AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO
EPISODIO II. INDIGNA Y EL SOMIER DE ACERO GALVANIZADO
Pasaron los años, muchos años, y Mezquino encontró por fin el amor en una empleada de banca tan guapa como una princesa sueca y tan deforme como una Montserrat Caballé sobrealimentada, anatomía que cuadraba a la perfección con la dormida gracia de Pequeño, tan estimulante como un huevo sin sal.
Nuestro jóvenes antihéroes se entregaron a un amor sin barreras, por lo que Montse, como cariñosamente llamaba Pequeño a su amada Indigna, no tardó en concebir sucesivas hornadas de criaturas hasta que el nivel de decibelios de su hogar sobrepasó todos los límites admitidos por la Unción Europeda y ambos decidieron, por mayoría cualificada, usar condones.
La posición de la familia era buena, porque Pequeño había progresado mucho en la vida desde los tiempos en que suspiraba por un pin sumido en un retrete. Sin embargo, a pesar de la felicidad familiar y de la tranquilidad de una economía bien hinchada, algo en el interior del joven “Zizou” le impedía disfrutar plenamente de su bien ganada dicha: era su resentimiento.





