El euro que hablaba o... yo que me iba a comprar el pan
No sabía si me llegaría el dinero para el pan, así que antes de salir de casa comprobé las monedas que quedaban en el monedero. Nada más abrirlo, sentí una vocecilla que se lamentaba. Al principio era como un pitido leve, agudo e imperceptible, pero con el paso de los segundos se iban apreciando sollozos y lamentos. Lo más increíble de todo es que parecían provenir de uno de los euros del monedero, que estaba sentado sobre un billete de autobús y se enjugaba las lágrimas con un pequeño papelito. "¡Aaaaaay, qué desgraciadísimo soy!" "Pero... ¿qué te pasa?" -dije compasivamente, apenas sin darme cuenta de que le hablaba a una pequeña moneda. "¿Que qué me pasa? ¡¡¿Que qué me pasa?!! ¡¡Tú deberías saberlo!!" Y siguió moqueando y lagrimeando, poniéndome perdido el fondo de cuero marrón de mi monedero. Como pude intenté calmarlo, dándole golpecitos con mi dedo meñique en su metálica espalda, y así pareció recobrar la compostura. Entre los últimos hipos del llanto pudo recriminarme que yo lo había separado de sus hermanos y hermanas, con los que llevaba viajando desde que salió de Alemania [efectivamente, en su espalda lucía el tatuaje de un águila que le daba un look juvenil]. Le pedí disculpas a mi nuevo amigo como mejor supe, le expliqué lo necesario de los sacrificios de la globalización, el materialismo... y después de sentirse víctima de ese "infernal proceso" [palabras textuales], hundió su aplanada cabecita en unas manitas de cobre que hasta ese momento no había apreciado. También tenía unas patitas del mismo material, que colgaban del Metrobús con dejadez. "Anda, sal y te invito a un café" -le dije. "Bueno, pero sin azúcar" -me dijo. Sentado junto a mí en la mesa, removiendo el café con aire distraido, me contó los problemas a los que, diariamente, se enfrentan los de su especie. "Y lo peor de todo" -arguyó- "es que nadie tiene ningún respeto a ninguno de mis sobrinos. Si alguien ve a mi mujer o alguna de sus hermanas en el suelo, con su corona plateada y ese dos gigante en su lomo... ¡¡pues claro que doblan el espinazo!! Pero mis pobres sobrinitos e hijitos... como son así, marrones, se confunden con el suelo... ¡y ni los barrenderos se esfuerzan por recogerlos! ¿Cómo se puede crear así una familia, dime? ¿¿Cómo??" Sólo pude asentir, tomar un sorbito de café y pensar que en lugar de usar ese euro para comprar el pan, lo usaría para comprar unos pasteles. Me los tomaría a su salud...Comentario:
Muy graciosa tu historia! Ai, el "sentimiento europeo"! Después resulta ganadora la "abstención" en las elecciones europeas...
Comentario:
Muy bueno Chico. Me sigues asombrando como siempre. Gracias por todo.
Comentario:
jajajja, muy curiosa tu historia y tu conversación con esta monedilla... ¿te he dicho ya que cada día me gusta más tu blog? es más personal con el paso del tiempo, y eso se agradece.
Cuidate mucho, un abrazo muy fuerte de alguien que te va a tu puerta diariamente a verte.
Cuidate mucho, un abrazo muy fuerte de alguien que te va a tu puerta diariamente a verte.





