Mi papá
Me encontré un papel muy divertido hoy, le estaba enseñando a una amiga algunas fotos y salió de no se que parte una declaración extrajuicio, o algo por el estilo, en que los papás de mi papá decían que efectivamente, el había nacido el 10 de septiembre de 1945 en su casa de habitación de Barranquilla Colombia.
Entonces me dije aún leyendo que ese era mi padre, el hijo de Ana Joaquina y Ángel Custodio de profesión comerciante, y ella de profesión hogar.
Contaba también el papel quienes eran sus abuelos maternos y paternos, unos nombres que yo nunca había oído, pero que quise imaginar debajo de un palo de mango en un patio de atrás costeño, mientras sentados en butacos y en hamacas, tomaban sancocho con bollo limpio y suero.
Decía al final el documento: Suscrito en 1970, a los tantos días del mes tal, supongo yo que para la época en que debía graduarse como médico, y ese era mi papá, un man de líos judiciales, de pleitos, un señor muy alto y muy majo que de tajo en tajo se fajaba discursos que hasta los procuradores le respondían.
Y aquí estoy yo, contándolo con sus mismos genes.
De Carnaval
El primer carnaval que recuerdo lo pasé en Barranquilla cuando era una niña pequeña, estaba con mi padre quien en sus hombros me puso para que pudiera ver el espectáculo… unos acordeoneros.
Luego fui al carnaval de Sitges en España, donde me disfracé de bebé de chupeta y bebí cerveza entre maricones ilustres mientras yo, tonta de mi, negaba esa posibilidad a mi vida, estaba muy chiquita, muy bien educada.
Luego, cuando ya era grande y marica me fui para Barranquilla y entre rones y agüitas de coco me la pasé de lujo en un carnaval de fin de milenio… quien lo vive es quien lo goza y claro, se hicieron ambas cosas.
El sábado me fui con la chica de carnaval, pero no fue lo mismo, estabamos en Bogotá, en un lugar que antes era un teatro, sobre la once, donde a los 14 vi Top gun con mis primas y ahora después de tantos años, parece una plaza de pueblo en medio de la noche.
Interesante sitio y de carnaval más, cuando por las mesas pasaban los bailarines del show para costeños ricos en Bogotá, no la pasé tan bueno como en Barranquilla pero se hizo el intento, se vivió y se gozó.
Un corbatín blanco.
No me sucede con frecuencia, pero hoy me encontré en el baño el corbatín blanco, estaba metido entre las cosas de agarrar el pelo, di tu: Ganchos, hebillas, cauchos y bambas, de allí lo saqué contenta de verlo.
Lo compré en 1989, lo se bien porque era la primera vez que visitaba Londres, mi ciudad favorita de Europa, ese día esperaba en el lobby a un grupo de gente para conocer la ciudad y mientras esperaba entré en una tienda de regalos, todo era muy caro, desde el bus de dos pisos, hasta la bolita nevada con el puente y el Tamesis de fondo… yo, me enamoré del corbatín, era como de satín o algo, pequeñito, y de agarrar con velcro, me gustó mucho porque parecía de violinista, costaba 2 pounds pero no importaba, un día me pondría el corbatín.
Y así fue, con el visité India y me tomé fotos en Jaipur, a veces de repente, me lo vuelvo a poner un día cualquiera por ahí, cuando me lo encuentro, a veces está en el closet, a veces en el cajón del escritorio, la semana pasada lo ví mucho tiempo sobre cd player, como si fuera la carpeta de una abuelita.
Hoy, cuando me lo encontré lo vi un poco raído, pero tampoco importa, yo no lo pierdo aunque se refunda, y para bien reposa, bajo la corbata de un Ángel.
Elegir un camino
La convicción de que las cosas se logran si uno se las propone, es cierta, es un cuento que le van metiendo a uno los padres desde que es un becerro, pero claro, yo siempre he sido la becerra comodona, finalmente voy aquí: en la ruta, eligiendo el camino yo sola, y me gusta por donde va esta ruta, pausada pero bien andada.
