Carrero Blanco: ¿una oportunidad perdida?
Es jueves, 20 de diciembre de 1973. Una explosión provocada por la banda terrorista ETA se produce en la calle Claudio Coello de Madrid al paso del coche oficial del presidente del Gobierno de España. El almirante Luis Carrero Blanco fallece prácticamente en el acto, después de que el vehículo saliese despedido a causa de la deflagración y aterrizase aparatosamente en la cornisa del patio interior de un edificio de viviendas. Algunos de los facultativos que intentaron, sin demasiado éxito, reanimar al jefe del Gobierno, llegarían a declarar que, bajo el abrigo, el cuerpo de Carrero “estaba como vacío por dentro”. Y así quedaba el panorama político dibujado con minuciosidad por Franco: vacío. Desde junio de ese año de crisis mundial, el Generalísimo de todos los Ejércitos había delegado de manera efectiva ciertos poderes de los que su persona reunía en la figura de un nuevo componente del sistema: un presidente que encabezase el Consejo de Ministros y que tuviese en su mano los resortes ejecutivos básicos, siempre al dictado de lo que dispusiese el Jefe del Estado.La formación del gobierno de Carrero no contentaba a ciertos sectores ultraconservadores cercanos al Palacio de El Pardo. Si bien el almirante contaba con la plena confianza de Franco, llegando incluso a confirmar ante las Cortes Franquistas su compromiso de asumir la continuación de la obra de este, en el nuevo Consejo de Ministros se habían colado personas no demasiado apreciadas por los llamados Falangistas de la primera hora, encabezados por el miembro del Consejo de Estado y ex Ministro de trabajo José Antonio Girón de Velasco. El dato de la presencia de estas personalidades en el Ejecutivo era sólo la señalización clara de una tendencia: existía una corriente dentro del régimen, educada en él, colaboradora y por tanto connivente [no debe olvidarse] que, si bien ocupaba puestos de responsabilidad, abanderaba el orgullo de no deber su ascenso a ninguna de las familias religiosas o políticas del Franquismo; además, estos políticos albergaban la esperanza de una evolución de la vida política española hacia una situación de mayor apertura y pluralismo. Es el caso del mencionado Cabanillas y del profesor de Derecho Político del príncipe Juan Carlos, a la sazón Vicepresidente del Gobierno, Torcuato Fernández-Miranda.
La muerte del delfín de Francisco Franco a manos de ETA abre la carrera por la sucesión al frente del Gobierno. El presidente en funciones, Fernández-Miranda, deja indiferentes a propios y extraños: por una parte, su actitud reformista [que quedará posteriormente plasmada en la Ley para la Reforma Política de 1976] se basa en procesos graduales; por otra, y como ya hemos visto, los ultras no lo consideraban digno administrador de los poderes del caudillo. Con la imprescindible colaboración de doña Carmen Polo de Franco y del cuarto militar adjunto al General Franco en el Palacio de El Pardo, este último desechó la idea de ofrecer la formación del Gobierno al militar Pedro Nieto Antúnez, buen amigo de la familia, y considerado por el jefe del Estado como un sucedáneo aceptable de lo que habría sido el mandato de Carrero. En lugar de “Pedrolo”, como se llamaba a Antúnez en la intimidad de El Pardo, fue Carlos Arias Navarro el elegido para encabezar el Gobierno. ¿Por qué consiguió el puesto alguien como él? Fue precisamente Arias el responsable de la seguridad de Carrero como Ministro de la Gobernación, y su impopularidad, tras su paso por la alcaldía de Madrid y la jefatura de la Dirección General de Seguridad, no aseguraba una aceptación general instantánea. Está demostrado que la influencia de Carmen Polo y la precipitación del nombramiento [que no permitía dimisiones de sus cargos a otros posible candidatos] tuvieron mucho que decir a la hora de la designación.
El panorama había cambiado notablemente en muchos aspectos. El nuevo presidente, también con la pretensión de continuar la obra de Franco, guardaba una diferencia importante con su antecesor: podía ser influido en una mayor medida que Carrero por ciertos sectores franquistas que nada habrían logrado si el primero continuase al frente de la Presidencia. Si bien es cierto que pronto Arias se revelaría como un dirigente inseguro, casi ciclotímico, que pretendía unas tímidas reformas calificadas posteriormente como “El Espíritu del Doce de Febrero”. Nos encontramos entonces con una situación en la que no sólo se sentirán descontentos los sectores evolucionistas, sino también los intransigentes, debido a los visos de reformismo anteriormente mencionados. Quizá la mayor de las diferencias es el trato del presidente con el futuro monarca Juan Carlos de Borbón, designado por Franco como su sucesor en la Jefatura del Estado desde 1969: mientras que Carrero sentía un gran respeto por la figura de Juan Carlos e incluso consultaba con él los grandes asuntos de Estado, Arias nunca pensaría en él como figura política, y se limitaría a reducir sus contactos con el príncipe a lo puramente formal y preestablecido. Sentadas estas bases, ¿podemos suponer que si Carrero Blanco hubiese sobrevivido al atentado del 73 la Transición habría sido más difícil? Es una cuestión complicada. Por una parte, un presidente como Arias, que con el paso de los meses se convertiría en un mero títere de todos los grupos de interés que lo sostenían, fue propicio para un “trabajo paralelo” entre el ya rey Juan Carlos y Fernández-Miranda para preparar el cambio político; por otra, la intransigencia y el envolvimiento en el sector más duro del llamado búnker obstaculizó de facto la plasmación del reglamento para las Asociaciones Políticas y otras de sus tímidas reformas iniciales. Con toda seguridad, la supervivencia de Carrero en la Jefatura del Gobierno habría supuesto una extrema ortodoxia franquista en su labor política, pero también una obediencia leal y casi ciega a la figura del sucesor de Franco. La pregunta clave es si con el almirante habría funcionado, como con el resto de las Fuerzas Armadas, el argumento de la obediencia, para hacerle asistir impasible al desmantelamiento “desde dentro” de todas las estructuras políticas e ideológicas del régimen. Los historiadores decidirán.
