<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[El Buque Fantasma]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Música, literatura, pintura, cine, fotografía, viajes y viajes imaginarios]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[LIBROS - CABO TRAFALGAR]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[LIBROS - CABO TRAFALGAR]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[LIBROS - CABO TRAFALGAR]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_28.htm"><![CDATA[<br/>Cabo Trafalgar<br/>Arturo Pérez-Reverte<br/>Ed. Alfaguara<br/><br/>Relata de forma novelada la batalla naval de Trafalgar, entre la alianza franco-española y la armada británica, dirigida por Nelson, y, en ese aspecto, resulta una guía de la batalla bastante amena y describe con bastante acierto las circunstancias que rodeaban una batalla naval en 1805.<br/>La narración es ágil, y las aproximadamente doscientas páginas se leen del tirón, aunque hay ciertos detalles que pueden hacer la lectura más incómoda: por un lado, la abundancia de términos marítimos puede llegar a sobrepasar al lector poco familiarizado con ellos; por otro, la desmesura en el uso de las onomatopeyas llega a cargar un poco. Uno tiene la impresión de que suprimiendo los "cracs" y "booms" el libro no hubiese pasado de las cien páginas.<br/>El recurso de escribir el francés como suena, también reiterado, además de cargar, sí consigue (será cosa mía, quizás) romper el hilo de la narración.<br/>Y, por fin, la, digamos, excesiva familiaridad del lenguaje de Pérez Reverte, ese estilo entre cañí y flamenco al que nos tiene acostumbrados y al que, a veces, no nos gustaría estar tan acostumbrados. De acuerdo que es una batalla, pero de tanto mentar los cojones al final parece que se te queden pegados unos pelillos en los dedos cada vez que pasas página.<br/>El punto de vista desde el que aborda la narración, allí donde el autor se aparta del rigor histórico y ejerce la fantasía, no podía ser más original ni mejor dispuesto.<br/>Ilustrativo y divertido, con bastante equilibrio entre los dos extremos.<br/>Eso sí, si no sabeis diferenciar babor de estribor, dejadlo correr o preparad un buen diccionario naútico.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[EL BUQUE FANTASMA 2005]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[EL BUQUE FANTASMA 2005]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[EL BUQUE FANTASMA 2005]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_27.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/files/El_Buque_Fantasma.jpg" alt="" border="0" width="377" height="500"/><br/><br/>Dibujo Ben Gunn<br/><br/><br/>Pasan los años, pero no para el Buque Fantasma. Otras presas, otros océanos, en un universo fuera del tiempo... Ron de Jamaica, buen tabaco de La Española y una hoja sin mellar, cabezas que se desprenden del cuerpo sin dejar de gritar, entrepiernas encajadas en las fauces de un tiburón, miembros lastrados con balas de cañón, funcionarios de la sociedad de autores quemados vivos en el mástil de su propia nave, gaviotas que picotean la carroña maloliente tras la batalla, ratas que abandonan el barco y mujeres bonitas que pierden su castidad en la litera de un contramaestre tuerto.<br/><br/>Que Davy Jones os acompañe el nuevo año, que falta hará.<br/><br/>Salud<br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_26.htm"><![CDATA[<br/>EPÍLOGO<br/><br/>Pequeño Mezquino jamás salió del hospital. Una mañana, las limpiadoras de la planta advirtieron que habían desaparecido de los aseos todos los envases de desinfectante para inodoros; tras buscarlos en vano hasta el mediodía, por fin aparecieron, vacíos, en la bañera de la habitación de Pequeño pero, cuando la enfermera comenzó a abroncarle por su comportamiento, él no respondió, ni siquiera pestañeó, porque estaba muerto. Junto a su cadáver, un gotero de extraño color azul eléctrico filtraba segundo a segundo la dosis de letal desinfectante.<br/><br/>Finê]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_25.htm"><![CDATA[<br/>EPISODIO VII. CUANDO EL MAL DESPIERTA<br/><br/>Tras el episodio de la lluvia dorada en el traje lunar, la Agencia Espacial se apresuró a silenciar, en la medida de lo posible, el aterrizaje de Pequeño en el desierto del Gobi y su posterior traslado a Heathrow, el aeropuerto de New York. Pero la maldad humana, así pensó Pequeño Mezquino, no tiene límites, y a la hora de llegada de su vuelo, las intempestivas cuatro y medio de la madrugada de un miércoles, Barajas estaba hacinado de gente que esperaba cachondearse de él cuando bajase del avión.