La noche de anoche
En la noche pasan cosas raras, la gente termina haciendo lo que no se imaginaba… eso pasa.
Mi madre por ejemplo, anoche terminó degenerada, me llevaba en Shammy al lugar donde pasamos las pelis, que en realidad es un bar, y terminó quedándose; mi vieja, que es tan recatada, dejó oír sus carcajadas por todo el lugar y algunas dicen que se sintió identificada… buena por ella.
Luego, cuando empezaron los créditos, le dije que me esperara, que tenía que hablar con una nena de las fotos, lo hice, y de salida me dijeron de una reunión urgente y terminé quedándome.
Los azares del destino, la noche que es tan rara, me tentaron y terminé enrumbada, cuando mi idea era regresarme a casa con la mama (tenía poco dinero en el bolsillo, apunto), pero como uno hace lo que le toca, a no se que horas de la madrugada terminé caminando a casa.
Pero rebobinemos, que esto aquí no acaba, una guapa, la del mote, me empezó a echar el perro y me pareció bacana, pero justo cuando menos lo esperaba, se fue al baño con otra chava y me dejó plantada, tenía un juju pendiente con esa chata y paila, yo que ya pensaba, terminé tomando agua.
Conversando con las de siempre, me di cuenta que la vida es rara, uno quiere a quien no debe o algo va de amigas a amigas; la de las gafas, esperaba a la del baño, le dije que era una santa, pero resulto que la noche a ella también le jugó su pasada; terminó diciéndole a la innombrable que la amaba y bueno, esa fue la jugada.
Uno nunca sabe para quien trabaja, hoy me llamó la motosa, me dijo lo de la noche y las cosas sanas, le creo, porque yo, que no me imaginaba terminé caminando a casa con una sonrisa clara.
Mi madre por ejemplo, anoche terminó degenerada, me llevaba en Shammy al lugar donde pasamos las pelis, que en realidad es un bar, y terminó quedándose; mi vieja, que es tan recatada, dejó oír sus carcajadas por todo el lugar y algunas dicen que se sintió identificada… buena por ella.
Luego, cuando empezaron los créditos, le dije que me esperara, que tenía que hablar con una nena de las fotos, lo hice, y de salida me dijeron de una reunión urgente y terminé quedándome.
Los azares del destino, la noche que es tan rara, me tentaron y terminé enrumbada, cuando mi idea era regresarme a casa con la mama (tenía poco dinero en el bolsillo, apunto), pero como uno hace lo que le toca, a no se que horas de la madrugada terminé caminando a casa.
Pero rebobinemos, que esto aquí no acaba, una guapa, la del mote, me empezó a echar el perro y me pareció bacana, pero justo cuando menos lo esperaba, se fue al baño con otra chava y me dejó plantada, tenía un juju pendiente con esa chata y paila, yo que ya pensaba, terminé tomando agua.
Conversando con las de siempre, me di cuenta que la vida es rara, uno quiere a quien no debe o algo va de amigas a amigas; la de las gafas, esperaba a la del baño, le dije que era una santa, pero resulto que la noche a ella también le jugó su pasada; terminó diciéndole a la innombrable que la amaba y bueno, esa fue la jugada.
Uno nunca sabe para quien trabaja, hoy me llamó la motosa, me dijo lo de la noche y las cosas sanas, le creo, porque yo, que no me imaginaba terminé caminando a casa con una sonrisa clara.
Mote e queso
Nunca en mi vida había probado el mote de queso; por ser vegetariana, siempre le he tenido miedo a las sopas, la gente siempre les hecha alguna vaina y me dice, coma tranquila que eso no tiene nada, pero termino yo en el baño con sipotua cagalera (nunca en mi vida había escrito esas palabras).
Pero mi mujer me dijo noooo, si el mote de queso es vegetariano, se prepara así… y me hecho todo el cuento del Ñama, del queso, del guiso, de la berenjena para el sabor sabanero, de la pimienta gorda, y no se que más cosas; entonces, accedí a comerlo, de su mano vino a mi boca una cucharada y me supo a gloria, el sabor de esa sopa es absurdo, su textura, su color, su guisito encima, me encanta, es maravillosa.
