Cibercitas
Pasada la etapa estudiantil e universitaria, hacer amigos y encontrar pareja se hace cada vez más difícil. En el trabajo sólo tienen muchas posibilidades de lograrlo quienes trabajan por vocación, o aquellos cuyos trabajos no requieren mucha especialización. Los demás, quienes aún tratan de lograr su objetivo profesional, suelen acabar rodeados de gente que tiene muy poco o nada en común con ellos. En el mejor de los casos, y me refiero a menos del 40% de las veces, lograrán relacionarse con personas afines en el lugar de trabajo. Y los amigos, dado que cada vez nos relacionamos menos (ellos también), ya no son tan buenas celestinas.
En una sociedad en la que cada vez se hace más difícil relacionarse con los demás, ¿será Internet el último refugio de los solitarios? ¿Puede Internet ofrecernos eso que ya no encontramos en la vida? Si observamos los multiplicación de los chats, de los foros de debate o de los portales de citas (sí, sí, para hacer amigos y conocer gente… ya) parece que sí.
Cuando mujer blanca soltera busca es muy probable que acabe en uno de los siguientes, o ambos, casos reales.
Pongamos que tu ex acaba de desaparecer (supuestamente tiene “mucho lío”, explicación confusa donde las haya) y no se da por aludido cuando le llamas al teléfono. Dado que no puedes llamar a la gente de Sin Rastro, pero por otro lado te invade la rabia (contra ti por ser tan imbécil y confiar de nuevo, claro, porque que él sea un primate ya lo sabías), decides, en un ataque de desesperación, buscar en Internet, sencillamente para poder mandarlo a la mierda teniendo un as (que no tienes) en la manga. Los faroles, ya lo verás, pueden costar caros.
Encuentras a uno cuya foto parece sacada del anuncio de la colonia Cool Water, así, en blanco y negro, apoyado en el borde de la piscina, como un modelo… No puede ser! Pues no guapa, no, no puede ser. Cuando miras las demás fotos ves que no, que es de lo más normal… Cosa que por otro lado no tiene por que ser ningún problema. Lo que pasa es que ya de entrada te fastidia que te tomen por imbécil (o te fastidia ser tan ingenua). El problema es que ya empezaste a hablar con él, AHHHH!
Es simpático, eso está bien. Lo que no sabes es que todos son muy simpáticos por Internet.
Te dice de quedar. Bueno, ya está, lo de Internet para hacer amigos… demostrado, es una excusa estúpida, todos al grano. Dices ¿por qué no? Porque quieres que le den por saco al primate. Quedáis. Le ves. Bueno, normal, bien. ¿Feeeeeeling? Pues no. Pero bueno, tus amigos te dijeron que no seas tan exigente que ya vendrá, que pruebes: confías en ellos. Le pides que de camino al cine pare en un cajero, con tono de fastidio te suelta “¡podías haberlo dicho antes!”, “¡vaya, hombre, perdona! Perdona por existir!” piensas. Mal: mal de mal-educado, y mal por callarte y seguir siendo la chica sufrida que siempre pone la otra mejilla. ¡Requetemal!
Pongamos que es fisioterapeuta. ¡Que bien! ¡Masajes gratis! Y religioso, vaya hombre, esto no te lo dice hasta haber quedado. Y cuando digo religioso digo todos los domingos a misa y todos los veranos a Lourdes. Uy uy uy… Es formal, serio, de esos hombres que piensan que vestir informal pero aseado es llevar un polo Lacoste. Clásico, tan clásico que puedes sentir que naciste décadas después de él.
Conversáis, sobre gustos… No, no hay nada escrito, pero tampoco hay nada en común.
- Pues me gusta la ópera.
- No me gusta nada la ópera [pobre Pavarotti, no emocionó a todos], me gusta el teatro.
- Ah, pues a mi el teatro es que no me gusta mucho. ¿Y la pintura? Bueno, no entiendo mucho pero hay pintores que aún sin llegar a entenderlos… sus universos me parecen cercanos, como Dalí, Dalí me encanta.
