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El Buque Fantasma
Música, literatura, pintura, cine, fotografía, viajes y viajes imaginarios
Acerca de
El Buque Fantasma navega por el espacio y el tiempo con su tripulación de bucaneros, avituallada de alimentos para el espíritu y orlada de cañones y culebrinas para espantar los malos sueños. Tiene un capitán decidido y un contramaestre cascarrabias, un piloto que navega entre nubes de alcohol y un cocinero francés que robó una receta en el Ritz y, así, expía su culpa; en la sentina se esconden los demonios, cosidos a los grilletes mientras esperan el pabellón rojo de la muerte sin cuartel para volver a ver la luna. Surcan el universo a ritmo de Nueva Orleans, disfrutando, sin salir de la nave, de los tesoros que enriquecen su botín: los libros de Stevenson, Chesterton, Vian, Tolkien, Borges, las imágenes tan finamente imaginadas por Durero, Velázquez, Turner o Pratt, o los discos de los Stones, con los que atemorizan a los mortales que padecen sus sanguinarios abordajes y a los mismos dioses, donde quiera que estén.
Sindicación
 
L'ILLA

Foto Ben Gunn


Vista desde la altura del faro de Sta. Pola, la isla de Tabarca es una especie de submarino emergiendo junto a la costa: un buque fantasma. Hace siglos la isla fue refugio de piratas y, en los ochenta, refugio invernal de una panda de jóvenes freakies. Cuando llegábamos a aquella soleada, ventosa y deshabitada planicie sobre el mar en pleno enero, lo primero que había que hacer era ir a la fuente a por agua, y la siguiente cita ineludible no llegaba hasta la puesta de sol, cuando, armados de estupefacientes, nos agazapábamos en algún rincón de la muralla dispuestos a averiguar de qué color sería el ocaso aquella tarde.
En aquella época sólo había unas horas de luz eléctrica, pero nunca se nos ocurría gastarlas poniendo la televisión.

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