Y más maravilloso fue el día en que se lo preparó a mi padre, que también era costeño, sucedió unos días antes de que dejara el mundo, lo visitamos todas, la mona, las amigas y mi hermana la mayor; es gracioso, mi padre nunca supo que era lesbiana, pero ese almuerzo lleno de mujeres fue su despedida…
También me acuerdo del mote de mi amigo el socio, que preparó una vez uno para étnica y nos pasó de todo con esa joda, hasta se nos apichó, porque uno no le puede poner el guiso sino hasta el final, dicen los expertos, coño, que la cocina es una arte…
Cosas que se aprenden, como el dicho ese de que al que le van a dar le guardan, entonces nada, yo aquí sentada espero que me den mi motesito, mientras pienso que siendo las 2:30 pm del viernes, es hora de ir a almorzar.
Como la quiero
Imitando un poco la lista que hace algún tiempo hiciera, la que más tarde se convertiría en amiga de la vida, sobre como quiere a la mujer perfecta para ella, he decidido hacer mi propia versión.
Para empezar, quiero amarla, y que me ame, porque la verdad es mejor que lo quieran a uno con correspondencia, aunque por supuesto, si hablamos de perfección, quiero quererla mas que ella a mi, porque, como decía el amigo San Francisco en las formaciones post almuerzo en el colegio de niñas… O divino Maestro concédeme amar antes que ser amado (…) porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado y muriendo se resucita a la vida eterna… amén. Entonces eso de primero, amarla y que me ame.
La quiero soltera, que últimamente sólo se me aparecen comprometidas, y no es justo, porque se me llena la cabeza de telarañas y prefiero tenerla despejada; la quiero buena amante y compañera, (hasta he comprado el kamasutra para leerlo juntas y practicarlo luego) no importa si es alta o bajita, morena, blanca o rosada con pequitas, siempre y cuando en conjunto sea agradable, quiero que ame lo que hace, independientemente de que sea eso que hace, por que quien hace lo que no le gusta, aunque lo haga todo el día es un desocupado.
Quiero que sea un ángel, una flor, un camión de estacas, un roble y/o mil versos asustados, según corresponda, por que la dama que quiero a mi lado sabe de buen comportamiento en todos lados; quiero una que ame las caricias, tanto como a mi me gusta darlas y no me importa su estado financiero, que el dinero aunque importante, no lo es todo en la vida. Claro que si prefiero que las cuentas de amor no las deje pendientes, esas, las prefiero de contado.
Quiero y necesito a una mujer sensible, razonable, que me pare en la tierra, porque a veces, ando volando. La quiero amiga, muy importante eso, comprensiva y futurista, una pitonisa, una diosa, un sol en medio de tanta lluvia. La quiero caprichosa, porque nada me haría más feliz que complacerla y bella por dentro, como las cavernas italianas.
La quiero dócil e indomable, fiel y resuelta, la quiero risueña, lectora, televidente y cineasta, puede ser un poco bailarina también, pero no mucho, que me opaca…
La quiero con estilo, propio y apropiado, que me lo diga todo con los ojos y yo le entienda.
Esa es, ni más ni menos, la mujer que quiero, quien se considere apta, aplique por favor.
Recuento simple
Viernes a la casa con mis tatuajes nuevos, varias citas, pero ningún compromiso serio, entonces a ponerle vaselina a la estrellita y al nuevo delfín que mira para el otro lado, dolió claro, como no va a doler lo de las agujas en el cuerpo, pero duele más bañarme con agua fría, que joda… y hoy me lavo el pelo, pero con calentita o se me tuerce el cuello.
Sábado de L Word, que también fue un parto; como me hace sufrir el tema de, cable, adaptador, rca 2 a 1, la sala llena y luego la película como en cámara lenta, ¿será que pronto nos resulta la cosa como debe ser?, la acogida se mantiene, y lo del grupo en serio parece razonable, seguimos en ese rumbo capitán...