- No me gusta nada Dalí. [ya claro, Dalí y peregrinar a Lourdes no cuadra mucho]
Bueno, la conversación es un festival. Digamos que Murphy lo llamaría LOI, Ley del Ocio Incompatible. La ecuación queda así: feeling 0, compatibilidad de gustos 0… llegados a este punto, ¿qué queda?
Decides ser una mujer educada y quedarte. La peli no le gusta, a ti tampoco: ¡al fin! ¡Un punto en común! Ah pero los trailers te gustaron, flojillos pero con temática interesante… él comenta “nunca iría a ver este tipo de películas”. Ya estamos. De paso añade “las películas españolas van todas de lo mismo” (léase sexo, bueno, sí, en la época del destape sí, con Franco. Este pobre no tiene ni idea de quien es Amenábar, ni Aristarain, ni Banderas…). Mal, mal.
Cena: él pagó el cine, la pringada paga el restaurante, que es más caro… ¡Qué difícil es ser una pringada! A estas alturas todos los chicos que pasan frente a vuestra mesa se parecen a tu ex, y sin dudarlo, te tirarías mil veces en sus brazos de maltratador psicológico antes de seguir en la cita del tedio. Cuando él va al lavabo tienes la tentación de salir huyendo, no, no, control.
Al fin, AH! AL FIN! Te lleva a casa (sí, porque como es tan clásico quiso llevarte él) y te deja ahí sin más. Y tú sientes un subidón de fe cuando ni intenta besarte, y rezas todo lo que sabes y le agradeces a Dios que no lo hiciera. Así que cuando ya no te ve empiezas a llorar, y maldices al maltratador y sospechas que vas a estar sola otra vez.
Al poco le envías un correo electrónico diciendo que lo pasaste bien pero que no estás lista para más, que no buscas nada serio. Lo que en realidad quieres decir es que no buscas nada serio con él. Te responde ofendido, que no te propuso matrimonio, que no le gustan las personas que anticipan acontecimientos. Vaya hombre pues una lástima que Galileo, Newton… no te gusten, no me imagino la humanidad sin que ellos anticipasen acontecimientos. Además resulta que la novia, con la que aún salía cuando quedamos, le acaba de dejar, por un macarra (siempre te dejan por un/una macarra). Vaya, otro disimulador (decir mentiroso se ve que ya no se lleva). Así que aprovecha y desata su furia contra ti, pero la dejas pasar, al fin y al cabo viviste lo mismo. Para no dejar de hablarle sin más le respondes a un forward ñoño que te envía (reenvíame esto si me aprecias, bla, bla, bla…) y le dices que fue grato conocerlo. En un arrebato de ira te responde que le encantó también conocerte “100% nada”. Dicho esto, das por terminadas las conversaciones.
Pero, siempre hay un pero… le comentas la cita a otro contacto nuevo de Internet y te dice de quedar. Deberías sospechar que si tras decirle que fue un fracaso, te dice de quedar, no pinta como un éxito, a priori. En todo caso aceptas, por confiar en tus amigos, y por jorobar al ex, claro (ese que aún no te ha dicho que se fue con otra). Estás cansada de fingir así que antes de verle le envías las fotos más espeluznantes de ti misma a ver si sale huyendo, luego, obviamente pulsas “eliminar”. Él opina que eres una bomba. AY! Ahí si que tenías que haberte dado cuenta.
Quedáis en la playa, descubres que las fotos de Internet siempre son las mejores, sí, sí. Os sentáis en la tumbona y el muy pulpo, sin casi saber tu nombre empieza a meterte mano con la excusa de que eres irresistible. Eres un bombón. Ay, sí, que simpático eres, a ver dilo otra vez… Al cabo de cuatro “Eres un bombón” te mueres de ganas de sacar tu currículo y repasarlo con él: mira guapo (no lo dices como piropo), soy licenciada, hablo cuatro idiomas y estoy haciendo un doctorado. Así que sí, soy un bombón, pero eso no es mérito mío ¿sabes? Es pura casualidad genética. Lo otro, en cambio, lo que aún desconoces, sí me lo he currado yo. Pero no lo haces porque, uf, tampoco hay feeling (la confianza en los amigos mengua por momentos), y además eres educada. Por ahora: feeling 0, sensación… acoso.