Lo que no parece discutible desde ningún punto de vista es que la explosión que sacudió el barrio de Salamanca aquella mañana, en vísperas de Navidad, significó el punto formal de partida que precipitó la caída del gran gigante con pies de barro en que se había convertido la España franquista.
"¡Venga, chicos, vale de tonterías!"

Publicamos a continuación, por su interés y valía periodística, el texto completo y sin censuras de una misiva anónima recibida por "El Chico de la Puerta". Advertimos a nuestros lectores que las revelaciones que en ella se realizan pueden provocar colapsos nerviosos y erupciones cutáneas:
Estimado Chico de la Puerta: No podía más. Tenía que remitirle la presente. Al término de la reunión, he terminado con sudores fríos y expulsando espumarajos por la boca. Mi gran relevancia como figura política me impide revelarle mi identidad, así que me disculpará si la narración oculta ese detalle. En primer lugar, debo desmentir algo: los medios de comunicación siempre ofrecen imágenes y testimonios de los momentos formales de las cumbres, pero a puerta cerrada... Yo no pensaba que esto fuese así. Estábamos todos sentados en torno a una preciosa mesa cubierta con terciopelo rojo. Jordi actuaba como secretario, enfrente de mí. Nada más iniciar la sesión, y a punto de comenzar a tratar temas de Estado como la financiación sanitaria o las relaciones bilaterales, Esperanza Aguirre aclaró su garganta, tomo la palabra y gritó como sólo ella sabe hacerlo: "¡Venga, chicos, vale de tonterías!" De repente, y sin que nadie nos hubiera avisado a Jordi o a mí, todos los presidentes empezaron a comportarse de una manera rarísima. Cuando quise darme cuenta, Fraga apenas si respiraba mientras contaba sus andanzas como ministro a los presidentes Martín, Imbroda y Vivas. Mientras tanto, en un corrillo del que ya salían algunos gorgoritos, se encontraban palmeando y cantando por sevillanas Chaves, Rodríguez Ibarra, Valcárcel y Camps, que ya se arrancaba con dos o tres compases sobre la mesa. A esas alturas, si mis cejas se hubiesen arqueado aún más, podrían haberlas tomado de modelo para el perfecto ángulo recto.
Pero eso no era todo: volví la vista hacia la izquierda, y en una improvisada pista de petanca, Maragall e Ibarretxe hacían equipo y competían con Areces y Barreda, quien entre partida y partida tenía tiempo de echar algún parrafito con Iglesias, Matas y Herrera, que discutían acaloradamente sobre la crisis del Real Madrid. Para colmo, los dos Sanz echaban un pulso sobre el terciopelo rojo, ante la atenta mirada de Revilla. En fin, todo un caos. ¡Y así las dos horas! Cuando estaba a punto de concluir la reunión prefijada, todos los presidentes, como si nada hubiese ido con ellos, comenzaron a componerse la ropa, se aclararon las gargantas y volvieron disciplinados a sus lugares. Di por terminado el encuentro y los diecinueve se marcharon a sus respectivas conferencias de prensa. Después de este bochornoso espectáculo, pienso seriamente en presentar mi dimisión irrevocable. Mientras lo decido, le ruego encarecidamente que preserve, como yo lo he hecho, mi identidad.
En la recámara...
- ¡Señora, que se me atascaaaaaaa! o McDonald's y la tercera edad.
La comunicación en la basura
Dicen algunos [cada día me parezco más a mi admirado Azni] que un Comité de Sabios no solucionará los problemas de la televisión española; que las conclusiones de unos supuestos "expertos" ajenos a la realidad televisiva sólo serán papel mojado. Uno asiste atónito a declaraciones de este calado que realizan importantes directivos de las televisiones privadas. Ellos son los que más sabes de la televisión; son ellos los que mejor conocen los problemas, trabajan con ellos. Es más: los fomentan, amparan y defienden. ¿Y son las personas indicadas para hablar acerca del saneamiento de la comunicación televisiva? ¿Es un alto cargo de la cadena de televisión que sostiene A tu lado o Crónicas Marcianas el más indicado para dar razones de sabiduría? Permítaseme ponerlo en duda. Por supuesto, acepto que el esperado informe de los Sabios, que verá la luz a comienzos de 2005, no será la "panacea" que dé solución a todos los males [son también palabras de Lorenzo Milá], pero es previsible que aporte una visión académica y teórica de lo que debería significar en una sociedad moderna un medio de comunicación tan potente como la televisión, haciendo hincapié en la existencia y desarrollo de un grupo comunicativo público. Quizá no está de más un poco de libro en una batalla en la que, si alguien ha perdido, es sin duda el diccionario.En la recámara...
- Un buen día, José Antonio Labordeta gritó en el Congreso de los Diputados "¡Yo tengo la palabra! ¡YO! ¡Gilipollas!"