Bueno, me la ganó el peluquero, no se va, pero se queda a prueba, además hoy quedó bien parado con el pago del teléfono y el man tiene potencial con los cambios, entonces bendición.
Fluye la escritura, pluye la pintura... fluye la vida.
Tres notas en un día.
Me desperté temprano, pero eso nunca ha indicado que me levante… más bien apercolló al monstruo pierna peludo un rato y cuando está al borde de la asfixia la suelto y dejo la tele en algún documental mientras me hecho un motocito final.
Ayer tenía varias vueltas pendientes y entre ellas estaba la visita a la estación de policía de santa fe, luego del medio día, más bien hacia las 2:30 llegué muy pispa y muy maja dispuesta a escucharles la retahíla a los protectores de la ley y el orden.
Como de costumbre… payasadas, ninguno sabía nada de los famosos comparendos educativos y no la creían cuando veían que me había presentado por el asunto aquel de la traílla de Sat. Conclusión, siguen perdiendo puntos los aguacates…
De allí partí en taxi, mi medio de trasporte favorito, me tocó el ladrón de las monedas, como siempre, no se sabe por qué, pero siempre termina tumbándose 300 pesos, nunca tiene cambio, y bueno, se admite, ¿Qué más se va a hacer? el que me llevó a la estación de policía me cobró 200 extra por la misma razón.
A la noche, yendo al cumple de mi hermana menor, me topé con un taxista muy avispado parado a la puerta del edificio, me contó mientras subía a la circunvalar por la lomita baja (era un taxi a gas y no tenía fuerza el carro) su lógica de trabajo: Los barrios de profesionales jóvenes son los que “botan” más carreras en la noche, así que se parquea cerca y espera las carreritas esas y luego a la madrugada las que salen de esos lados fijo van para el aeropuerto, me cobró 7:500 que resultaron 8, por lo de las monedas.
Todo bien, ya estaba en casa de mi hermana, cantada del cumple en el comedor y entrada de conjunto vallenato, visita variada con las amigas del colegio y Peter Pan, regresé a casa con el y por fín el primero honesto, llamado por teléfono y sólo 7.000, ningunas monedas perdidas antes de dormir.
Al llegar a casa, la puerta de par en par, se va el peluquero… Sat, una dura paradita en frente, cuidando…
En Busca de Pablo Escobar
Recuerdo el día en que fuimos a visitar la tumba de Pablo Escobar con toda mi familia, quedaba el cementerio a la salida de Medellín y era la tumba un lugar sencillo (para la fortuna que había poseído) al lado de una capilla, enterrado estaba, al lado de su primo y de algún otro miembro de su familia. Murió en su ley, digo yo…
La primera imagen que tengo del Doctor es su nombre en el conteo de las fortunas más grandes del mundo, lo llamaban, en sus inicios el Robin Hood Colombiano y así lo registraba en sus páginas centrales la revista Semana de la época.
Pablo Escobar es una imagen viva de mi país, un señor que para bien o para mal nos recuerda a todos los colombianos una época de la vida; le han llamado el criminal más importante del mundo, y tienen razón; él, un solo hombre, se convirtió en el criminal más buscado de su tiempo y murió en un tejado, dando bala, como había vivido, pues prefería “una tumba en Colombia que una cárcel en los Estados Unidos”.
Recuerdo los titulares de prensa, las bombas explotando frente a mi ventana y en el centro comercial de la esquina, fue protagonista de una guerra sin cuartel y sin embargo, el día en que visitamos su tumba, 8 años después de su muerte, una mujer, le llevaba flores y le pedía socorro en algún milagro. Mientras el panadero del lado del hotel nos contaba con orgullo que su casa se la había regalado pablito.
Ayer, me encontré en la tele otro programa de esos en que hablaban del capo y se me vinieron a la cabeza los 30 libros del autor desconocido que fui a visitar en el sur de Bogotá, para que me vendiera las últimas copias de esos 30 títulos donde contaba la vida del capo a su amañada manera.
Recordé también la enfangada por la parte de atrás del Colombiano mientras buscábamos archivos de la época y las largas horas de biblioteca en Bogotá y en Medellín.
