La ministra del ladrillo, una ministra-losa
María Antonia Trujillo mira a sus interlocutores como el reo al tribunal; con la legítima e ingenua esperanza de que alguien esboce una amplia sonrisa y le confiese que todo ha sido una broma, que esto de ser ministra no iba en serio. Y lo peor de todo es que es precisamente eso lo que parece, que todo no es más que una gigantesca broma. La ex consejera del Gobierno extremeño de Juan Carlos Rodríguez Ibarra anuncia y desmiente, confirma y desautoriza con una facilidad pasmosa; mientras tanto, los jóvenes no podemos aún permitirnos un acceso digno a la vivienda, la especulación campa por sus respetos porque ancha es Castilla y los votantes aguardamos con paciencia, de brazos cruzados, el cumplimiento de las promesas. Es en las cuestiones económicas de plasmación material en las que Zapatero se la juega. La dificultad de adoptar medidas del estilo de la ampliación de derechos civiles es únicamente social [de cambio de mentalidad, alabamos la valentía]; por el contrario, la dificultad de construir 40.000 viviendas [porque fue tras el 14 de marzo cuando se convirtieron en soluciones habitacionales] es de ajuste del presupuesto, de reparto del dinero de todos. Lo dicho, seguimos de brazos cruzados, y la ministra cambiando al ministerio de sede.En la recámara...
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