, la de un hombre que lo miraba, como esperando a alguien, desde la calle. Y como en un instante brevísimo y eterno, atrapó la misma mirada opaca que adivinó en los ojos de ella. Fue cuando se dio cuenta que aquella comida que había preparado enmohecería sobre las bandejas, porque el único comensal, Él, había perdido el apetito probablemente para siempre.
Despojó su cuerpo de telas y, desnudo, se reencontró con el agua de la ducha que notaba como le hablaba a sus poros y los reconstruía. El jabón de afeitar mimoso y jugueton desaparecía a medida que el brillo de la cuchilla recorría la piel, para finalmente un peine, casi de adorno, aderezaba su escasa cabellera. Tenía la comida casi preparada, darle un pequeño punto, o tal vez varias comas y guiones, y la ensalada estaría inteligente, o debía decir lista, hay palabras que no siempre son sinónimos, pensó. Los aperitivos ornaban las bandejas escalonadas y organizadas sobre la mesa de la cocina.
Y se sentó en el sillón dejando que su cabeza volara sin alas. Estaba dispuesto a echarle un bote salvavidas a su relación. A tragar esos sapos saltarines que le comían el estómago ante alguna de las actitudes de ella. A regar con agua de manantial sus sentimientos y sus sensaciones. A segar la mala hierba que había crecido estos días entre ellos. A esculpirle en su corazón figuras de marfil que brillaran en la oscuridad. A arrancarle palabras sin sonido de las que no figuran en ningún diccionario. Y a que sus manos se entrecruzaran como los dientes de un candado que ha perdido la llave.
El sonido del timbre quebró el encantamiento de sus buenos deseos, mientras ella, a paso cimbreante entró en su casa. Hermosa como un nenúfar se dirigió hasta él con unas palabras que crujieron el aire en mil pedazos. "Tenemos que hablar".
Entonces fue cuando al dirigir la vista a los ojos de ella, no los encontró, el brillo opaco que rezumaba impedía el contacto visual. Mientras ella se sentaba en el sofá, descorriendo la cortina miró por la ventana y, entonces sí vio otra mirada, la de un hombre que lo miraba, como esperando a alguien, desde la calle. Y como en un instante brevísimo y eterno, atrapó la misma mirada opaca que adivinó en los ojos de ella. Fue cuando se dio cuenta que aquella comida que había preparado enmohecería sobre las bandejas, porque el único comensal, Él, había perdido el apetito probablemente para siempre.
Comentario:
Me encantó... ¿para qué añadir más? cuando sobran las palabras?
Me gusta comtemplar como vas avanzando, como te vas soltando desde hace un tiempo, de otra forma, más... valiente.
Sigue así, ya sabes el camino.
Me gusta comtemplar como vas avanzando, como te vas soltando desde hace un tiempo, de otra forma, más... valiente.
Sigue así, ya sabes el camino.
Comentario:
Muchas veces nos culpamos de lo que no somos culpables. Nos torturamos pensando dónde hemos fallado, cuando ha sido el destino el que nos ha fallado a nosotros.
Muy bonito y muy triste. Besurris.
Muy bonito y muy triste. Besurris.
Comentario:
Es increíble lo bien que eres capaz de desarrollar en un relato breve, tanto contenido y con tanta presencia de sentimiento. Lástima del final pero he de reconocer que tristemente a veces si se espera mucho... si se espera mucho ese es el más probable final y a veces ni siquiera depende de uno..
Un beso enorme por escribir tan bien :)
Un beso enorme por escribir tan bien :)
Comentario:
Quizá hay asido mejor así. A veces hay que cortar por lo sano y si ella había perdido ya el brillo en la mirada y tenia el corazón en otro lado para qué esforzarse en arreglar lo que ya estaba roto y seguramente de bastante tiempo atrás, porque las cosas no se rompen de un día para otro sino que se van deteriorando lentamente hasta que se hacen añicos.
Un relato muy bonito.
Abrazos
Un relato muy bonito.
Abrazos
Comentario:
El ser humano es así , siempre dispuesto a arreglar lo que no tiene cura .
Saludos
Saludos
Comentario:
'Nunca es para siempre...'
Cuando alguien pronuncia la fatídica frase 'tenemos que hablar', nos echamos a temblar, pq suele ser el preludio de algo que no nos gustará oir.
Besitos
PD: me ha gustado mucho este relato, sobre todo por la disposición de él a arreglar lo que posiblemente no tenía solución.
Más besos
Cuando alguien pronuncia la fatídica frase 'tenemos que hablar', nos echamos a temblar, pq suele ser el preludio de algo que no nos gustará oir.
Besitos
PD: me ha gustado mucho este relato, sobre todo por la disposición de él a arreglar lo que posiblemente no tenía solución.
Más besos





