2004: El final de una Transición

"No soy de los que creen que todo vuelve a comenzar con nuestra llegada al poder. Creo, por el contrario, que la reciente historia de España es un proceso compartido en el que, en sus diferentes fases, todos hemos jugado un papel que hemos de reivindicar y asumir colectivamente. Éste era el sentido profundo que me inspiraba cuando me propuse desarrollar un estilo constructivo de oposición. Éste es también el sentido que me inspira a la hora de enjuiciar la labor del último Gobierno."
El discurso de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero, cargado de la buena intención que le proporciona el consabido talante, intentaba dejar claro el pasado 15 de abril que, en su opinión, un nuevo gobierno socialista después de ocho años de oposición no era una reinauguración de la Historia. Probablemente tenía razón. La Historia es una sustancia meliflua trenzada por el tiempo, donde los puntos y aparte no existen. Pero los hombres, para la organización mental de los conocimientos, tendemos a establecer etapas de evolución política, quizá dejándonos llevar por períodos que tienen aspectos semejantes. Esto no es más que un weblog y yo no soy historiador, pero lanzaré al viento una teoría histórico-política [con la misma intención de perdurabilidad que si la gritase al viento]: el 14 de marzo de 2004 terminó la Transición española a la Democracia.
Intentaré convencer de lo contrario a quienes crean reconocer una afinidad política en la propuesta lanzada. Adolfo Suárez fue la apuesta del rey, un eslabón necesario para concatenar pasado y futuro; Leopoldo Calvo-Sotelo, tan injustamente menospreciado como su antecesor, sirvió para la UCD poco menos que de "presidente parche" para intentar frenar una hemorragia irreversible. Sin la victoria electoral de los socialistas en 1982, nunca se habrían despejado las tinieblas de la Guerra Civil, no habríamos acabado con el fantasma de la izquierda; sin el triunfo de Aznar y el Partido Popular en 1996 no se entendería un proceso regular y normalizado de alternancia política con una derecha moderna. Pero llegamos al punto del... y ahora, ¿qué? Una sociedad tremendamente finalista como la española pudo haber considerado agotados los modelos de izquierda y derecha, pudo haber optado por la abstención. No fue así. El 14 de marzo experimentamos los efectos de un voto masivo no sólo movido por los Atentados de Atocha. Únicamente hay que comprobar que en los procesos electorales de 2003, los españoles salimos a votar azuzados tan solo por la renovación del poder popular.
Si 2004 es el final de la Transición es porque da comienzo el segundo ciclo de la alternacia, el regreso de unos demócratas que, tras depurar errores y responsabilidades, vuelven a la palestra. Ahora espero a saber si alguien cree que el esquema bipartidista se agotará o no...
Y a la noche se le fue la mano...
La sábana era áspera, pero no le costó mucho retirarla, poco a poco, disfrutando del paisaje dérmico que se iba descubriendo. Allí estaba, desnuda, preciosa, bajo la luz de la luna. Blanca como las estatuas de mármol de los cementerios. Luis se acercó a la cama lentamente y tomó la mano de la mujer entre sus manos. La besó dulcemente, dedo a dedo, la recorrió con suavidad, con sus labios carnosos, la acarició con su joven mejilla. Olió con intensidad el perfume que despedía el brazo siguiendo el camino ascendente hacia la axila, la nariz rozando cada poro. Ante su cara, la belleza de unos labios rojos y sugerentes, la figura perfecta de un rostro esculpido en deseo. Luis susurró en los oídos, vertió su aliento en la boca, imaginó en los cabellos... y descendió con lentitud pero firmeza, con sensualidad y delicadeza hacia los senos, globulares y perfectos, y hacia los pezones salados, rosados y henchidos. El vientre, la inmensa llanura de la sed eterna, se convirtió en camino para sus manos en una búsqueda sin fin del manjar sagrado, del más preciado de los tesoros. Del secreto néctar que enloqueció a reyes y mendigos. Por fin lo encontró, con olor a vida y a esperanza, y a útero, y a calidez. Tras unos minutos en los que el mundo pareció pararse a contemplar el éxtasis, Luis se incorporó y retrocedió unos pasos. Allí, con los ojos cerrados, yacía su madre. Hacía tan solo un cuarto de hora que había decidido desconectar su respiración artificial. La luz de la luna seguía entrando a raudales por la ventana del hospital.Los idus de octubre