Rocco Buttiglione: "La homosexualidad es un pecado que revela un desorden moral"
..."pero esto no significa que la homosexualidad requiera un castigo. Si todos los pecados fuesen castigados no habría posibilidades para nadie. El derecho es otra cosa." Pues menos mal que lo ha aclarado. Si no lo hubiera hecho podríamos pensar que es un ultraconservador homófobo e inválido para vicepresidir la Comisión Europea. ¡Ah! ¿Que quien lee estas líneas sigue pensando que lo es después de la disculpa? Pues permítame que le diga, dilecto lector, que está usted en total desacuerdo con Jaime Mayor Oreja, quien anoche aseguraba en una entrevista para Onda Cero que "no entendía por qué hace dos meses se apoyaba a Durao Barroso y ahora no". Aún se desconoce si el bueno de Mayor ha vuelto a perderse alguna votación o si andaba arremangado faenando en la Crisis de Madrid, pero convendría informarle de que el nombramiento del señor Buttiglione ha podido ser el detonante de esa reciente desconfianza. A la espera de la votación de la nueva Comisión, que se producirá hoy, el italiano ha sido propuesto por Barroso como candidato a la Comisaría de Libertad, Seguridad y Justicia. Nadie puede dudar que un autor de frases como las anteriores, discípulo del angelito Berlusconi, nos pueda asegurar una Europa más libre, más segura y más justa; nadie puede osar a dudar eso. Ahora, si lo dudan en la votación los socialistas y los liberales, no sólo no se desestabilizará la Unión [como los agoreros de siempre proclaman] sino que los europeos comprobaremos que la UE es algo más seria que el Barrio Sésamo.En la recámara...
- De su costado salió... sangre y agua... Recordamos a la actriz Janet Leigh
Dueño del mundo

Prometí una valoración tras el visionado de Fahrenheit 9/11, pero no me quedan fuerzas para escribir nada coherente. Los argumentos son tan abrumadores que cualquier cosa que dijese resultaría obvia. Tan sólo pido un grito unánime: ¡un hurra por el dueño del mundo! ¡Hip! ¡Hip!...
Un libro, un túnel, una guitarra
Metro de Madrid, alrededor de las cuatro y media de la tarde de un domingo cualquiera, mes de octubre. Absorto en las páginas del tocho con el que lucho últimamente [España en democracia (1975-2000), Charles Powell], no me percato de que alguien entra en el vagón. Levanto la vista del libro cuando tropieza con mis pies. Sus órbitas en blanco y el bastón con el que golpea el suelo a diestro y siniestro me indican que se trata de un ciego [gran perspicacia la mía]. El susodicho avanza a trancas y a barrancas hasta el centro del vehículo, se para y eleva otro objeto del que yo, hasta ese momento, no me había percatado. Se trata de una pequeña guitarrita de madera, de no más de cuarenta o cincuenta centímetros de alto; comienza a tocarla con gran destreza -el bastón bajo la axila-, aclara la voz y canta con acento sudamericano: Gracias a la vida, que me ha dado tanto / me dio dos luceros... que cuando los abro... / perfecto distingo lo negro del blanco / y en el alto cielo, su fondo estrellado / y en las multitudes, la mujer que yo amo... Tanto el contenido de la canción como la estampa del intérprete invitaban a desencajar la mandíbula en una expresión de sorpresa infinita, y una mirada al vagón confirmaba que el resto de pasajeros tenía la misma impresión. Una vez terminado el tema de Violeta Parra, nuestro amigo desandó sus pasos hasta mi extremo del vagón, pidiendo dinero a cuantos quisieran escucharle. Prácticamente topó contra el fondo y dio media vuelta, de nuevo vagón arriba... Aparte de sentir el típico cosquilleo culpable que recorre mi estómago cada vez que no doy dinero en el metro, esta vez procuré repetirme a mí mismo que jamás escribiría sobre aquello. Soy un hombre de palabra.En la recámara...
- Nos internamos en el sinuoso camino que se adentra en el amor y en el sexo
Que decía llamarse Patricia

Cuando Jaime subió por primera vez la vieja escalera, pensó que si alguien le preguntaba, no acertaría a decirle qué hacía allí. Al fin y al cabo, la idea de aprender inglés no había sido suya. La abuela se había empeñado, y claro, según andaba la señora con las piernas durante la última semana, cualquiera decía que no... Al pisar el último peldaño, se lamentaba Jaime de que la academia estuviese tan lejos de su casa; normalmente no le importaba utilizar cualquier excusa para dejar los libros sobre la mesa y darse una vuelta, pero eso no era exactamente lo mismo. Además, esa tarde de otoño estaba resultando bastante lluviosa, y la chaqueta fina de entretiempo, de un gris oscuro muy elegante, empezaba a abrigar más bien poco. Todo esto refunfuñaba el chico mientras la vieja tarima crujía bajo sus pies. Al fondo, una recepcionista con cara de no haber visto el sol en toda su vida [a juzgar por la blancura de su piel], hablaba nerviosa por teléfono mientras jugueteaba con un bolígrafo mordisqueado. Tras actualizar los trámites pertinentes, el manojo de nervios indicó a Jaime dónde se encontraba el aula. Si el ceño pudiese fruncirse hasta límites insospechados, nuestro protagonista se habría tropezado con el suyo. De hecho, un par de profesoras que se cruzaron con él por el angosto pasillo estuvieron tentadas de pararse y preguntarle si le dolía algo. No pasó mucho tiempo antes de que Jaime mudase su gesto. Bastó que comprobase que, junto a él, en la aburrida clase del profesor Thornton, aula 202, se sentaría un ángel de ojos verdes que decía llamarse Patricia.
En la recámara...
- La decisión de ponerse un piercing en Todos somos bosquimanos
"¡Sinvergüenza!"