Vais a cenar, de camino allí, decenas de hombres más atrayentes te miran, Dios te está castigando, ¿por qué? Pides la cena y al llegar el plato ante ti te entra un malestar profundo y te retiras al lavabo, un buen rato. Sí cielo, eres víctima de una síntoma psicosomático, nuestro querido Freud saltaría de alegría. Pero dejas que quede otra vez contigo porque esta vez te da la impresión de que puede que tengáis algo en común (no sabes que es el blanco de los ojos, pero lo sabrás).
Quedáis otro día, cenáis, conversáis, sin más. Añoras tu pijama, tu sofá y tus series de la tele. Sin saber cómo acabáis en un descampado en el coche. Bueno, sí sabes cómo, basta no decir nunca que no para acabar en circunstancias escabrosas. Es que vas depilada, mejor aprovechas, ¿no? Bueno, se te ocurre decir que el lugar escogido parece un escenario de CSI, así que desatas en el joven sus más ancestrales temores y mira obsesivamente a todos lados al mismo tiempo que se supone que te besa. Tu temperatura oscila entra la temperatura del Ártico y la de Alaska, en invierno. Se niega a ir al asiento de atrás, para eso no hacía falta ni quitarse el cinturón de seguridad. ¿Será astronauta? ¿O egipcio? ¿Cómo se supone que se practica el sexo de perfil? Casanova lo intenta. Déjalo cielo, hoy no va a ocurrir. Pero él empeñado, sigue y sigue. Joroba, ¿qué haces? Cuando el fastidio empieza a ser incomodidad física decides fingir, sí, sí, las mujeres fingimos. Al concluir la actuación dice “¡qué exagerada eres!” Bueno, queda claro que mereces un Oscar, por otro lado, queda claro también que cuando alguna mujer tuvo un orgasmo él nunca estuvo cerca (a menos que fuese espontáneo). Ah pero claro, te mira con cara de decir “te toca”. AH! Señor, ¡qué inescrutables son tus caminos! Haces un trato con el Señor, “apúntame esta -a deber-”, por lo del efecto bumerang, para que algún día te lo compense. Haces tu trabajo y se queda tan contento. Algo te debe notar porque dice “gracias”. Pues sí, las merezco… Le hubieras dicho “son diez mil” si no te dejara en mucho peor lugar que él. Te retienes. Te deja en casa, no le confirmas volver a verle. Te envía un mensaje días después, le dices “no me apetece quedar más, no es buen momento, eres simpático pero yo no puedo”. No mientes, aunque si es o no buen momento no tienes ni idea, y lo de no poder, de nuevo es que no puedes con él.
Acaba el verano y dejas al primate de tu ex. Dejas las citas por Internet. Aceptas que estás sola e intentas trabajar con ello. Decides respetar siempre tu instinto, ese que siempre sabe en seguida si hay feeling o no, ese mismo que te dijo que tu ex se fue con otra dos semanas antes de que le sonsacaras. Y tus amigos… bueno, te quieren bien, pero primero siempre tu instinto.
Ya veis, esto puede sucederte a ti. No seas ingenua, en Internet confluyen los desesperados, los parias, los demás ni nos lo planteamos. Vamos a vivir, lo que nos toque, y hacer con ello lo mejor que se pueda hacer. Ya lo dijo Picasso: Yo no busco, yo encuentro.
En una sociedad en la que cada vez se hace más difícil relacionarse con los demás, ¿será Internet el último refugio de los solitarios? ¿Puede Internet ofrecernos eso que ya no encontramos en la vida? Si observamos los multiplicación de los chats, de los foros de debate o de los portales de citas (sí, sí, para hacer amigos y conocer gente… ya) parece que sí.
Cuando mujer blanca soltera busca es muy probable que acabe en uno de los siguientes, o ambos, casos reales.
