2004: El final de una Transición

"No soy de los que creen que todo vuelve a comenzar con nuestra llegada al poder. Creo, por el contrario, que la reciente historia de España es un proceso compartido en el que, en sus diferentes fases, todos hemos jugado un papel que hemos de reivindicar y asumir colectivamente. Éste era el sentido profundo que me inspiraba cuando me propuse desarrollar un estilo constructivo de oposición. Éste es también el sentido que me inspira a la hora de enjuiciar la labor del último Gobierno."
El discurso de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero, cargado de la buena intención que le proporciona el consabido talante, intentaba dejar claro el pasado 15 de abril que, en su opinión, un nuevo gobierno socialista después de ocho años de oposición no era una reinauguración de la Historia. Probablemente tenía razón. La Historia es una sustancia meliflua trenzada por el tiempo, donde los puntos y aparte no existen. Pero los hombres, para la organización mental de los conocimientos, tendemos a establecer etapas de evolución política, quizá dejándonos llevar por períodos que tienen aspectos semejantes. Esto no es más que un weblog y yo no soy historiador, pero lanzaré al viento una teoría histórico-política [con la misma intención de perdurabilidad que si la gritase al viento]: el 14 de marzo de 2004 terminó la Transición española a la Democracia.
Intentaré convencer de lo contrario a quienes crean reconocer una afinidad política en la propuesta lanzada. Adolfo Suárez fue la apuesta del rey, un eslabón necesario para concatenar pasado y futuro; Leopoldo Calvo-Sotelo, tan injustamente menospreciado como su antecesor, sirvió para la UCD poco menos que de "presidente parche" para intentar frenar una hemorragia irreversible. Sin la victoria electoral de los socialistas en 1982, nunca se habrían despejado las tinieblas de la Guerra Civil, no habríamos acabado con el fantasma de la izquierda; sin el triunfo de Aznar y el Partido Popular en 1996 no se entendería un proceso regular y normalizado de alternancia política con una derecha moderna. Pero llegamos al punto del... y ahora, ¿qué? Una sociedad tremendamente finalista como la española pudo haber considerado agotados los modelos de izquierda y derecha, pudo haber optado por la abstención. No fue así. El 14 de marzo experimentamos los efectos de un voto masivo no sólo movido por los Atentados de Atocha. Únicamente hay que comprobar que en los procesos electorales de 2003, los españoles salimos a votar azuzados tan solo por la renovación del poder popular.
Si 2004 es el final de la Transición es porque da comienzo el segundo ciclo de la alternacia, el regreso de unos demócratas que, tras depurar errores y responsabilidades, vuelven a la palestra. Ahora espero a saber si alguien cree que el esquema bipartidista se agotará o no...
Comentario:
Cuando las cosas están más sosegadas el voto se reparte un poco más entre los partidos nacionalistas tb. Cuando hay más tensión el voto se polariza.
En cualquiera de los casos me parece que no me queda otro remedio que el mal menor...aguantarlos
En cualquiera de los casos me parece que no me queda otro remedio que el mal menor...aguantarlos
Comentario:
No creo que se agote facilmente. Es el más cómodo para todos, para los políticos que pueden disimular y cambiar de posición facilmente porque tienen un amplio vacio a ambos lados y para los ciudadanos porque así nos creemos que tenemos donde elegir y nos quedamos tan pichis.





