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Tu decides que hacer con el tiempo k se te ha dado
Que nada escrito o pensado quede oculto, que salga a la luz tanto el dolor como la alegria
Acerca de
Buscando, siempre buscando, pero fuera de mí misma. Cuando mi camino se esconde de mi, he de esperar la mañana para retomarlo, o simplemente seguir andando, porque el camino, aunque peligroso, se hace al andar. Me acompañan las palabras y las bellas almas, aunque a veces se me olvide que están ahí.
Sindicación
 
No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche.
Esta noche la luna está nítida y cercana. El cielo está despejado y se ven sólo algunas estrellas. Brilla una solitaria más que las demás, es la mía: un día la adopté y dije ésa es mía, y ahí está, resplandeciente y majestuosa, y curiosamente sola, quizás por eso la adopté. La estrella que queda más cercana está bastante lejos pero eso no impide que la mía deslumbre con brío, quizás no esté sola y sea solamente que su luz prevalece sobre las demás que la rodean.

Seguro que tiene nombre, y que es muy importante, que yo, que no sé nada de astronomía, no me doy cuenta de cuán imprescindible es. Seguro que es de esas estrellas que guiaban a los marineros e inspiraban a los que tienen el alma poeta bellas palabras en la soledad nocturna.

Es de noche y todo está silencioso y calmado. No he puesto música, ¿para qué? No es necesario llenar de sonido este silencio hondo que todo lo dice. Ya no hay ruido ni adentro. Y es en estas escasas noches en que la luna llena me ofrece su resplandor amigo, y cuando, aunque no lo veo, su luz tiñe de plata las mansas aguas del mar, cuando siento su abrazo profundo y ya no hay soledad tampoco adentro. Es sólo en estas noches cuando recuerdo que no estoy sola, que estoy yo adentro, que nunca estaré sola.

En estas noches recuerdo a una amiga. Sé que ella mira también la luna. Sé que no duerme, o poco, o mal, porque es ave nocturna, porque esta luz de plata ilumina sus ojos de esa manera indescriptible, porque sostiene, como siempre, ahora ya tranquila, esa taza de té ardiendo, o esa pera a medio comer, y piensa. A veces pensar es más fácil en silencio, cuando no hace falta suprimir ruidos, sino gozar de su ausencia.

La echo tantísimo de menos. Me dijo una amiga, también lejana, que tenemos los unos para con los otros una misión, que no se separan nuestros caminos hasta que no aprendimos del otro aquella lección que nos faltaba, hasta que no enseñamos aquello que ha de ser dicho.

Yo pienso en Sharon muy a menudo, y pienso en lo que me dijo esta otra amiga, y en cuanto aprendí con Sharon, en cómo llegamos a conocernos, en cuanto llegamos a querernos, y siento esa imperiosa necesidad de seguir escuchando, porque me temo que no acabamos. Se han quedado tantas conversaciones suspendidas…

¿Cuál era su misión para conmigo? ¿Qué tenía yo para enseñarle? Que preguntas tan innecesarias, hay cosas que no se aprenden con palabras, hay cosas que se llegan a saber adentro, y de eso mucho aprendí con Sharon. Los buenos amigos son aquellos que te ofrecen la claridad de su mirada para reflejarte en ella, para verte tal y como eres. En la mirada clara de Sharon yo me he visto de muchas maneras, unas vulnerable, otras odiosa, unas divertida, otras triste… y en todas esas miradas ella me decía “sí, ésa eres tú, completa, odiosa y perfecta a la vez, y con todo, te quiero”. Y así una acaba perdiendo el miedo, y eso que Sharon me decía con cada mirada, años después florece, como semilla que germinara, y acabo aprendiendo a quererme, con todo el horror que eso implica, con todos esos defectos y flaquezas.

Hay en nuestra amistad un espacio de libertad en el que yo puedo ser intolerante, infantil y victimista, donde puedo ser egoísta y cruel, y despiadada y consentida, y lo sé. Y al saberlo, respiro, tranquila, y soy yo, simple y llanamente yo entera, y brillo. Con Sharon he llegado a conocerme, porque ella cedió el espacio y me miró, siempre con cariño.
Está Sharon, y está Manue, y Michelle, y Myriam W. y con todas ellas tengo ese espacio en que llego a ser yo misma y resplandezco.

Hoy los proyectos parecían factibles, los objetivos cercanos, la felicidad era presente y la soledad sólo un espejismo de mi mente atareada. Hay veces en que la nitidez de la luna imprime lucidez en mi alma, y todo cobra sentido, todo se llena de verdad, nunc scio (ahora sé), como diría Virgilio.

Esta noche ella está conmigo. Amiga cercana esta noche, cuánto te quiero!