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El Chico de la Puerta

La mirada de hoy















El Chico de la Puerta
El fotograma

La tentación vive arriba
Billy Wilder, 1955
Apuntes al margen
El mito erótico de Marilyn Monroe alcanza su cénit en esta cinta. Los aires cargados y fétidos del metro consiguen alzar el velo blanco que todo el mundo deseaba arrancar a dentelladas. Aparte de esta escena, que tiene más de leyenda que de verdaderas emociones eróticas, nos encontramos ante una película especialmente dulce. Un "rodríguez" con su casa vacía en verano, una vecina explosiva y ciertas dosis de Rachmaninov forman una combinación digna de disfrutarse con un buen champán y, por supuesto, con una bolsa de patatas fritas.
Guías de viaje
El chico

Por qué este weblog
Porque desde la puerta se puede ver lo que está fuera... pero también lo que está dentro. "El Chico de la Puerta" es un mirador que se ocupa de la actualidad política y social, de la reflexión y las artes. Es otra mirada sobre los asuntos que a todos nos rodean. En definitiva, un pequeño teatro.
Quién es el Chico
David Martos nació en Madrid una tarde de enero de 1984. En la actualidad, cursa estudios de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. Trabaja en el departamento de Internet de la agencia de noticias Europa Press. En su tiempo libre, se dedica a la actuación teatral y la escritura dramática [cuenta ya con varios premios], la lectura, los viajes, el cine clásico y su principal pasión: discutir.
 
Maricones
Y eso, señores míos, a mi particularísimo modo de ver, no es la homosexualidad. La palabra maricón procede de mariquita; y ésta, a su vez, del nombre propio María. No deja de tener su gracia que lo más rancio de nuestro vocabulario patrio se base en la teórica virginidad con piernas [que fue -si fue- la Virgen] para describir una de las desviaciones que la Iglesia católica, e incluso psiquiatras, han intentado tratar. La homosexualidad nunca ha sido tolerada por la religión, y como ésta ha sido tolerada por la Humanidad durante demasiados siglos, así nos van las cosas... Ahora empiezan a deshacerse los tabúes, ahora comenzamos a ver que el hecho de que dos mujeres o dos hombres se amen es algo estricta y simplemente normal. Pero rota la lanza por la causa [y que conste que me causa sarpullido ser abanderado de nada], vamos a hacer distinciones. Hablemos de la palabra gay. Porque claro, en España somos muy dados a adoptar vocablos extranjeros de lo que nos resulta extraño, cosa en principio poco criticable, pero resulta que adaptamos esas palabras como nos da la real gana. Como mucha gente sabe, el término anglosajón gay significa "alegre", y si trasladamos su sentido a la descripción de la homosexualidad, sólo podremos encontrarnos a personas que, vestidas de mamarrachos, montan el espectáculo allá donde van. Y eso, señores míos, a mi particularísimo modo de ver, no es la homosexualidad. Es el esperpento [deformación grotesca de la realidad], pero no el simple y mero hecho de amar a alguien del mismo sexo que el de uno. Hasta que las personas gays no se den cuenta del flaco favor que hacen a la normalización de la sociedad, el monstruo mediático seguirá vomitando imágenes que crearán en gran parte de la población categorías mentales erróneas.

P.D.: Por supuesto, no hay ni que decirlo, para mí la libertad es lo más importante. Nunca coartaría el derecho de nadie a decir, vestir o pensar como y lo que quiera. Pero eso sí, que no se arroguen el derecho de la lucha por la igualdad. Seguramente es fuera de los focos donde se libran las más intensas batallas...
 
Como si mis dedos se entrelazasen con los suyos
A veces mi sangre deja de circular porque... no le merece la pena. A veces se tiene la sensación de estar ante el borde de un precipicio, de encontrarse a punto de encarar una situación sin salida. O mejor aún, a veces se cree que la rutina que nos envuelve perdurará para siempre, sumiendo nuestros corazones en una niebla espesa que no les dejará mirar a los demás corazones como ellos saben. A veces busco en la noche, inundo mi cabeza de oscuridad y me ahogo en eso perpetuo y agrio que significa el vacío. A veces suspiro por la gloria y otras temo por alcanzarla, no sea que resulte demasiado feliz. A veces presumo de lo que no tengo, de lo que no soy, de lo que no siento, y después los remordimientos se acuestan a mis pies, en la cama, y me cantan la nana de la desesperanza. A veces los murmullos recorren el cuarto de baño cuando en silencio me sumerjo en una bañera caliente, esperando la mano que me saque del mar de las dudas. A veces me disfrazo de luna para no tener que mirar al sol a la cara, para no tener que disimular ante él las ojeras que ennegrecen las plantas de mis pies, ya cansados de caminar arriba y abajo por el techo. A veces confío demasiado en alguien, y ese alguien me guía hasta el infierno haciendo parada y fonda en el paraje yermo donde habitan los celos. A veces mi sangre deja de circular porque... no le merece la pena. A veces complico el camino que conduce a la puerta de salida de mis sesos, haciéndolo pasar por todos mis órganos, calientes y pastosos de tanto almacenar deseo. A veces, muchas veces, finjo orgasmos de sabiduría en lugar de abandonarme en los brazos de la ignorancia. A veces siento como si mis dedos se entrelazasen con los suyos, y entonces, por fin, logro conciliar el sueño...
 