No sé si debemos enorgullecernos de que la palabra del titular resuene en las paredes de nuestro Congreso de los Diputados. A los lectores corresponde juzgar si su destinatario la merece o no, pero quizá el foro no es el más adecuado para este tipo de cariñosos apelativos. Federico Trillo estuvo muy cerca de los familiares de las víctimas del Yak-42 el pasado jueves. Nos referimos, naturalmente, a cercanía física. Los gritos e improperios que se dedicaron al ex ministro de Defensa desde la tribuna de invitados hablaban por sí mismos. Y no decían cosas bonitas. Palabras muy duras y oídos muy duros. Bono demostró documentalmente que se eligió el avión tristemente siniestrado en función del ahorro que el ministerio conseguía con el cambio; Trillo culpó a los militares de todos los errores. Por una vez, el capitán abandona el barco antes de que se hunda. Quizá no es cuestión de que abandone su acta de diputado [al fin y al cabo la consiguió tras la denuncia pública de su actuación durante la gestión del accidente], pero sí puede hacer otra cosa; sí podemos exigir otra cosa: un profundo descrédito a la figura de Trillo en tanto en cuanto no reconozca su responsabilidad [que si no fue total, en modo alguno puede rechazarse]. De Zaplana prefiero no hablar; si lo hiciese tendrían que desinfectar con lejía Conejo todas las pantallas de ordenador a las que llegase este texto. Y ahora que entra en vigor el Tratado de Kioto, no vamos a contaminar por contaminar.En la recámara...
- Entramos en los pensamientos de Mariano Rajoy y descubrimos qué piensa cuando mira a sus militantes
La ministra del ladrillo, una ministra-losa
María Antonia Trujillo mira a sus interlocutores como el reo al tribunal; con la legítima e ingenua esperanza de que alguien esboce una amplia sonrisa y le confiese que todo ha sido una broma, que esto de ser ministra no iba en serio. Y lo peor de todo es que es precisamente eso lo que parece, que todo no es más que una gigantesca broma. La ex consejera del Gobierno extremeño de Juan Carlos Rodríguez Ibarra anuncia y desmiente, confirma y desautoriza con una facilidad pasmosa; mientras tanto, los jóvenes no podemos aún permitirnos un acceso digno a la vivienda, la especulación campa por sus respetos porque ancha es Castilla y los votantes aguardamos con paciencia, de brazos cruzados, el cumplimiento de las promesas. Es en las cuestiones económicas de plasmación material en las que Zapatero se la juega. La dificultad de adoptar medidas del estilo de la ampliación de derechos civiles es únicamente social [de cambio de mentalidad, alabamos la valentía]; por el contrario, la dificultad de construir 40.000 viviendas [porque fue tras el 14 de marzo cuando se convirtieron en soluciones habitacionales] es de ajuste del presupuesto, de reparto del dinero de todos. Lo dicho, seguimos de brazos cruzados, y la ministra cambiando al ministerio de sede.En la recámara...
- ¿Hiperdemocracia u obcecación? A vueltas con la llamada "violencia de género"
Aquellos que no deben ser nombrados

El Periodismo es el peor oficio del mundo. Lo dice un periodista. ¿Por qué? Porque es el más criticado. Haga lo que haga, publique lo que publique, un periodista siempre estará en el centro de mira del conjunto de la sociedad. Sin poder saber nada, teniendo que argumentar sobre todo. Por eso digo que es el peor, porque hasta de los enterradores se dice: "pobrecito, es un trabajo muy digno". La cuestión que hoy nos ocupa es muy particular y muy controvertida. Lo primero que podríamos pedir es una reflexión silenciosa. Vamos a mirar todos [y con todos me refiero a los que, por una cuestión o por otra, nos enfentemos a este artículo], vamos a mirar, decía, la fotografía que corona estas palabras. Observémosla fijamente, apreciemos con cuidado que la escena no se produce lejos de nosotros, ni en el tiempo ni en el espacio. Que la sangre esparcida por el suelo, que mancha la pared y el cuerpo de su portadora, una mujer inocente, un día circuló llenando a esta última de vida. No se nos altere el pulso al tolerar la amabilidad cultural que emborrona los rostros de los protagonistas. Sintamos el frío mortal que desprende la fotografía. Y entonces, sólo entonces, opinemos sobre si la imagen debería o no ser mostrada en un medio de comunicación. Muchos editores y directores de medios se enfrentan al ejercicio que acabamos de realizar; y lo hacen cada día, con cada masacre que se produce. Y con mucha sangre fría, y con un heroísmo moral que yo pongo en tela de juicio deciden ahorrarnos tan [reconozcámoslo] desagradables estampas. Lo diré una vez más, y espero no cansarme: es mostrando a los muertos como se denuncia a los asesinos. Las masacres de algodón y agua oxigenada sirven para legitimar a quienes asesinan, puesto que consiguen que sucumbamos ante el miedo, que el enemigo se agigante en nuestras mentes. No. Veamos a nuestros muertos.
P.D.: Siempre se oirá la voz de un representante de las familias de las víctimas, a quienes hago llegar todo mi calor y aprecio, condenando a quien muestra a su familiar de tal manera. Dos apuntes a esto: a) seamos conscientes de que los medios son más chachis cuantas más voces de grupos sociales introduzcan en su parrilla [intolerable]; b) estaremos de acuerdo si decimos que quien ha perdido a un ser querido no tiene la frialdad suficiente como para enfrentarse objetivamente al problema.
