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El Buque Fantasma
Música, literatura, pintura, cine, fotografía, viajes y viajes imaginarios
Acerca de
El Buque Fantasma navega por el espacio y el tiempo con su tripulación de bucaneros, avituallada de alimentos para el espíritu y orlada de cañones y culebrinas para espantar los malos sueños. Tiene un capitán decidido y un contramaestre cascarrabias, un piloto que navega entre nubes de alcohol y un cocinero francés que robó una receta en el Ritz y, así, expía su culpa; en la sentina se esconden los demonios, cosidos a los grilletes mientras esperan el pabellón rojo de la muerte sin cuartel para volver a ver la luna. Surcan el universo a ritmo de Nueva Orleans, disfrutando, sin salir de la nave, de los tesoros que enriquecen su botín: los libros de Stevenson, Chesterton, Vian, Tolkien, Borges, las imágenes tan finamente imaginadas por Durero, Velázquez, Turner o Pratt, o los discos de los Stones, con los que atemorizan a los mortales que padecen sus sanguinarios abordajes y a los mismos dioses, donde quiera que estén.
Sindicación
 
AVENTURAS, DESVENTURAS Y TRIBULACIONES DE PEQUEÑO MEZQUINO

EPISODIO III. EL CÍRCULO SE CIERRA: LA REBELIÓN DE LA TECNOLOGÍA

La nebulosa Pato extendía su lechoso velo a escasos parsecs de la nave, tan tentadora como una bailarina de ballet cachonda que enseñase el pubis a su público en plena agonía del cisne. A bordo, Pequeño estaba ocupado en los pequeños quehaceres diarios de la astronave mientras acudían a su cabeza imágenes de su querida Indigna y de Cristina Almeida, su inconfesable fetiche; mientras daba otra vuelta de tuerca al conmutador Pickett-Wilson pensó también en lo afortunado que era siendo el Hombre del Momento de la revista Petulance, y se levantó dispuesto a prepararse para la inminente transmisión a Tierra. Abrió la caja estanca y extrajo el chorizo de Cantimpalo que había transportado al espacio como señal de identidad cultural para exhibirlo ante la cámara, besó el ejemplar del libro de Saramago que llevaba siempre consigo, también en la Tierra, y comenzó a aflojar la vejiga en el pequeño depósito de aluminio flexible ajustado a su perinneo.

Un chasquido en la pantalla indicó que la transmisión estaba en marcha.

- Guardián de la Moralidad Espacial llamando a Tierra... Guardián de la Moralidad Espacial llamando a Tierra – la cara de Pequeño apareció en primer plano en la gran pantalla del Centro de Operaciones de Sausalito...

Pequeño había bautizado personalmente a la nave en una ceremonia que quizá algún día sea relatada por alguien.

- ¿Tierra? ¿Me escuchan?

El Director de Comunicaciones del Centro de Operaciones de Sausalito pensó la respuesta y la censuró tal y como la iba pronunciando

- Alto y claro, Guardián (de los Gilipollas). (Por si no te había dado cuenta) Estás en las televisiones de medio mundo desde hace, exactamente, 8 segundos (así que deja de comportarte como un imbécil)

La conversación prosiguió en términos parecidos de vanalidad durante un buen rato: Pequeño, de natural humilde, pidió permiso para saludar mientras el Director de Comunicaciones adquiría una tonalidad verdosa carcomido por la vergüenza ajena. Luego llegó el momento de hincarle el diente al chorizo y, al hacerlo, uno de los caninos de Pequeño comenzó a flotar en la ingrávida atmósfera de la cápsula seguida de un burbujeante reguero de saliva sanguinolenta.

- Houston, tenemos un problema –bromeó Pequeño que, sin embargo, comenzó a sentirse algo azorado por el suceso y apremiantemente meón.

Mientras todos intentaban recobrar la compostura de una transmisión estelar que no iba a pasar a los anales del periodismo científico, nuestro pequeño astronauta, irreprimiblemente, comenzó a mear por segunda vez en la flexible bolsita de aluminio que, también algo descentrada después de comprobar que no iba a tener ni siquiera medio segundo en las ondas, decidió romperse, lo que provocó que el pis de Pequeño subiese hasta la escafandra y, ante millones de espectadores, subiese hasta el nivel de sus narices. El súbito peligro de ahogamiento en el propio orín le hizo activar en micromilésimas de segundo, tal y como había sido entrenado durante meses, el pin de apertura de escafandra, y un cuarto de litro largo de meado escapó de él para flotar dulcemente en los tubos catódicos de millones de hogares en Tierra.


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