¡Señora, que se me ataaaasca!
Y la señora responde, elevando los ojos al cielo, como pidiendo perdón a Dios por el pecado que comete saltándose la paella de los domingos (...)La cola de un McDonalds no parece, en principio, el lugar más indicado para captar ideas y plasmarlas luego en este elevadísimo foro de cultura, pero en fin, cada uno bebe de sus fuentes... Y las mías, en este caso, provienen de un local cuya mascota es un payaso vestido de payaso. Pues eso, que andaba yo cavilando si Big Big Mac o si Nuggets cuando ha alcanzado mi posición en la cola de al lado una adorable señora de unos 65 años. La sensación que me invade ante los pensionistas tiene doble vertiente: por un lado un instinto asesino derivado de un recuerdo reflejo de la caja de la Seguridad Social; por el otro, unas ganas terribles de ponerme a cuatro patas y servirles de silla para que no se cansen. En fin, pues la susodicha ancianita se acerca con toda su pachorra al mostrador, pone las manos encima, las entrelaza. Así, a simple vista, mide unos diez centímetros más que la ecuatoriana que la atiende [y eso que ambas me llegan por debajo del pecho]; y dice: "Mire, es la primera vez que vengo a un sitio como este y quería una hamburguesa, unas patatas y una ensaladita". "¿La hamburguesa con queso o sin queso, las patatas pequeñas, grandes o medianas? ¿Qué tipo de ensalada: césar, mediterránea, de la huerta...?". Y la señora responde, elevando los ojos al cielo, como pidiendo perdón a Dios por el pecado que comete saltándose la paella de los domingos: "Pues... sin queso, claro, que estoy a dieta; las patatas... patatas no muchas, y la ensalada pues con lechuga y tomate, qué pregunta, cómo va a ser...". Entonces uno piensa en el progreso, en la vida encasillada, en el pasado y en el presente. Uno piensa y la ecuatoriana también; con sus ojos encendidos en fuego, desesperada sin saber qué boton marcar en la maquinita, desde su plena integración en la modernidad de la sociedad española y desde la injusta ilegalidad, puede leerse en su frente: "¡¡Pero señora... que se me atasca en el siglo XX!!".
 
Hijas de la fama
Mire usted, no; usted se planta, deja la cámara y se niega a invadir la intimidad de los demás (...)Es una realidad impepinable que se están acumulado toneladas de odio contra los periodistas en ambas orillas del río Pecos. Y la culpa de tanto recor almacenado en forma de desprecio [mira-cómo-te-miro-por-encima-del-hombro-porque-eres-periodista] no la tienen precisamente los cronistas parlamentarios. A mí que no me vengan con gaitas. Parto de un punto claro: si una persona obtiene el título de Licenciado en Periodismo y en lo sucesivo dedica su existencia a pelar gambas en un restaurante chino, podrá convencerme con mucha razón de que es periodista, pero no de que ejerce como tal; si ciertas personas dedican su vida a destripar la existencia de otras personas sin su consentimiento [es más, qué carajo, ¡incluso con él!], no están ejerciendo el noble oficio del periodismo. Ni aunque cuelgue de su pared el más honorable de los títulos, o una bandera, o el rectorado completo de la Complutense. Se acabó el arrogarse derechos por el mero hecho de ser poseedores de un papel. ¿Qué es eso del "derecho a informar"? Será "el deber de garantizar el derecho de los ciudadanos a ser informados". Y si tanto presumen de sus títulos, que revisen el primer tema de cualquier facultad de Periodismo [véase: qué es noticia; todo aquello de la pertinencia, la novedad, el interés público, etcétera]. Saco a colación el caso de las hijas del presidente del Gobierno: Es que tenemos derecho a informar... [Este punto ya está tratado] ; Es que, al ser político, sabe a lo que se arriesga... [¿A que las hijas de esos "cronistas de sociedad" no trabajan ocho horas en una oficina como sus padres?]; Es que nosotros hacemos nuestro trabajo... [Mire usted, no; usted se planta, deja la cámara y se niega a invadir la intimidad de los demás; ¿a que si le dicen que se tire por una ventana...?] Las pequeñas Alba y Laura Rodríguez Espinosa no han de salir en las revistas. Cuando menos, señores, y vean que les trato con corrección aunque no ejerzan ustedes como periodistas, respeten a los niños. Cuando crezcan, ya tendrán ustedes tiempo de lavarles el cerebro y hacerles consumidores de productos tan lejanos de la información como las revistas de muebles o las de coches. Hemos dicho [miles de estudiantes que no encontraremos trabajo].
 
