Y a la noche se le fue la mano...
La sábana era áspera, pero no le costó mucho retirarla, poco a poco, disfrutando del paisaje dérmico que se iba descubriendo. Allí estaba, desnuda, preciosa, bajo la luz de la luna. Blanca como las estatuas de mármol de los cementerios. Luis se acercó a la cama lentamente y tomó la mano de la mujer entre sus manos. La besó dulcemente, dedo a dedo, la recorrió con suavidad, con sus labios carnosos, la acarició con su joven mejilla. Olió con intensidad el perfume que despedía el brazo siguiendo el camino ascendente hacia la axila, la nariz rozando cada poro. Ante su cara, la belleza de unos labios rojos y sugerentes, la figura perfecta de un rostro esculpido en deseo. Luis susurró en los oídos, vertió su aliento en la boca, imaginó en los cabellos... y descendió con lentitud pero firmeza, con sensualidad y delicadeza hacia los senos, globulares y perfectos, y hacia los pezones salados, rosados y henchidos. El vientre, la inmensa llanura de la sed eterna, se convirtió en camino para sus manos en una búsqueda sin fin del manjar sagrado, del más preciado de los tesoros. Del secreto néctar que enloqueció a reyes y mendigos. Por fin lo encontró, con olor a vida y a esperanza, y a útero, y a calidez. Tras unos minutos en los que el mundo pareció pararse a contemplar el éxtasis, Luis se incorporó y retrocedió unos pasos. Allí, con los ojos cerrados, yacía su madre. Hacía tan solo un cuarto de hora que había decidido desconectar su respiración artificial. La luz de la luna seguía entrando a raudales por la ventana del hospital.Comentario:
mi pregunta es.. pq el tipo le intenta tocar la seta al cadaver de su difunta madre? q falta de respeto, dese luego... esto con franco no pasaba
Comentario:
está bien para despertar!!
Comentario:
Me parece que aquí hay un buen caso del Manual de Psiquiatría Americana. Un aprendiz de Edipo, un necrófilo en potencia y una pretenciosa arbitrariedad literaria.
Ánimo.
Ánimo.
Comentario:
Dificil de comentar.....si no lo has sentido. Yo si sentí el amor por la carne y la sangre de mi madre cuando ya le faltaban, y se las quise devolver y no pude y sólo pude besarla y cerrar los ojos y no había Luna aquella noche.