<br/><br/>Tras los grandes ventanales se agolpaban miles de personas que portaban, como emblema, una especie de pistolitas de agua con forma de pene y, cuando Pequeño salió del túnel de desembarque, una auténtica lluvia de chorrillos regó su uniforme de paseo de la Agencia. Algunos de los infamantes habían hecho su propia interpretación del suceso e incorporado a sus escenificaciones elementos propios, como la vieja que había acudido con una pecera en la cabeza o el patán que había llevado a su perro disfrazado de astronauta... algo demasiado naturalista como para no ver detrás los turbios manejos de alguna ONG radical.<br/><br/>La rabia consumía a Pequeño, o lo que la vergüenza dejaba sin consumir, que no era poca cosa. Con los sucesos de los últimos días su cabeza se había vuelto a convertir en el galeón sin rumbo que había sido durante los años de su adolescencia, y sus ancestrales temores volvieron en aluvión sobre él como cuando la desesperanza le llevó a abrirse la cabeza contra un envase limpiador de inodoros en un vano intento de suicidio. <br/><br/>En tal estado de excitación comenzó a celebrarse la rueda de prensa, un completo pitorreo; el Director de la Agencia, que había acudido para mostrar su apoyo a Pequeño a pesar de la mala fortuna, no dudó en repudiarle y dejarle, ya zozobrado, frente a las amenazadoras pistolas-pene de los periodistas, únicos privilegiados que habían podido acceder hasta la sala de prensa para seguir practicando el tiro de barraca de feria sobre el fallido aventurero espacial. Uno de ellos, corresponsal de Petulance, se la sacó disimuladamente para rellenar su pistola con pis auténtico y, en un alarde de rigor informativo que sumió a Pequeño en el fondo del océano de la miseria y de la autocompasión, gritó mientras disparaba contra él: “Zizou, Zizou”.<br/><br/>Pequeño se despertó en la cama del hospital y ni siquiera ver el rostro como un pan de pueblo de su Indigna le alivió tanto como debería haber sido. Sentía un hastío vital como no había sentido desde que leyó en el colegio El Árbol de la Ciencia, de Pío Baroja o cualquier otro ajado autor español de mediados del siglo XX. Se veía a si mismo una y otra vez con la mano enganchada en la cañería mientras los chicos se burlaban de él, y los años pasados con Indigna y todo el reconocimiento social que había obtenido no mitigaban en absoluto la sensación de haber retrocedido con el paso de los años, de ser más débil que entonces, más inválido, y de que todo el resentimiento que había pretendido curar con venganza, no había hecho más que crecer en silencio como una almorrana hasta manifestarse ahora, en el final de sus aventuras, desventuras y tribulaciones, con toda su maldad, que era la maldad de Pequeño.<br/><br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[SYD]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[SYD]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[SYD]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_24.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/files/Syd008B.jpg" alt="" border="0" width="400" height="649"/><br/><br/>Dibujo Ben Gunn]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_23.htm"><![CDATA[<br/>EPISODIO VI. RESUMEN DE LO NO PUBLICADO PARA LECTORES POCO ATENTOS (Por exigencias de memoria, nos vemos obligados a suprimir el episodio V)<br/><br/>La nefasta influencia del orín en la vida de Pequeño que, por otra parte, no es sino una alegoría existencialista, en consonancia con el pensamiento de Lucinda Etxeperría, llevará a nuestro héroe a un camino de autodestrucción inconsciente.<br/><br/>Desde el turbio suceso de los urinarios, Pequeño Mezquino había sufrido un trauma agudo al que había respondido, desde un punto de vista exclusivamente referido a la psique, con una feroz ansia de éxito social. <br/><br/>En este sentido, el matrimonio con Indigna había supuesto una liberación, al revivir en sus múltiples coitos, a través del libre discurrir de espermatozoides, el inevitable deslizamiento del pin por la cañería.