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Tu decides que hacer con el tiempo k se te ha dado
Que nada escrito o pensado quede oculto, que salga a la luz tanto el dolor como la alegria
Acerca de
Buscando, siempre buscando, pero fuera de mí misma. Cuando mi camino se esconde de mi, he de esperar la mañana para retomarlo, o simplemente seguir andando, porque el camino, aunque peligroso, se hace al andar. Me acompañan las palabras y las bellas almas, aunque a veces se me olvide que están ahí.
Sindicación
 
Dependencias
El otro día una compañera de trabajo y yo sacamos dos enormes cajas al contenedor de basura, como eran demasiado grandes íbamos arrastrándolas desde el despacho hasta la calle. Estaba esperando a que mi compañera llegara a mi altura cuando pasó un chico por la calle, nos echó un vistazo rápido y siguió su camino.

En ese instante iba a decirle medio a gritos a mi amiga “seguro que no hay ni un solo tío que nos ofrece su ayuda para tirar esto…” pero aún no había acabado de formular este pensamiento en mi mente cuando el chico dio media vuelta reapareció a mi lado y me pregunto “¿necesitáis ayuda?”. Y me quedé… literalmente de piedra. ¡Increíble! Estaba a punto de blasfemar sobre los hombres cuando aquel chaval, enviado del universo para demostrarme lo errados que son los juicios rápidos, venía a cerrarme la boca con total impunidad.
Pues al final mi compañera opinó que nos podíamos apañar solas y él tras una sonrisa amable siguió de nuevo su camino. Aún estoy pensando en ello.

La mayoría de las excelentes mujeres que me rodean, las que llevo en el corazón, somos mujeres modernas, independientes, activas y pluridisciplinares, la mayoría somos JASP (jóvenes aunque sobradamente preparadas) y no, no necesitamos a un hombre para montar un armario, ni para comprar un coche, ni para tomar decisiones relevantes ni irrelevantes.

Recuerdo una escena de la serie Ally McBeal que me dejó de piedra: la protagonista, Ally, es una abogada de prestigio (con los consecuentes ingresos), joven, delgada, más o menos guapa, chica de ciudad, activa… decide comprarse un piso (una casa de varias plantas, en Boston, en plena ciudad) y su jefe le dice que así no encontrará nunca un hombre porque ya lo tiene todo: dinero, casa, independencia.

¿A estas alturas de siglo los hombres siguen siendo el pasaporte a la independencia para la mujer? ¿Es que es necesario tener carencias en el nivel de independencia económica para atraer un hombre? ¿Si no necesitamos dinero o asistencia no merecemos ser queridas?

Muchas amigas me dicen que estoy sola porque soy “mucha mujer”, porque doy miedo a los hombres, porque, según dice mi prima soy demasiado independiente para casarme (es decir tener una relación seria y estable). ¿Si fuera dependiente y necesitara que me ayudaran a todo tendría pareja? Porque si vamos a esas soy incapaz de hacer agujeros en la pared con un taladro o de defenderme de algún que otro bichejo repugnante como ratas, arañas, cucarachas…, o de solucionar un problema informático. Así que sí, como para toda persona, hay ciertas cosas que no sé o no puedo hacer sola.

Lo que me parece intolerable es que a estas alturas de siglo un hombre deba sentirse útil, en el sentido pragmático de la palabra, para estar a gusto en una relación. No necesito ni deseo una niñera o un padrazo, si quiero un hombre a mi lado es por el mero placer de tener alguien que quiero conmigo, me sea o no me sea útil.
No valoro la presencia de un hombre a mi lado por su capacidad a hacer todo aquello que no sé o no puedo hacer, valoro su presencia por su voluntad de ayudarme en la medida de lo posible en todo aquello que no sé o no puedo hacer, pero sobre todo amo a un hombre por el mero hecho de amarle, por el mero hecho de que me ame, y no quiero sentir que dependo de él, ni que habría cosas que no podría hacer si no le tuviera a mi lado, que dicho sea de paso es exactamente lo que detestaría un hombre, sentir que depende de una mujer.

Así que ¿Por qué se nos exige a las mujeres depender de un hombre para que él se sienta a gusto en la relación cuando él no soportaría sentir que depende de nosotras?
Injusto y muy estúpido.

Yo y muchas mujeres deseamos acurrucarnos en los brazos de nuestros hombres cuando es de noche, muchas mujeres nos sentimos encantadas al ver que un hombre nos defiende de una cucaracha, o nos lleva las bolsas, o nos abre la puerta, o nos paga la cena… Nos entusiasma que nos traten como princesas pero no que nos exijan depender de esos gestos.

Antes de nuestros hombres fuimos independientes, y lo seremos aún después. Lo mejor de tenerlos a nuestro lado es poder escoger cuando dejarnos proteger.
No