El frío de los muros en noviembre

Cómo la Hermana Rosario conseguía aquellas flores a finales de otoño seguía pareciéndole un insondable misterio. El claustro parecía, aquel 15 de noviembre, un suspiro de primavera en medio del manto de frío y nubes que envolvía Madrid. Madrid. Apenas se oía desde allí el rumor del tráfico de las calles del centro. Sólo se podía percibir el rumor del agua, y ese sonido inconfundible que producen los pulmones al hincharse para recibir el humo del tabaco. Sabía María que no debía apagar el cigarrillo en el borde de la fuente de mármol, que se lo tenía dicho la Madre, pero era superior a sus fuerzas ver ennegrecerse el blanquísimo material con la sola presión de sus dedos sobre el filtro, así que volvió a hacerlo. Frotándose los brazos, siguió paseando entre las hortensias. Sólo dos meses más. Sólo sesenta días y podría abandonar aquellos muros impregnados de hojaldre, y de sal, y de sangre. Unas cuantas semanas y aquella pesadilla habría acabado, podría volver a su ático y a todo lo que había abandonado. A fin de cuentas, todo estaba saliendo a pedir de boca: el dinero había desaparecido convenientemente y no quedaba ni rastro de su paso por aquel portal, aquella tarde. Una sonrisa levemente maliciosa se dibujó en el rostro de María mientras se aproximaba a la entrada de la capilla. Introdujo su mano en el agua bendita y se persignó; no pudo resistir llevar un poco del líquido a su boca. Con paso firme pero lento avanzó en la oscuridad de incienso hasta la tercera fila de bancos y se arrodilló. Hundió la cabeza entre sus manos.
Comentario:
Pues continualo, es muy interesante. Yo si sé como sigue, pero la versión original debe de ser tuya.
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Agua: No sigue nada, "amigüita", y en caso de seguir, sigue como cada uno quiera... ¿Cómo quieres tú que siga?
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Muy interesante comienzo. ¿Cómo sigue?
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Germán: Pues me gustaría saber en qué acaba todo esto... Gracias por visitarme.
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Principio de Arquímedes: Todo cuerpo social al que se intenta hundir, experimenta un empuje hacia arriba igual a los millones de votos que desaloja. Hablo por supuesto del flaco favor que puede estar haciendo Bambi a la causa Estado Aconfesional. Como le dicen tus chicos a Ibarra te lo digo yo a tí: Así no Bambi, así no.





