EL EPICENTRO

Foto Ben Gunn
Pocos saben que, en realidad, Tenerife es el centro del mundo, y el Teide su epicentro. Su cumbre es el vértice donde nacen las selvas, desiertos y mares del planeta, el lugar donde se dividen los estados de la materia.
Allí el volcán reina sobre la existencia y, a su alrededor, se extiende un halo de placidez que se adentra en el mar, una esfera hecha de la calma que rodea las cosas perfectas.
En la isla los cometas no vienen del cielo: salen de la montaña para poblar el firmamento con las estrellas que se desprenden de su estela.
Brezo, sal y roca son la piel del Dios con ojos de obsidiana.
TENERIFE

Dibujo Ben Gunn
Viajar siempre me ha resultado de lo más estimulante para los sentidos. El dibujo es el resultado (el primer resultado) de mi reciente viaje a Tenerife: ligero esbozo a lápiz, dibujo a tinta y coloreado digital.
La reproducción en El Buque no es tan buena como me hubiese gustado. Soy bastante más fino con la plumilla de lo que parece.
EL PEZ
Ayer envié un cuento a una especie de concurso intrauniversitario de mi universidad. Título: El Pez. No lo publico aún aquí por si cae la breva, soy seleccionado y lo publican... pero cuando den el veredicto, si lo publican, lo autopiratearé para vosotros y, si no lo publican, os lo ofreceré aquí como un buen exponente de mi literatura basura.
Eso sí, pasta no me dan aunque gane, pero como decía aquel : "¿Dinero? Hay que tratar al dinero como se merece!"
Evidentemente aquel soy yo, en un momento de inconsciencia
Eso sí, pasta no me dan aunque gane, pero como decía aquel : "¿Dinero? Hay que tratar al dinero como se merece!"
Evidentemente aquel soy yo, en un momento de inconsciencia
NOT DARK YET
Es una canción de Dylan, del disco Time out of mind; salía en un anuncio, pero no suele aparecer en las listas de éxitos, tampoco en las de éxitos-de-anuncios-de-tv... El anuncio era el colmo del mal gusto: "hay animales que no pueden estar encerrados", o algo así... la comparación se establecía entre bichos puteados en zoológicos (lógicos?) y un Audi última generación... no sé si pretendía decir que un AudiCopón es una máquina más perfecta que un gorila,... la filosofía se me escapa...
Pero ¿Qué digo? Hermosa canción. Ahí va.
Shadows are falling and I've been here all day
It's too hot to sleep time is running away
Feel like my soul has turned into steel
I've still got the scars that the sun didn't heal
There's not even room enough to be anywhere
It's not dark yet, but it's getting there
Well my sense of humanity has gone down the drain
Behind every beautiful thing there's been some kind of pain
She wrote me a letter and she wrote it so kind
She put down in writing what was in her mind
I just don't see why I should even care
It's not dark yet, but it's getting there
Well, I've been to London and I've been to gay Paree
I've followed the river and I got to the sea
I've been down on the bottom of a world full of lies
I ain't looking for nothing in anyone's eyes
Sometimes my burden seems more than I can bear
It's not dark yet, but it's getting there
I was born here and I'll die here against my will
I know it looks like I'm moving, but I'm standing still
Every nerve in my body is so vacant and numb
I can't even remember what it was I came here to get away from
Don't even hear a murmur of a prayer
It's not dark yet, but it's getting there.
Pero ¿Qué digo? Hermosa canción. Ahí va.
Shadows are falling and I've been here all day
It's too hot to sleep time is running away
Feel like my soul has turned into steel
I've still got the scars that the sun didn't heal
There's not even room enough to be anywhere
It's not dark yet, but it's getting there
Well my sense of humanity has gone down the drain
Behind every beautiful thing there's been some kind of pain
She wrote me a letter and she wrote it so kind
She put down in writing what was in her mind
I just don't see why I should even care
It's not dark yet, but it's getting there
Well, I've been to London and I've been to gay Paree
I've followed the river and I got to the sea
I've been down on the bottom of a world full of lies
I ain't looking for nothing in anyone's eyes
Sometimes my burden seems more than I can bear
It's not dark yet, but it's getting there
I was born here and I'll die here against my will
I know it looks like I'm moving, but I'm standing still
Every nerve in my body is so vacant and numb
I can't even remember what it was I came here to get away from
Don't even hear a murmur of a prayer
It's not dark yet, but it's getting there.
PINITOS LITERARIOS
Son dos formas de tratar un encuentro entre dos personajes... Apuntes para un cuento que me estoy trabajando. ¿cuál os gusta más? ¿no os gusta ninguna?