Pongamos que tu ex acaba de desaparecer (supuestamente tiene “mucho lío”, explicación confusa donde las haya) y no se da por aludido cuando le llamas al teléfono. Dado que no puedes llamar a la gente de Sin Rastro, pero por otro lado te invade la rabia (contra ti por ser tan imbécil y confiar de nuevo, claro, porque que él sea un primate ya lo sabías), decides, en un ataque de desesperación, buscar en Internet, sencillamente para poder mandarlo a la mierda teniendo un as (que no tienes) en la manga. Los faroles, ya lo verás, pueden costar caros.
Encuentras a uno cuya foto parece sacada del anuncio de la colonia Cool Water, así, en blanco y negro, apoyado en el borde de la piscina, como un modelo… No puede ser! Pues no guapa, no, no puede ser. Cuando miras las demás fotos ves que no, que es de lo más normal… Cosa que por otro lado no tiene por que ser ningún problema. Lo que pasa es que ya de entrada te fastidia que te tomen por imbécil (o te fastidia ser tan ingenua). El problema es que ya empezaste a hablar con él, AHHHH!
Es simpático, eso está bien. Lo que no sabes es que todos son muy simpáticos por Internet.
Te dice de quedar. Bueno, ya está, lo de Internet para hacer amigos… demostrado, es una excusa estúpida, todos al grano. Dices ¿por qué no? Porque quieres que le den por saco al primate. Quedáis. Le ves. Bueno, normal, bien. ¿Feeeeeeling? Pues no. Pero bueno, tus amigos te dijeron que no seas tan exigente que ya vendrá, que pruebes: confías en ellos. Le pides que de camino al cine pare en un cajero, con tono de fastidio te suelta “¡podías haberlo dicho antes!”, “¡vaya, hombre, perdona! Perdona por existir!” piensas. Mal: mal de mal-educado, y mal por callarte y seguir siendo la chica sufrida que siempre pone la otra mejilla. ¡Requetemal!
Pongamos que es fisioterapeuta. ¡Que bien! ¡Masajes gratis! Y religioso, vaya hombre, esto no te lo dice hasta haber quedado. Y cuando digo religioso digo todos los domingos a misa y todos los veranos a Lourdes. Uy uy uy… Es formal, serio, de esos hombres que piensan que vestir informal pero aseado es llevar un polo Lacoste. Clásico, tan clásico que puedes sentir que naciste décadas después de él.
Conversáis, sobre gustos… No, no hay nada escrito, pero tampoco hay nada en común.
- Pues me gusta la ópera.
- No me gusta nada la ópera [pobre Pavarotti, no emocionó a todos], me gusta el teatro.
- Ah, pues a mi el teatro es que no me gusta mucho. ¿Y la pintura? Bueno, no entiendo mucho pero hay pintores que aún sin llegar a entenderlos… sus universos me parecen cercanos, como Dalí, Dalí me encanta.
- No me gusta nada Dalí. [ya claro, Dalí y peregrinar a Lourdes no cuadra mucho]
Bueno, la conversación es un festival. Digamos que Murphy lo llamaría LOI, Ley del Ocio Incompatible. La ecuación queda así: feeling 0, compatibilidad de gustos 0… llegados a este punto, ¿qué queda?
Decides ser una mujer educada y quedarte. La peli no le gusta, a ti tampoco: ¡al fin! ¡Un punto en común! Ah pero los trailers te gustaron, flojillos pero con temática interesante… él comenta “nunca iría a ver este tipo de películas”. Ya estamos. De paso añade “las películas españolas van todas de lo mismo” (léase sexo, bueno, sí, en la época del destape sí, con Franco. Este pobre no tiene ni idea de quien es Amenábar, ni Aristarain, ni Banderas…). Mal, mal.
Cena: él pagó el cine, la pringada paga el restaurante, que es más caro… ¡Qué difícil es ser una pringada! A estas alturas todos los chicos que pasan frente a vuestra mesa se parecen a tu ex, y sin dudarlo, te tirarías mil veces en sus brazos de maltratador psicológico antes de seguir en la cita del tedio. Cuando él va al lavabo tienes la tentación de salir huyendo, no, no, control.
