Completar un ciclo
Siempre pensé que la última vez que saliera de ese edificio, mi regalo iba a ser un corte de manga enorme. En lugar de eso, sólo salió un beso lanzado al aire. Y es que lo mucho que quiero a mis compañeros (no a todos, pero los que son ya lo saben) pudo más que las ganas de escapar de la tiranía de Diario Latigazo.
Se completa un ciclo y empieza otro. Hay personas que seguirán conmigo en esta nueva etapa y otras que se van quedar fuera. Llevo demasiado cariño en mis maletas y ya no queda sitio para nada más.
¿Mi último recuerdo del piso de Jaén? El aroma que deja en el ascensor el perfume que usa ese chico tan guapo que vive en el bloque. Me lo he cruzado tres veces en todo el verano. No sé donde vive ni cómo se llama. Sólo sé que huele muy bien...
Lágrimas de vainilla con la leche fría y en vaso
Batidos de vainilla. Cafés con la leche fría en vaso de caña. Discusiones para elegir entre Marc Anthony y Los Planetas. Un concierto de La Habitación Roja. J&B con coca cola. Ensaladas de pollo y queso del Bocatta. Caretos de David Gallo. Salir de enreda. Un porno star. Canciones que recuerdan a Nueva York...
Después de varios días, aún sigo emocionándome cuando abro esa pequeña libreta verde llena de sentimientos. Cuando hace un año y medio llegué a Diario Latigazo lo tenía muy claro… Iba a trabajar, no a hacer amigos. Al principio tenía la sensación de no encajar demasiado con mis compañeros más directos. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que las diferencias a flor de piel no suponen absolutamente nada cuando hay un interior profundo lleno de buenos sentimientos.
Unos se fueron, otros llegaron, algunos se quedaron…
El sábado, tuve la despedida con mis amigos del periódico y las palabras sobran. Muy pocos me vieron llorar, pero lo cierto es que lloré. Es complicado definir lo que se siente cuando personas a las que quieres como amigos, admiras como profesionales y añorarás como a tu propia familia te demuestran que ocupas un espacio en sus corazones.
Alharilla, Miguel Ángel, Pepe, Pili, Carolina, Jesús, Manolo, Carlos, Encarna (y otros que no estuvieron). Simplemente, gracias.
Unos se fueron, otros llegaron, algunos se quedaron…
El sábado, tuve la despedida con mis amigos del periódico y las palabras sobran. Muy pocos me vieron llorar, pero lo cierto es que lloré. Es complicado definir lo que se siente cuando personas a las que quieres como amigos, admiras como profesionales y añorarás como a tu propia familia te demuestran que ocupas un espacio en sus corazones.
Alharilla, Miguel Ángel, Pepe, Pili, Carolina, Jesús, Manolo, Carlos, Encarna (y otros que no estuvieron). Simplemente, gracias.
¿Me pone cuarto y mitad de pros, por favor?
Barco lleno o barco vacío. Se ve que es mi sino. Cuando ya tengo más o menos trazado lo que va a ser mi futuro próximo, llega el destino y me pega una bofetada. Si hace unos meses dudaba entre irme a Madrid y a Málaga, y cuando ya me decidí por la capital del reino se me cruzó ese argentino afincado en la costa, ahora que ya tengo decidido hacer el master, van y me ofrecen un buen trabajo.
Evidentemente, estoy buscando algo de media jornada para subsistir en Madrid, pero mucho me temo que lo que me ha salido es para dedicarle mucho más tiempo.
Se trata de un trabajo de periodista en un nuevo proyecto, bastante bien pagado, con flexibilidad horaria... ¿Los contras? Que me tengo que llevar el coche a Madrid y viajar a diario a Seseña, un pueblo del sur, y a otras siete localidades del norte de Toledo.
Y ahí estoy yo, buscando una y otra vez algo que me haga decidirme. Alrededor de mí, pululan millones de consejos y cientos de puntos de vista... Pero ninguno me convence del todo.
No quiero llevarme el coche a Madrid y menos aún tan pronto. Y tampoco me apetece nada salir de Diario Latigazo para meterme de lleno en la vorágine de otro medio de comunicación. Además, con un sueldo tan bueno es muy posible que me ocupe más tiempo del que disponga y mi objetivo es el master.
Más o menos lo tengo claro en ese sentido, pero me da miedo tomar la decisión equivocada. ¿Y si no me surge otra oportunidad? ¿Y si dentro de unos meses el dinero no me llega? ¿Y si...?