El melocotón
Había una vez un país en el que la Iglesia y la Monarquía eran dos mitades de un mismo melocotón.Había una vez un país en el que la Iglesia y la Monarquía eran dos mitades de un mismo melocotón. Se compenetraban y compartían tejidos carnosos y naranjas en forma de valiosa información y de adjudicación de privilegios. Ambas mitades protegían un hueso muy duro de roer: el Estado; eso que algunos, cuando hemos conseguido averiguar qué significa, convenimos en llamar España. Pues bien, ese país hizo lo peor que podría haber hecho a los ojos de la primera de las dos mencionadas instituciones: cambiar, y hacerlo a mejor; progresar y olvidar rancias tradiciones. Es más, podríamos decir que una mitad del melocotón traicionó a otra, puesto que la Monarquía española [hoy esto es indiscutido hasta por los más acérrimos defensores de la res pública] contribuyó de forma notable a agilizar los movimientos del gigante de hierro que fue la Transición. Como digo, a los españoles nos dio por cambiar, y claro, de la Monarquía ni nos acordamos... A la pobre le dio remordimiento de conciencia abandonar a su otra mitad, dejarla a la intemperie, sin posiblidad de madurar. Y así seguimos. Una opinión personal de quien esto escribe es que a nuestro rey le habría gustado desprenderse de la reli hace bastante tiempo, pero que espera pacientemente a que la cosa caiga por su propio peso, a que la sociedad vea tan rara la celebración de una multitudinaria boda en la Almudena que el próximo príncipe [o princesa] tenga que plantearse una boda civil. Desde luego, y en lo que a mí respecta, aceleraría el proceso de reclusión de las cruces en el ámbito privado y lo culminaría antes de que cantase el próximo gallo. Pero ya se sabe que, en palacio, las cosas van como van.
 
Levitar tiene dos inconvenientes...
En fin, amigos, no duden a la hora de imitar al excelso Josemari si quieren que su vida vaya siempre hacia arriba. Hay personas que, por naturaleza, tienden a levitar. No sólo en el más estricto sentido físico del movimiento vertical ascendente, sino también en lo que concierne al puesto de trabajo, a la vida familiar, a la adquisición de experiencia y sabiduría y, por supuesto, a la aglomeración de poder en torno a sus orondas cinturas. Es el caso del caballero que hoy nos ocupa, el que ustedes pueden ver en la fotografía. Estudiemos su caso. José María [o Josemari, como le llaman cariñosamente los amigos], nació en Madrid un 25 de febrero de 1953. Medrando por aquí y por allá llegó a ser un flamante Inspector de Finanzas del Estado, un diputado por Castilla y León, presidente de la mencionada comunidad, y finalmente presidente del Partido Popular, al que colaboró a unificar y disciplinar. Es así como nuestro pequeño hombre bigotudo llegó a La Moncloa, lleno de esperanzas, ilusión y ganas de no repetir los errores evidentes que su antecesor había cometido. Como pueden ustedes comprobar, nuestro protagonista marca en su existencia vital una clara línea ascendente, que ni mucho menos se torcerá con su llegada al poder. A día de hoy ha alcanzado cotas dificilmente imaginables para cualquiera de sus futuros sucesores; a saber: ha sacado a España del rincón de la Historia, ha luchado encarnizadamente por evitar que la coalición sociocomunista haga más ruido del debido mientras "ladra" su rencor por las esquinas, ha capitalizado por el bien del país una adoración cuasi religiosa por la Constitución, se ha erigido como un monolito frente a las discordantes voces de los siempre molestos movimientos sociales... y ha salido, no sin algún que otro gorgorito, por la puerta de atrás. En fin, amigos, no duden a la hora de imitar al excelso Josemari si quieren que su vida vaya siempre hacia arriba. Aunque... ¡recuerden!, levitar tiene dos inconvenientes: uno es el vértigo de las alturas; el otro es que, al caer, se vuelven a ver las caras que se han pisado para subir...
 
