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Tu decides que hacer con el tiempo k se te ha dado
Que nada escrito o pensado quede oculto, que salga a la luz tanto el dolor como la alegria
Acerca de
Buscando, siempre buscando, pero fuera de mí misma. Cuando mi camino se esconde de mi, he de esperar la mañana para retomarlo, o simplemente seguir andando, porque el camino, aunque peligroso, se hace al andar. Me acompañan las palabras y las bellas almas, aunque a veces se me olvide que están ahí.
Sindicación
 
Los partidarios de la puta realidad
En general, como en la gramática, existen dos actitudes ante la vida: o bien ser sujeto, o bien ser objeto. Es decir que uno puede decidir entre hacer la acción, o padecer la acción. Obviamente ninguno es siempre sujeto, o siempre objeto, eso depende de las ganas, el entusiasmo… la actitud, en suma, ante una circunstancia dada. Sin embargo, aquellos que más frecuentemente se hallan en posición de objeto (también conocida como voz pasiva) tienden a olvidar que en verdad pueden elegir, y por ello, al no recordar que disponen del libre albedrío (la capacidad de decidir qué hacer), suelen permanecer bastante más a menudo en posición de objeto.

A Piluca le agobia la gente objeto, le agobia precisamente porque ella en ocasiones se pone deliberadamente en voz pasiva, y también porque la gente objeto tiende a tildar a los demás, con demasiada ligereza, según Piluca, de infantiles, inmaduros o creyentes en cuentos de hadas o príncipes azules… (todo esto con subrayada connotación negativa). Estos son los partidarios de la “puta realidad”, los defensores del “valle de lágrimas”, los que saben realmente lo duro que es vivir, los que entienden cómo cualquier acción es inútil ante la implacable apisonadora de la tecnología, la política, las grandes corporaciones…

Piluca conoce a muchos partidarios de la “puta realidad”, generalmente suelen estar convencidos de poseer la verdad absoluta, de estar en la perspectiva privilegiada que les permite ver la vida tal cual es, y miran con paternalismo y ternura a quienes humildemente discrepan. Algunos son muy radicales, otros intentan versiones más diplomáticas del estilo: “siempre ha sido así y no va a cambiar”, “hazte a la idea, es una cuestión de naturaleza”, o “es lo que hay”.

En el pasado, Piluca, que es mucho más flexible de lo que la gente suele creer, decidió que si había tanta insistencia, quizás, efectivamente, su perspectiva era errónea y decidió desecharla y se fue al país de la “puta realidad”. Para Piluca aquella etapa fue como pasarse unos meses enganchada al crack, aún se esta recuperando. Y mira, sí, aquello era real, también pasaban cosas bonitas, pero joroba!, la realidad era de una intensidad lacerante, y los momentos que no eran ni felices ni desdichados estaban cargados de una histeria sintética que lograba desgastarlo todo. Así que tras mucho pensar Piluca decidió que su realidad no iba a ser “puta”, sino “cojonuda”: eso lo decidió en plena posesión de sus facultades mentales, haciendo uso de su libre albedrío y posicionándose deliberadamente en lugar de sujeto.

Piluca es de letras, y aunque le interesa muchísimo, no sabe mucho de ciencias, pero si algo entendió de la Teoría de la Relatividad de Einstein es que la realidad depende de la perspectiva desde la que se observa, siendo toda perspectiva válida, pues ninguna resulta ser una perspectiva global que todo lo abarcaría. Tan válida es su realidad cojonuda, como la puta realidad de los demás: en realidad, miran lo mismo, pero desde puntos distintos.

Es muy sencillo: Piluca se halla ante un hermoso atardecer y decide fotografiarlo, allí se halla también un partidario de la puta realidad. El de la puta realidad pega un bufido cuando ve que una horrorosa farola se encuentra en el plano de la foto así que decide que la foto es una mierda, y que no la toma, puta foto! Piluca opina que si se mueve un par de metros hacia la derecha o la izquierda puede fotografiar el atardecer sin que la farola salga en el plano. ¡Joder! ¡Qué inmadura! ¡Está negando la existencia de la farola, está negando la realidad, mirando hacia otro lado! No cielo, no. La farola la veo, veo todas las farolas, las torres de telefonía móvil, las parabólicas, los polígonos industriales, las centrales nucleares, las minas, el chapapote… veo absolutamente todo lo que afea la realidad. No niego que exista, no miro hacia otro lado, que no lo fotografíe no significa que no lo tenga en cuenta. Sé que está ahí, pero limito su impacto, le quito importancia, y subrayo la belleza del atardecer, porque me hace más feliz un mundo, una vida, en la que la gente, a pesar de los millones de farolas, pueda mirar un atardecer y decidir que es bello.

Mucho me temo que Piluca es mucho menos inmadura de lo que parece. Quizás Piluca sea mucho más madura que quienes la acusan de no serlo. Piluca decidió hacer las fotos, siempre que sea posible (siempre que tenga la fuerza y el valor para ser sujeto, y no objeto) sin farolas. Eso no implica que Piluca no pueda ir protestando ruidosamente por la existencia de farolas, denunciando su proliferación o exigiendo cambios que minoricen su impacto. Cada vez Piluca da menos importancia a quien la mira con ternura paternalista, ha aprendido a callar, porque Piluca sabe que el día que acabe el álbum de fotos, el suyo estará lleno de hermosos paisajes, y eso, a pesar de haber compartido la misma realidad. Mientras tenga el valor y la fuerza, mientras tenga la sensación de que el esfuerzo merece la pena, mientras haya personas que le recuerden que su lucha es legítima, la vida de Piluca será cojonuda, por muy infantil o soñadora que pueda parecerles a otros.
 
Comentario:
Precioso tu "No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche."

Voy descubriendo, poco a poco, tus textos. Gracias.
No