No creo en la Navidad
Estamo aún en fiestas de Navidad y no me ha costado darme cuenta de que hace siglos (bueno, sólo años) que no voy a la iglesia, más de 10 años. Esto no es una confesión pero ése sencillo hecho supone muchas cosas, y acarrea consecuencias prácticas muy curiosas.
La mayoría de mis amigos no van nunca a la iglesia, es decir que gente que practique su religión conozco muy poca, en Europa casi ninguno.
La cuestión se trivializa generalmente reduciéndola a un “¿pero es que no crees en dios?”... A ver, yo a eso respondo “no sé”, y además sinceramente, porque del mismo modo en que me he puesto a reflexionar seriamente sobre el aborto, la pena de muerte, la eutanasia... sobre dios no me he puesto aún a reflexionar, y, en fin, la complejidad del tema no me anima a lanzarme a un profundo análisis personal que me desvele si sí o no creo en Dios, será para otro día.
En lo que sí he reflexionado es en si creo o apoyo a la iglesia católica, y he llegado a la conclusión de que no, y eso lo digo de manera muy convencida: hay tantas cosas en las que no coincido con los católicos que se me hace imposible querer ser uno ellos, y eso que ésa es la religión en la que me eduqué, así que obviamente ninguna otra religión me parece cuadrar con mi forma de ser porque la más cercana a mí es la católica y esta visto que supone una manera de ver la vida que no comparto.
Y ahora en Navidad esta conclusión supone varias cosas: a ver, si no soy católica practicante (aunque me he educado en esa religión hasta los 10 años) ¿por qué he de poner un Belén? ¿por qué he de celebrar el día de Navidad y el de Reyes? ¿por qué han de ser especiales para mí estas fechas?
He vivido la mayor parte de mi vida con mis padres y hermana como única familia, así que las celebraciones de Navidad no eran más que comidas y tardes normales sólo que con más comida, regalos y un árbol adornado de fondo.
¿Qué es la Navidad? Pues es sencillamente una fiesta cristiana que celebra el nacimiento de Jesús, y aunque ahora la Navidad es una celebración comercial en la que las grandes multinacionales animan a los ciudadanos del primer mundo a gastar cantidades de dinero vergonzosas, la excusa sigue siendo la del nacimiento de Jesús, al menos en lo que a los católicos (o aquellos que dicen serlo) se refiere.
Si yo la celebro es que o bien sigo las liturgias de la religión cristiana - católica, o bien que respondo perfectamente a los estímulos de las grandes multinacionales. Y como ni soy católica ni me apetece hacer lo que las multinacionales dicen que he de hacer, pues va a ser que no la celebro.
Esto es bastante extraño en mí porque yo solía ser la única en casa que insistía en poner el árbol, las decoraciones, y hacer menús especiales... Y me puse a pensar, ¿qué celebro? ¿qué me hace ilusión a finales de Diciembre? NADA! La verdad es que se trata de unas fechas que me parecen bastante insoportables: se gasta energía eléctrica a mansalva para iluminar las ciudades y pueblos con unas decoraciones a menudo de un gusto dudoso, se llenan los supermercados de mujeres desesperadas comprando toneladas de comida como si se acabase el mundo y temieran llegar al fin desnutridas, y lo peor todo el mundo te felicita la Navidad, todos esos ciudadanos, especialmente los que conoces, que el resto del año se entretienen haciéndote zancadillas y poniéndote verde con sus críticas.
Y es que en Navidad HAS DE SER FELIZ, sí, sí, por obligación. Uno de los rituales más estúpidos es lo de hacer de la Nochevieja la noche MÁS ANIMADA del año, vamos, por favor, si sólo se deben de divertir de manera espectacular los jovenzuelos que salen por primera vez! Para los demás, en el mejor de los casos, es una noche de marcha más, sólo que con zapatos incómodos y modelitos de primavera anacrónicos que suelen causarles a ellas más de un resfriado indeseado. ¡Qué injusto! Y quienes no somos felices en Navidad va y somos bichos raros, a quienes no nos apetece morir de una indigestión ni desafinar mientras cantamos unos añejos villancicos se nos mira como puros herejes.