Por lo general, siempre he tenido relativa suerte con el trabajo. Nunca me ha faltado y en varias ocasiones he rechazado propuestas. Pero, ¿y si está vez es la vez en la que rompo mi fortuna?
Madrid me está ocasionando mi primer dolor de cabeza y el dinero no está siendo un pro suficiente... Yo que soñaba con ser un chico Zara o con saber qué es eso de ser teleoperador...
Evidentemente, estoy buscando algo de media jornada para subsistir en Madrid, pero mucho me temo que lo que me ha salido es para dedicarle mucho más tiempo.
Se trata de un trabajo de periodista en un nuevo proyecto, bastante bien pagado, con flexibilidad horaria... ¿Los contras? Que me tengo que llevar el coche a Madrid y viajar a diario a Seseña, un pueblo del sur, y a otras siete localidades del norte de Toledo.
No quiero llevarme el coche a Madrid y menos aún tan pronto. Y tampoco me apetece nada salir de Diario Latigazo para meterme de lleno en la vorágine de otro medio de comunicación. Además, con un sueldo tan bueno es muy posible que me ocupe más tiempo del que disponga y mi objetivo es el master.
Más o menos lo tengo claro en ese sentido, pero me da miedo tomar la decisión equivocada. ¿Y si no me surge otra oportunidad? ¿Y si dentro de unos meses el dinero no me llega? ¿Y si...?
Por lo general, siempre he tenido relativa suerte con el trabajo. Nunca me ha faltado y en varias ocasiones he rechazado propuestas. Pero, ¿y si está vez es la vez en la que rompo mi fortuna?
Madrid me está ocasionando mi primer dolor de cabeza y el dinero no está siendo un pro suficiente... Yo que soñaba con ser un chico Zara o con saber qué es eso de ser teleoperador...
¿A nadie le sobra un sofá?
Después de las viviendas que habíamos visto hasta ese momento, entre las que hubo de todo, este piso era el principal candidato a acoger esa fiesta de bienvenida de la que no habíamos parado de hablar desde que me recogió en Atocha.
Llegó el dueño del piso y subimos por las escaleras… Era todo antiguo, con ese encanto que tienen los típicos portales madrileños de las películas. Era todo perfecto, todo… Hasta que abrió la puerta… El piso seguía siendo perfecto, pero sin muebles.
Carlos y yo nos miramos y la fiesta de bienvenida se desvaneció…
Teníamos una cita más para ver otro piso. Nos fuimos a tomar un refresco para hacer tiempo y nuestras cabezas no paraban de dar vueltas buscando una solución para quedarnos con el que acabábamos de ver. Al final, decidimos hablar con el dueño para proponerle que lo amueblara y nos subiera el alquiler. Después de pensárselo durante una hora, aceptó. Seguramente nos va a comprar los muebles justos, lo básico para subsistir. Pero bueno, así tendremos menos que limpiar y ya tenemos excusa para dar una vuelta por el famosísimo Ikea.
Vuelven los planes para la fiesta de bienvenida y para todas las noches de marcha que vamos a vivir en nuestro céntrico piso madrileño. Así que voy buscando ya candidatas para mi compañero de piso, que es hetero, y candidatos para mí. Somos jóvenes, licenciados en Periodismo, europeos, estudiantes de máster y con un piso céntrico en Madrid… Uy, estoy por liarme conmigo mismo…
Verde
No recuerdo si alguna vez he contado que mi color favorito es el verde. De siempre, de toda la vida, desde que era pequeño.
Anoche estaba tumbado en mi cama, después de dos días intensos de maratoniana búsqueda de piso en Madrid. Miraba fijamente al frente hacia la pared verde de mi cuarto. Esa era la última noche que iba a dormir en él, la última vez de muchas cosas en mi casa de toda la vida.
Me di cuenta de que el verde de mi cuarto, más intenso que nunca, empezó a provocarme angustia. La felicidad que me había hecho sentir siempre ese color se tornó en tristeza. No quería esas paredes vacías llenas sólo de verde. Ni libros, ni cuadros, ni fotos… Sólo verde.
Supe entonces de la bipolaridad del verde, unos momentos alegre, otros angustioso. Y comprobé, una vez más, mi bipolaridad… Unos momentos alegre, otros angustioso.