La primera, en el bar:
La tarde se tornó lluviosa y el Dr. Pons, privado de su habitual paseo, se entretuvo en la cantina que había en la calle del muelle; mientras su fiel amigo se afanaba en los juegos de mesa y aligeraba los bolsillos de los parroquianos, Buenaventura simulaba leer y miraba las luces del espigón a través de las gotas de agua. El interior de la taberna era cálido, las conversaciones, cansadas, y el ambiente estaban invadidos por un sopor antiguo que no acababa de ser acogedor pero resultaba irresistible. Los sonidos flotaban en el aire junto a los estratos de humo de pipa, y el tic-tac del reloj o el tintineo de la vajilla se distinguían claramente de las voces de los clientes en una sinfonía perfecta que parecía el luminoso contrapunto a la atmósfera pesada del lugar. Allí, el tiempo era distinto hasta que llegó el párroco, abrió la puerta y, con él, las horas invadieron el local.
Como nacido de nuevo, salido del letargo, el doctor hizo seña al cura y éste se acercó a su reducto junto a la ventana; era un hombre menudo y de nervio contenido, provinciano, cotilla como cualquier párroco de un pequeño pueblo en el que todos se conocen demasiado y demasiado confiado como para pensar que la vida le hubiese golpeado jamás con demasiada violencia.
- ¡Qué tiempo!... y que calentito se está aquí, doctor… ¡Con lo buena que pintaba la mañana! –a Buenaventura aquellos prólogos meteorológicos le sacaban de quicio - ¡Román, un “carajillo”!
- Y nada para mí, Román – añadió el doctor, al que divertían el protocolo y la posibilidad de turbar al bueno de Don Agustín
- Oh – espetó turbado, efectivamente, y balbució: discúlpeme doctor, pensaba que su taza seguía llena
- No se preocupe, Don Agustín, siéntese conmigo y deje que el fuego le saque a usted toda esa humedad de encima.
Los dos tomaron asiento pero la conversación se retrasó hasta que Román llegó con el “carajillo”. Don Agustín bebió el primer trago de su particular grog y se arrellanó en la silla como si esperase un interrogatorio al que, de hecho, pensaba someterle el doctor; fue él, sin embargo, el que abrió la encuesta:
- ¿Visitaron usted y el señor Saavedra a Doña Marina esta mañana?
La segunda (el orden de los factores no altera el producto), en la capilla:
El Doctor Pons había llegado a la capilla a la hora del servicio pero no participó en las oraciones o, a su manera, relajó su espíritu entre las luces de un pequeño claustro ajardinado que se aproximaba más a su idea de la divinidad; la salmodia del interior de la iglesia era un leve rumor que inspiraba aquel momento de recogimiento, pero el húmedo resplandor de la hiedra en la claroscura mañana era más reconfortante que las imágenes de mártires sufriendo tormento y las doradas trinidades del altar. Sobre las oraciones, que sonaban como un bajo continuo, estalló con alegría el canto del mirlo.
Buenaventura pensaba en la Sra. De Soto-Acebedo y, con el inquieto sentimiento de un niño que anhela la hora de los juegos, esperaba el fin de la misa y la oportunidad de interrogar al párroco sobre la vida de la viuda. Sabía cuanto quería saber, pero deseaba conocer los detalles que hilaban la historia. Para él, cada nueva investigación era como la obra de un artista: concebía el cuadro, o la historia, y la orlaba luego de aquellos pequeños detalles que dan sentido al conjunto y lo convierten en una obra completa; en su mente estaba ya trazada la verdadera historia de aquella viuda que vivía en lo alto de los acantilados, y la verdad de su razonamiento quedaba fuera de toda duda, pero ahora necesitaba llenar todos los vacíos que su pensamiento había omitido en el camino del conocimiento de forma que el razonamiento no pasase por intuición y fuese capaz de soportar la crítica que, probablemente, nunca recibiría. A pesar de que, para la mayoría de la gente, él era un hombre inspirado y de vivo ingenio, él mismo no confiaba demasiado en la inspiración, y prefería reservar a la observación y la memoria el mérito que otros creían fruto de la intuición. “A la intuición hay que alimentarla” solía decir con un toque escéptico.