Luego fiesta en casa, nenas varias por aquí y por allá, lastima que hayan sido las mismas de siempre, y no es que tenga nada contra nadie, que todas son muy bellas y muy de la casa, pero si me sentaría bien conocer a la que es, por supuesto, y como siempre, se aceptan sugerencias.
El domingo de extra estuvo regio, La niña del pelo peludo me invitó muy querida a actuar, y con todo y que me intimidan las personas, me gustó la vaina de ser extra con parlamento, mucho tiempo libre y tres frases dichas a mi manera, claro, se me olvidan, entro en pánico y hasta pal putas, pero bueno, se hace lo que se puede, y se rie una ¿cierto?…
Luego el tema de las amigas que terminan por bobadas y a mi me entra el cargo de conciencia, que prima el gusto o la amistad… y claro, sigo siendo yo.
Ayer mercado y compra del kamasutra, por si acaso… Hoy trabajos varios y día de casa, por lo de la gripa y las tareas postergadas.
Debo todavía un mote de queso… trabajo en eso.
El Colegio de Niñas
Anoche, me pasé más de una hora hablando por teléfono, sentada en el piso, como en el tiempo, en que los teléfonos no eran portátiles; me quedé ahí, petrificada, hablando sin medir el tiempo, me llamó una amiga, la mejor…
Recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que la ví, la primera vez que vi al curso, la primera vez que me tuve miedo…
El Colegio de Niñas
El 6 de febrero de 1985, entraba yo a un nuevo colegio, un colegio de niñas, recuerdo la fecha exactamente porque ese día cumplía años un Maestro, pero sobre todo lo recuerdo porque ese día estaba colgada de un suero en Arbeláez, así que no fui a clases la primera semana, cuando todo se gesta y se arman los grupos…
Al lunes siguiente, yo era la nueva, de la rectoría me llevó mi profesora de español, directora de mi curso, al salón, el primero a mano izquierda, al lado del estar de las profesoras, se paró en la puerta y dijo, sin ninguna rimbombancia: Les presento a Ilichtna, su nueva compañera; todas se quedaron mirándome en silencio, no se por cuanto tiempo, hasta que una niña, justo en frente mio soltó una carcajada y me dijo ¿usted… cómo se llama? Ilichtna, dije duro y poniéndome roja.
… Esa es mi amiga la del teléfono, no hablábamos hace mucho tiempo, su vida y la mia han sido dos polos opuestos.
Me hizo volver su llamada a ese tiempo de las amigas de colegio, al tiempo del pupitre en mitad del patio, al tiempo del esfero compartido que podía transformarse en volador, o en artículo robado, en nave espacial de los galácticos o en el sostiene pelo de la Pitu, cualquier cosa podía ser un esfero…
Era tiempo de novios, de fiestas de 15 y de cumpleaños con credencial, de tardes de cine en Unicentro, de los primeros cigarros, los primeros pintalabios, las primeras escapadas, era el tiempo en que decía, yo no soy, yo no soy, yo no soy lesbiana…
Tiempos aquellos de misa los miércoles y clase de tejidos martes y viernes, cuando éramos 22 niñitas de 12 años promedio compartiendo Coca cola en el recreo o llenándola de submarinos para que no gorreen tanto…
Tiempo de visita en el baño mientras capábamos mecanografía, amigas increíbles, la del teléfono y la extranjera, que se fue a Costa Rica, a ninguna de las dos la ha visto hace mucho tiempo, pero no importa, aquí están.
Me maman los brasieres
Se lo dije a una amiga el otro día, pero no he tenido la mente para comentarlo como se debe, finalmente hoy fue… la verdad no se si le pasa a todas las mujeres, nunca lo he ventilado en público, más que con ella, pero, las benditas tiras me maman, siempre se me caen hacia los brazos y cuando trato con disimulo de subirlas parece que se ensañaran y no me dejan estar tranquila, me subo una y se baja la otra, me siento como el chavo y la tiranta de su pantalón, o los tubitos esos que tienen algunos “paracaídas” para levantarlas, las suben tanto, que terminan saliéndose por el otro lado y si son de diseño vanguardista no puede una quitárselos con rápidos movimientos debajo de la camiseta, di tu cuando se va a piscina y hay que cambiarse en grupo, sino que termina toda puta en un ocho y con todo por fuera, un drama.
