El principio del resto de mi vida
Reflexiones de un hombre que un día decidió tener el control de su propio destino
Nuevo blog
Sindicación
 
Grandes errores del pasado
12 de junio de 1942
Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo.


Con esta frase comenzó Ana Frank a mediados del siglo pasado su diario, que años más tarde sería uno de los más claros testimonios del horror vivido durante el holocausto nazi. Creo que, sin duda, este es un libro que todo el mundo debería leer alguna vez. Y es que sentir uno por uno los más íntimos pensamientos de una niña de trece años de la que sabes cual va a ser final, te hace ver la realidad de una tragedia tan grande. Hoy, cuando todos estamos totalmente deshumanizados, cuando vemos a diario las imágenes de miles de fallecidos y cuando la muerte come con nosotros a diario, es necesario que un documento de tales características nos devuelva la sensibilidad.
A mí, personalmente, más que ver las fotos de Ana Frank, las de sus familiares, las del chico del que estaba enamorada, más que saber lo que sintió cuando la besaron por primera vez y cuando le vino la regla, más que sentir lo que vivió encerrada en una casa durante algo más de un año, más que todo eso, lo que más me impacto, fue saber que jamás encontraron su cuerpo. Que sigue en alguna fosa común y que nadie podrá nunca ponerle un ramo de flores ante su lápida.
Quizás penséis que esto no viene mucho a cuento. Bueno, pues sí que viene. En estos días se ha cumplido el 60 aniversario de la liberación de los judios del campo de concentración de Auschwitz. Además, esta mañana me he quedado totalmente impactado. Con el rollo de la ola de frío, me he quedado en casa y no he ido al gimnasio. Ha sido un día como cuando estás malo, que estás todo el día con la bata y viendo la tele. Bueno, pues estaba viendo el Programa de Ana Rosa (que nunca ha sido santo de mi devoción, pero que desde que está en Tele 5, tengo que reconocer que me gusta, por lo menos más que la Mari Tere Campos Enchufa Hijos de Famosos) y han tratado el tema de la Dictadura de Pinochet. Bueno pues me ha dado escalofríos cuando una mujer chilena que sufrió torturas explicó algunas de las lindezas que le hicieron. Lindezas como meterle ratones en el útero o ser violada por perros amaestrados. Otra de las tácticas era ponerle electrodos en el útero. La primera descarga les provocaba una gran hemorragia, y si ésta no se producía era porque estaba embarazada. Lo que suponía un mayor esfuerzo para provocar el aborto. Tremendo. Vamos, no he llorado porque el frío tenia taponadas mis lagrimales (¿se dice así? Es que a mí no me sale la palabra y Esa rubia es lo único que me ha dicho). Algo tan conmovedor que creo que merece la pena reflejarlo aquí.
Un profesor de historia que tuve en el colegio nos decía que la Historia servía para aprender de los errores del pasado y no volver a cometerlos. Eso deberían enseñárselo a personajes como Bush, Blair o Aznar (en su momento), que ahí siguen, tapándose los oídos ante las voces de millones de personas que le muestran su disconformidad.
Hasta que la cosa cambie, lo único que podemos hacer es seguir teniendo en la memoria a tantas víctimas de dictaduras que han sufrido y siguen sufriendo después de los años.
Un abrazo para todos.
 
El peso satánico
Cuan dura es la vida de aquellos que luchan por cambiar su cuerpo. Y más dura aún aquella de los hombres que, sin saber realmente lo que nos aguarda, andamos como zombies hacia la metrosexualidad. Yo, que me encuentro en ambos grupos, veo a diario cómo me esfuerzo en el gimnasio sin resultados a corto plazo. Y es que después de casi cuatro años y medio en el gimnasio dándole que te pego a las pesas, sólo he engordado hasta la fecha de hoy, seis kilos. Sí, sólo seis. Y, ¿que le hacemos? Pues nada, seguir yendo para, por lo menos no perder lo que llevo ganado, alegrarme la vista un rato y mantenerme en forma, con la esperanza de que algún día venza a los genes y los músculos empiecen a aflorar por mi cuerpo. También voy porque me gusta. La verdad es que no tiene mucha gracia ir a hacer fitness, pero me gusta.
Bueno, pues esta mañana, llegué al gimnasio, me cambié en los vestuarios, fui corriendo a pillar con la toalla el primer aparato que me tocaba hacer, y fui a pesarme. Subo los dos pies y los numeritos empiezan a salir (es digital). 66.4, 66.5 y 66.6. ¡¡¡Se paró en 66.6 kilos!!! ¿Sería esa una señal del Príncipe de la Oscuridad, del mismísimo Satán? A mí, que más bien no soy supersticioso, lo único que me hizo fue gracia.
Pero quien sí fue casi como Lucifer fue el endocrino de la Seguridad Social al que fui para que me mandara una dieta o algo para engordar un poquito. Por cierto, mido 1'77. Pues el tío se rio de mí en la cara. Vamos por pocas lo mato... Lo único que supo decirme fue que no luchara contra la genética y que probablemente jamás llegara a ser obeso. Y claro, ya mi madre aprovechó el tirón para tirarme por tierra toda la idea de engordar un poquito. En fin, ¿qué le hacemos? Ahí seguiré peleándome con las pesas a diario, a ver si de aquí al verano hemos llegado a los 70, por lo menos.
 