Pues este año se acabó la hipocresía: no me gusta que sea invierno, ni que acabe el año, no me gusta que se me exija ser feliz y celebrar algo en lo que no creo, ni que todos finjan ser buenos y felices mientras más de media humanidad sigue muriéndose de asco, como siempre. No, no puedo fingir que las Navidades son para mí una época especial. La felicidad la deseo todo el año: yo no comeré de manera exagerada, y en mi casa no habrá ni árbol ni pesebre, ni villancicos, ni ropa de gala…
Este año tengo aún menos motivos de celebrar fiestas, pero quizás eso signifique simplemente que las celebraciones vendrán más adelante, no cuando se supone que “toca”, sino cuando se marche el dolor y mi corazón de nuevo se atreva a ser feliz, pero hoy, no es ése día.
La mayoría de mis amigos no van nunca a la iglesia, es decir que gente que practique su religión conozco muy poca, en Europa casi ninguno.
La cuestión se trivializa generalmente reduciéndola a un “¿pero es que no crees en dios?”... A ver, yo a eso respondo “no sé”, y además sinceramente, porque del mismo modo en que me he puesto a reflexionar seriamente sobre el aborto, la pena de muerte, la eutanasia... sobre dios no me he puesto aún a reflexionar, y, en fin, la complejidad del tema no me anima a lanzarme a un profundo análisis personal que me desvele si sí o no creo en Dios, será para otro día.
En lo que sí he reflexionado es en si creo o apoyo a la iglesia católica, y he llegado a la conclusión de que no, y eso lo digo de manera muy convencida: hay tantas cosas en las que no coincido con los católicos que se me hace imposible querer ser uno ellos, y eso que ésa es la religión en la que me eduqué, así que obviamente ninguna otra religión me parece cuadrar con mi forma de ser porque la más cercana a mí es la católica y esta visto que supone una manera de ver la vida que no comparto.
Y ahora en Navidad esta conclusión supone varias cosas: a ver, si no soy católica practicante (aunque me he educado en esa religión hasta los 10 años) ¿por qué he de poner un Belén? ¿por qué he de celebrar el día de Navidad y el de Reyes? ¿por qué han de ser especiales para mí estas fechas?
He vivido la mayor parte de mi vida con mis padres y hermana como única familia, así que las celebraciones de Navidad no eran más que comidas y tardes normales sólo que con más comida, regalos y un árbol adornado de fondo.
¿Qué es la Navidad? Pues es sencillamente una fiesta cristiana que celebra el nacimiento de Jesús, y aunque ahora la Navidad es una celebración comercial en la que las grandes multinacionales animan a los ciudadanos del primer mundo a gastar cantidades de dinero vergonzosas, la excusa sigue siendo la del nacimiento de Jesús, al menos en lo que a los católicos (o aquellos que dicen serlo) se refiere.
Si yo la celebro es que o bien sigo las liturgias de la religión cristiana - católica, o bien que respondo perfectamente a los estímulos de las grandes multinacionales. Y como ni soy católica ni me apetece hacer lo que las multinacionales dicen que he de hacer, pues va a ser que no la celebro.
Esto es bastante extraño en mí porque yo solía ser la única en casa que insistía en poner el árbol, las decoraciones, y hacer menús especiales... Y me puse a pensar, ¿qué celebro? ¿qué me hace ilusión a finales de Diciembre? NADA! La verdad es que se trata de unas fechas que me parecen bastante insoportables: se gasta energía eléctrica a mansalva para iluminar las ciudades y pueblos con unas decoraciones a menudo de un gusto dudoso, se llenan los supermercados de mujeres desesperadas comprando toneladas de comida como si se acabase el mundo y temieran llegar al fin desnutridas, y lo peor todo el mundo te felicita la Navidad, todos esos ciudadanos, especialmente los que conoces, que el resto del año se entretienen haciéndote zancadillas y poniéndote verde con sus críticas.