Al fin, AH! AL FIN! Te lleva a casa (sí, porque como es tan clásico quiso llevarte él) y te deja ahí sin más. Y tú sientes un subidón de fe cuando ni intenta besarte, y rezas todo lo que sabes y le agradeces a Dios que no lo hiciera. Así que cuando ya no te ve empiezas a llorar, y maldices al maltratador y sospechas que vas a estar sola otra vez.
Al poco le envías un correo electrónico diciendo que lo pasaste bien pero que no estás lista para más, que no buscas nada serio. Lo que en realidad quieres decir es que no buscas nada serio con él. Te responde ofendido, que no te propuso matrimonio, que no le gustan las personas que anticipan acontecimientos. Vaya hombre pues una lástima que Galileo, Newton… no te gusten, no me imagino la humanidad sin que ellos anticipasen acontecimientos. Además resulta que la novia, con la que aún salía cuando quedamos, le acaba de dejar, por un macarra (siempre te dejan por un/una macarra). Vaya, otro disimulador (decir mentiroso se ve que ya no se lleva). Así que aprovecha y desata su furia contra ti, pero la dejas pasar, al fin y al cabo viviste lo mismo. Para no dejar de hablarle sin más le respondes a un forward ñoño que te envía (reenvíame esto si me aprecias, bla, bla, bla…) y le dices que fue grato conocerlo. En un arrebato de ira te responde que le encantó también conocerte “100% nada”. Dicho esto, das por terminadas las conversaciones.
Pero, siempre hay un pero… le comentas la cita a otro contacto nuevo de Internet y te dice de quedar. Deberías sospechar que si tras decirle que fue un fracaso, te dice de quedar, no pinta como un éxito, a priori. En todo caso aceptas, por confiar en tus amigos, y por jorobar al ex, claro (ese que aún no te ha dicho que se fue con otra). Estás cansada de fingir así que antes de verle le envías las fotos más espeluznantes de ti misma a ver si sale huyendo, luego, obviamente pulsas “eliminar”. Él opina que eres una bomba. AY! Ahí si que tenías que haberte dado cuenta.
Quedáis en la playa, descubres que las fotos de Internet siempre son las mejores, sí, sí. Os sentáis en la tumbona y el muy pulpo, sin casi saber tu nombre empieza a meterte mano con la excusa de que eres irresistible. Eres un bombón. Ay, sí, que simpático eres, a ver dilo otra vez… Al cabo de cuatro “Eres un bombón” te mueres de ganas de sacar tu currículo y repasarlo con él: mira guapo (no lo dices como piropo), soy licenciada, hablo cuatro idiomas y estoy haciendo un doctorado. Así que sí, soy un bombón, pero eso no es mérito mío ¿sabes? Es pura casualidad genética. Lo otro, en cambio, lo que aún desconoces, sí me lo he currado yo. Pero no lo haces porque, uf, tampoco hay feeling (la confianza en los amigos mengua por momentos), y además eres educada. Por ahora: feeling 0, sensación… acoso.
Vais a cenar, de camino allí, decenas de hombres más atrayentes te miran, Dios te está castigando, ¿por qué? Pides la cena y al llegar el plato ante ti te entra un malestar profundo y te retiras al lavabo, un buen rato. Sí cielo, eres víctima de una síntoma psicosomático, nuestro querido Freud saltaría de alegría. Pero dejas que quede otra vez contigo porque esta vez te da la impresión de que puede que tengáis algo en común (no sabes que es el blanco de los ojos, pero lo sabrás).