El rumor feligrés había cesado y se acercaron los pasos del párroco, que ya le saludaba. Era un hombre simple y confiado; se adivinaba que sus problemas no debían ser demasiado enrevesados
La primera, en el bar:
La tarde se tornó lluviosa y el Dr. Pons, privado de su habitual paseo, se entretuvo en la cantina que había en la calle del muelle; mientras su fiel amigo se afanaba en los juegos de mesa y aligeraba los bolsillos de los parroquianos, Buenaventura simulaba leer y miraba las luces del espigón a través de las gotas de agua. El interior de la taberna era cálido, las conversaciones, cansadas, y el ambiente estaban invadidos por un sopor antiguo que no acababa de ser acogedor pero resultaba irresistible. Los sonidos flotaban en el aire junto a los estratos de humo de pipa, y el tic-tac del reloj o el tintineo de la vajilla se distinguían claramente de las voces de los clientes en una sinfonía perfecta que parecía el luminoso contrapunto a la atmósfera pesada del lugar. Allí, el tiempo era distinto hasta que llegó el párroco, abrió la puerta y, con él, las horas invadieron el local.
Como nacido de nuevo, salido del letargo, el doctor hizo seña al cura y éste se acercó a su reducto junto a la ventana; era un hombre menudo y de nervio contenido, provinciano, cotilla como cualquier párroco de un pequeño pueblo en el que todos se conocen demasiado y demasiado confiado como para pensar que la vida le hubiese golpeado jamás con demasiada violencia.
- ¡Qué tiempo!... y que calentito se está aquí, doctor… ¡Con lo buena que pintaba la mañana! –a Buenaventura aquellos prólogos meteorológicos le sacaban de quicio - ¡Román, un “carajillo”!
- Y nada para mí, Román – añadió el doctor, al que divertían el protocolo y la posibilidad de turbar al bueno de Don Agustín
- Oh – espetó turbado, efectivamente, y balbució: discúlpeme doctor, pensaba que su taza seguía llena
- No se preocupe, Don Agustín, siéntese conmigo y deje que el fuego le saque a usted toda esa humedad de encima.
Los dos tomaron asiento pero la conversación se retrasó hasta que Román llegó con el “carajillo”. Don Agustín bebió el primer trago de su particular grog y se arrellanó en la silla como si esperase un interrogatorio al que, de hecho, pensaba someterle el doctor; fue él, sin embargo, el que abrió la encuesta:
- ¿Visitaron usted y el señor Saavedra a Doña Marina esta mañana?
La segunda (el orden de los factores no altera el producto), en la capilla:
El Doctor Pons había llegado a la capilla a la hora del servicio pero no participó en las oraciones o, a su manera, relajó su espíritu entre las luces de un pequeño claustro ajardinado que se aproximaba más a su idea de la divinidad; la salmodia del interior de la iglesia era un leve rumor que inspiraba aquel momento de recogimiento, pero el húmedo resplandor de la hiedra en la claroscura mañana era más reconfortante que las imágenes de mártires sufriendo tormento y las doradas trinidades del altar. Sobre las oraciones, que sonaban como un bajo continuo, estalló con alegría el canto del mirlo.
Buenaventura pensaba en la Sra. De Soto-Acebedo y, con el inquieto sentimiento de un niño que anhela la hora de los juegos, esperaba el fin de la misa y la oportunidad de interrogar al párroco sobre la vida de la viuda. Sabía cuanto quería saber, pero deseaba conocer los detalles que hilaban la historia. Para él, cada nueva investigación era como la obra de un artista: concebía el cuadro, o la historia, y la orlaba luego de aquellos pequeños detalles que dan sentido al conjunto y lo convierten en una obra completa; en su mente estaba ya trazada la verdadera historia de aquella viuda que vivía en lo alto de los acantilados, y la verdad de su razonamiento quedaba fuera de toda duda, pero ahora necesitaba llenar todos los vacíos que su pensamiento había omitido en el camino del conocimiento de forma que el razonamiento no pasase por intuición y fuese capaz de soportar la crítica que, probablemente, nunca recibiría. A pesar de que, para la mayoría de la gente, él era un hombre inspirado y de vivo ingenio, él mismo no confiaba demasiado en la inspiración, y prefería reservar a la observación y la memoria el mérito que otros creían fruto de la intuición. “A la intuición hay que alimentarla” solía decir con un toque escéptico.
El rumor feligrés había cesado y se acercaron los pasos del párroco, que ya le saludaba. Era un hombre simple y confiado; se adivinaba que sus problemas no debían ser demasiado enrevesados
BEAUTIFUL, MAGICAL...
Humm, un par de Buds checas y 70 minutos de música. Un sillón, los pies sobre la mesa. Desde Sammy Davis hasta Duane y desde The Style Council a Henry Mancini... Hummm
Hoy leía unas declaraciones de Txiqui Beguiristain: "Los buenos jugadores siempre pueden jugar juntos"... Qué razón tiene el nano, tan listo como en el campo.