A nadie se le escapa que Rajoy está seguro de resultar elegido como presidente del PP en el congreso de este fin de semana. Pero este aspecto es precisamente el menos sorprendente de la convocatoria popular. Son todas las infinitas minucias, todos los pequeños detalles, los que cuentan a la hora de hacer una radiografía de los cimientos de la derecha. Y es que si Aznar utilizó la hormigonera piramidal para hacer de su partido un bloque, pequeñas grietas, casi imperceptibles, comienzan a dibujarse entre las vigas del entramado de la organización. Pongamos como ejemplo la crisis gallega. A la hora de la redacción de este texto, Xosé Luis Baltar, líder del PP orensano, acababa de abandonar la residencia de Manuel Fraga con gesto serio y sin contestar a los periodistas apostados en la puerta. Contrasta este hecho con las amplias sonrisas que lucían tanto él como el ex secretario general gallego, Xosé Cuíña, momentos antes de la reunión. Sin ánimo de justificar a ningún cacique [oféndase quien pueda], Fraga debió haberse retirado a tiempo; al igual que Esperanza Aguirre o Camps, debían haberse mordido la lengua en más de una ocasión. Que nadie se engañe, esto no es extraordinario. Entra en la normalidad política la mágica palabra disidencia, y si hay alguien que debe tomar nota es el PSOE. No son agradables las declaraciones de su Secretario de Organización, José Blanco, cuando se refiere a las contradicciones del PP. ¿Es que ya no se acuerda de los tiempos oscuros? En fin, esperemos que el XV Congreso sea algo más que Rajoy levantando los brazos con un fondo naranja.El futuro del pasado, masculino singular
Era ya de noche cuando Juan puso en tierra sus ancianas piernas y, como pudo, más bien renqueando, se apeó del aerotaxi. Llovía pausadamente sobre el Paseo peatonal del Prado, pero tanto él como su nieto estrenaban sus flamantes chubasqueros. Eran los nuevos Prex XXII, que repelían al agua como si esta tuviese miedo de rozarlos, y con ellos no había de qué preocuparse. "Quien se moja, es porque quiere" -solía decir el pequeño Worp. Y tenía razón. En todo esto pensaba Juan mientras el pequeño se aferraba a su mano y cruzaba junto a él la oscuridad otoñal, dirigiéndose a buen paso hacia la entrada del museo. Una vez dentro, todo parecía distinto; el ambiente era seco y una buena calefacción animaba a desprenderse de las prendas de abrigo. Tras abonar el importe de las entradas en una máquina personalizada -hacía años que los puestos de taquilla habían sido sustituidos por inteligentes mecanismos de autopago-, ambos cruzaron el umbral de seguridad utilizando las pequeñas tarjetas plastificadas que los cajeros habían escupido. En su reverso podía leerse la fecha de la visita: Domingo, 27 de septiembre de 2104. El interior del museo estaba semivacío: apenas una decena de turistas africanos, con sus lujosas cámaras digitales y acompañados de sus sirvientes robot se paseaban de acá para allá tomando instantáneas. Juan tenía muy claro qué sala quería enseñar cada semana a su nieto Worp. Ese día tocaba la de los antiguos presidentes autonómicos. "¿Recuerdas el mapa que te enseñé?" El pequeño asintió con curiosidad. "Cuando mi abuelo, o sea, tu tatarabuelo era joven, el departamento España era un país independiente, y estaba dividido en Comunidades Autónomas." "¿Qué es eso, abuelo?" "Bueno, es algo así como los pisos de una casa... En cada piso había un dueño que se preocupaba de las cosas domésticas, aunque existiera otro dueño del edificio que cuidase de la escalera." "Ah... -Worp cambió la dirección de su mirada- ¿Quién es ese del cuadro, ese que está sentado?" -preguntó mientras su rechoncha mano señalaba un gran lienzo. "Ese fue Ibarretxe, uno de los presidentes que te decía. Cuentan los libros que el lehendakari [así llamaban al presidente en el País Vasco, su comunidad] quiso la independencia para su tierra." "¡Anda ya, abuelo! ¡Eso no me lo creo! Pero si me dijiste el otro día que todos los países se unían para cooperar y ser más fuertes..." "Sí, Worp, tienes razón. Pero siempre hay alguien que quiere volver al pasado." "¡Claro! Por eso en el cuadro parece un señor tan antiguo..." Abuelo y nieto salieron de la sala riendo despreocupadamente, su risa resonaba en el mármol. Mientras tanto, en los cuadros, muchos pares de ojos intentaban, sin éxito, mirar hacia otro lado...¿Verdad que sí lo eran?