Pablo, amigo Pablo, que interesante recuerdo, que visión del mundo, que estratega, que salvaje destino el que te llevó a la muerte, a tu hija a la locura y a tu familia al destierro, hoy dejo como no lo hice entonces, una flor en tu tumba.
Fin de semana calamitoso:
Si, fui a Arbeláez, pero no el sábado, como había pensado, lo cual estuvo muy bien en realidad, porque si el domingo fue un martirio, haber incluido el sábado habría sido más que calamitoso, nefasto.
No salimos el sábado como estaba planeado porque me quedé haciendo el transfer de unos videos viejos de cuando el Maestro fue de visita a Kirpalamar en 1983 y en 1988, fue divertido ver como la gente se va haciendo mayor, personas que conozco hace años aún con el cabello de color natural y niños muy pequeños que ahora tiene hijos y son padres de familia jugando en la pérgola sin terminar.
Cuando llegamos el domingo había gran alboroto porque un señor, amigo de casa estaba haciendo un video en homenaje a la vida del man que trajo la medicina bioenergética a Colombia, yo siempre había soñado con hacer algo así, pero bueno, no importa, las cosas no son siempre como uno se las imagina.
Por eso, porque cambiamos y nos hacemos mayores y tenemos prioridades es por lo que el fin de semana se me volvió una calamidad, gente a la que quiero entrañablemente anda en su cuento y cada vez tiene menos que ver conmigo entonces me sentí en tierra extraña y preferí regresarme.
Llegué como a las 9 pm y me encontré a mis compas de apto haciendo visita de cigarrillo en el balcón, me senté con ellos a disfrutar de mi ginger mientras ellos contaban las maravillas de su weekend y yo silenciosa pensaba que en la vida los únicos amigos verdaderos son los que vemos en la mañana frente al espejo.
Me encamé a las 10 y haciendo zaping me encontré con el cura guerrillero y bueno, fue ya lunes, ví a la dama y al fin descansé.
Los ladrones
Yo vivo en el centro, tradicionalmente un lugar peligroso de la ciudad, donde todo confluye, pero hay un misterio insondable con respecto al tema de los robos a pocas cuadras de mi casa…
Para subir a las torres hay tres rutas, todas ellas cuesta arriba, la primera pasa por el parque de la independencia, donde desde siempre he paseado a mi perra sin correa y con bolsa en el bolsillo, me he trepado en las escarpadas montañitas y como buena ciudadana he recogido la mierda.
Claro, el parque tiene sus bemoles, los mirones, los expendedores y por supuesto los consumidores, amén del viejito que en las mañanas se mete entre las maticas para hacer de perro sin recoger con bolsa o de los turistas domingueros que dejan por todos los prados sus manjares de hueso pollero, tan saludables para los intestinos caninos.
Lo paradójico es que hace dos días me pusieron un comparendo educativo por llevar al monstruo sin traílla, lo que me ofende, más cuando durante años luchamos por la zona de distensión de 6 a 9, pero bueno, el miércoles entonces iré a la estación y pondré el grito en el cielo...
Otra vía de acceso que es la de entrar por el museo, es la más descansada, sea por las escalinatas de la asociación de arquitectos o por la montañita de los parqueaderos, a esa subida la llamó yo el bronx por las siempre afamadas ollas del callejón, por ahí obviamente prefiero no subir de noche, cuando los patrulleros hacen visita con los parceritos.
Así que para el efecto de llegar a casa luego de dejar a la dama en el trasmi subo y bajo con el monstruo por la calle de las escalinatas, mi favorita, aunque de lejos parezca tenebrosa pues justo cuando bordea uno la plaza se convierte en una plana bajada o subida, dependiendo del sentido del transeúnte.
Por esa calle hace como un año decidieron remodelar, y dejar recostadas contra la maya del planetario 5 o 6 estructuras de metal que protegían a los árboles de ataques varios.
Pues bien, sabiéndose como se sabe que el centro es tan peligros me he preguntado siempre en éste tiempo, porque no se las han robado, lo comenté con la chica el otro día y llegamos a la conclusión de que los ladrones no saben de su existencia.