<br/><br/>Lamentablemente, en la cúspide del éxito social y convertido en astronauta después de pisotear sin compasión a todos sus competidores haciéndoles creer que eran sus compañeros (el Director de Comunicación del Centro de Operaciones de Sausalito es una muestra bien visible), los traumas acuden de nuevo a la vida de un Pequeño que, a pesar de su estado social, casado, con Indigna, no es, todavía, totalmente estable.<br/><br/>Naturalmente esta interpretación es sólo válida para quienes se hayan quedado en una visión superficial del relato, como aquel crítico de Petulance que dijo que era obvia la mano de un saboteador en la inesperada rotura de la vejiga de aluminio del traje espacial.<br/><br/>En mi obra, y huelga decirlo para cualquier lector inteligente, a quienes ahorraré cualquier redundante explicación más extensa, late con fuerza, más que el orín, más que los conflictos psicológicos y que la maldad de Pequeño, el eterno conflicto entre tecnología y neorealismo.<br/><br/>PRÓXIMAMENTE "EPISODIO FINAL: INEVITABLE FINAL EN EL AEROPUERTO DE LA GUARDIA" (El autor se reserva el derecho a modificar los contenidos de dicho episodio, así como su título. En general se niega a cualquier cosa que le permita chupar cámara un rato más)<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_22.htm"><![CDATA[<br/>EPISODIO IV. LA ANOMALÍA HAL 9000<br/><br/>- Dave...<br/><br/>La nube de gases de la nebulosa Pato imitó el rostro del antropólogo Arsuaga y Pequeño vio a los hombres de Atapuerca practicar sus ritos en la Gran Dolina. Todos se arremolinaban alrededor de un altar de piedra hasta que apareció una figura femenina envuelta en un oscuro manto y los homínidos se apartaron dejándole el paso franco hasta la sufriente víctima del altar. La mujer, Carmen Sevilla, alzó sus enaguas y meó sobre el atormentado ser que gemía con insistencia: “Zizou, Zizou,...”<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_21.htm"><![CDATA[<br/>EPISODIO III. EL CÍRCULO SE CIERRA: LA REBELIÓN DE LA TECNOLOGÍA<br/><br/>La nebulosa Pato extendía su lechoso velo a escasos parsecs de la nave, tan tentadora como una bailarina de ballet cachonda que enseñase el pubis a su público en  plena agonía del cisne. A bordo, Pequeño estaba ocupado en los pequeños quehaceres diarios de la astronave mientras acudían a su cabeza imágenes de su querida Indigna y de Cristina Almeida, su inconfesable fetiche; mientras daba otra vuelta de tuerca al conmutador Pickett-Wilson pensó también en lo afortunado que era siendo el Hombre del Momento de la revista Petulance, y se levantó dispuesto a prepararse para la inminente transmisión a Tierra. Abrió la caja estanca y extrajo el chorizo de Cantimpalo que había transportado al espacio como señal de identidad cultural para exhibirlo ante la cámara, besó el ejemplar del libro de Saramago que llevaba siempre consigo, también en la Tierra, y comenzó a aflojar la vejiga en el pequeño depósito de aluminio flexible ajustado a su perinneo.<br/><br/>Un chasquido en la pantalla indicó que la transmisión estaba en marcha.<br/><br/>- Guardián de la Moralidad Espacial llamando a Tierra... Guardián de la Moralidad Espacial llamando a Tierra – la cara de Pequeño apareció en primer plano en la gran pantalla del Centro de Operaciones de Sausalito...<br/><br/>Pequeño había bautizado personalmente a la nave en una ceremonia que quizá algún día sea relatada por alguien.<br/><br/>- ¿Tierra? ¿Me escuchan?<br/><br/>El Director de Comunicaciones del Centro de Operaciones de Sausalito pensó la respuesta y la censuró tal y como la iba pronunciando<br/><br/>- Alto y claro, Guardián (de los Gilipollas). (Por si no te había dado cuenta) Estás en las televisiones de medio mundo desde hace, exactamente, 8 segundos (así que deja de comportarte como un imbécil)<br/><br/>La conversación prosiguió en términos parecidos de vanalidad durante un buen rato: Pequeño, de natural humilde, pidió permiso para saludar mientras el Director de Comunicaciones adquiría una tonalidad verdosa carcomido por la vergüenza ajena. Luego llegó el momento de hincarle el diente al chorizo y, al hacerlo, uno de los caninos de Pequeño comenzó a flotar en la ingrávida atmósfera de la cápsula seguida de un burbujeante reguero de saliva sanguinolenta.<br/><br/>- Houston, tenemos un problema –bromeó Pequeño que, sin embargo, comenzó a sentirse algo azorado por el suceso y apremiantemente meón.