Me maman los brasieres y es desde chiquita, de hecho yo creo, secretamente, que tengo las marías tan grandes por no usarlos sino hasta los trece, cuando ya las llevaba por los lados del ombligo, uno de los traumas infantiles que algún día comentaré con creces, por ahora a los “sutianes”, como los llama mi tía la mayor, que también los detesta, es que de verdad, son muy incómodos.
Que tal el nuevo con la cosita pinchetas, que no se descubre ni con lupa, pero se siente al ladito de la punta, y claro, no puede una andar por la calle rascándose la teta al mejor estilo de man rascando gueva…
Sí, es cierto, se ven bonitas las pochecas de la nena con sus modelitos, y más con tenue luz y toda la vaina, pero también engañan, ofrecen tamaño o firmeza y terminan en la mano un par de limoncitos que parecen gelatina…
¿Qué tal quitarlos en momento agitado? Esto de la maniobra de una sola mano que se lo dejen a otra, a mi me cuesta mucho trabajo hasta con las dos, por supuesto que se logra, no vayamos a pensar que soy calabaza, pero que jartera, en mitad de un buen preámbulo se traba la bendita vaina, y terminemos las dos tratando de soltarla, me quito los míos a duras penas, no me jodan.
Por eso digo, me maman los brasieres.
Voyer
Llegué el viernes en la tardecita a casa, con mi perra vomitona y mi maleta de viaje, tan pronto pude, me asomé a la ventana, a ver calle, gente y por supuesto, para echarle una ojeada disimulada el apartamento del frente, el de la vecina, por ver en que andaba, o por lo menos si andaba por ahí, pero no, no estaba, la cortina de su habitación, cosa rara, estaba abierta, lo mismo que la de la sala, pero luz, por ningún lado, ningún sofá naranja, ninguna tenue luz, ninguna nena asomada.
Lo comenté con mi compa de apartamento, asomados a la ventana y me dijo: Yo creo que se mudó ayer, había camión y ella muy juiciosita en la calle, supervisaba la subida de los chécheres al carro, llevaba un sofá naranja, me dijo...
Me quedé muy triste, se fue la vecina que me encanta, apenas un tiempito de conocerla y se va, dicen las malas lenguas que se fue, no tanto por la gotera, que es una mamera tener goteras en la sala, sobre todo en éstos días de lluvia, sino por que su novia se estresa porque me guste la vecina… ni idea.
Lo cierto es que si, me encanta la sensación que me produce su existencia, conocerla, saberla en frente, imaginarla; vivió allí por muchos años, casi los mismos que yo aquí en frente de su ventana y sólo hasta éste año la conocí, con un taco de billar en la mano, y una águila Light en la mesa… que linda la vecina.
Se fue la vecina y yo tan contenta le paraba bolas a su apartamento, antes de conocerla mucho, y después más, no sabía quien era la vecina, tan trabajadora ella, nunca estaba en casa, pero a veces vi su luz prender y apagar, vi pintar, rumbear y regar matas, todo desde mi ventana.
Hasta supe, al conocerla que a veces miraban de su casa para acá; ah, el mirar, ese gusto indescriptible de observar la vida cotidiana, pero paila, vecina de enfrente ya no hay, ayer, muy de mañana vino a pedirme papel, plumón y cinta, pegó en la ventana dos letreritos, SE ARRIENDA, y se fue la vecina.
La Casa de mi abuelita
No era una casa, era un apartamento, con pisos de madera, muchas ventanas y un portón muy grande con muchas chapas, entrar a un lugar así, parecido al apartamento de Santa Fe, es volver a la infancia, ver el piso del baño hecho de hexágonos, las puertas de madera gruesa, los corredores amplios, la sala, el comedor… el espacio, me transporta.