Podrían llevárselas de día sin mayor reparo, un camión y dos obreros y estuvo el cuento, pero claro, me detengo, mente criminal, y llego a casa exhausta y pidiendo un vasito de agua.
Lo días de regla
Si, soy una regluda, tengo que admitirlo, una semana antes de que empiece mi periodo me entra una lloradera absurda, si pasa un avión lloro y claro, la chica se estresa, se mama de la tristeza que me produce el alboroto de las hormonas.
Y la semana fue un desastre por eso, todo me causaba tristeza o vivía en un profundo creer que la chica ya había dejado de quererme, seguimos de ajuste, supongo.
Peleas tontas de porque fuiste y porque no viniste y tu porque no me acompañas y así.
Ya hoy somos felices, ella de viaje con sus amiguitas de u y yo con mi madre rumbo Arbeláez… dos diítas de descanso.
Se van unos, llegan otros
El periódico ha sido la más fascinante vuelta de cruz en la lotería imperfecta de mis compañeritos de apartamento, empieza con una llamada al tiempo (periódico nacional de mayor circulación en domingo) y luego el siempre igual letrerito: MACARENA Busco compañero o compañera de apto, teléfonos e e-mail.
Luego vienen las llamadas, muchos gatos y gatas buscando distintas cosas, una ruleta, que cuenta con acosador sexual, marido recién divorciado, señorita que trabaje y estudiante marimbero.
Generalmente hago el primer filtro en la voz, si no me gusta el sonido, la pronunciación de alguna palabra, la manera de preguntar algo, opto por un sencillo: - lo siento, la he rentado; sí por el contrario me gusta lo que oigo, doy la descripción detallada de lo que ofrezco o no ofrezco al compartir.
A veces preguntan alguna cosa que no está clara para ellos pero para mí es obvia como: ¿puedo invitar a alguien? o ¿tendré mis propias llaves? hablamos de precio y fijamos citas; cuando vienen se enamoran del lugar y se aterran de la perra ladretas, pero, modestia aparte, siempre quieren vivir conmigo, aunque sea vegetariana.
Recuerdo con claridad la noche en que dormí por primera vez con un extraño en la casa, fue mi primer compañerito el sincelejano, un man muy tierno, que se dedicaba de día a ser bibliotecario y de noche a estudiar arquitectura; en sus ratos libres veía novelas conmigo, íbamos al cine o a rumbear y de cuando en cuando se aparecía en mi cuarto con suspensorio y látigo para hacerme un imaginario striptease sadomasoquista.
Vivimos el y yo con mi prima la del jardín quien trajo la primera nevera, en esa época se dedicaba a estudiar danza, era un tiempo muy rumbero con cenas y amigos todo el tiempo en casa.
El sincelejano me dejó de herencia al doctor de niños, un amigo de él que vino unos días y se quedó tres años, y del que me quejaba todo el tiempo por su afición a los levantes de una noche; no se cuantos pasaron por la sala o por su cama, pero siempre le dije que tuviera mas cuidado con el asesino del hacha.
Al lado del doctor durmió la diseñadora un tiempo, fue por ella y con ella que pintamos de colores las paredes; me la encontré ayer en el vestíbulo del edificio, estrena taller en uno de los locales de abajo y sigue casada con el man tan majo con el que se fue a vivir cuando se fue de casa.
Luego vino del norte el señor de los libros, un chaval de menos de treinta que trajo de trasteo una montaña de libros que cubría ampliamente las paredes de su cuarto, un colchón inflable y una silla rimax de las de piscina, éste, solo comía la tortilla que preparaba con granos de trigo germinado a fuego lento, y era más raro que perro a rayas.
Después llegaron la señora, con sus miles de problemas y las niñitas de al lado, fue un tiempo de locura ese… la casa tenía nube propia de humo de bareta, mientras las niñas y sus novios veían el chavo en mi mini TV prestado y llenaban de monachos todas las paredes del cuarto.