La vida al son de octubre
Sobre la pequeña chimenea, una reproducción de Las Meninas.La primera vez que vio el piso de la calle Toledo supo que acabaría viviendo allí. Eso se sabe, parece que ciertas estructuras, ciertas ordenaciones de la realidad han sido construidas únicamente para nosotros. Así ocurrió en aquella ocasión, aunque el portero que le enseñaba las habitaciones no era demasiado motivador: ni él ni su olor a sardinas en escabeche. Lo estuvo persiguiendo por toda la escalera durante tres semanas hasta que accedió a enseñarle el pequeño apartamento, su “joyita”, como él lo llamaba. Lo había estado reservando para un hijo suyo que había cambiado la Plaza Mayor por Houston, que había preferido la american way of life a bajar la basura y encontrarse con su padre –y sus sardinas– esperándolo en la portería. Lo comprendió perfectamente y pagó su primer alquiler; quizá ese no era el sitio para el hijo de Paco. Ése iba a ser su sitio, aquel en el que desarrollaría la siguiente parte de su vida. Comenzó a vivir allí con sólo diecinueve años.

El piso era espacioso; no habría podido alquilarlo si no hubiera sido por la beca. Le encantaba el gran balcón que daba a la calle que baja al río, que se asomaba al sur en la esquina donde tantas películas se habían rodado, dando la espalda al Arco de Cuchilleros. Había una gran bañera vieja en el cuarto de baño que dejaba correr por sus tuberías las lágrimas de Julia en las noches calurosas, y el salón se doraba con la luz del otoño y permitía ver las partículas de polvo bailando al son de octubre, cuando fuera las rebecas paseaban. Era su rincón, su razón, su vida, allí estaba su gran mesa con una montaña de folios en blanco, esperando a ser violados, a ser despojados de su pálida virginidad, a ser arrastrados por calles oscuras o puertos quejumbrosos. Y la pluma azul, regalo de su abuelo, junto a la fotografía de un antiguo perro de la familia. Sobre la pequeña chimenea, una reproducción de Las Meninas.
 
Espíritu olímpico
¿Por qué llora desconsolada esa gimnasta, pequeñita y rubia, venida de algún diminuto país del este de Europa (...)?








Quizá es algo que los simples mortales no podemos comprender, pero en Atenas, en el lugar donde una vez nacieron los mejores deseos de democracia para la Humanidad, está teniendo lugar un acontecimiento inenarrable. Va mucho más allá de una parrilla de televisión llena de deportes variados [que seguro hace las delicias de los más adeptos al género], es un poco más y mejor que espectáculo. Es uno de esos inventos del hombre, de esas tradiciones, de esos ritos al fin y al cabo, que vale la pena conservar. Con todas las corruptelas y bajezas humanas aparte, un encuentro deportivo entre países, entre culturas, un monumento a la deportividad [aunque sólo dure dos semanas], debería ser motivo de gran celebración por parte de todos los que aún tenemos la ilusa esperanza de que el hombre es una gran especie. Porque, valga la cacofonía, somos una especie especial. ¿Por qué llora desconsolada esa gimnasta, pequeñita y rubia, venida de algún diminuto país del este de Europa, después de no haber "clavado" su doble pirueta? ¿Por qué esas sonrisas de felicidad tras morder el oro que cuelga de una cinta azul con los aros olímpicos? ¿Por qué, pregunto, se ponen los pelos de punta con una ceremonia de inauguración que recuerda lo mejor del inicio de la civilización occidental? No sé las respuestas. Pero sí puedo decir que a mí, que el simple deporte suele dejarme indiferente, me emocionan las competiciones de los años bisiestos. Quizá es porque no son sólo deporte.
 
La insoportable levedad de ciertas neuronas
¡Olé las nuevas!Ya lo sabe todo el mundo, ya no descubro nada a nadie. Las ministras ZP han posado para Vogue y Marie Claire, y el problema ¿es? Bueno, según el patio de vecinos al que se asemeja la piel de toro sobre la que habitamos, los problemas son muchos... ¡Pero hoy me siento lenguaraz, hoy me alegro de ser mujer y además me siento Flex! Así que voy a cerrar bocas como se cierran las lavadoras de las lavanderías: echando moneditas para que, al menos durante el lavado... no vuelvan a abrirse.

1. A los que dicen que echan por tierra muchos años de lucha de la mujer por la igualdad, les digo que son unos hipócritas, que el hiperfeminismo está tan trasnochado como su antónimo; que las mujeres, aunque iguales que los hombres... ¡también son mujeres! [esto a veces se les olvida a ciertas lúcidas mentes] Y tienen derecho a explotar su lado femenino cuando les venga en gana.

