No tengo todas las respuestas
A lo mejor es culpa mía. A lo mejor es porque pasé los últimos 10 años asegurándole a quienes me rodeaban que tengo las respuestas y tengo el control, y se acostumbraron a pensar que era cierto.
Yo soy la ley y el orden, y lo que yo digo se hace, y lo que impido no se hace.
Quiero huir.
A veces no sé de qué: del trabajo, de mi vida tal y como es estos días, de mi casa, de las explicaciones que siento que he de dar, quizás sólo de mi misma, de la pesada sensación de tener que dar respuestas YA, de tenerlas, esas respuestas.
Pesa la obligación de tenerlo todo pensado, todo sopesado, todo controlado; la exigencia de no cometer un sólo paso en falso.
No tengo todas las respuestas, ni lo sé todo, ni lo he pensado todo, ni tengo todo bajo control. Y reivindico el derecho a equivocarme, y mucho.
Sí, sí soy de quienes andan con cautela, y preparo y pienso mis pasos, y actúo después.
Y temo equivocarme, y deseo que no suceda, pero al mismo tiempo quiero tener derecho a hacerlo.
Me pesa, ME PESA. Y necesito, quiero, no tener que pensar tanto últimamente. Vivir sin pensarlo mucho, sólo vivir, aletear suavemente con la calidez de mi espontaneidad, y confiar, en mí, por una vez, CONFIAR EN MÍ, y no sólo en mi instinto para no equivocarme, sino también en mi inteligencia y mis capacidades para recuperarme o solventar una equivocación.
¿Por qué no? ¿Por qué pensar que no tengo instinto: que no sabré qué hacer, qué decir o cómo actuar si no lo pienso mil veces antes de hacerlo? Y va y lo hago, y me entran carcajadas al ver que la vida, en presente, se me da bastante bien, y me río, cuando compruebo la perplejidad de quienes me rodean, que pensarán “¿qué pasa que ahora sólo actúa?”
Vacaciones dije, vacaciones este año, sin resonancias ni ruido en mi interior… Y eso quizás significa no pensar tanto, ni crear tantos ecos cacofónicos que me impiden sonreír.
¿Por qué tantas preguntas? ¿Por qué he de dar tantas respuestas? Que NO las tengo, ya veré. Las cosas van ocurriendo y en función de lo que ocurra iré determinando qué camino escojo, que el destino es siempre el mismo pero los caminos por andar pueden variar.
Ya lo predije, mucha risa, nuevas aventuras, nueva gente, y nueva actitud.
Sólo quiero decirte que te quiero, que quiero huir contigo para que me des la mano y me dejes escuchar mi silencio, que ahora mismo que te he hablado ya no necesito huir porque tú no me haces preguntas.
Yo soy la ley y el orden, y lo que yo digo se hace, y lo que impido no se hace.
Quiero huir.
A veces no sé de qué: del trabajo, de mi vida tal y como es estos días, de mi casa, de las explicaciones que siento que he de dar, quizás sólo de mi misma, de la pesada sensación de tener que dar respuestas YA, de tenerlas, esas respuestas.
Pesa la obligación de tenerlo todo pensado, todo sopesado, todo controlado; la exigencia de no cometer un sólo paso en falso.
No tengo todas las respuestas, ni lo sé todo, ni lo he pensado todo, ni tengo todo bajo control. Y reivindico el derecho a equivocarme, y mucho.
Sí, sí soy de quienes andan con cautela, y preparo y pienso mis pasos, y actúo después.
Y temo equivocarme, y deseo que no suceda, pero al mismo tiempo quiero tener derecho a hacerlo.
Me pesa, ME PESA. Y necesito, quiero, no tener que pensar tanto últimamente. Vivir sin pensarlo mucho, sólo vivir, aletear suavemente con la calidez de mi espontaneidad, y confiar, en mí, por una vez, CONFIAR EN MÍ, y no sólo en mi instinto para no equivocarme, sino también en mi inteligencia y mis capacidades para recuperarme o solventar una equivocación.
¿Por qué no? ¿Por qué pensar que no tengo instinto: que no sabré qué hacer, qué decir o cómo actuar si no lo pienso mil veces antes de hacerlo? Y va y lo hago, y me entran carcajadas al ver que la vida, en presente, se me da bastante bien, y me río, cuando compruebo la perplejidad de quienes me rodean, que pensarán “¿qué pasa que ahora sólo actúa?”
Vacaciones dije, vacaciones este año, sin resonancias ni ruido en mi interior… Y eso quizás significa no pensar tanto, ni crear tantos ecos cacofónicos que me impiden sonreír.
¿Por qué tantas preguntas? ¿Por qué he de dar tantas respuestas? Que NO las tengo, ya veré. Las cosas van ocurriendo y en función de lo que ocurra iré determinando qué camino escojo, que el destino es siempre el mismo pero los caminos por andar pueden variar.
Ya lo predije, mucha risa, nuevas aventuras, nueva gente, y nueva actitud.
Sólo quiero decirte que te quiero, que quiero huir contigo para que me des la mano y me dejes escuchar mi silencio, que ahora mismo que te he hablado ya no necesito huir porque tú no me haces preguntas.





