logotipo

img_google

El Chico de la Puerta

La mirada de hoy















El Chico de la Puerta
El fotograma

La tentación vive arriba
Billy Wilder, 1955
Apuntes al margen
El mito erótico de Marilyn Monroe alcanza su cénit en esta cinta. Los aires cargados y fétidos del metro consiguen alzar el velo blanco que todo el mundo deseaba arrancar a dentelladas. Aparte de esta escena, que tiene más de leyenda que de verdaderas emociones eróticas, nos encontramos ante una película especialmente dulce. Un "rodríguez" con su casa vacía en verano, una vecina explosiva y ciertas dosis de Rachmaninov forman una combinación digna de disfrutarse con un buen champán y, por supuesto, con una bolsa de patatas fritas.
Guías de viaje
El chico

Por qué este weblog
Porque desde la puerta se puede ver lo que está fuera... pero también lo que está dentro. "El Chico de la Puerta" es un mirador que se ocupa de la actualidad política y social, de la reflexión y las artes. Es otra mirada sobre los asuntos que a todos nos rodean. En definitiva, un pequeño teatro.
Quién es el Chico
David Martos nació en Madrid una tarde de enero de 1984. En la actualidad, cursa estudios de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. Trabaja en el departamento de Internet de la agencia de noticias Europa Press. En su tiempo libre, se dedica a la actuación teatral y la escritura dramática [cuenta ya con varios premios], la lectura, los viajes, el cine clásico y su principal pasión: discutir.
 
Carrero Blanco: ¿una oportunidad perdida?
Fue precisamente Arias el responsable de la seguridad de Carrero como Ministro de la Gobernación (...)Es jueves, 20 de diciembre de 1973. Una explosión provocada por la banda terrorista ETA se produce en la calle Claudio Coello de Madrid al paso del coche oficial del presidente del Gobierno de España. El almirante Luis Carrero Blanco fallece prácticamente en el acto, después de que el vehículo saliese despedido a causa de la deflagración y aterrizase aparatosamente en la cornisa del patio interior de un edificio de viviendas. Algunos de los facultativos que intentaron, sin demasiado éxito, reanimar al jefe del Gobierno, llegarían a declarar que, bajo el abrigo, el cuerpo de Carrero “estaba como vacío por dentro”. Y así quedaba el panorama político dibujado con minuciosidad por Franco: vacío. Desde junio de ese año de crisis mundial, el Generalísimo de todos los Ejércitos había delegado de manera efectiva ciertos poderes de los que su persona reunía en la figura de un nuevo componente del sistema: un presidente que encabezase el Consejo de Ministros y que tuviese en su mano los resortes ejecutivos básicos, siempre al dictado de lo que dispusiese el Jefe del Estado.

La formación del gobierno de Carrero no contentaba a ciertos sectores ultraconservadores cercanos al Palacio de El Pardo. Si bien el almirante contaba con la plena confianza de Franco, llegando incluso a confirmar ante las Cortes Franquistas su compromiso de asumir la continuación de la obra de este, en el nuevo Consejo de Ministros se habían colado personas no demasiado apreciadas por los llamados Falangistas de la primera hora, encabezados por el miembro del Consejo de Estado y ex Ministro de trabajo José Antonio Girón de Velasco. El dato de la presencia de estas personalidades en el Ejecutivo era sólo la señalización clara de una tendencia: existía una corriente dentro del régimen, educada en él, colaboradora y por tanto connivente [no debe olvidarse] que, si bien ocupaba puestos de responsabilidad, abanderaba el orgullo de no deber su ascenso a ninguna de las familias religiosas o políticas del Franquismo; además, estos políticos albergaban la esperanza de una evolución de la vida política española hacia una situación de mayor apertura y pluralismo. Es el caso del mencionado Cabanillas y del profesor de Derecho Político del príncipe Juan Carlos, a la sazón Vicepresidente del Gobierno, Torcuato Fernández-Miranda.