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Desde "El Chico de la Puerta" se realiza un estrecho control cuasi parlamentario al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Como puede comprobarse en los archivos, se analiza cada propuesta, cada declaración o cada actitud de los componentes del Ejecutivo. Valga como prueba la imagen de la derecha. En ella se puede ver al hoy Presidente ofreciendo un mitin electoral, el pasado 4 de marzo, en la Universidad Carlos III de Madrid. Atención, pregunta: ¿es casual la asistencia al acto electoral del director de este weblog [en la foto, a la izquierda de Zapatero]?El sueño y la distorsión
El pasado domingo 17, a eso de las dos de la tarde, llegaba a la redacción de la agencia Europa Press un artículo de opinión de la periodista Curry Valenzuela. Este escrito versaba sobre la imputación de varios cocineros vascos como consecuencia de las declaraciones de un presunto etarra, según las cuales los restauradores habrían pagado a la banda terrorista ETA el llamado impuesto revolucionario. Valenzuela criticaba con dureza la cobardía de Arzak, Arguiñano, Subijana y Martín Berasategui. No podía entender cómo podían financiar a unos asesinos en lugar de resistir ante el chantaje como tantos otros. Concluía su pieza con una macabra ironía: algo así como que debemos ser conscientes de que cada bocado que probásemos y pagásemos en sus restaurantes estaría destinado a financiar el asesinato de inocentes. Llamaba, en definitiva, a no visitar los locales de los cocineros. Y lo mejor de la historia, lo que realmente deja pasmado a quien se moleste en darle una vuelta al asunto, es que esta señora, satisfecha por sus líneas, durmió tranquila la siesta de ese domingo, soñando con los laureles del periodismo. Es deprimente la perversión de una profesión tan noble como la de los informadores. La señora Valenzuela concede credibilidad a un presunto terrorista que afirma, estrictamente, que se ha exigido una cantidad de dinero a los mencionados; ¡ni siquiera confirma que se haya realizado el pago! Los cocineros son juzgados y profesionalmente ahorcados por una periodista que, desgraciadamente, no es un fenómeno aislado. Pertenece a un grupo de "profesionales", claramente alineados ideológicamente. Son esos que dicen, y después duermen la siesta de los domingos tranquilos, que todos los terrorismos son iguales.Llevamos en el alma cicatrices

América significa muchas cosas para los españoles. Cuando cerramos la semana del 12 de octubre, de su celebración y de su denuncia, de los sentimientos encontrados acerca del Descubrimiento de 1492, quizá deberíamos preguntarnos cómo son las relaciones entre los hermanos transoceánicos [y no nos referiremos a Aznar y Bush, prometido]. Madrid es, cada día un poco más, la embajada de Hispanoamérica en Europa. Se está produciendo el curioso hecho de que el flujo humano que un día hizo el viaje de ida, ahora vuelve con fuerzas, ansias e influencias renovadas. Muchos critican una invasión, otros remarcan la oportunidad. Entre unos y otros, se encuentra esa población que acude indefensa a los brazos de una metrópoli, si no política en lo formal, sí con ascendencia en lo moral. Debemos plantearnos como objetivo prioritario pensar, al menos por un momento, en la realidad de España como símbolo, como guía y como garante de que lo que un día comenzamos pueda llegar a buen puerto. Somos culpables de una gran injusticia: hicimos saltar de golpe más de 1500 años a unas civilizaciones inocentes por el mero hecho de la evangelización. Tenemos obligaciones para con ellos. No lo olvidemos.
Puta
Lo miré de arriba abajo. Parecía como todos los demás, era uno de ellos. No podía ocultarlo. su coche olía a cuero, el mismo cuero de todos los cueros de todos los asientos, de todos los coches. Maquillé mis mejillas y retoqué mis labios en un espejo bastante parecido a todos los anteriores, a veces me parecía el mismo, el mismo de siempre. Farolas pasaban a un lado y al otro, tras los cristales. Su mano viajaba de la palanca de cambios a mi rodilla tan fácilmente como el vehículo penetraba en la noche oscura de la periferia de la capital. Las palmadas en mi trasero indicaban que ya ascendíamos las escaleras de su chalé; como otras veces, solitario; como en tantas ocasiones, con restos de otra mujer que estaría con sus hijos, de nuevo con su madre o quizá muerta; a mí eso no me importaba. Follamos durante toda la noche, a eso no se le puede llamar "hacer el amor". Porque yo no hacía nada. Porque yo no amaba. Él tampoco. Lo último que recuerdo es un alba amarga. Él yacía a mi lado, babeaba desafiando al amanecer con sus resoplidos. En el extremo opuesto del colchón, mis lágrimas empapaban el parqué, que parecía recién abrillantado. Me incorporé, y al sentarme en el borde de la cama, el primer rayo de sol iluminó mis pestañas postizas.Los pasos aparentemente perdidos de Esperanza

¿Ha terminado el futuro?
En los albores del siglo XI, alrededor del año 1000, los habitantes del mundo conocido temían un Fin de la Historia en el que Dios Todopoderoso culminaría los siglos con su Juicio Final, descrito en el Apocalipsis. Mil años después, no faltaron los agoreros presagios de catástrofes naturales [nuestro nuevo Dios], impactos planetarios y otras tragedias hollywoodienses, que se vieron firmemente contestadas en 2001 por un día 2 de enero, y un 3, y un 4... Aparte de las diferencias entre los distintos temores que acabarían con nuestra existencia, los dos momentos históricos presentan una diferencia sustancial. Hace diez siglos, se caminaba irremisiblemente hacia el mencionado Juicio con la vista al frente y la cabeza alta, se perseguía un objetivo. No ha sido así en el siglo XX. La mera sucesión de guarismos nos hacía poner la vista en un redondo 2000, que situábamos en el límite de lo insospechado, en el comienzo de las odiseas espaciales; pero no teníamos un fin concreto, no había un destino, para el hombre contemporáneo no hubo una meta. Y sigue sin haberla. Los humanos no conseguimos divisar el fin de un tiempo que no sólo es extraño por lo que tiene de nuevo [al fin y al cabo, todas las eras han sido nuevas alguna vez], sino también por el afán que todos manifestamos de situarnos en el fin de la Historia. De ser insuperables, precisamente en el umbral de los mayores descubrimientos que jamás se hayan llevado a cabo. Nos parece que los años se van tejiendo a trompicones, a fuerza de guerras, a golpe de periódico, y nos aferramos a los símbolos como si de reconfortantes mojones se tratase [véase 11/09/01]. ¿Hasta cuándo el buceo por la Postcontemporaneidad?La pieza armada

¿Para qué sirve un ejército? Los entendidos podrán, seguro, dar muchos argumentos a quien pregunte para justificar la existencia de un cuerpo armado en el Estado español: desde las amenazas exteriores a las misiones de ayuda humanitaria, pasando por la creación de una imagen de marca querida y admirada en el mundo. Por mi parte nada que objetar, no soy un integrista de la eliminación de los rescoldos de la Historia. Tolero los símbolos, entiendo su función. El día de ayer pone los pelos de punta a mucha gente, les hace rechinar los dientes... pero hay que entender lo que hay que entender, y hay que leer mucho sobre la historia reciente de España. Y entonces quizá se comprenda toda la parafernalia del Paseo de la Castellana; tal vez entonces se comprenda la bandera, las armas, los uniformes, el capellán, la tribuna real... No debemos ser integristas. El Ejército español, es cierto, cumple la función clara de la defensa de la soberanía del pueblo español. Cuando vivimos en un mundo globalizado e interconectado, donde parece que no existen las fronteras, caemos en la cuenta de que a la hora de enfrentarnos a un 11-M, nos gustaría que fueran bien altas y espinosas. Y hasta agradecemos el gustito interior que nos da saber que los soldados vigilan las vías del AVE; hasta esas declaraciones de Bono en las que afirma que nuestras legiones son las más queridas de entre todas las patrias. Por eso, sólo por eso, merece la pena ver desfiles. Y ver abrazos Azul-Leclerc. Sin justificar nada, sólo contemplando y abrazándose, nada más.