Primero fue la sal, y casi no se notaba. Las albóndigas habían quedado un poco sosas, pero nadie en la familia le dio ni la más mínima importancia. Un olvido, ya está. Desde aquella sobremesa de domingo, desde aquel descuido, ha debido pasar poco más de un año. Ahora ya no puedo fregar los platos después de la comida, ni regañar a la pequeña Andrea cuando se sube en el sofá. Ahora lo único que puedo hacer es esperar la muerte. ¿Qué dijo aquel médico joven, de rostro borroso? Alzheimer. Y luego empezó a preguntar cosas absurdas... que cuántos años tenía, que cómo se llamaban mis nietos, que quién era el presidente del Gobierno. ¡Cómo no lo iba a saber! Era... era... ese... ¿cómo se llama? Sí, ese del bigote... Primero fue la sal. Y luego las camisas aparecían en los armarios con marcas de planchas olvidadas, y las camas decidieron rebelarse y hacerse del revés, y las faldas se propusieron martirizarme, escondiendo de mis temblorosos dedos sus esquivas cremalleras. ¿Cómo era la tabla? Siete por cuatro... ya no me acuerdo, me estoy haciendo vieja. Antes todo era distinto. Antes Juan era bueno, muy bueno conmigo. Me sacaba a pasear los domingos. Luego todo empezó a cambiar... no sé muy bien por qué... De repente, un día, trajo a una señora de... por ahí... de Venezuela o no sé dónde. Y la puso a hacer la comida y las camas. Mi comida y mis camas. ¡Y decía que yo no sabía hacerlas! Sólo lloraba, durante días y días sólo lloraba... ¡Y había perros en el jardín! El vecino los metía a propósito, para pisar nuestras flores. Y Juan me decía que eran alucinaciones, que no se veían, que no eran reales. ¿Verdad que sí lo eran? ¿Verdad, enfermera? No, no quiero más compota de manzana.Un pequeño, pequeñisimo, error de matiz
Escribir un pequeño texto para poner en su sitio a la curia eclesiástica debería emocionarme hasta el éxtasis, hacerme sudar sangre o caminar sobre las aguas. Muy al contrario, me produce un tedio insoportable volver a andar un camino ya pisoteado; pero dadas las recientes declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal... ¡Hombre, es que ante eso hay que hablar! El buen señor, de nombre don Juan Antonio Martínez Camino, acusó al gobierno de Zapatero de promulgar "leyes contra la naturaleza humana". Claro, cuando a uno se le presenta un señor con sotana, atuendo quinientas veces respetable, y le dice desde un atril que un gobierno civil [que emana del pueblo, humanos todos] promulga leyes antihumanas... a uno le dan ganas de cambiarse de planeta, primero, y de que se cambien ellos, después. Nadie discute el derecho de la Conferencia Episcopal Española a criticar que los homosexuales contraigan matrimonio, que las parejas puedan divorciarse cuando les plazca o una nueva regulación de los abortos. ¡¡Pero deben hacerlo en su terreno!! Me explico: ¿que quien se divorcia, fornica con alguien de su mismo sexo o aborta va al infierno? De acuerdo, digan ustedes eso, que son pecadores, herejes, excomulgados. Pero de ningún modo que las leyes no se promulguen. Porque entonces incurren ustedes en un pequeño, pequeñísimo error de matiz: están ustedes coartando la libertad de sus feligreses. Ellos son libres de optar entre una conducta "santa" o "pecadora". Su deber está en recomendarles la primera, no en eliminar la posibilidad de la segunda. Y cuando piden este extremo, lo que hacen es convertirse en la más terrenal y legalista de las sectas.¿Qué piensa Mariano Rajoy cuando mira a sus militantes?