Cuando se te acaban mejillas que poner
¿Dónde está límite del aguante de las personas? ¿Cuándo es políticamente correcto decir hasta aquí hemos llegado? Estas preguntas deberían ser pan comido para un castigador, pero yo no las tengo nada claro. Resulta que un día, los que se suponían que eran tus amigos del alma, van y te putean. Y uno va, y perdona. Lo vuelven a putear, y perdona de nuevo. Lo putean por tercera vez y vuelve a perdonar. Pero luego llega una cuarta y una quinta, y cuando llega la sexta, uno se pregunta: "¿Seré gilipollas?" Resulta que algunas de las personas que mejor te conocen (saben lo que te gusta y lo que no, lo que te molesta y lo que no, incluso a veces podrían saber lo que estás pensando) se empeñan en joderte. Y claro, como dice el refranero español, lo poco espanta y lo mucho amansa, y llega un momento en el que pasas del tema, porque o los matas, o los perdonas, o los mandas a tomar viento. Lo malo llega cuando ya no te apetece perdonar más. Cuando te das cuenta de que tú vales más que esa relación de amistad, que al parecer sólo te importa a ti. Y es que resulta que la otra parte pasa de ti como de comer mierda, hasta que ya tienes la cara hasta el suelo, y viene preguntandote qué te pasa. Y claro, cuando lo explicas, viene la gran frase: "No me he dado cuenta". Y, ¿cómo te vas a dar cuenta, si no puedes ver más allá de tu propio ombligo? Y te pones borde. Y (conjunción que repito por enésima vez), de pronto, sin saber cómo, se produce un intercambio cósmico y pasas de ser víctima a ser verdugo. Resulta que eres la peor persona del mundo porque decides celebrar la putada número quinientos sin perdonar a tu "jodedor oficial". Lo gracioso es que coges, das una nueva oportunidad, y van y la cagan otra vez. Y ya lo gracioso es que hacen exactamente lo mismo que te habían hecho en ocasiones anteriores. Por si no te habías enterado bien, claro.
Esto evidentemente no me ha pasado con todos mis amig@s. Eso que quede muy claro. Es más, creo que me ha pasado sólo con dos. Que en mi grupo de amigos hay mucha gente con la que no he tenido problemas o con la que ha habido sólamente algún roce puntual. Porque yo también tengo la cualidad de que cuando me mosqueo, me mosqueo, y hay veces que se me calienta la boca y me paso. Las cosas como son.
En fin, ¿dónde creéis que está el límite? ¿Cuándo pensais que es el momento de decir: "¡Qué te aguante tu madre!"?

Un abrazo para todos
 
El castigador, ¿nace o se hace?
Sí, soy un castigador. O, al menos, eso intento. La verdad es que uno castiga lo que puede, que suele ser más bien poco, pero la actitud es lo que cuenta. Y es que un día me levanté y me dije: "¡Ya no me jode nadie más!" Y desde ese momento, que ocurrió hayá por septiembre de 2004, hasta ahora, mi vida ha dado un cambio sustancial. Quizás desde fuera no se perciba, pero la alteración va por dentro. Desde entonces, he salido del armario (porque resulta que soy gay), dejé a un noviete que tenía que iba de romántico pero que no tenía los cojones suficientes para dejar a su novia (sí, terminado en "a") y me hice un tatuaje. Eso sí, en el armario dejé metida la boa de plumas, porque ese es un rollo que no me va. Que uno decida que va a llevar el control de su vida, no significa que, de pronto, se convierta en la reina de los mares.
Bueno, después de esta breve introducción, retomo la pregunta inicial. El castigador, ¿nace o se hace? Pues yo creo que hay de todo. En mi caso, me estoy haciendo. Aunque conozco yo a más de uno por ahí que nació siendo un capullo y se morirá así. Y es que cuando yo iba de hetero y mis amigas decían que todos los hombres son unos mamones me hervía la sangre. Pero cuando me he decidido a conocer a unos cuantos, me he dado cuenta de que, o tengo muy mal ojo, o los tíos tienen el gen del capullismo hiperdesarrollado. Y lo más lógico y legal es incluirme, sobre todo cuando estoy totalmente decidido a empezar a fustigar sin ton ni son. Y es que los buenos no suelen llegar muy lejos. Además, es mucho más divertido ser malo, o, por lo menos, creer que uno lo es, aunque luego en realidad uno siga cayendo en las mismas putadas de siempre. Pero lo bueno es que uno se siente más fuerte.
Y como ahora estoy más fuerte, voy a ver si me compro el látigo y a poner justicia a diestro y siniestro.

 
Amar Sin Mentiras, de Marc Anthony
Aquí me ven,
Tratando de dejar atrás..
Las malas cosas del pasado..
Limpiándome toda la piel..
De lo que un día me hizo daño..
Para sanar mis heridas.

Aquí me ven,
Es hora de recuperar..
Lo que dejé por olvidado..
Las ganas de volver a amar..
Y de vencer el calendario..
Para encontrar mi salida.

Aquí me ven,
Tratando de limpiar los restos..
Que quedaron del fracaso..
Creyendo que tal vez podré..
Recoger todos mis pedazos..
Y recuperar mi vida.

Aquí estaré..
Y como un hombre asumiré,
Que voy a retomar mis pasos,
Que lo que nunca pudo ser es cosa del pasado,
Y quiero amar sin mentiras,
Sin mentiras.

Mentiras
Vivir sin mentiras..

Amar sin mentiras
Quiero amar sin mentiras..

Aquí me ven,
Tratando de limpiar los restos..
Que quedaron del fracaso..
Creyendo que tal vez podré..
Recoger todos mis pedazos..
Y recuperar mi vida.

Aquí estaré,
Y como un hombre asumiré,
Que voy a retomar mis pasos,
Que lo que nunca pudo ser es cosa del pasado,
Y quiero amar sin mentiras,
Sin mentiras.