2. A los que aseguran que deberíamos verlas trabajando en lugar de posando, les digo que una cosa no quita la otra, que están en sus días de vacaciones, que prefiero verlas a ellas en las revistas antes que a cualquier nutrido grupo de petardas [por cierto, estamos acostumbrados a ver personas de toda índole fotografiadas de mil y una maneras... ¿por qué ellas no?], y... ¡qué caramba! ¡Que están muy monas!

3. A los que se rasgan las vestiduras gritando a cielo y tierra que si las ministras de Aznar hubiesen hecho esto estarían crucificaditas [saludos cordiales, Cristina Alberdi de mis entretelas], les digo que sería lógico criticarlas después de los miles de errores y escarificaciones a las que sometieron al pueblo español [cuota de santurronería para feministas trasnochadas: no sólo ellas, también los ministr"o"s], y por último, que se enteren, que dejen de compararse con las nuevas, que así... ¡a chupar banquillo!

Para resumir reconoceré que habría preferido tener noticia de estas ocho mujeres socialistas en otras circunstancias, pero ya que se han atrevido a romper un molde más [aunque quedó claro aquí que a mí lo de la paridad me parece una memez], hemos de aplaudirlas y no condenarlas. ¡Olé las nuevas!
 
Jaque al rey de la derecha
Si se le pregunta por la intención, pondrá su cara de santurrón, se llevará la mano al pecho y exclamará: ¿¿Yo??En el PP me van a acabar contratando de publicista. Sólo con la cantidad de posts que les dedico deberían olvidarse de su presupuesto para campañas y concentrarse exclusivamente en mí. ¿A qué se debe este enésimo comentario? A que, por fin, [y parece que les ha costado] comienzan a moverse las piezas en el tablero de la derecha "post Aznar". Si continuáramos con los símiles ajedrecísticos, Gallardón se habría arriesgado a realizar un magistral jaque pastor; y no lo digo porque tenga la más remota idea de cómo se ejecuta esta jugada, sino porque viene al pelo para ilustrar que el alcalde de Madrid quiere apaciguar a las ovejas populares. Está dispuesto a formar parte de la nueva ejecutiva que se formará tras el congreso de otoño, y creedme si aseguro que esto sólo es un primer paso para llegar a... otras metas. Cuando se propone algo, el político madrileño lo hace como a lo tonto, como si no se notase. Así aceptó la candidatura a la alcaldía de Madrid, así esquiva los envites de Esperanza Aguirre y así se los lanza, así ha anunciado su intención de escalar en Génova. Si se le pregunta por la intención, pondrá su cara de santurrón, se llevará la mano al pecho y exclamará: ¿¿Yo?? Y Mariano sufriendo, aunque no se le note, aunque todavía le queden labia y puro. A Rajoy se le enerva el campamento por momentos: Piqué habla de renovación; Aznar, loco por lucirse en la Comisión del 11-M; Alberto subiendo al K2... Por eso no extrañan las declaraciones del secretario general de los populares: "No se puede jubilar a gente que no tiene ni 50 años". El primero, el propio Rajoy. Pero después Acebes, Zaplana... Las bases tiran al gallego de las barbas y este, a su vez, se enroca bajo el gran bigote. Lo que es seguro es que, al menos en esta partida, no quedaremos en tablas.
 
Noticias que nunca llegarán a serlo
Ayer se encontró el cadaver de un joven flotando en la bahía de Sant Antoni, en Ibiza. Después, el de un buzo en Almería. Más tarde, algo más al norte, concretamente en Murcia, un trabajador se despeñó desde una torre eléctrica de ocho metros. Todos muertos. Todos olvidados. Y la lista continúa. Las pequeñas e impertinentes pantallas de teletipos en las agencias de noticias vomitan lineas con este tipo de sucesos aproximadamente cada diez minutos. Cientos de vidas desfilan ante los ojos de los periodistas hasta perderse en el universo informático, del que sólo podrán ser recuperadas mediante la consabida flechita. Parece que nos convertimos en meros seleccionadores de existencias, o de fines de ellas, en una sociedad en la que, a fuerza de imágenes, se nos sirven los sucesos entre los entremeses. Quién le iba a decir a esas pobres personas que, convertidas en simples píxeles, iban a ser elegidas o desechadas por los ojos ¿¿críticos?? de algún becario. Entre Chávez y Al Sadr, un joven que nadaba en Ibiza no fue seleccionado. Mala suerte. Quizá la próxima vez. Uy, no, si está muerto...
 
