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El Buque Fantasma
Música, literatura, pintura, cine, fotografía, viajes y viajes imaginarios
Acerca de
El Buque Fantasma navega por el espacio y el tiempo con su tripulación de bucaneros, avituallada de alimentos para el espíritu y orlada de cañones y culebrinas para espantar los malos sueños. Tiene un capitán decidido y un contramaestre cascarrabias, un piloto que navega entre nubes de alcohol y un cocinero francés que robó una receta en el Ritz y, así, expía su culpa; en la sentina se esconden los demonios, cosidos a los grilletes mientras esperan el pabellón rojo de la muerte sin cuartel para volver a ver la luna. Surcan el universo a ritmo de Nueva Orleans, disfrutando, sin salir de la nave, de los tesoros que enriquecen su botín: los libros de Stevenson, Chesterton, Vian, Tolkien, Borges, las imágenes tan finamente imaginadas por Durero, Velázquez, Turner o Pratt, o los discos de los Stones, con los que atemorizan a los mortales que padecen sus sanguinarios abordajes y a los mismos dioses, donde quiera que estén.
Sindicación
 
LIBERTAD INDIVIDUAL Y LIBERTAD COLECTIVA

En cuestiones de pensamiento el número tiene poca importancia. Si alguien te dice que su coche tira más que el tuyo porque tiene dos veces más caballos, ese es un argumento numérico bastante eficaz; pero si alguien te dice que Dios existe porque la gente cree en él o que un sistema de gobierno es bueno porque lo ha votado más gente, el argumento suena hueco.

Sin embargo gran parte de la gente puede pensar que el pensamiento se forja alrededor del número y de las mayorías: si gran parte de gente odia a los USA, algo de odiosos tendrán. Si la gente pensaba que la tierra era el centro del universo, Galileo erraba.

Desconfiar del criterio mayoritario es bastante aconsejable. El criterio de la masa no deja de ser una simplificación, la mayoría de las veces bien dirigida. Una cosa es que el número mande, otra cosa que sea la verdad y, sin embargo, la tendencia general es confundir lo uno con lo otro.

El pensamiento individual es libre, el colectivo no. La única libertad posible está en nosotros mismos: si la encuentras desparece esa frustración que acompaña a la búsqueda de la libertad en el colectivo, nunca satisfecha porque es la búsqueda de un imposible.

 
BARÇA: PRIMERA JORNADA, PRIMER BOICOT INFORMATIVO
Me siento a ver el telediarrea seminocturno de A3 con el único propósito de ver los resultados de fútbol. Van pasando los partidos, por supuesto el del Madrid el primero ("el partido más interesante de esta jornada") y el Barça no aparece. Pienso que lo pondrán al final, para fastidiar, pero no: acaba el espacio de deportes. "Esto es todo lo que ha dado de sí la jornada de liga y, ahora, a los JJ.OO". Ni una imagen, ni una referencia.

Algo me tranquiliza: si no dicen nada, es que el Barça ha ganado.
0-2, por mucho que le joda al encargado de deportes de A3, un gran periodista al filo de la noticia.
 
HAMELIN
El sonido de la música de baile, por llamar de alguna manera a aquella sucesión de ruidos, se colaba por las rendijas de la persiana mezclado con el rumor del ganado humano que, a esas horas de la madrugada, trasegaba la calle arriba y abajo.

Bajé a la plaza con mi flauta dulce y no tardé en reunir un variopinto grupo que, si no me echaban monedas, sí me mostraban su fácil simpatía.

-Eh, tío, qué guay, qué es lo que tocas
-Nada aún –contesté-, estoy calentando los dedos.
-Uas, tío, hay que calentar, no?
-Sí, eso he dicho.
-Vale, tío, no te lo tomes así, toca algo
-Vale, tío, tocaré algo, pero yo no querría estar aquí cuando empiece a tocar.
-Juá, vale tío –siguió uno de mis festivos admiradores, algo mamado-, a ver si es que no sabes tocar, tío, y vas de vacilón para sacarnos la pasta...
-Será eso –dije; me encanta ver a un gilipollas cavando su propia tumba, y comencé a tocar-.

Cuando acabé el tipo no parecía demasiado impresionado musicalmente, pero igualmente me dijo que le había gustado mucho lo que tocaba, aunque le parecía extraño.

-¿Cómo te llamas, tío? –me pregunto, supongo que pensando en la posibilidad de que me hiciese famoso, pobre ingenuo, y tener algo que contar a sus colegas.

Desde todas las calles que confluían en la plaza había comenzado a llegar un sordo fragor que se convirtió rápidamente en un tumulto de chillidos de horror; una sombra oscura perseguía a la marea humana extendiéndose como una alfombra por suelos, paredes, y tejados, un inmenso tapiz de ratas que devoraban con voracidad cuanto se ponía a su paso.

-Hamelin –dije-, me llamo Hamelin.

Pero mi colega ya no estaba allí para escucharlo. Subí a casa y dormí, por fin, tranquilo.


 
CANASTA ABSURDA


Foto Ben Gunn


¿A que descerebrado Concejal de urbanismo se le pudo ocurrir plantar una canasta de baloncesto en mitad de una duna? Claro, hoy allí no juegan ni las ardillas. La canasta se dedica a acumular óxido a la espera de desplomarse sobre cualquier dominguero demasiado ruidoso.



 
L'ILLA

Foto Ben Gunn


Vista desde la altura del faro de Sta. Pola, la isla de Tabarca es una especie de submarino emergiendo junto a la costa: un buque fantasma. Hace siglos la isla fue refugio de piratas y, en los ochenta, refugio invernal de una panda de jóvenes freakies. Cuando llegábamos a aquella soleada, ventosa y deshabitada planicie sobre el mar en pleno enero, lo primero que había que hacer era ir a la fuente a por agua, y la siguiente cita ineludible no llegaba hasta la puesta de sol, cuando, armados de estupefacientes, nos agazapábamos en algún rincón de la muralla dispuestos a averiguar de qué color sería el ocaso aquella tarde.
En aquella época sólo había unas horas de luz eléctrica, pero nunca se nos ocurría gastarlas poniendo la televisión.

 
FLAMENCOS

Foto Ben Gunn


La fotografía está tomada en las salinas de Sta. Pola, en Alicante, a eso de las 11 de la mañana. Un grupo de flamencos estaba alimentándose al lado de la carretera: algunos adultos y un montón de jóvenes de plumón gris. Como se ve, hay un montón de pollos, así que supongo que los flamencos deben organizar alguna suerte de guarderías para sus chavales.

Ha sido muy gratificante verlos allí, sin el intermedio de un cámara profesional y un estudio de montaje, sin tener que acordarse de que, si el mundo sigue a este ritmo, probablemente no podamos volver a verlos antes de lo que esperamos.

Eso sí, tendremos trillones de teléfonos móviles.