Una de mis mayores diversiones cuando niña era ver que piezas habían sido puestas en sentido contrario, o hacer figuras imaginarias con los azulejos, mientras estaba en “el trono”.
Ese baño, el que recuerdo, el principal, tenía una tina majestuosa, donde mi hermana y yo navegábamos a gusto cuando mi abuelita no estaba, claro, el reguero era monumental; en el dintel de la ventana, que daba al patiecito de los vecinos del primer piso, había muchas matas, y el sol entraba con gusto por entre las diminutas hojas, de las “lagrimas de bebé” mientras nosotras chapoteábamos de lado a lado y hacíamos competencias de quien se aguantaba más la respiración con la cara en el agua, ¡yo siempre perdía!
El apartamento todo estaba lleno de maticas, que mi abuelita cuidaba con esmero, porque a mi abuela le encantaban las matas, en serio, le encantaban, les hacía visita y se las conocía a todas, las regaba y les quitaba las hojitas secas con cariño, sabiendo incluso que remedios se hacían de ellas, y las matas la querían a ella, estoy segura, mi abuelita, era botánica del campo, botánica sin título de Turmequé Boyacá.
Cuando vino a vivir aquí, por allá en los 50 se trasteó de una a ese barrio y de ahí, no salió jamás, la querían tanto, que cuando murió, hasta las putas fueron a su entierro, y la lloraron, por que era la abuelita.
Yo viví mucho tiempo en su casa, montaba bicicleta por los cuartos y pasaba rápido por el corredor, porque sentía que los retratos de los antepasados me miraban desde la pared en penumbra de la tardecita.
Pasé la mayor parte de mi infancia allí, en la carrera 18 No. 23 a 25, apto 201, teléfono 2420132, en frente, puro pasando la calle, vivía mi primo favorito, mi compinche de juegos, mi parce, el man al que más he querido y con el que más he paleado; era mi vecino, el dueño de la bici, vecino como yo de mecánicos, niños de la otra cuadra, cantantes de orquesta y dueños de panadería.
Pasé la otra noche en un apartamento así, como el de mi abuelita, parecido, y me dio tanto gusto hacer vueltas de un, dos, tres en su piso de madera brillada, que de inmediato me acordé del apartamento de mi abuelita, y claro, tuve que contarlo.
Recuento rápido de mi vista al campo
Ya antes había hablado de Boyacá y sus campos, pero claro, una visita de apenas una noche no da para más que una corta nota, en colcha de retazos; Así que me explayo: a petición de mi madre y como otro de sus requisitos para dejarme el vehículo estuvo en venir de visita a su tierra natal para inspeccionar las cosas en la finca (se me llena la boca diciendo finca y no es más que un pequeño pedazo de tierra que se recorre en 5 minutos a paso lento) bueno, lo he hecho, he venido de nuevo al campo, es mi casa, recién pintada y mis penachos de maíz al sol, y mis habitaciones vacías y mi libro recién empezado a escribir y mi perra, loca.
Todo el paseo empezó el domingo en la mañana; luego del capítulo final de L Word, del sábado en la tarde, me sentía feliz con el mundo y lista para mi excursión de la semana, el ajetreo empezó temprano con el arreglo de cobijas, colchones y cama, aquí, no había nada, y nada es nada, traje ollas, mercado, balde, azadón y todo lo pertinente para pasar sin penurias mis días, me traje también a mi fiel compañera, aunque si he de ser sincera, me sabe a cacho la bendita, pero ya se sabrá por que…
Por la carretera no hizo más que trasbocar la degenerada, claro. Yo sé que le teme al auto y le da mareo, pero zambomba, no es para tanto, que me lo dejó todo lleno de pelos y líquidos varios, que ensalcé en malas palabras, las mías en éstos casos, pelos si, los de ella.
Nada más llegar a casa de la nana se tiró del carro y no volví a verla, ni siquiera gritando su nombre papa en mano, la cretina, se levantó un novio y no la volví a ver, en el resto de la tarde, me hacía cocos desde un potrero, pero como yo alma de ganadero no tengo, dejé que los bebedores de cerveza de la esquina se burlaran de mi, me monté al corsa con mi trasteo y me dediqué al magno oficio de armar yo sola el lecho.