<br/><br/>Mientras todos intentaban recobrar la compostura de una transmisión estelar que no iba  a pasar a los anales del periodismo científico, nuestro pequeño astronauta, irreprimiblemente, comenzó a mear por segunda vez en la flexible bolsita de aluminio que, también algo descentrada después de comprobar que no iba a tener ni siquiera medio segundo en las ondas, decidió romperse, lo que provocó que el pis de Pequeño subiese hasta la escafandra y, ante millones de espectadores, subiese hasta el nivel de sus narices. El súbito peligro de ahogamiento en el propio orín le hizo activar en micromilésimas de segundo, tal y como había sido entrenado durante meses, el pin de apertura de escafandra, y un cuarto de litro largo de meado escapó de él para flotar dulcemente en los tubos catódicos de millones de hogares en Tierra.<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_20.htm"><![CDATA[<br/>EPISODIO II. INDIGNA Y EL SOMIER DE ACERO GALVANIZADO<br/><br/>Pasaron los años, muchos años, y Mezquino encontró por fin el amor en una empleada de banca tan guapa como una princesa sueca y tan deforme como una Montserrat Caballé sobrealimentada, anatomía que cuadraba a la perfección con la dormida gracia de Pequeño, tan estimulante como un huevo sin sal.<br/><br/>Nuestro jóvenes antihéroes se entregaron a un amor sin barreras, por lo que Montse, como cariñosamente llamaba Pequeño a su amada Indigna, no tardó en concebir sucesivas hornadas de criaturas hasta que el nivel de decibelios de su hogar sobrepasó todos los límites admitidos por la Unción Europeda y ambos decidieron, por mayoría cualificada, usar condones.<br/><br/>La posición de la familia era buena, porque Pequeño había progresado mucho en la vida desde los tiempos en que suspiraba por un pin sumido en un retrete. Sin embargo, a pesar de la felicidad familiar y de la tranquilidad de una economía bien hinchada, algo en el interior del joven “Zizou” le impedía disfrutar plenamente de su bien ganada dicha: era su resentimiento. <br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></title><link rel="El Buque Fantasma" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/atom.xml" title="El Buque Fantasma"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></summary><author><name><![CDATA[BenGunn]]></name></author><dc:subject><![CDATA[AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/elbuquefantasma/c_19.htm"><![CDATA[<br/>EPISODIO I. LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO<br/><br/>Pequeño Mezquino era un chico humilde y, cuando el pin de su equipo favorito (que era el Real Madrid aunque omitiremos decirlo para evitar reacciones fanático-futboleras) cayó al fondo del urinario, no dudó en meter la mano hasta allá para intentar rescatar lo que acababa de costarle los ahorros de toda su vida.<br/><br/>Quiso la fortuna que el pin resbalase más de la cuenta y que la mano de Pequeño, siguiéndolo, quedase atrapada en algún vericueto de la cañería, lo que asustó a Pequeño menos de lo que le asustó oír sonar el timbre del final del recreo: el momento en que todos los niños aprovechan para echar una meadita antes de volver a clase.<br/><br/>Pequeño, pese a ser pequeño, estaba tan calvo como Zinedine Zidane y exhibía una monástica tonsura muy similar a la del astro francés, así que los chicos que entraban a los retretes, que no tardaron en dar con él pues voceaba “¡Mi pin, mi pin!” como un becerro desde su improvisado cepo, no tardaron en usarla como diana contra la que lanzar los dorados rayos de su vejigas a punto de reventar mientras, con sorna, gritaban: “Zizou!, Zizou!”.<br/><br/>Nuestro antihéroe nunca había sido demasiado popular pero la humillación que sufrió en aquel momento en que su mayor tesoro escapaba de él para dirigirse a un inaccesible pozo de aguas fecales le sumió en tal estado de desesperación que metió la cabeza en la taza para intentar quitarse la vida. Al principio, los otros chicos, interpretaron el gesto conforme a la idea que tenían forjada de la inteligencia de Pequeño: “Anda, imbécil, métete detrás, a ver si lo coges” pero, después, comprendiendo lo trágico del caso, se marcharon en tropel a dar parte al director del instituto, no sin antes propinar alguna patada extra al desprotegido glúteo de Mezquino, que seguía arremetiendo con su frente contra el envase de Pato – Desinfectante que pendía del borde de aquel pozo del destino.<br/><br/><br/>]]></content></entry></feed>