Un respiro
Hola, este es el número de teléfono de El Chico de la Puerta. En este momento no puede atenderte. Se encuentra descongestionando sus neuronas durante el puente de la Fiesta Nacional. Volverá a estar disponible el miércoles día 13 de octubre al filo de la medianoche. Hasta entonces, y si quieres, deja tu mensaje después de la señal. Biiiip.
Frío

A veces no es sólo una sensación. El frío también se presiente. Te despiertas, saltas de la cama, vuelves a sentarte, te despabilas. El frío aún no está allí. Te diriges hacia la ventana, subes la persiana y contemplas la calle con una expresión de somnoliento estupor. Tocas el cristal. Está frío. Abres. Sacas un brazo. Lo metes. Frío. Sacas medio cuerpo, respiras, miras al cielo. Sí, frío, octubre. Vuelves y cierras. Y abres. En la ducha, frío; esperando el autobús, un mar de bufandas. Vaho y lluvia. Pañuelos. Frío y más que frío. No hay sonrisas.
Lo que importa es cuánto vale el pollo
Dicen las malas lenguas que cuando Pedro Solbes aceptó formar parte del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en Ferraz contrataron a Penélope Cruz para que, en la puerta y con mucha vigorosidad, gritase aquello de... "¡Pedrooooo!". No era para menos. El Ministro de Economía y Hacienda [y además, Vicepresidente segundo, ahí queda eso] ya lo fue con Felipe González, y contribuyó definitivamente a frenar la crisis galopante del 92, derivada del petróleo y la primera guerra del Golfo, para allanar el camino a Rodrigo Rato. Por si esto fuera poco, ha sido el férreo guardián del equilibrio presupuestario en Europa desde su comisaría de Asuntos Económicos, justo durante los meses en que el euro llegó a nuestros bolsillos. En fin, que Solbes no era un cualquiera, y eso ZP lo sabía muy bien. Vaya si lo sabía, cómo no lo iba a saber: tuvo que sacrificar la vicepresidencia de un abnegado escudero como Caldera en virtud de la cuadratura del círculo [que son las cuentas públicas] y de mi amiga la paridad [que no es la vecina del tercero]. ¡Vaya si lo sabía y lo tuvo en cuenta! A mi modo de ver, el leonés hizo el siguiente razonamiento: "ahora que llego, a los españoles no les costará volver a votarme en 2008, puesto que pienso cumplir íntegramente mi programa electoral [aún está por ver], pero la Economía... la Economía es el punto fuerte del PP [este miércoles lo reconoció ante el Pleno del Congreso]. Ahí no podemos fallar." Y en esas estamos, y por ello, uno de mis famosos vaticinios: si con Zapatero sube el paro, si con Zapatero se encarece la vida, ya se dará cuenta el Presidente de que, a la larga, y por muy duro que suene, la gente no piensa en lesbianas, ni en divorcios, ni en trasvases... Lo que importa es cuánto vale el pollo, y si trabajamos para poder pagárnoslo. Ánimo.El príncipe que lloraba
Érase una vez un reino muy pequeño llamado Retoria. Tan minúsculos eran los dominios retóricos, tan estrechas sus calles y tan ínfimas sus llanuras, que con los brazos extendidos casi podía medirse la mitad del territorio nacional. En el diminuto reino de Retoria, como en todo reino que se precie, había un rey; y ese rey, como en cada cuento, se hallaba casado con una reina; y esa reina y ese rey, para poder comer perdices, y en consecuencia ser muy felices, tuvieron que engendrar a un hijo, al príncipe Filiberto. El joven aspirante a monarca tuvo una infancia relativamente feliz, jugaba con los otros seis niños del reino y acudía a la escuela con ellos porque, a la sázón, sólo había un maestro en Retoria. Así pasaron los años, y más años, y otros cuatro o cinco años más, hasta que Filiberto llegó a alcanzar la edad casadera. Y claro, ni los personajes de los cuentos se libran de las revoluciones hormonales, de las ganas de retozar en algún que otro colchón... La primavera despertaba con su 18 cumpleaños, y ese mismo día, esa misma mañana de abril, se dio cuenta el principesco joven de un dato más que relevante: en Retoria no había aspirantes a princesa. Las únicas mujeres súbditas eran lo suficientemente viejas como para no poder engendrar y lo suficientemente feas como para no gustar a Filiberto, así que el pobre sólo pudo ponerse a llorar. ¡Nadie sabía cómo consolarlo! Las relaciones exteriores de Retoria no eran muy prósperas, puesto que se hallaba rodeado por el gran imperio de Gigantia, que deseaba anexionarse el minúsculo reducto. Nada parecía poner fin al regio llanto hasta que, un buen día...¿Cómo crees que termina el cuento?