Luego creo yo, vinieron el niño que estudió en fusa, de quien luego supe fue novio de la ex novia de mi novia cuando estudiaban y el amigo fotógrafo que pasó todo el tiempo escribiendo, pintando y construyendo cine en ésta casa y luego fue a completar el sueño en Medellín con un proyecto que ya se rodó y es cine de verdad, verdad.
La paisa del Putumayo merece su línea aparte, igual que la mamá borracha del hijo actor, la una por conflictiva e imaginativa, con sus novios casados y sus cuentas perdidas, la otra por el escándalo que implicó la visita de su novio a las escalinatas del parque...
Al lado del fotógrafo vivió también la comunicadora, niñita ella que luego tuvo de vecino a mi amigo el de los bayanes, un man muy buena gente con el que tratamos de hacer mil cosas que casi siempre terminaban en desastre, luego vino la chelista que recibió el cuarto de la mejor vista, pero se fue muy pronto a una casa más silenciosa.
Hoy comparto con el peluquero, un fumador empedernido que me tiene amargada, el man del primer piso que se vino por unos días y también lleva más de un año y el nuevo, quien remplazó a la chelista, un futuro actor con cara tierna y muchas cajas.
Compañeritos todos, incluso el que se latigaba en las noches de fuego, quien por gracia divina desapareció como había venido una semana después de rentado el cuarto del lado del baño.
Así las cosas, sigo pintando la pared del cuarto con las figuras expresionistas que asemejan a Karl Chagal y esperando el juicio del parce sobre la sexualidad del actor.
El alcohol
Mi padre bebía como un salvaje, decía en medio de sus jumas que como borracho era, sólo vivía. Yo nunca he sido una bebedora compulsiva, pero algo de atracción tienen un agria bien fría o un ron con coca cola, limón y mucho hielo, a la hora de elegir que tomar un viernes.
Y el viernes me la pegué pero con tan malos tragos que vomité hasta la mañana del sábado, la princesa por supuesto me acompañó en algunos trances y ayer nos pasamos el día lidiándonos el guayabo a punta de bebidas heladas…
Yo sé, lo había dicho tiempo atrás, que dejaba el alcohol y los malos vicios, pero cual burra al trigo vuelvo yo a estas andanzas y con el rabo entre las patas repito, domingo mañana soleada: Adiós al alcohol, dejo la copa de lado y me dispongo a las nutritivas aguas carbonatadas trasnacionales.
No más showsitos desvestidos, no más dolores de cabeza y de bolsillo, no más piruetas sexuales mal fundadas, bienvenidos los tiempos del reposo y la calma, las caminatas largas regresan a la agenda matinal, ¿como es posible tanta grasa en tan gordo cuerpo? que eso hace daño para el hígado dice mi mamá, y yo le creo.
Los cachos
Pertenezco a la comunidad virtual de lesbianas que viven en Bogotá, donde ésta semana se ha hablado a cerca de los cachos, esa fuerza ineludible que nos lleva a los seres humanos a meternos con alguien cuando no debemos.
Caso 1: Conozco a una mujer, cercana a mi, que se ha acostado con varios hombres y con algunos de ellos lo ha hecho de manera simultáneamente, del uno me atrae su mente, del otro, su sexo y del último su manera de vivir cotidianamente la vida conmigo, dice cuando le pregunto por que no se decide sólo por uno. Amo a esa mujer por sobre todo, no la juzgo, o a veces si, pero en voz baja.
Caso 2: Mi amigo el parce, también amante compulsivo; siente siempre la imperiosa necesidad de comer de varios platos, así esté comprometido en una relación estable, para él eso de meterse con otros no tiene nada que ver con el amor, es puramente un tema de sexo, de picazón de entrepierna.
Caso 3: Y yo que he sido fiel, aún desando la mujer de mi prójima, o tal vez no lo he sido justo por eso, pero no es de juzgar que quiera lo mejor para mi, fiel a mi misma, leal a mis principios, acciones que tocan el límite.
Hay que convivir con los cuernos dice el man del perro de lana, hay que mantenerse lo más rectos posible digo yo… hasta que el me pone el caso en que lo haría, en que suponemos que lo haría, y si, bueno, no juzgo, ¿como podría?
