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El Buque Fantasma
Música, literatura, pintura, cine, fotografía, viajes y viajes imaginarios
Acerca de
El Buque Fantasma navega por el espacio y el tiempo con su tripulación de bucaneros, avituallada de alimentos para el espíritu y orlada de cañones y culebrinas para espantar los malos sueños. Tiene un capitán decidido y un contramaestre cascarrabias, un piloto que navega entre nubes de alcohol y un cocinero francés que robó una receta en el Ritz y, así, expía su culpa; en la sentina se esconden los demonios, cosidos a los grilletes mientras esperan el pabellón rojo de la muerte sin cuartel para volver a ver la luna. Surcan el universo a ritmo de Nueva Orleans, disfrutando, sin salir de la nave, de los tesoros que enriquecen su botín: los libros de Stevenson, Chesterton, Vian, Tolkien, Borges, las imágenes tan finamente imaginadas por Durero, Velázquez, Turner o Pratt, o los discos de los Stones, con los que atemorizan a los mortales que padecen sus sanguinarios abordajes y a los mismos dioses, donde quiera que estén.
Sindicación
 
AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO

EPISODIO II. INDIGNA Y EL SOMIER DE ACERO GALVANIZADO

Pasaron los años, muchos años, y Mezquino encontró por fin el amor en una empleada de banca tan guapa como una princesa sueca y tan deforme como una Montserrat Caballé sobrealimentada, anatomía que cuadraba a la perfección con la dormida gracia de Pequeño, tan estimulante como un huevo sin sal.

Nuestro jóvenes antihéroes se entregaron a un amor sin barreras, por lo que Montse, como cariñosamente llamaba Pequeño a su amada Indigna, no tardó en concebir sucesivas hornadas de criaturas hasta que el nivel de decibelios de su hogar sobrepasó todos los límites admitidos por la Unción Europeda y ambos decidieron, por mayoría cualificada, usar condones.

La posición de la familia era buena, porque Pequeño había progresado mucho en la vida desde los tiempos en que suspiraba por un pin sumido en un retrete. Sin embargo, a pesar de la felicidad familiar y de la tranquilidad de una economía bien hinchada, algo en el interior del joven “Zizou” le impedía disfrutar plenamente de su bien ganada dicha: era su resentimiento.

No