Juan soñaba con el mar
Comenzó a oirse el característico tamborileo que anuncia que la tierra tiene sed (...)Juan soñaba con el mar y despertó. Las olas se habían vuelto más bravas de lo soportable y, al abrir los ojos, volvió a encontrarse en la cálida terraza del chalé de sus abuelos. Cerró los ojos de nuevo y aspiró profundamente. Ya no podía reconocer el olor acre y seco que dejó olvidado antes de su viaje al mar. Ahora olía distinto: a mojado, a tierra, a renovación y a estertores del verano. Un vientecillo fresco movía los abetos y confirmaba sus sospechas. Se avecinaba una tormenta por el oeste. Sólo tuvo que ladear la cabeza hacia la derecha y alzar de nuevo un poco las pestañas para apreciar los gigantescos nubarrones negros que avanzaban imponentes desde el horizonte. Se le erizaron los pelos de las piernas y se las frotó, intentando volver a entrar en calor. Como si tuvieran un retraso de un par de minutos, sus manos comenzaron a despertar, y reconocieron entre ellas al grueso libro que andaban hojeando. Juan se sentía tremendamente seguro con un libro entre sus manos. Lo estrechó más firmemente. Cada vez que leía un libro, su historia comenzaba a formar parte su vida, de esa semana o de ese mes. Y las desventuras del protagonista pasaban a ser suyas, entre selvas y montañas, huracanes y tifones, o tormentas como la que pronto viviría. Una bandada de pájaros volvía, asustada, a su nido. Los árboles ya se tumbaban, el viento del oeste los vencía. Comenzó a oirse el característico tamborileo que anuncia que la tierra tiene sed, que el ambiente está demasiado cargado. Juan se acurrucó y esperó al agua; ese líquido que, como otras veces, acabaría empapando su cara. Era casi de noche y Juan escondió el libro bajo la silla, por si acaso. El primer relámpago. Silencio.
 
Un niño grande al que llamaban Hitch
Anoche, justo al culminar la jornada en que habría cumplido 105 años, soñé con Hitch. Anoche, justo al culminar la jornada en que habría cumplido 105 años, soñé con Hitch. Bueno, no exactamente con él, no con esa oronda figura eternamente malhumorada, no con esa voz cavernosa y pastosa, no con esos tirantes y sudores, esos miedos y pasiones que lo conformaban, no. Soñé con el universo que creó; con la increíble infinitud de personajes y situaciones que ha grabado en mi retina con bisturí de celuloide. Lo primero que recuerdo es una escalera, un hombre asciende por ella. No puedo ver su rostro, pero es un hombre elegante, alto, huele a perfume. Sostiene delicadamente entre sus manos una pequeña bandejita de plata, que reluce con el rayo de luna que atraviesa el cristal e incide en ella. Sobre la bandeja, un vaso de límpida leche. Envenenada. Vuelvo la cabeza y ya no estoy allí. Hay una puerta de madera con un número uno grande, colgado. La abro, es un dormitorio. Al fondo, a la derecha, hay otra puerta completamente abierta de la que procede una luz cegadora. Cuando me aproximo, me doy cuenta de que es un cuarto de baño, en cuyo suelo yace el más hermoso cadaver que nunca he visto. La cortina de plástico de la bañera está arrancada. Sangre. Salgo corriendo de allí, alguien se aproxima. Cuando quiero darme cuenta, huelo a comida. Comida y música de piano, la noche de Nueva York. Un recoleto patio de vecinos. Alguien se asoma a una ventana, arriba, desde su silla de ruedas. Treinta grados, las dos de la mañana. Un grito, pasos en la escalera. Suena un teléfono. Vuelvo a cerrar los ojos y sólo veo sombras, una muerta con corbata en el Támesis, un muerto con bigote cubierto de hojas que tiene por nombre Harry. Un agente secreto cruzando Inglaterra en busca de una organización criminal. Y me despierto. Y doy gracias a Dios por que Hitch nunca haya creído en él.
 