Libertades de ser humano.
Un blog por la dama
Nos conocimos como en Agosto, fuimos novias de otras durante unos meses hasta que finalmente el filling no nos dio para más y empezamos a estar juntas en noviembre, la quiero por chiqui, por tierna, por llenarme con sus espacios y sus risas, pero terminamos el viernes (dice ella) yo opino que sólo lo hicimos ayer por unas horas, pero bueno, el caso es que el ajuste de los tres meses estuvo complicado.
Prometimos no volver a pelear así nuevamente, perdonarnos y seguir adelante sin volver a sacarnos trapitos viejos al sol, espero que se cumpla, porque cuando hoy me preguntó que si quería ser su novia, no pude contener la emoción de volver con ella y decirle que si, que la amo y me la mamo con lo loruda que es, porque es mi princesita de los ojos negros y me encanta todo lo que viene en ese empaque.
Benditos los consejos de mi madre, aseguran que el orgullo, en los temas del corazón, no debe tener cabida, y bueno, aquí estoy yo, enfundada en el plan maravilloso de sentirme en una nube porque la quiero a ella y no me asusta decirlo.
Las músicas celestiales
He oído los cantos en alabanza a Dios que los árabes hacen en las madrugadas, he escuchado campanas llamando a misa en el pueblo de mi madre y cantos gregorianos en catedrales muy antiguas de otros países del mundo, también he cantado bayanes que son a mi cultura la manera de decirle a Dios las cosas que tenemos de imperfectas sus almas, y todas son músicas celestiales, que me llevan a suponer que el hombre, el ser humano, la especie completa, siempre se hace a la música, se pega a ella, se siente atraído y es esa fuerza, la que le impulsa a seguir avanzando.
Las músicas celestiales todas, hacen sociedad.
La sala de espera…
Se enfermó la novia del actor y nos fuimos la chica y yo a acompañarla a la clínica del bosque, recordaba ese servicio de urgencias desde los tiempos aquellos en los que mi tia, mi primo, y 3 amigos se medio mataron rumbo a Zipaquira.
No es que haya sido asidua de clínicas y hospitales pero siendo mis padres doctores algunos de esos centros he visitado en calidad de hija del doc, y la cosa es muy distinta para la gente del montón…
Lo tratan a uno con número y le preguntan babosadas mientras se retuerce del dolor, luego, al fin lo admiten, para dejarlo tirado en otro lado, al que no dejan entrar acompañantes, pues hay otros varios enfermos.
Por eso prefiero la sala de espera del consultorio de mi madre la bioenergética, donde uno hace visita de amigos y se cuenta recetas mientras después de un rato lo atienden con sorisas y gracias de conchentis incorporado.
Benditos sean los doctores como mi madre que en el aura llevan el verde de la curación y que con agujas, aguas y sueros varios lo tratan a uno desde la caspa hasta la pecueca.
El maíz
Fue el cereal de los ancestros americanos, la cuna de nuestra civilización se basó en el cultivo del maíz y su culto, indígenas de todas las regiones a él se doblegaban por ser el alimento predilecto de sus pueblos.
La primera cosecha que la madre tierra de mi madre nos brindó en la finquita de turmequé fue precisamente el maíz, y allí estuve cosechando en estos días.
12 cargas, mucho más de lo que esperábamos de nuestra primera incursión en el arte de la labranza.
Muchas cosas se han aprendido, como que su precio de venta mejora si se entrega en el molino seco como piedra, y para tal efecto se extienden las mazorcas a secar al sol y luego se pelan las tusas grano a grano con técnicas ancestrales como frotarlas unas contra las otras o con ceniza de las mismas cañas que en el campo han quedado luego de la siega.
El próximo cultivo ha de ser leguminosa di tu fríjol o tubérculo, di tu papa, sea cual fuere, disfruté como siempre de la hamaca y del hermosa paisaje, y bueno, ya vendrá otra vez el tiempo de lluvia para arar, sembrar, cuidar y recoger lo que amorosamente nos brinda la tierra del Tejo.





