Un libro, un túnel, una guitarra
Metro de Madrid, alrededor de las cuatro y media de la tarde de un domingo cualquiera, mes de octubre. Absorto en las páginas del tocho con el que lucho últimamente [España en democracia (1975-2000), Charles Powell], no me percato de que alguien entra en el vagón. Levanto la vista del libro cuando tropieza con mis pies. Sus órbitas en blanco y el bastón con el que golpea el suelo a diestro y siniestro me indican que se trata de un ciego [gran perspicacia la mía]. El susodicho avanza a trancas y a barrancas hasta el centro del vehículo, se para y eleva otro objeto del que yo, hasta ese momento, no me había percatado. Se trata de una pequeña guitarrita de madera, de no más de cuarenta o cincuenta centímetros de alto; comienza a tocarla con gran destreza -el bastón bajo la axila-, aclara la voz y canta con acento sudamericano: Gracias a la vida, que me ha dado tanto / me dio dos luceros... que cuando los abro... / perfecto distingo lo negro del blanco / y en el alto cielo, su fondo estrellado / y en las multitudes, la mujer que yo amo... Tanto el contenido de la canción como la estampa del intérprete invitaban a desencajar la mandíbula en una expresión de sorpresa infinita, y una mirada al vagón confirmaba que el resto de pasajeros tenía la misma impresión. Una vez terminado el tema de Violeta Parra, nuestro amigo desandó sus pasos hasta mi extremo del vagón, pidiendo dinero a cuantos quisieran escucharle. Prácticamente topó contra el fondo y dio media vuelta, de nuevo vagón arriba... Aparte de sentir el típico cosquilleo culpable que recorre mi estómago cada vez que no doy dinero en el metro, esta vez procuré repetirme a mí mismo que jamás escribiría sobre aquello. Soy un hombre de palabra.En la recámara...
- Nos internamos en el sinuoso camino que se adentra en el amor y en el sexo
Comentario:
Gracias por leer mi 'tocho', aunque posiblemente sea demasiado denso para el metro.
Charles Powell
Charles Powell
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Insomne perdida: Perdona el gigantesco retraso en responderte, pero no tengo ojos para todo jejeje Gracias por tu alabanza de la anécdota, la verdad es que vivirlo en directo fue surrealista. Daban ganas de comprarle al buen señor un flexo, a ver si decía lo del lucero con razón. Un beso y vuelve cuando quieras.
Comentario:
Esta anécdota es de colección!!! Bien hecho que seas un hombre de palabra y que no escribieras esta historieta bien de cómic bien de un cortometraje... Vamos, un gag genial para una obra de teatro.
Ese señor, el susodicho ciego,... Vamos digo yo que alguien se lo habrá dicho ya (que es ciego, y que no hay mucho lucero que luzca) jiji no?
Ese señor, el susodicho ciego,... Vamos digo yo que alguien se lo habrá dicho ya (que es ciego, y que no hay mucho lucero que luzca) jiji no?
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Agua: ¡Con todo lo que me doblo y me desdigo! Si es que... no tengo término medio. O soy muy ruin, o muy canalla.
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¡Así me gusta Chico! que te dobles cuando haga falta, y que te faltes a tí mismo, para no ser tan importante y poderse reir de uno mismo con ganas.
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Cornelio: Prometo informe detallado. STOP. Gracias por comentario. STOP. ;)
Comentario:
La palabra a veces se rompe. Yo tampoco doy dinero en el metro, por sistema y porque casi siempre ando pelado. Y también me siento un sucio burgués culpable. Pero me obligo a mirarles a los ojos, no entierro el rostro entre las páginas del libro que esté leyendo, como tantas otras veces hice. Al menos, no me siento cobarde.
P.D. El libro de Powell me gustó, es bastante objetivo, tanto en la época de Felipe como en lo que narra del aznarismo. Ya me dirás qué te parece a ti. Un saludo.
P.D. El libro de Powell me gustó, es bastante objetivo, tanto en la época de Felipe como en lo que narra del aznarismo. Ya me dirás qué te parece a ti. Un saludo.