¿Qué hace ETA?
Si no, la lucha de los dragones por la hegemonía del miedo acabaría definitivamente con nosotros.Entre los terrores hay diferencias. Quien siga los posts de este blog ya conocerá mis argumentos al respecto, que se resumen en que quien entona la cantinela de que buscar las razones de los terroristas les da alas, se equivoca de todo punto. Los terroristas tienen propósitos concretos, un argumentario que no compartimos ni comprendemos, pero no por ello menos real. Partiendo de esta reflexión, comprobemos que esta España nuestra está doctorada en terrores: después de más de treinta años de un terrorismo brutal de origen antifranquista y deriva independentista llamado ETA, nos ha azotado la horda de otros criminales surgidos del este, que desgarraron Madrid en el mes de marzo, son Al QAEDA. Es importante resaltar bien los nombres de estas siniestras organizaciones; no vale esconderlos, hay que denunciarlos, apuntarlos con el dedo. Hoy, 12 de agosto, cuando ETA reaparece [con menos virulencia que nunca, según puede irse comprobando] me pregunto cuál es su lugar. Me pregunto, con una preocupación de muerte que eriza los pelos de mi nuca... ¿Qué hace ETA? Para mí, el detalle político más revelador de la jornada de los Atentados de Atocha fueron las declaraciones de Arnaldo Otegui. El dirigente de Batasuna juraba y perjuraba, casi con temblores espasmódicos, que la banda Euskadi Ta Askatasuna no tenía nada que ver con la Masacre de Madrid. Por suspuesto, aquel gobierno no le creyó. O no quiso creerle. No los culpo por eso, no es alguien a quien dejaría a cargo de mis hijos. Pero... ¿por qué esa actitud de Otegui? ¿Por qué, tras años bajo las piedras, sale a la palestra para [no diré condenar, sino...] desmarcarse de un atentado? ETA quería que nadie la asociase con tal sangría; ETA está descolocada, muerta de nueva savia y de apoyos políticos. Para algunos es ahora más importante cierto Plan que la banda. Los terroristas vascos intentan recuperar el lugar que les arrebataron en marzo... y debemos sentirnos aliviados por que no estén en su mejor momento. Si no, la lucha de los dragones por la hegemonía del miedo acabaría definitivamente con nosotros.
 
Las patas de mi mesa
Si comparamos mi joven vida con una mesa (...)Si comparamos mi joven vida con una mesa, podríamos decir que tengo unas patas más largas que otras. Con algunas patas pasa como con las venas, que uno no sabe si cortárselas o si dejárselas largas... Y claro, todo el mundo sabe que para comer sobre una buena mesa, para que todo se desarrolle con una horizontalidad tranquilizante, las patas deben ser más o menos de la misma medida [digo más o menos porque tenerlas iguales es a little bit utópico]. Y pensará mi dilecto discípulo del otro lado de la pantalla: ¿qué patas ni que patas, ni qué narices en vinagre me está contando este? Pues tiene toda la razón, pero desahogarse es de vivos, y ahogarse apunta directamente al purgatorio. Ahora bien, ¿qué patas tengo largas, lustrosas, macizas y pulidas? Pues las fáciles. Sí, sí, las fáciles. No porque estén al alcance de todo el mundo, sino porque son fruto únicamente del trabajo y del estudio, del esfuerzo en lo material. Las que fallan son las otras, las que dependen del corazón: las que exigen del dueño de la mesa unas características coronarias que, en el caso de quien suscribe... Pues no. La verdad es que en agosto no doy para más. Bastante es que he podido articular una veintena de líneas en torno a las patas sin desvariar demasiado. Para terminar, una pregunta a mis queridos comentaristas: ¿cómo están vuestras patas?
 
Más de cuarenta millones de agostos
Mi agosto está resultando tremendamente reveladorHe descubierto que agosto es tan multiforme como los dedos meñiques de mis pies. Crecen hacia donde nadie les ordena. Así es este mes: nefasto para unos, especial para otros, mortal de necesidad para otros cuantos. Pórtico de la gloria y del infierno, del verdadero Año Nuevo occidental que constituye el otoñal septiembre. Es entrañable ser espectador del antiguo agosto, el de La Gran Familia de Fernando Palacios, con padrino playero incluido [el siempre grande José Luis López Vázquez], o el de Cuarenta grados a la sombra... Y luego está el agosto de los muertos, los de ETA y los del aún si cabe más criminal tráfico, que siempre riega de sangre la dorada cosecha de estos días. Mi agosto está resultando tremendamente revelador, cargado de nuevas experiencias que se funden con las antiguas, que se solapan creando a mi querido continuo espacio tiempo, que revuelven en mi mente las fotos de la retina con los nuevos paisajes. ¿Y por qué, pensarás, ávido lector, este octavo mes de 2004 no está resultando para el autor del blog poco más o menos como cualquier otro? Una sonrisa asoma en mi cara... Eso es secreto de sumario. La vida se ha propuesto darme lecciones aceleradas, quiere que sea el primero de la clase. Al fin y al cabo, el verano siempre ha sido un granero de expperiencias que aprehender. Guardémoslas en los bolsillos... el invierno será muy largo.
 
Carta amarillenta encontrada en un buzón de Menorca
Qué mejor momento para reflexionar acerca de los meses venideros, ¿verdad?