Nuestros concursantes deberán elegir entre las tres opciones siguientes:
a) "¡Coño, cuánta gente! A mí esto Josemari no me lo había contado así..."
b) "Sí, sí, vosotros disfrutad... Ya me reiré yo cuando retire mi candidatura al XV Congreso y se quede de presidente Ruiz Gallardón..."
c) "Yo, por vosotros, lo que sea. O... no..."
d) "Si supiérais..."
Entre los acertantes de la opción ganadora, la organización sorteará ante notario un espléndido viaje de una semana [con todos los gastos pagados] a la espléndida localidad vallisoletana de Quintanilla de Onésimo. ¡Pero eso no es todo! Si usted responde en los próximos treinta minutos optará además, como regalo especial de temporada, a otro magnífico viaje... pero esta vez... ¡a Georgetown! Donde podrá disfrutar del placer de escuchar con deleite las clases magistrales de sus insignes profesores. ¡No lo dude! ¡Participe!
Aire de madera
Manuel se había ido. Lo descubrió en el instante en que tuvo que cerrar la ventana porque el aire de septiembre ya no era tan templado. Se dio cuenta justo al comprobar que no estaba el pequeño charquito de agua que siempre dejaba su paraguas rojo. Definitivamente, se había ido. Las mañanas se hicieron más frías, el césped se vistió de ceño fruncido, el gato ronroneaba junto al armario donde se guardan la estufa y las alfombras. De repente volvió a rebuscar en el viejo cajón de la cómoda hasta encontrar sus calcetines de lana, se los puso y paseó descalza sobre el parquet del comedor. A su alrededor, todas las tazas de porcelana, de brillantes colores, colgaban perfectamente ordenadas de sus ganchos. Era una tarde gris, de esas en las que, tras entrar en la cocina, acabas frotándote los brazos para recuperar la temperatura. Percibió, como un susurro, el aroma de sus muebles de madera, el hambriento quejido de la chimenea esperando alimento que llevarse a la boca y que transformar en un mejor ambiente. A lo lejos, un par de truenos, como la horda que se acerca imbatible por el horizonte. Encendió una lámpara, luego otra, tres vueltas a la llave de la puerta de la calle. Tras la mirilla, sólo oscuridad. Con las primeras gotas, el inconfundible aroma de tierra mojada, como si del esperma de la naturaleza se tratase, comenzó a filtrarse por sus fosas nasales. Fue entonces, y sólo entonces, cuando supo que Manuel no regresaría. Y que había llegado el otoño.Ese toque zen de Zapatero
La revista Time Europe dedica su portada de esta semana a nuestro Presidente del Gobierno. En ella, y a toda plana, podemos ver la eterna sonrisa del leonés; es una simiesca mueca que todos ejercitamos a diario aunque, en su caso, ha pasado a integrar su imagen natural como el hecho de que, al andar, utilice las dos piernas. ZP [como aún sigue denominándolo La Razón] no para de sonreir, pero como se decía ayer en una tertulia televisiva, de los grandes gestos al ridículo hay un solo paso. El uso del talante podría desembocar en un abanico de gestos huecos y hueros si estos no se plasman en políticas concretas y sus consecuentes financiaciones, y de eso Zapatero es muy consciente. Por eso ha realizado un reparto de papeles inteligente, ha conformado una línea de vicepresidencia pragmática. Para los sueños, para las promesas... para eso ya está su sonrisa. El problema quizá llega con el resto de ministros, pero eso es otra historia. En el reportaje que Time Europe dedica a Zapatero, se utiliza el adjetivo calificativo zen para referirse a su despacho, y se extiende sobre toda su obra. Sencillez, naturalidad, franqueza, zen. No ha de olvidarse el Presidente de que, junto al diseño, los ambientes zen cuidan al máximo la funcionalidad y el aprovechamiento de espacios. Y ahí vienen los Presupuestos y la Conferencia de Presidentes, y De la Vega y Solbes. Y al final de la cadena, esperando, todos los españoles. A ver si no se congela la perpetua sonrisa al incumplir su promesa de no dejar en la calle a ciertos trabajadores. Aplíquese eso del zen.¿Quién dijo que era un coco?