Supertramp, James Brown, los Lynird, Costello, Metro, Billy Cobham, Ramones,...
Y una Bud
... Equipazo!!...
Hoy leía unas declaraciones de Txiqui Beguiristain: "Los buenos jugadores siempre pueden jugar juntos"... Qué razón tiene el nano, tan listo como en el campo.
Supertramp, James Brown, los Lynird, Costello, Metro, Billy Cobham, Ramones,...
Y una Bud
... Equipazo!!...
TSUNAMI

Foto Ben Gunn
La temperatura no había bajado aquella madrugada de una treintena de grados, y me desperté pegado al colchón a causa del sudor. Preparé el café con miel de todas las mañanas y, aprovechando que no tenía que ir a trabajar, me dispuse a disfrutarlo frente al aparato de aire acondicionado mientras leía por enésima vez "Ásterix en Córcega". Cerré todas la ventanas de la casa, pulsé el interruptor del aire y coloqué el selector en la posición cool a dieciocho grados centígrados, que era todo el ceremonial que necesitaba para disfrutar del nuevo día, del café y del humor de Goscinny. Para mi disgusto, sin embargo, el aire que salía del aparato no sólo no llegaba a los dieciocho sino que abrasaba como el de un secador de pelo, de modo que tuve que dejar la taza, el tebeo, mi cómodo aposento, abrir de nuevo las ventanas para intentar que corriese algo de aire y dirigirme al teléfono para avisar al técnico del aire. Con cada nuevo tono sin recibir respuesta una nueva gota de sudor resbalaba por mis sienes y, pensando que el cabreo me estaba haciendo sudorar de indignación, me dije que debía tranquilizarme. Entonces alguien respondió:
-¿Sí? Superlux Electricidad...
Comencé a explicarle lo que le sucedía a mi aparato dispuesto a escuchar que, justo el día anterior, había expirado la garantía pero, antes de haber acabado de explicarme, la voz del otro lado me interrumpió:
- No me diga más... Seguro que usted no ha visto las noticias; pero hombre ¿En qué mundo vive?
Eché un vistazo al café con miel pensando que iba a necesitar ayuda para tragar aquella conversación; desgraciadamente había quedado en la mesilla, fuera de mi alcance.
- Pues no lo sé -respondí mientras ganaba tiempo intentando estirar un poco más el cable del teléfono y escorando sobre una pierna para intentar alcanzar el café- ¿Qué dijeron las noticias?
- Pues que se ha acabado el aire frío
- ¿Qué? -estaba atónito- ¿Cómo que se ha acabado el aire frío?¿Ha habido un corte de electricidad?¿Un apagón?
- No, la electricidad está bien. Lo que no queda es aire frío.
- Pero hombre, no me j..., no me fastidie -rectifiqué-, se supone que el aire frío lo fabrican los aparatos ¿no?
- No me fastidie usted a mí, yo no soy ingeniero ¿Qué quiere que le diga? Yo lo único que sé es que no hay aire frío: lo pusieron anoche en todas las cadenas de la tele
Intentado mantener la calma transformé el bufido que ya había empezado a exhalar en una risilla neutra.
- Venga, hombre, usted me está vacilando
- Que no, que le digo que no
- Sí, claro, lo dijo la tele...
- Que sí, que le digo que sí -insistió él, mientras yo pensaba que la bromita estaba ya durando demasiado y que yo estaba empezando a hacer el primo- ¿No tiene puesta la radio ahora?
- Pues no
- Pues póngala, ahora están diciendo lo del tsunami ese ¿Usted no sabrá lo que es un tsunami? ¿Por que cojones no hablan en cristiano?
- Un tsunami es una ola gigante -¿Qué cojones hacía yo dándole lecciones de meteorología a aquel tipo?-.
- Ah... ¡leñe! -espetó-, se me ha estropeado la radio... pero, oiga, ¿Lo nota? Parece que ya corre el aire. Enchufe el aparato y seguro que ahora funciona.
Seguía con el auricular en la mano. La voz sonaba muy lejana. Una ráfaga de aire frío se coló por la ventana y me puso la piel de gallina. Miré por la ventana: donde habitualmente veía, a lo lejos, la línea azul del mar, no había más que una mancha oscura que ocupaba también la porción de mi ángulo de visión donde debía encontrarse el cielo. Un rumor se extendía como si todos los vecinos del piso de arriba estuviesen cambiando los muebles de sitio y los edificios iban desapareciendo por manzanas enteras entre aquella oscuridad indefinida que se acercaba a mi terraza cada vez más, tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de pensar sino sólo de sentir, instintivamente, que el mar estaba a punto de tragarme.