Señor Presidente:

Comprendo la escasa oportunidad de la misiva que ahora se encuentra ante sus ojos, pero es de extrema urgencia que le transmita mis preocupados pensamientos acerca del mandato que usted prácticamente inicia. Me permito remitirle la presente precisamente hoy, fecha de su 44º cumpleaños, porque me he enterado por la prensa de que su mujer y usted inician esta tarde sus vacaciones estivales. Qué mejor momento para reflexionar acerca de los meses venideros, ¿verdad?

Se preguntará usted con inmensa razón: ¿quién me dirige estas letras? Disculpe si no desvelo totalmente mi identidad. Soy un viejo diplomático retirado que sirvió con lealtad a uno de los gobiernos anteriores en un tumultuoso país de Oriente Medio. Sirvan esos retazos para que Su Excelencia comprenda la desolación que me embarga. Comenzaré a desarrollar lo que deseo exponer con toda la claridad de la que es capaz esta vieja cabeza, que carga con demasiados años y ya demasiadas canas...

Uno ha vivido mucho. Ante mis ojos han desfilado las más cruentas catástrofes y las mejor preparadas celebraciones. Por eso me conmoví de manera tan queda el pasado once de marzo. La sangre esparcida entre los raíles, mal que nos pese, no era diferente a la de cualquier autobús reventado en una calle de Jerusalén. Aquella mañana estuve mucho más pendiente [también durante los tres días siguientes] de la reacción del aparato de nuestro estado, cargado de historia y de óxido en algunos engranajes. Como supuse, nada parecía funcionar salvo nuestros eficientes Cuerpos de Seguridad. Menos mal, debemos sentirnos orgullosos. Del gobierno ahora saliente... no puedo decir tanto. Su política interesada de información me avergonzó, y no puedo ocultar mi tendencia, acentuada con los años, al conservadurismo político.

Por esto le escribo, señor presidente. Usted ha logrado algo que ni siquiera Adolfo Suárez llegó a perfeccionar hasta tal extremo: ilusionar a la ciudadanía, hacer que miremos el futuro con esperanza. Redacto estas líneas para pedirle que no dilapide ese magnífico caudal de enaltecimiento popular. Y eso se consigue subsanando algunos errores que ya afloran de entre sus filas. Debe usted poner orden entre sus ministros y ministras, olvidarse de una vez de la estupidez de la paridad [entienda que el mejor es el llamado al puesto, no se pueden conceder... ¡por cuotas!], confirme el carácter social de los presupuestos del próximo año, siga acercándonos a Europa... y, sobre todo, distánciese del PSOE para gobernar. Deje que se vaya renovando, no imite a sus célebres antecesores.

En fin, no mucho más. A este viejo carcamal no le queda ya tiempo para estorbar en esta España que se desliza en silencio por el siglo XXI. Espero que sepa guiarla con honradez y profesionalidad, y que se deje aconsejar siempre... para después decidir. Muchas felicidades y disculpe las molestias.

Suyo afectísimo, E.D.A.

 
En el amor y en el sexo
La unión de los órganos sexuales es un proceso tan íntimo, delicado y personal (...)Cuando una cama es testigo del mayor de los incendios, de la avalancha de sensaciones que provocan las lenguas, del abrazo de dos cuerpos que se buscan y se necesitan, no se puede exigir un corpus de razones profundamente caviladas acerca de lo que allí está ocurriendo. La unión del cuerpo y del alma en un solo acto da como resultado el desbordamiento de la pasión, que solemos llevar bien cerrada bajo llave en unos conductos bien definidos. Y esa pasión no entiende de paradigmas científicos, de fórmulas matemáticas, de símbolos químicos o disquisiciones filosóficas. La vida sigue adelante, en buena medida gracias a los arrebatos de las mentes, que ya sea por las dichosas feromonas o por el amor, desean besar, desean abrazar, desean poseer. Y empeñarse en separar las dos partes de un mismo todo, los dos ingredientes que forman la combinación perfecta, el sexo y el amor, no tiene razón de ser. Estoy profundamente convencido de que lo que llamamos sexo [según la RAE, "placer venéreo, referente a Venus"] siempre va acompañado del amor; es más, el sexo es amor. Aún la relación más salvaje, desenfrenada, interesada, simplemente carnal o de conveniencia [incluso mercantil] conlleva una dosis determinada de amor. La unión de los órganos sexuales es un proceso tan íntimo, delicado y personal, que la sola cesión de la potestad de uso de esas ciertas partes, es una disposición que, si no es amor, se le parece demasiado. Todo ello más allá de la obtención del placer, que significa, por cierto, amor por uno mismo. Por tanto amemos, hagamos el amor, considerémoslo lo mismo.