Camacho utiliza el hilo dental para sacarse las verdades de entre los dientes, y eso Florentino Pérez lo sabía. Los jugadores [¿o debería decir meadores oficiales de colonia?] también lo sabían. Por eso se ha marchado, porque portar la pancarta de la verdad a la cara hace que salgan callos en las manos de los que dan las palmaditas en la espalda. Los forofos del Real Madrid también saben, y seguimos con las sabidurías encontradas y entrecruzadas, que los jugadores de sus amores no juegan, no ganan ni ilusionan. Por tanto, y para intentar casar tanta consciencia con tanta aspiración, diré yo también la verdad. La culpa es de... los aficionados. Sí, sé que en este momento las llamadas telefónicas a mi casa deben estar haciendo que el contestador se chamusque, pero sostendré mi pancarta emulando al Macho. Si todos convenimos en que los jugadores del Real Madrid son una panda de spots en calzoncillos que lo único en lo que no se prodigan es en eso de meter goles, ¿por qué seguimos comprando entradas? ¿Por qué esas camisetas de trece mil pesetas? ¿Por qué abarrotamos las verjas de las ciudades deportivas en busca de garabatos de gente ignorante? [Véanse las ruedas de prensa] En esto, como con la prensa del corazón, como con todo, somos unos hipócritas. Si queremos fútbol, no tendremos espectáculo, ni fashion shows, ni sonrisas de Beckham en Hola. Decidamos qué queremos y después advirtamos a Camacho de que, a veces, desgraciadamente, agachar las orejas es el mejor medio de medrar.Vicepresidenta Metrosexual
María Teresa Fernández de la Vega es la mujer perfecta. ¡Y no lo digo yo! Al fin y al cabo, sus carnes experimentadas acabarían dejando indiferente mi masculina sexualidad... Es que, atendiendo a las recientes definiciones de lo metrosexual, nos encontramos ante un claro ejemplo de lo que cualquier hombre aguerrido, moderno y cincuentón podría desear. MTFV [como me permito denominar a este mito de la respuesta y la mirada de soslayo] pasea por la Sala de Prensa de la Moncloa con la seguridad de un consejero delegado de Telefónica, y la combina a la perfección con la moda femenina afín al traje de chaqueta. ¿Pregunta difícil? Pupila fija. ¿Terreno blando? Caída de párpados. Y mucha mano izquierda, que nunca va sola, que se entrelaza con su homóloga para formar el bloque de hierro de la Portavocía. Es el dique de la sensatez, la vertiente política de la correa de transmisión de ZP, que se dedica a pedalear sonriente y vista al frente sin darse cuenta de que, al tiempo, algunos se entretienen en arrancar de cuajo los radios de la bici. MTFV debería ser inmortalizada en un busto, ser colocada en un mármol puro y blanquísimo ante cualquier portavoz que la suceda, ser el paradigma de la mesura, la rigidez de cuello y el peinado "sí, soy una mujer". Feminidad y firmeza son los símbolos claros de la metrosexualidad, que las mujeres como ella combinan con sus puestos de trabajo. Y lo hacen para que no se note mucho que, en realidad, son ellas las que dominan el mundo.Lágrimas en el espejo
Una mañana te levantas, entras en el cuarto de baño, y te das cuenta de que el ser que respira tras el cristal del espejo no eres tú. Que ese gran saco de carne y pelos que te mira desde la profundidad obscena de sus legañas no te inspira ni la más mínima confianza, ni siquiera dormirías con él. Sientes deseos de suicidarte, pero decides que quizá una buena ducha lo solucione. Te enjabonas con toda la fuerza de la que eres capaz tras tus escasas horas de sueño sudoroso, vuelves al espejo. Ahora el físico es más aceptable... te queda bien ese pelo mojado, aunque luego se secará y se empinará, como siempre. Pero sigues sin ser tú. Te continúas mirando y la respiración se te acelera, te palpas el pecho. ¿Qué ocurre? ¿Por qué nada de lo que sucedió anoche se te va de la cabeza? Te secas y te vistes, comienzas a llorar. Es curioso, dicen que los hombres no lloran, dices mientras lágrimas amargas interrumpen la insidiosa continuidad del azul de tu camisa. Y vuelves a mirarte al espejo, y en lugar de encontrar al troglodita de hace unos minutos, afrontas la visión de alguien afeitado, duchado y arreglado, pero que tampoco eres tú... No soy capaz de afrontarlo, te dices. No quiero cambiar. No puedo soportar ser... eso. Y te secas las lágrimas, y te sonríes, te esperan en la cocina. Antes de salir, una última mirada al espejo. Últimamente estás adelgazando.Dieciocho meses

Los ejes del mundo tienden a retratarse, a inmortalizarse para la posteridad con un ansia de permanencia digno de pretensiones faraónicas. Entre las dos fotografías han transcurrido apenas dieciocho meses, sólo un año y medio que ha cambiado [un poco más] la faz de nuestra Tierra. Cada cual debe valorar si lo que ve le convence... Y si un eje, sea cual sea, no conlleva siempre rigidez.
