La vida al son de octubre
La primera vez que vio el piso de la calle Toledo supo que acabaría viviendo allí. Eso se sabe, parece que ciertas estructuras, ciertas ordenaciones de la realidad han sido construidas únicamente para nosotros. Así ocurrió en aquella ocasión, aunque el portero que le enseñaba las habitaciones no era demasiado motivador: ni él ni su olor a sardinas en escabeche. Lo estuvo persiguiendo por toda la escalera durante tres semanas hasta que accedió a enseñarle el pequeño apartamento, su “joyita”, como él lo llamaba. Lo había estado reservando para un hijo suyo que había cambiado la Plaza Mayor por Houston, que había preferido la american way of life a bajar la basura y encontrarse con su padre –y sus sardinas– esperándolo en la portería. Lo comprendió perfectamente y pagó su primer alquiler; quizá ese no era el sitio para el hijo de Paco. Ése iba a ser su sitio, aquel en el que desarrollaría la siguiente parte de su vida. Comenzó a vivir allí con sólo diecinueve años.El piso era espacioso; no habría podido alquilarlo si no hubiera sido por la beca. Le encantaba el gran balcón que daba a la calle que baja al río, que se asomaba al sur en la esquina donde tantas películas se habían rodado, dando la espalda al Arco de Cuchilleros. Había una gran bañera vieja en el cuarto de baño que dejaba correr por sus tuberías las lágrimas de Julia en las noches calurosas, y el salón se doraba con la luz del otoño y permitía ver las partículas de polvo bailando al son de octubre, cuando fuera las rebecas paseaban. Era su rincón, su razón, su vida, allí estaba su gran mesa con una montaña de folios en blanco, esperando a ser violados, a ser despojados de su pálida virginidad, a ser arrastrados por calles oscuras o puertos quejumbrosos. Y la pluma azul, regalo de su abuelo, junto a la fotografía de un antiguo perro de la familia. Sobre la pequeña chimenea, una reproducción de Las Meninas.
Comentario:
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Ya sabes que me encanta lo que escribes;) Ah! y el otro día borré el post que me habías comentado pero lo volveré a poner jejeje.
Besos
Besos
Comentario:
Todos necesitamos un espacio que sea nuestro, con el que sentirnos identificados. Un espacio que sea nuestro refugio del mundo, de todo incluso de nosotros mismos. A veces tenemos la necesidad de sentir que ese espacio es nuestro, que es una parte de nosotros a la que podemos recurrir (y a veces huir) cuando hay algo que queremos buscar o encontrar. Ese espacio lleva nuestro sello, cuando lo vemos o lo sentimos solo lo podemos reconocer nosotros o la gente que nos conoce de verdad.