Y es que en Navidad HAS DE SER FELIZ, sí, sí, por obligación. Uno de los rituales más estúpidos es lo de hacer de la Nochevieja la noche MÁS ANIMADA del año, vamos, por favor, si sólo se deben de divertir de manera espectacular los jovenzuelos que salen por primera vez! Para los demás, en el mejor de los casos, es una noche de marcha más, sólo que con zapatos incómodos y modelitos de primavera anacrónicos que suelen causarles a ellas más de un resfriado indeseado. ¡Qué injusto! Y quienes no somos felices en Navidad va y somos bichos raros, a quienes no nos apetece morir de una indigestión ni desafinar mientras cantamos unos añejos villancicos se nos mira como puros herejes.
Pues este año se acabó la hipocresía: no me gusta que sea invierno, ni que acabe el año, no me gusta que se me exija ser feliz y celebrar algo en lo que no creo, ni que todos finjan ser buenos y felices mientras más de media humanidad sigue muriéndose de asco, como siempre. No, no puedo fingir que las Navidades son para mí una época especial. La felicidad la deseo todo el año: yo no comeré de manera exagerada, y en mi casa no habrá ni árbol ni pesebre, ni villancicos, ni ropa de gala…
Este año tengo aún menos motivos de celebrar fiestas, pero quizás eso signifique simplemente que las celebraciones vendrán más adelante, no cuando se supone que “toca”, sino cuando se marche el dolor y mi corazón de nuevo se atreva a ser feliz, pero hoy, no es ése día.
Comentario:
Pero en realidad queda alguien que crea en lo que realmente se supone que eran las Navidades, o tod@s nos dedicamos a rayar la VISA en estas fechas?!?! ale hay se queda lo dicho. :Þ
Comentario:
Querida, te voy a escribir ese comentario en castellano aunque tú sabes lo que me cuesta argumentar en un idioma que no sea el francés.
Confieso me emociono bastante tu comentario sobre la navidad. La vida es así, hay gente que ven el baso medio lleno y otros medio vació.
Tienes toda la razón expresando tus sentimientos refiriéndote a la parte comercial de todas estas fiestas, navidad, San Valentín etc. Además podríamos añadir que Coca-cola eligió los colores del Papa-Noel rojo y blanco.
Sin embargo, no recuerdo tener la costumbre de hacer regalos a la gente que realmente me importa en otras ocasiones, que no sea por el cumpleaños. Sinceramente no es algo genial que de abrir un regalo o de ver la sonrisa de la persona que recibe su regalo?
En el fondo me da exactamente lo mismo que sea una fiesta comercial o no, hoy en día la gente necesita ocasiones para decir te quiero.
Las navidades, noche vieja, San Valentín son a menudo días de crecimiento personal, porque pensamientos sobre si mismo y sobre las cosas importante de la vida. Además este tiempo favorece la melancolía y un poco de luz para iluminar estas noches de invierno, aunque sea cutre, aporta un poco de calor.
La gente feliz en estas fiestas son ellos que se han dado cuenta de que tienen alguien para decir te quiero.
Tu también los tienes… no solo esta medio vació sino medio lleno.
Confieso me emociono bastante tu comentario sobre la navidad. La vida es así, hay gente que ven el baso medio lleno y otros medio vació.
Tienes toda la razón expresando tus sentimientos refiriéndote a la parte comercial de todas estas fiestas, navidad, San Valentín etc. Además podríamos añadir que Coca-cola eligió los colores del Papa-Noel rojo y blanco.
Sin embargo, no recuerdo tener la costumbre de hacer regalos a la gente que realmente me importa en otras ocasiones, que no sea por el cumpleaños. Sinceramente no es algo genial que de abrir un regalo o de ver la sonrisa de la persona que recibe su regalo?
En el fondo me da exactamente lo mismo que sea una fiesta comercial o no, hoy en día la gente necesita ocasiones para decir te quiero.
Las navidades, noche vieja, San Valentín son a menudo días de crecimiento personal, porque pensamientos sobre si mismo y sobre las cosas importante de la vida. Además este tiempo favorece la melancolía y un poco de luz para iluminar estas noches de invierno, aunque sea cutre, aporta un poco de calor.
La gente feliz en estas fiestas son ellos que se han dado cuenta de que tienen alguien para decir te quiero.
Tu también los tienes… no solo esta medio vació sino medio lleno.