Retrato nº 11 en gris
El cementerio de Carabanchel es el único lugar al que ha llegado la primavera. Faustinos, Julias, Amandos y Migueles descansan con nardos o claveles completamente abiertos a sus pies. El colorido de las flores contrasta con el oscuro mármol, con los negros crespones de una soledad que se ha hecho aún más infinita, que se ha vuelto aún más solitaria, desde que el jueves once de marzo alguien se dejara abierta la puerta del cielo. Por la rendija se escaparon casi doscientas almas.Mientras se disipaban mis sueños, una cálida y grave voz hacía esfuerzos por colarse entre las tinieblas de aquella mañana de invierno. Como siempre, Iñaki. “Hoy es un día negro para la Historia de España”. Una oración como esa es suficiente para despertar mi corazón, que se encogió violentamente, deprisa, como queriendo que toda la sangre empujase a las lágrimas tras los ojos. Y lo consiguió. La decepción, la rabia, las colas ante furgones blancos necesitados de otras sangres.
Al tiempo, delicadas manos esparcidas por el suelo; entretanto, fortalecidos miembros yaciendo inertes; sin pensarlo, Madrid se esparcía por las vías del tren. El alma del foro parecía el agua de un suelo recién fregado, casi no se veía. Ojos rojos y tristes, indignación. “¡Democracia!” –grito en la Puerta del Sol. Alguien grita conmigo pero me siento solo. Aún resuena en mis tímpanos la explosión sanguinolenta que no llegué a escuchar.
De camino a Colón, todo un subterráneo vacío, los escarabajos cosmopolitas van cabizbajos, su bola mayor aún que de costumbre... y venga a ensalivarla. La bandera gigante está perezosa esta mañana, sólo llega hasta la mitad del mástil, mientras que la gran gaviota de Génova vuela alto todavía, y Aznar y su labio superior, esos dos seres independientes, rebañan el suceso de Atocha. “Los mataron por su condición de españoles”. Creía que eran personas.
Does God bless America?