La muerte del delfín de Francisco Franco a manos de ETA abre la carrera por la sucesión al frente del Gobierno. El presidente en funciones, Fernández-Miranda, deja indiferentes a propios y extraños: por una parte, su actitud reformista [que quedará posteriormente plasmada en la Ley para la Reforma Política de 1976] se basa en procesos graduales; por otra, y como ya hemos visto, los ultras no lo consideraban digno administrador de los poderes del caudillo. Con la imprescindible colaboración de doña Carmen Polo de Franco y del cuarto militar adjunto al General Franco en el Palacio de El Pardo, este último desechó la idea de ofrecer la formación del Gobierno al militar Pedro Nieto Antúnez, buen amigo de la familia, y considerado por el jefe del Estado como un sucedáneo aceptable de lo que habría sido el mandato de Carrero. En lugar de “Pedrolo”, como se llamaba a Antúnez en la intimidad de El Pardo, fue Carlos Arias Navarro el elegido para encabezar el Gobierno. ¿Por qué consiguió el puesto alguien como él? Fue precisamente Arias el responsable de la seguridad de Carrero como Ministro de la Gobernación, y su impopularidad, tras su paso por la alcaldía de Madrid y la jefatura de la Dirección General de Seguridad, no aseguraba una aceptación general instantánea. Está demostrado que la influencia de Carmen Polo y la precipitación del nombramiento [que no permitía dimisiones de sus cargos a otros posible candidatos] tuvieron mucho que decir a la hora de la designación.

(...) ¿podemos suponer que si Carrero Blanco hubiese sobrevivido al atentado del 73 la Transición habría sido más difícil?El panorama había cambiado notablemente en muchos aspectos. El nuevo presidente, también con la pretensión de continuar la obra de Franco, guardaba una diferencia importante con su antecesor: podía ser influido en una mayor medida que Carrero por ciertos sectores franquistas que nada habrían logrado si el primero continuase al frente de la Presidencia. Si bien es cierto que pronto Arias se revelaría como un dirigente inseguro, casi ciclotímico, que pretendía unas tímidas reformas calificadas posteriormente como “El Espíritu del Doce de Febrero”. Nos encontramos entonces con una situación en la que no sólo se sentirán descontentos los sectores evolucionistas, sino también los intransigentes, debido a los visos de reformismo anteriormente mencionados. Quizá la mayor de las diferencias es el trato del presidente con el futuro monarca Juan Carlos de Borbón, designado por Franco como su sucesor en la Jefatura del Estado desde 1969: mientras que Carrero sentía un gran respeto por la figura de Juan Carlos e incluso consultaba con él los grandes asuntos de Estado, Arias nunca pensaría en él como figura política, y se limitaría a reducir sus contactos con el príncipe a lo puramente formal y preestablecido.

Sentadas estas bases, ¿podemos suponer que si Carrero Blanco hubiese sobrevivido al atentado del 73 la Transición habría sido más difícil? Es una cuestión complicada. Por una parte, un presidente como Arias, que con el paso de los meses se convertiría en un mero títere de todos los grupos de interés que lo sostenían, fue propicio para un “trabajo paralelo” entre el ya rey Juan Carlos y Fernández-Miranda para preparar el cambio político; por otra, la intransigencia y el envolvimiento en el sector más duro del llamado búnker obstaculizó de facto la plasmación del reglamento para las Asociaciones Políticas y otras de sus tímidas reformas iniciales. Con toda seguridad, la supervivencia de Carrero en la Jefatura del Gobierno habría supuesto una extrema ortodoxia franquista en su labor política, pero también una obediencia leal y casi ciega a la figura del sucesor de Franco. La pregunta clave es si con el almirante habría funcionado, como con el resto de las Fuerzas Armadas, el argumento de la obediencia, para hacerle asistir impasible al desmantelamiento “desde dentro” de todas las estructuras políticas e ideológicas del régimen. Los historiadores decidirán.

Lo que no parece discutible desde ningún punto de vista es que la explosión que sacudió el barrio de Salamanca aquella mañana, en vísperas de Navidad, significó el punto formal de partida que precipitó la caída del gran gigante con pies de barro en que se había convertido la España franquista.
 
Comentario:
Claudia: Muchas gracias por tus buenos deseos para el puente. No sé si lo habrás comprobado después de tanto tiempo, pero... escribo lo que me pide el cuerpo, lo que creo que tengo que escribir. Ni largo ni corto... simplemente, salió así, jeje. Ya tendré tiempo de plegarme al dictado de la audiencia. De todos modos, muchas gracias por comentar... ayuda mogollón. Un besazo.
 
Comentario:
Me resulta curioso que nadie haya comentado aun este post.. ¿Quizás demasiado largo? En cualquier caso te felicito, creo que está muy bien escrito y estoy bastante de acuerdo con lo q dices;) Espero que pases un buen puente.
Un beso
Clo
No