Estaba feliz. Hemos encontrado nuestro piso ideal en pleno barrio de Salamanca, he conocido a uno de mis compañeros de piso, que es un tío de puta madre (sé que la expresión es fea, pero es la única que se me ocurre ahora), en dos semanas empiezo una nueva vida, voy a tener muchos amigos en Madrid, más los nuevos que voy a conocer…
Estaba triste. Me da mucha pena dejar mi piso de toda la vida definitivamente, dejar solos a mis padres, no ver a los amigos que tengo en Linares, Jaén, Málaga…

Me siento un poco verde…
Anoche estaba tumbado en mi cama, después de dos días intensos de maratoniana búsqueda de piso en Madrid. Miraba fijamente al frente hacia la pared verde de mi cuarto. Esa era la última noche que iba a dormir en él, la última vez de muchas cosas en mi casa de toda la vida.
Me di cuenta de que el verde de mi cuarto, más intenso que nunca, empezó a provocarme angustia. La felicidad que me había hecho sentir siempre ese color se tornó en tristeza. No quería esas paredes vacías llenas sólo de verde. Ni libros, ni cuadros, ni fotos… Sólo verde.
Supe entonces de la bipolaridad del verde, unos momentos alegre, otros angustioso. Y comprobé, una vez más, mi bipolaridad… Unos momentos alegre, otros angustioso.
Estaba feliz. Hemos encontrado nuestro piso ideal en pleno barrio de Salamanca, he conocido a uno de mis compañeros de piso, que es un tío de puta madre (sé que la expresión es fea, pero es la única que se me ocurre ahora), en dos semanas empiezo una nueva vida, voy a tener muchos amigos en Madrid, más los nuevos que voy a conocer…
Estaba triste. Me da mucha pena dejar mi piso de toda la vida definitivamente, dejar solos a mis padres, no ver a los amigos que tengo en Linares, Jaén, Málaga…
Me siento un poco verde…
Empieza la cuenta atrás
Vale, tengo que admitirlo, me dio un susto que te cagas. Cuando ya creía que no iba a pasarse por la redacción, ahí apareció, se metió en su despacho y se puso a leer los periódicos. En ese justo momento me dio un dolor de estómago con ruido de tripas incorporado. No creo que pasaran más de cinco minutos, pero para mí fueron horas, hasta que pensé: Valor y al toro. Me levanté, me dirigí a su despacho… Toc, toc, ¿se puede? Mira, que a finales de mes me voy del periódico…
Oye, pues que no fue tan difícil. Que creo que hasta le dio alegría de que me vaya. Si es que cuando yo digo que no me quiere es por algo… Nada, que tengas mucha suerte…
Pero que decepción… ¿No me vas a soltar ninguna bordería? ¿No me vas a insultar ni un poquito? ¿Tanto para esto? ¿Qué hago yo ahora con todas las respuestas ingeniosas que tenía preparadas para sus salidas de tono? Así, no juego… Tanto meses esperándolo y ahora me despacha con un “mucha suerte”. ¡Quiero mi propia bronca!
En fin, esto ha sido más frustrante que cuando le cuentas a alguien que eres gay y se limitan a decirte: Ah, si es que eso a mí no me importa… Joder, ¿cómo que no te importa? ¡Quiero un poco de atención! Eo, ¿no me has oído bien? ¡Que soy maricón! Coño, ¡reacciona!
Resumiendo, que, oficialmente, empieza la cuenta atrás hacia mi nueva vida en Madrid. Y, después de la visita al despacho de mi jefe, me he quitado de encima uno de los grandes pesos que tenía este verano.
Con las manos en la masa
Menuda angustia. Ya no por las imágenes en sí, que, desde mi punto de vista, no tienen nada del otro mundo, sino por la infinidad de veces que las repiten. Sí, ya es oficial, a Terelu le gusta tocarle el rabo a Pipi.
Vale, la hija de la Campos será una petarda, engreída, pedante... Pero que no pueda echarle mano al paquete a su novio sin que una cámara oculta esté al acecho, tiene huevos. Y más huevos tiene que estés comiendo y que el Tomate de los cojones, nunca mejor dicho, te repita una y otra y otra y otra y otra vez las imágenes.
Mi padre callado, mi madre escandalizada y yo, pues como que la primera vez me fijo en el paquetillo del Pipi, pero a la decimosexta vez que ves el corte ya es que te da tiempo hasta de contarle las rallas de la camisa. Y miren, que no sé que tendrá el Pipi este para llevárselas de calle. Digo yo que será labia, porque otra cosa...
Ya me imagino a la mamá Campos sentada tan tranquila con sus garbanzos y que de pronto le salga la niña con la cebolleta del Pipi en todo el monte de venus.