Entré preocupado y salgo menos preocupado

Yo, como dice Rajoy, me equivoco muchas veces. Es más, cambio de opinión muchas veces, incluso durante un mismo día o a lo largo de una conferencia. Y no lo considero estrictamente negativo; al contrario, ser maleable [sin ser excesivamente influenciable o marioneta] puede significar una disposición de construirse gracias a las constantes aportaciones de los demás. Mi texto de hoy no es una disculpa o una rectificación en sentido estricto. Lo entiendo como un avance o, digámoslo de esta manera, como un paso más hacia el conocimiento absoluto, que sólo se obtiene cuando se mira cara a cara a la muerte.
Después de la entrevista en TVE al Presidente Nacional del Partido Popular, he sentido ese regusto extraño de los cambios; como un picor en la nuca que indica el movimiento de algunos esquemas mentales. Y ciertamente ha sido así. No he visto en la pantalla de mi televisor al Mariano del domingo, mitinero y tostado por la crítica feroz al Gobierno. Más allá de esa actitud, que se tiene que entender en su contexto, ante mí [y supongo que ante los demás telespectadores] ha aparecido por primera vez un verdadero líder, que reconoce los problemas, que afirma creer que quizá no ha dialogado suficientemente, que admite voces disonantes en un partido unido y que expone todo un programa de gobierno [ahora de oposición] con coherencia y firmeza. Por encima de afinidades y simpatías, Rajoy ha comenzado a caminar por el camino inteligente de la derecha moderna, y si no se desprende de ciertos lastres, es porque sencillamente no puede. Porque lo hará en el trayecto, porque todo cae por su propio peso.
¿Son estas líneas un canto de alabanza al PP? En absoluto. Es un beneplácito a su máximo dirigente, que se muestra flexible, dialogante y comprensivo. Si no me gustan sus lugartenientes... tampoco me gustan algunos lugartenientes del Presidente, y creo en su proyecto renovador. Demos tiempo a que todas las piezas se asienten. Y reconozcamos que, entre unas cosas y otras [y con la única e imprescindible excepción de 192 muertos] hemos salido ganando; en muchos sentidos.
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El viejo político cabecea sobre el atril. "Descanse un poquito, presidente." "No." "Venga, un poquito." "¡He dicho que no!" Fraga apenas tiene fuerzas para continuar con su discurso, pero las saca de donde no las hay para hacer valer su voluntad. El ministro de Franco, el fundador de Alianza Popular y el veterano presidente de la Xunta de Galicia se unen en un sólo hilo de voz para pronunciar esa negación. Como en un régimen gerontocrático en el que se adora hasta el extremo a lo que ya sólo es un espejismo de lo que fue, la patética imagen de Fraga Iribarne dando cuenta de su gestión al frente de Galicia ocupa el centro de un hemiciclo silencioso. Un parlamento que tarda casi medio minuto en darse cuenta de que el gran jefe apenas puede balbucear el final de su discurso. ¿Y de quién es la culpa? ¿A quién cargamos con la responsabilidad de que don Manuel [o don Karol Wojtyla, que el caso es similar] continúen influyendo sin poder controlar ni la sartén ni el mango? Pues, señores míos, a los que consienten que no depongan su actitud. A los que sostienen que está en su mano seguir o no. Si el Partido Popular quiere dejar tal grado de libertad a su Presidente Fundador, debe anteponer a ésta la conmiseración humana que se siente ante el dantesco espectáculo del desmoronamiento del siglo XX en nuestras pantallas de televisión.De su costado salió... sangre y agua...

El hombre, ser morboso por naturaleza, tiende a confirmar esta condición en las más diversas ocasiones. Cuando se le comunica la muerte de un semejante, mucho antes de ofrecer al más afectado sus condolencias o de interesase por aspectos más circunstanciales, tiende a preguntar con una avidez zorruna: ¿Y de qué ha muerto? Esto, no obstante, sólo funciona con los seres grises, esos que vemos cada día en la calle, en las carreteras e incluso en nuestra propia casa. Pero no con las estrellas, y menos con la que nos ocupa. Cuando nos enteramos de la muerte de Janet Leigh, no nos importó en absoluto el motivo del fallecimiento. En nuestras retinas, la pobre Janet había muerto ya muchas veces, y cualquier deceso horrible y sanguinario no podía saciar más nuestro apetito libidinoso que el traumático suceso que conocíamos. Un cuchillo que jamás llegamos a ver resbalaba por la carne magra y blanquecina de Marion Crane en el Motel Bates: era la ruptura de la virginidad de un espacio privado como el cuarto de baño. Tras Psicosis, ya nadie volvió a ducharse con la confianza burguesa de los felices cincuenta. De repente, las cortinas de baño se convirtieron en débiles fronteras entre la seguridad y un abismo desconocido, caliente y vaporoso, más allá de nuestro dominio. Todos vimos su sangre, oscura, caliente y espesa, desaparecer por el insondable agujero del desagüe, contrastando con el inmaculado fulgor de una bañera blanquísima, mezclándose con el agua purificadora. La vida, amiga de las ironías, ha querido que Janet Leigh muriese, de una vez para siempre, por una inflamación de sus vasos sanguíneos. Como si la sangre, impaciente, quisiese derramarse en un último papel estelar.
