AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO
EPISODIO I. LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO
Pequeño Mezquino era un chico humilde y, cuando el pin de su equipo favorito (que era el Real Madrid aunque omitiremos decirlo para evitar reacciones fanático-futboleras) cayó al fondo del urinario, no dudó en meter la mano hasta allá para intentar rescatar lo que acababa de costarle los ahorros de toda su vida.
Quiso la fortuna que el pin resbalase más de la cuenta y que la mano de Pequeño, siguiéndolo, quedase atrapada en algún vericueto de la cañería, lo que asustó a Pequeño menos de lo que le asustó oír sonar el timbre del final del recreo: el momento en que todos los niños aprovechan para echar una meadita antes de volver a clase.
Pequeño, pese a ser pequeño, estaba tan calvo como Zinedine Zidane y exhibía una monástica tonsura muy similar a la del astro francés, así que los chicos que entraban a los retretes, que no tardaron en dar con él pues voceaba “¡Mi pin, mi pin!” como un becerro desde su improvisado cepo, no tardaron en usarla como diana contra la que lanzar los dorados rayos de su vejigas a punto de reventar mientras, con sorna, gritaban: “Zizou!, Zizou!”.
Nuestro antihéroe nunca había sido demasiado popular pero la humillación que sufrió en aquel momento en que su mayor tesoro escapaba de él para dirigirse a un inaccesible pozo de aguas fecales le sumió en tal estado de desesperación que metió la cabeza en la taza para intentar quitarse la vida. Al principio, los otros chicos, interpretaron el gesto conforme a la idea que tenían forjada de la inteligencia de Pequeño: “Anda, imbécil, métete detrás, a ver si lo coges” pero, después, comprendiendo lo trágico del caso, se marcharon en tropel a dar parte al director del instituto, no sin antes propinar alguna patada extra al desprotegido glúteo de Mezquino, que seguía arremetiendo con su frente contra el envase de Pato – Desinfectante que pendía del borde de aquel pozo del destino.
Comentario:
Debes esperar a que deje de sonar MoonRiver, en versión de Henry Mancini, en la megafonía de los retretes... en ese momento el esfinter de la cañería se habrá relajado lo suficiente para que puedas sacar de allí cualquier parte de tu cuerpo que hubiese quedado atascada.
Lamento no haberte atendido antes: espero que, al menos, la tardanza haya permitido que el ácido úrico borre tus huellas dactilares.
Salud
Lamento no haberte atendido antes: espero que, al menos, la tardanza haya permitido que el ácido úrico borre tus huellas dactilares.
Salud
Comentario:
Estoy alarmado. Me siento totalmente identificado con el protagonista. ¿Qué puedo hacer? ¿Saco la cabeza ya?