Quedáis otro día, cenáis, conversáis, sin más. Añoras tu pijama, tu sofá y tus series de la tele. Sin saber cómo acabáis en un descampado en el coche. Bueno, sí sabes cómo, basta no decir nunca que no para acabar en circunstancias escabrosas. Es que vas depilada, mejor aprovechas, ¿no? Bueno, se te ocurre decir que el lugar escogido parece un escenario de CSI, así que desatas en el joven sus más ancestrales temores y mira obsesivamente a todos lados al mismo tiempo que se supone que te besa. Tu temperatura oscila entra la temperatura del Ártico y la de Alaska, en invierno. Se niega a ir al asiento de atrás, para eso no hacía falta ni quitarse el cinturón de seguridad. ¿Será astronauta? ¿O egipcio? ¿Cómo se supone que se practica el sexo de perfil? Casanova lo intenta. Déjalo cielo, hoy no va a ocurrir. Pero él empeñado, sigue y sigue. Joroba, ¿qué haces? Cuando el fastidio empieza a ser incomodidad física decides fingir, sí, sí, las mujeres fingimos. Al concluir la actuación dice “¡qué exagerada eres!” Bueno, queda claro que mereces un Oscar, por otro lado, queda claro también que cuando alguna mujer tuvo un orgasmo él nunca estuvo cerca (a menos que fuese espontáneo). Ah pero claro, te mira con cara de decir “te toca”. AH! Señor, ¡qué inescrutables son tus caminos! Haces un trato con el Señor, “apúntame esta -a deber-”, por lo del efecto bumerang, para que algún día te lo compense. Haces tu trabajo y se queda tan contento. Algo te debe notar porque dice “gracias”. Pues sí, las merezco… Le hubieras dicho “son diez mil” si no te dejara en mucho peor lugar que él. Te retienes. Te deja en casa, no le confirmas volver a verle. Te envía un mensaje días después, le dices “no me apetece quedar más, no es buen momento, eres simpático pero yo no puedo”. No mientes, aunque si es o no buen momento no tienes ni idea, y lo de no poder, de nuevo es que no puedes con él.
Acaba el verano y dejas al primate de tu ex. Dejas las citas por Internet. Aceptas que estás sola e intentas trabajar con ello. Decides respetar siempre tu instinto, ese que siempre sabe en seguida si hay feeling o no, ese mismo que te dijo que tu ex se fue con otra dos semanas antes de que le sonsacaras. Y tus amigos… bueno, te quieren bien, pero primero siempre tu instinto.
Ya veis, esto puede sucederte a ti. No seas ingenua, en Internet confluyen los desesperados, los parias, los demás ni nos lo planteamos. Vamos a vivir, lo que nos toque, y hacer con ello lo mejor que se pueda hacer. Ya lo dijo Picasso: Yo no busco, yo encuentro.
Comentario:
Amparo, soy la del Look at me! Me he muerto de la risa con este texto!!
Realmente lo has escrito genial!!!
Que bueno que viniste! Jajajaja!
Realmente lo has escrito genial!!!
Que bueno que viniste! Jajajaja!
Comentario:
Ya sabes lo importante que es para mi el humor... y realmente es un texto genial! El contenido ya lo conocia, pero cuanto me he vuelto a reir... no de ti, sino de como lo has escrito.
Te quiero.
Te quiero.
Comentario:
Nunca te he leí tan en tu salsa.
No hay duda, instalada cómodamente en tu sardónica idiosincrasia es donde mejor se expone tu dominio autocrítico y satírico en el mundo de las cada vez menos solventes relaciones personales.
Como te dije bajo la lluvia del Marais, la depuración tragicómica de nuestros miedos y miserias no es la peor de las medidas a tomar en tiempos de situaciones borrosas.
Las cibercitas no las conozco, si bien la confianza que me generan es relativamente nula, lo que parece confirmar tu artículo, con el que por momentos sé que no te costará trabajo creer que me he reído escandalosamente.
Bisous.
Comentario:
HOla cariño.. te leo desde Barcelona.. y es gracias a internet.. Este medio que es capaz de traerte los primates neardentales mas extraños y los amigos mas cercanos. Lo malo no es el medio, no es el ciberespacio. Las personas estan ahi fuera (como diria mulder) el medio que uses para encontrarlas da igual, en realidad todo depende del MOMENTO. Como diria thomas young.. "cada particula tiene un momento asociado que le variar su cinetica". Si lo traduzco en palabras de maslow.. En la piramide de tus necesidades, estas por cubrir una muy importante, solo has de esperar la ocasion.
Quien bien te quiere..
Aymerik
Quien bien te quiere..
Aymerik