Cal viva en la boca
José María Aznar (tono mitinero):Quiero decir que no me importa que un señor diga que tengo doscientos cadáveres a las espaldas. Él sabrá cuántos cadáveres llevan en su cuenta sus amigos, esos a los que ese señor ampara y anima. Y desde luego, quiero decir, con la cara bien alta y las manos bien limpias, que ni yo ni ninguno de nosotros hemos usado nunca cal viva para encubrir ningún asesinato. ¡Nunca!
El Chico de la Puerta (tono más mitinero):
Quiero decir que este señor puede ser denunciado en una comisaría por acusaciones infundadas de asesinato. Desde luego, quiero decir aquí hoy que las personas a las que la Justicia consideró culpables de los brutales e injustificables asesinatos de los GAL, cumplen ya su condena. Amigos y amigas, estad seguros de que sentirse amedrentad@ por el señor que acaba de hablar es insensato e inútil. Un ex presidente del Gobierno, por el hecho de serlo, no dicta la situación de la frontera entre el bien y el mal... ¡y este señor no nos lo va a imponer! ¡No nos lo va a imponer! ¡No! Por último proclamar aquí, ante todos vosotros, que nunca diré que lleve doscientos cadáveres a su espalda. Lo que lleva colgando es la torticera intención de subvertir la opinión pública en propio provecho. No sé si los demás lo hicieron... pero él sí. ¡Él sí!
Sonata de amor secretamente confesado
La tarde caducaba entre jirones rosas de nubes lejanas. Por el parque se extendía ya ese frescor otoñal del anochecer que acaba por vencer a los días despejados, como el gélido aliento de un invierno que se avecina. Ella tiritaba mientras sostenía las manos de él entre las suyas. "No quiero perderte" -le susurró entre sollozos. Pero él sólo podía callar, mirar las primeras estrellas que se desperezaban en el caldo turbio del cielo. Todavía con la cabeza alzada hacia el firmamento, sin mirarla, él preguntó: "¿Qué es para ti el amor?". Los labios de ella temblaron sin dar con la respuesta adecuada, hasta que, atropelladamente, contestó: "Para mí el amor eres tú". Él continuó en silencio por unos instantes. Finalmente, tornó a mirarla a los ojos y pronunció serenamente: "Para mí el amor también soy yo, por eso sufres... por eso me voy". Sobre sus cabezas, las hojas aún verdes del chopo cantaban el himno del viento.Performance de madrugada

Quienes poníamos el despertador a las dos y media de la mañana no estábamos aún en octubre. Nuestra mente volaba más allá del gran océano, hacia un país en el que el vinícola septiembre aún daba sus últimos coletazos. En la península de Florida, dos hombres se jugaban su destino. Descrito así, el debate Bush-Kerry suena completamente hollywoodiense, y no es para menos. El espectáculo que contemplaron sesenta millones de personas fue una ingeniosa y perfectamente calculada máquina de hacer dinero [en forma de aprovechamiento de fondos públicos a la llegada al poder, claro], con toda una puesta en escena digna de cualquier dramón cinematográfico. El único reducto de realidad que se pudo observar sobre el escenario de la Universidad de Miami fue el rostro serio del candidato demócrata al esforzarse al máximo declarando su firmeza y única postura ante el conflicto de Irak. Fue casi creíble. En cuanto a su contrincante, digamos que decepcionó. Sí, que se comportó de manera... ¡demasiado normal! Muchos espectadores esperábamos ansiosos a que George se arrodillase ante las cámaras para simular que buscaba las armas de destrucción masiva, que se acodase en el atril como los vaqueros cuando se apoyan en su caballo... Por el contrario, sólo obtuvimos de Bush alguna que otra gracieta y media sonrisa. Era indignante levantarse para eso. Sólo cartón piedra, moqueta roja, mueca fácil, un moderador-director de orquesta. Al final, rozando ya las cuatro y media de la mañana, uno esperaba que cayesen los inmensos paneles azules y que dos decenas de guapas bailarinas vestidas de blanco coreasen al guiñol de George Bush cantando New York, New York. Pero como suelen decir mucho últimamente en el Real Madrid, no pudo ser.
¿Deberían las parejas homosexuales poder adoptar niños?
Con esta pregunta deberían subtitular los boletos de la Primitiva, porque quien tenga la respuesta puede considerarse rico en sabiduría, templanza y mesura. Si la propuesta gubernamental de regular el matrimonio entre personas de un mismo sexo ha levantado ampollas, el hecho de que un niño pueda legalmente tener como tutores a dos padres o a dos madres ha encendido hasta los ánimos más templados. Lo curioso es que ambas partes, a favor y en contra, son abanderadas en la cruzada a favor de la estabilidad psicológica y el bienestar de los pequeños. ¡¡Todos saben lo que es mejor para ellos!! Y no sé si debemos estar tan seguros... Empezaremos por lo obvio. Si los hombres [animales desarrollados] tenemos penes y vaginas como instrumentos de reproducción, es que la Naturaleza, con esa sutileza que le caracteriza, nos está indicando distraídamente el mecanismo para que nazcan más hombrecitos. Ahora bien, el carácter de animal sobreevolucionado que nos convierte en seres humanos explica un par de cosas. La primera, que nuestra afectividad se extienda más allá de los límites de la reproducción. Y es que no entender este punto, que cada vez menos gente duda, sería situarse al lado de organizaciones como la iglesia católica [he decidido escribirlo con minúsculas], que se aferran a un derecho natural antediluviano y señalan con dedo acusador a quien traspase la línea. La segunda, que la reflexión sobre nosotros mismos y sobre las demás especies nos muestre que "una familia normal", como a mucha gente se le escapa de la boca, es casi una rareza en el mundo animal, sólo un producto cultural, nada más... Por tanto, y ya que varios estudios han demostrado una absoluta normalidad en el desarrollo de los hijos de homosexuales, apostemos por los modelos de la felicidad.