Se logró el cometido y pasé la prima noche sin música ni tele, la perra en el potrero, y yo pensando, se lo merece, mientras la lluvia llamaba mi sueño, mañana será otro día; me acompañaron el silencio y la mamma de Mario Puzo, y un par de bichitos que empezaron a deleitarse con mis piernas, al levantarme ponerlo todo en orden, y como claro a mi me entra el ataque aseador de vez en cuando, barrer, trapear, poner la casa muy pispa.
Ya tengo las manos ampolladas y el piso, como si nada, lleno de polvo, he trapeado y barrido tantas veces que cualquier conocido no la cree, me saben a cacho quemado los detergentes y a la alberca cayó un gusano gigante que no me atrevo a sacar por miedo a que reviva (lo dudo, claro, lleva ahí tres días, pero una nunca sabe), hasta aquí el aseo.
He recibido unas cuantas llamadas, dos para lanzarme a la fama en un video, otras dos comentando de la bomba al senador y una más contándome las compras en Miami y el buen tiempo en esa zona, por supuesto, la que quisiera, no llama, pero eso es más costumbre que nada, no me quejo.
Ya hoy es miércoles, ha llovido todos los días, como se debe en el campo, he tomado fotos y me he pasado lo soleado, en pantaloneta, leyendo a Mario, hoy terminé y empecé de una hora con los pecados de Inés…
Mañana prepararé pasta al almuerzo y seguiré en mi oficio de quitar las hierbas del rededor de la casa, y bueno, será otro día en el campo.
Sat a los vecinos ladra y yo, salgo campestre con mi sobrero y mis botas, por que se ve el futuro en las montañas… que bonito paseo.
El triángulo de las bermudas
Es el carro de mi mamá, estoy segura, ya me han pasado varias cosas raras en el amado Shamy (nombre real, porque el carro no se ofende con mis cometarios de blog) primero fueron las llaves del baúl, por las cuales tuve que atravesarme media ciudad para encontrar el repuesto, y luego atravesármela completa para llegar al taller, donde pusieran los boceles perdidos a manos de los ladrones y sacaran la copia de la copia de las llaves sin que se notara mucho.
Superado el tema de las llaves, zaz, perdí la plata de pagar en el taller y sospecho por aquello de que es típico del triángulo, (no acostumbro perder las cosas) que la vaina sucedió en alguna parte del carro, atrás, adelante o en bolsillo de la puerta y claro no importa cuanto buscara, tuve que conformarme con perder la plata y tener que pagarla por lenteja.
Pero lo de anoche fue la tapa, para exhibir las pelis en el bar, tuve que llevar mi cpu con algunos de sus cables, entre ellos el imperdible, un cablecito de 10 cm máximo que le sirve a la tarjeta exportadora para convertir la información del video a RCA.
El bendito desapareció inexplicablemente, me lo entrego la chica de las gafas y hoy cuando fui a instalarlo, no estaba, había desaparecido, entre el carro, por supuesto.
Lo perdí no se como ni a que horas, pero me amargué la vida con la vendita pérdida, revolqué el carro ahora si con verdadero ahínco, pero nada, desapareció; y no contenta con ello, al parquear en otro lugar, ya más entradita la noche, anoche, lo del recibo del parqueo, joder, ahí fue que se me ocurrió, el carro de mi mamá es el triangulo de las bermudas.
Espero que algún día, así como los aviones de la segunda guerra mundial, reaparezcan, llaves, plata y cable, por lo pronto, me voy a la novena a ver si se consigue el cable, pero me voy caminando… por si acaso.
Se fue la camiseta
Se fue la camiseta… ésta mañana, cuando me levanté a saludarla, ya no estaba, creo que la lluvia y el viento de ayer fueron demasiado para su enredo y cayó del árbol, bueno, un poco su partida me dice que las cosas tienen su tiempo y que a veces se terminan yendo.