Te entiendo, no eres racista
Si subes a un vagón del metro de Madrid un domingo a las nueve de la mañana, con los ojos hinchados de ese sueño festivo interrumpido, con las manos más cerca del suelo que nunca, comprobarás que, con toda probabilidad, serás el único nacido en España de las veinte personas que se sientan a tu alrededor. Automáticamente, todas las alarmas se ponen en funcionamiento. Lo primero, buscar un sitio no demasiado cercano a cualquier otra entidad vital; después, mirar a tus compañeros de viaje con recelo, por el rabillo del ojo; lo tercero, refunfuñar palabras incomprensibles, e inmediatamente, un pensamiento te asalta. Se graba en tu frente como un estigma imborrable: "...luego quieren que no seamos racistas". Y suspiras. ¡Y no seré yo quien corrija tu juicio! Porque te entiendo. Entiendo que te sientas agredido, invadido en tu intimidad uniformada. Comprendo que su olor te moleste, que el simple siseo de sus lenguas americanas te produzca irritación en los tímpanos, que pienses que con sus niños están contaminando España. ¡Tu España! El país que has contribuido a levantar con tu esfuerzo, que tanto trabajo te ha costado. Y mira, te doy todo mi apoyo. Lo que tienes que hacer es darles de lado, no pensar en todo lo que "dicen" que hacen por ti. Y, por supuesto, seguir sin escuchar la música de Chayanne, Luis Miguel o Marcela Morelo. No cenar nunca en "La Vaca Argentina", ni comprar pan de pita, ni contratar a nadie para que haga las tareas de tu casa. Piensa que es un sacrificio más por España el mandar a tus hijos a trabajar en la construcción. Y, por último, dile a tu anciana madre que nunca vuelva a desempolvar el disco de Los Tres Sudamericanos.Matar al cuerpo
Aún no he visto Mar adentro. Quizá debería esperar a emocionarme en la sala de cine para redactar este post, pero no está de más que deje plasmadas mis opiniones previas. Así no podré decir que nunca las tuve si el film las cambia de punta a punta. Al hablar de la eutanasia, un casi imperceptible hormigueo sube y baja por el estómago; es la sensación de estar pisando la delgada línea que separa lo políticamente correcto y lo moralmente exigible. Ese territorio de nadie al que unos llaman vida / muerte y otros, simplemente, sufrir / no sufrir. Una persona como Ramón Sampedro, que no podía mover ninguna parte de su cuerpo desde su cuello hasta sus pies, se había convertido en una cabeza. Que piensa, que siente, que ama, que sufre, sí, es verdad. Pero una cabeza al fin y al cabo. ¿Es una cabeza un ser humano? Probablemente sí... o no. La voluntad de alguien y su decisión de morir debe ser, a mi juicio, respetada. Debemos procurar, desde luego, que se cumplan una serie de requisitos básicos como el pleno consentimiento del enfermo o la verdadera conveniencia del proceso, pero la libertad... La libertad es mucho mayor que la postura social, es mucho más amplia y más grande que cualquier legislación, y sólo se topa, en una frontera final, con otras libertades que se encuentran junto a ella. Somos sólo puñados de células que pululan en un mundo que, reconozcámoslo, es muy difícil. ¿Por qué se apropian otros de la decisión de uno mismo de no existir? ¿Por qué no dejamos que lo real deje de serlo cuando su realidad se haya convertido en una pesadilla?Palabras envenenadas
El inicio de la temporada radiofónica tiene mucho más de acto litúrgico que de renovación. Aunque bailen los nombres y las voces, las grandes cadenas de radio y los grupos de comunicación que las sustentan tienen perfectamente clara la orientación de las salvas que lanzarán de aquí a la eternidad, y los oyentes acabarán guiándose por la inercia más que por lo atractivo de las nuevas ofertas. La inauguración de una nueva cadena de radio deja el regusto de la libre opción del receptor y de la libertad de expresión, pero cabe preguntarse si lo que viene no es más de lo mismo. Luis del Olmo y Concha García Campoy, ya conocidos en Onda Cero, han trasladado sus respectivos proyectos a la recién estrenada Punto Radio, con lo que la novedad de la programación radicaría en las noches de Manel Fuentes y la probable desenvoltura del televisivo Ramón García los domingos. Para eso de la línea ideológica... ahí tenemos a Vocento. Por lo que respecta a la competencia, Carlos Herrera vuelve a las mañanas cargado de fósforos y de euforia andalusí en Onda Cero. Ocupará siete horas de radio, y mucho nos tememos que después de un mes de olés y arsas los oyentes puedan salir despavoridos. En la nueva RNE, Julio César Iglesias recupera el puesto en Buenos Días que perdió hace dos temporadas. Dos clásicos para terminar: Gabilondo en la SER y Losantos en la COPE. Al primero, el consejo de que "lo peor de sí mismo, que sacó Aznar" [según sus propias palabras], vuelva a guardarse en el baúl de los recuerdos; al segundo, que de una vez por todas se dedique a la pasión de su vida: ser profesor de logopedia.El euro que hablaba o... yo que me iba a comprar el pan
