Un futuro escondido entre las velas
Cuando cumplimos años, todos entregamos un balance de gestión a nuestros sueños. Las vivencias positivas y las negativas se suben solas a la balanza y arrojan sus dividendos sin preguntar si nos importa cuál sea el resultado. Y generalmente nos importa; aunque luego nos engañemos con falsos pensamientos. Aunque luego digamos "en este año que empieza todo va a ser distinto". Como si a Dios le fuesen a subir repentinamente el sueldo y, de muy buen humor, fuera a empezar a comportarse mejor de lo que lo venía haciendo. Al comienzo de un nuevo ciclo todos nos hemos hecho promesas que no hemos cumplido: es más, las hacemos sabiendo positivamente que nunca las cumpliremos, pero disfrutamos entre ronroneos del calorcito interior que supone esa inicial fuerza de voluntad. Si es que vivimos de miserias... Las convenciones, los guarismos, las edades, los años. ¿Cómo pueden medirse la felicidad, el instinto maternal o la experiencia? Hoy no es mi cumpleaños, aún faltan varias semanas, pero si lo fuera, estoy seguro de ello, andaría por la vida de mucho mejor humor. Habría alcanzado una nueva meta: "después de todo, aquí seguimos". ¿No debería entristecerme? ¿No me encontraría ya un paso más cerca de la absoluta, incógnita y gran meta?Comentario:
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Pastillas para no soñar: Gracias a ti por no olvidar el mío. Petonets!! (se dice así???)
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Te dedico una frase que leí en La Vanguardia de mi vecino del tren: "Me pregunto si mi gato se pregunta". Mira, tenemos la fortuna de sólo preocuparnos por nuestro gato.
Odio cumplir años...
Gracias por visitar mi blog. Júlia.
Odio cumplir años...
Gracias por visitar mi blog. Júlia.
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Agua: ¡Bah! Lo dices como si tuvieras más de 18... ;)
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Entristecerte no, pero ponerte un pelín nervioso.......¡ya lo verás dentro de unos añitos de "na"!