Ayer por ejemplo fue el primer cineclub lejos de casa, ya le había tomado cariño a la visita de todas esas niñas, pero se estaban volviendo demasiadas y que tal que se nos cayera la terraza del peso ( y no digo que sean unas gordas, amén de estos pechos) pero fue un placer ver a la amiga de las gafas diciendo sus comentarios parada en escena y con micrófono en mano, como 60 niñas, increíble.
Antes de eso, el encuentro con el hombre de la cara de oso que por las casualidades de la vida me encontré en la mañana cuando iba por la peli donde la chica de las gafas, hablamos de otros tiempos y nos abrazamos como locos en mitad de la séptima, quedó de enviarme la producción que hicimos juntos, la machera, muchos años sin haberla visto.
Luego de las pelis, el corto muy instructivo, y los diálogos de la vagina, regios, rumba con la amiga de la voz gruesa y pérdida del tiquetico de parqueo… 12.000 de multa, joder, si sigo perdiendo las cosas, voy a quebrar.
Finalmente, mañana tranquila, juguito de maracuyá y la dicha limpiando la casa…
Cacería
A las 9:25 pm me puse el último perfume y bajé a la cocina a comer algo, es importante comer antes de salir de casa, porque uno nunca sabe donde le puede atacar el hambre, sobre todo, si sale de cacería, aunque claro, en mi caso es una quimera hablar de cacería, mis técnicas son precarias, me estresa un poco el tema del levante, pero que le vamos a hacer, a esto lo llaman, volver al ruedo.
Me lavo los dientes y me miro por última vez en el espejo, regia me siento, agarro llaves, dinero, cédula, y suena el citófono, chaqueta en mano voy camino al taxi, y parece que finalmente le he perdido el miedo a salir sola, pero que tonta, pienso, porque antes, cuando estaba en el colegio revolucionario del norte, me la pasaba por las calles en buseta y a cualquier hora…
Llegada al sitio, y coño, no hay nadie afuera, estará muy bueno adentro, pienso. Saludos de rigor atravesando el lugar, niñas por todos lados, probablemente la mayor concentración que he visto en mi vida, todas las fachas, todos los colores, todos los olores, estilos; por ahí, alguna que otra miradita, pero nada concreto, me dejo convencer de bagatelas.
En la esquina, las amiguillas todas, besitos, abracitos, palmaditas en el hombro, uno que otro piropo, comentarios del día, bailar un poco, que siempre me ha gustado el baile aunque haya resultado tan mala pareja… al fin ¿sí es la representación vertical del deseo horizontal? Ni idea, pero menéalo chucureña…
Vodka y jugo de naranja... en el colegio era, “formula 1”, aguardiente y coca cola en termo, ¿Qué absurda manía de los pueblos, esa de embriagarse para poder sentirse a gusto? Me bebo uno, tal vez dos, y luego agua, jugo, algún sorbo de cerveza, de alguna otra cosa que me ofrecen por ahí, que más da, estamos de rumba.
Vueltita de rigor a la hora de mayor movimiento, pasaditas las doce, nada nuevo bajo el sol, a las bonitas les caen varias, y yo, con ésta timidez que carcome, bailo con una, bailo con otra, no me decido, todo me parece tan vano, tan trivial, se besan las novias, se pelean las otras, bailan aquellas en trío; hay dos, tres que me gustan, me doy vuelta y veo algún llanto medido, me dan ganas de abrazar a la nena, me contengo, miro para otro lado.
Luego, cuando hay cernido, observo desde la comodidad del sofá las anotaciones de celular, las sonrisitas, las peticiones de cama, todo el mundo en movimiento, las últimas canciones a grito pelado, me las sé, que carajo, que viva la maldita primavera, pero en serio, no me trama la música de plancha… ¿hay ganas de más calle? el encender de luces y buscar chaquetas, se vuelve inevitable, desalojen, por favor desalojen, la vendita nostalgia, las ganas de caminar un rato, el taxi mal parqueado en la esquina de los perros.
Volver a casa sin presa… y pensando en ella.