Si es que es una putada... Porque a ver, ¿quién no ha se metido mano alguna vez en una discoteca? Que es lo más normal del mundo. Pero claro, que te graben y lo emitan en prime-time como que hace menos gracia. Si es que lo malo no es hacer las cosas, lo malo es que se entere la gente. Aunque si yo me cruzara con el de la fotejo, se iba a enterar media España...
En una asignatura de la facultad, el profesor nos hizo escribir una nota anónima en la que teníamos que poner algo que haríamos si tuvieramos la plena seguridad de que jamás nadie se iba a enterar... Lo mío gustó bastante, pero claro, era anónimo... ¿Alguien lo adivina?
Vale, la hija de la Campos será una petarda, engreída, pedante... Pero que no pueda echarle mano al paquete a su novio sin que una cámara oculta esté al acecho, tiene huevos. Y más huevos tiene que estés comiendo y que el Tomate de los cojones, nunca mejor dicho, te repita una y otra y otra y otra y otra vez las imágenes.
Ya me imagino a la mamá Campos sentada tan tranquila con sus garbanzos y que de pronto le salga la niña con la cebolleta del Pipi en todo el monte de venus.
Si es que es una putada... Porque a ver, ¿quién no ha se metido mano alguna vez en una discoteca? Que es lo más normal del mundo. Pero claro, que te graben y lo emitan en prime-time como que hace menos gracia. Si es que lo malo no es hacer las cosas, lo malo es que se entere la gente. Aunque si yo me cruzara con el de la fotejo, se iba a enterar media España...
En una asignatura de la facultad, el profesor nos hizo escribir una nota anónima en la que teníamos que poner algo que haríamos si tuvieramos la plena seguridad de que jamás nadie se iba a enterar... Lo mío gustó bastante, pero claro, era anónimo... ¿Alguien lo adivina?
Hormonas con enormes gafas de sol
Y si encima llevan gafas de sol grandes, de esas que se llevan ahora, ya entro en cólera. Mis hormonas empiezan a subir y a bajar, sube y baja, sube y baja, sube y baja... Si es como les dije a Skype y a Femme Fatale en plena feria, yo creo que cogen una mierda y le ponen unas gafas de sol grandes y seguro que me excita.
Ahí estábamos los tres, Skype, Femme Fatale y un servidor, sentados en una caseta, al estilo del saloncito de A tu lado (el cutre programa de por la tarde de Tele 5). Nos pusimos en una mesa desde la que teníamos visión directa de todo lo que pasaba por el real de la feria. Si a eso le añades un cubo (sí, un cubo, tal cual) de rebujito, ¿qué tenemos? Pues a tres individuos llenos de hormonas y alcohol analizando a cada uno de los especimenes masculinos que pasaba por la zona.
Y ahora, menos mal que ya queda poco para que lleguen los fríos, para que esos cuerpos masculinos se cubran y para que las hormonas se calmen. A quien se le calmen, claro, porque lo que es a mí, los tíos me gustan tanto o más con sus camisas de manga larga, sus chaquetas, sus jerséis, sus abrigos, sus botas... Esto de ser mariquita con ojos en la cara es una putada que te cagas...
Platos fríos de venganza fortuita
Quedamos un par de veces para ir de cervezas y la tercera vez que me llamó, me invitó a su casa… Estoy solo aquí, ¿te apetece venir para estar juntos un rato?
Esa fue la última vez que lo vi. Hasta hace unos días…
La feria de mi ciudad es lo que tiene, que te encuentras con todo el mundo.
Ahí iba él, igual de guapo que entonces, pero más delgado. Le acompañaba una chica rubia platino, bastante fea y con pinta de ordinaria. Supongo que sería su novia o algo parecido. En cuanto le vi, le indiqué a Skype que él era el Jorge que me había utilizado el verano pasado. Mi dedo acusador hizo que su mirada pasara de la felicidad a la angustia.
Durante casi media hora, lo tuve enfrente en una caseta. No sabía donde meterse. Estaba realmente acojonado. Con una sola palabra mía podría haber peligrado todo su mundo. ¿Por qué no lo hice? Porque no soy tan mala persona. Con ver su cara de pánico ya tuve suficiente para resarcirme de cómo me hizo sentir hace un año.
No soy partidario de la venganza, pero la situación fortuita que se produjo fue para mí más placentera que si hubiese planeado hasta el más mínimo detalle… Por unos momentos, sentí la fuerza del lado oscuro y, para que nos vamos a engañar, me gustó. Al final, la naturaleza de El Castigador, como la de la cabra, tira al monte…