No sabía si me llegaría el dinero para el pan, así que antes de salir de casa comprobé las monedas que quedaban en el monedero. Nada más abrirlo, sentí una vocecilla que se lamentaba. Al principio era como un pitido leve, agudo e imperceptible, pero con el paso de los segundos se iban apreciando sollozos y lamentos. Lo más increíble de todo es que parecían provenir de uno de los euros del monedero, que estaba sentado sobre un billete de autobús y se enjugaba las lágrimas con un pequeño papelito. "¡Aaaaaay, qué desgraciadísimo soy!" "Pero... ¿qué te pasa?" -dije compasivamente, apenas sin darme cuenta de que le hablaba a una pequeña moneda. "¿Que qué me pasa? ¡¡¿Que qué me pasa?!! ¡¡Tú deberías saberlo!!" Y siguió moqueando y lagrimeando, poniéndome perdido el fondo de cuero marrón de mi monedero. Como pude intenté calmarlo, dándole golpecitos con mi dedo meñique en su metálica espalda, y así pareció recobrar la compostura. Entre los últimos hipos del llanto pudo recriminarme que yo lo había separado de sus hermanos y hermanas, con los que llevaba viajando desde que salió de Alemania [efectivamente, en su espalda lucía el tatuaje de un águila que le daba un look juvenil]. Le pedí disculpas a mi nuevo amigo como mejor supe, le expliqué lo necesario de los sacrificios de la globalización, el materialismo... y después de sentirse víctima de ese "infernal proceso" [palabras textuales], hundió su aplanada cabecita en unas manitas de cobre que hasta ese momento no había apreciado. También tenía unas patitas del mismo material, que colgaban del Metrobús con dejadez. "Anda, sal y te invito a un café" -le dije. "Bueno, pero sin azúcar" -me dijo. Sentado junto a mí en la mesa, removiendo el café con aire distraido, me contó los problemas a los que, diariamente, se enfrentan los de su especie. "Y lo peor de todo" -arguyó- "es que nadie tiene ningún respeto a ninguno de mis sobrinos. Si alguien ve a mi mujer o alguna de sus hermanas en el suelo, con su corona plateada y ese dos gigante en su lomo... ¡¡pues claro que doblan el espinazo!! Pero mis pobres sobrinitos e hijitos... como son así, marrones, se confunden con el suelo... ¡y ni los barrenderos se esfuerzan por recogerlos! ¿Cómo se puede crear así una familia, dime? ¿¿Cómo??" Sólo pude asentir, tomar un sorbito de café y pensar que en lugar de usar ese euro para comprar el pan, lo usaría para comprar unos pasteles. Me los tomaría a su salud...Estados Unidos y su guerra (II)
Quizá es un poco exagerado equiparar las figuras de Adolf Hitler y George W. Bush, pero sólo puedo sorprenderme cuando veo en mi televisor las imágenes de la convención republicana que se lleva a cabo durante esta semana en Nueva York. Las aclamaciones al líder son tan encendidas, las alusiones al patriotismo tan elocuentes... que el vello acaba por erizarse como señal de protesta ante tanta falacia. Mi querido Arnold Schwarzenegger decía hace unas horas algo así como que "con quién iba a estar mejor asegurada la democracia: con la ONU o con nuestro país [en referencia a EEUU]"; y claro, con este tipo de comentarios tan multilaterales, lo único que se puede hacer es empezar a vivir debajo de la cama por si pasan los cazabombarderos. En fin, que presenciando el auténtico espectáculo de la turba aclamando a las estrellas, debemos darnos con un canto en los dientes por tener un presidente sosón con las cejas picudas [aunque no debemos olvidar que se predijo su llegada como la de las hordas sociocomunistas, pero... qué esperamos]. Como se puede ver en el post inmediatamente inferior, la guerra estará presente en las elecciones de noviembre, ya sea por los méritos militares de Bush y Kerry o por las incursiones juguetonas de W, como llaman cariñosamente al presidente los asistentes a los mítines de NY. Como votante en las elecciones a Presidente del Mundo, debo señalar que tendré muy en cuenta el tamaño de los misiles que cada uno de los candidatos vaya a utilizar en sus misiones de liberación y paz: me enteraré de si serán obuses realmente potentes como para exterminar totalmente cualquier tipo de amenaza. Sólo me baso en las palabras de George: aseguró que cuando se viese amenazada la seguridad de su país no atendería a razones internacionales. Acabáramos.Estados Unidos y su guerra






