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Yo soy un día feliz
Aquí están las cosas que me importan, que me marcan y que me interesan... esta soy yo.
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Cambia la vida... sigue el blog, parece un vicio, lo es... que no importa lo que pase, vuelvo a el... suena una vez más de movimiento zurdok amores perros 2
Sindicación
 
La visita obligada


Que cosa tan jarta esa, pero natural, si bebes, ganas tendrás de orinar… eso hace que visites a las buenas y a las malas todos los lugares posibles, desde pastizales de garrapata hasta los más lujosos water close de grifería dorada.

Me gustan los baños porque tienen algo de íntimo y algo de público; uno nunca sabe a quien se va a topar en ellos, a quien le van a hacer la encerrona en el baño, que rumba o que cuento sucede tras la puerta de un baño.

Dice mi amigo el parce que cuando dos entran al baño; o meten perico o son amantes de ocultar, yo personalmente soy poco amiga de las rumbeadas de baño, estrecho lugar para ésta tan amplia figura, pero entre gustos no hay disgustos…

Me gustan los baños, uno nunca sabe a quien se va a encontrar…
 
La venida del Master


Tenía yo tres años cuando sentada de piernas cruzadas esperaba muy maja la bendición del Maestro mientras me enseñaban a cantar Sant Ji Sant Ji el único bayan en español… esa noche fue la primera vez en mi vida que ví al Maestro a los ojos.

Era especial mirarlo y recuerdo como de ayer, de las varias miradas que me dio, la que me dejó de última en el pueblito frente a la cocina, cuando la vida sólo tenía la complicación de ponerme un vestido blanco…

Me decían de niña que era al Maestro al único que se debía mirar a los ojos, por eso tengo la costumbre de rehuir las miradas directas, me decían también lo mismo que me llevan repitiendo siempre.

Que meditar es mejor que trabarse, que la vida es mejor y más pura sin drogas, sexo y comidas de animales.

Pero así soy yo de salvaje, que me he dedicado a lo contrario, medito como no, repitiendo los nombres sagrados, porque me dan la sensación de que lo que suceda será voluntad divina.

Porque claro, si creo en el Maestro, no soy atea… religiones nuevas, las llaman quienes por lo bajo critican, y aunque me haya empeñado en creer y en decir durante años que es un sendero espiritual donde te enseñan a ser mejor persona, me da la impresión de que a veces se convierte en culto.

En fin… vino el Master y fui a subachoque, medité, hice fila para las comidas y visita con las amiguitas de las camionetas, vendí sillas, comí empanadas e hice visitas varias, como siempre en estos casos.

Me volví iniciada de montón, que sin embargo se va para la India, ironías de la vida que nos hacen a los profanos recibir bendiciones de Dios.
 
Las canciones
Me acompañan desde el principio del tiempo un poco de canciones, que me han marcado la vida y que deberían estar todas en un i pod… desde las clásicas de planchar que tanto me disgustan como la de lady, la que se pinta los ojos de azul aunque hace mil años dejó atrás su juventud, y que soporté sin estoicismo en las busetas, durante tantos años de walkman sin pilas, hasta las que son del corazón como “…Voy a dar la vuelta al mundo montada en un burrito, ¡Burrito! Un burrito que vuele por los aires y que no de brinquitos”, cantada por mi padre, cuando me llevaba en hombros en el tiempo lejano en que me quería.

Siempre he dicho y me retracto ahora, que no soy una persona musical, pero la verdad es que lo soy y mucho, aunque no sepa quien canta que cosa y a que género pertenece la misma.

Los jazzeros me encantan, amén de mi primer trabajo pago; trompetistas como Miles o The Bird, pasando por bateristas, pianistas y directores de grand band. Take the A train, de Coltrane o el “spyro gyro” para las fusiones que tanto disgustaban al calvito del oído de artillero.

Las tablas del alto y la bajita y su canción de la chinita perdida en el bosque de la china y más adelante los gloriosos y nunca suficientemente bien ponderados Menudo que se combinaban hombro a hombro con KISS, ABBA y la música clásica de radiola en la sala de la casa de mi abuelita, tiempos aquellos en que jugábamos piquis y armábamos campamentos de sofás, sábanas y cojines, mientras mi hermana iba a minitecas con sus amiguitas del colegio.

Jordano, Franco de Vita, Miguel Mateos, y “tonto que estás mojado, ya no te quiero, no no no” vinieron luego, cuando ya era “grande” y asistía al primer concierto de conciertos con la ambulancia esperando afuera.

Tiempos de merengue de Wilfredo y salsas varias y antiguas con la fania all Stars y los paseos a la finca del billar; en los motosos de siempre se enredan ahora las clásicas ranchera, bolero y medio norteña de, radio recuerdos me gusta más, en las madrugadas de bus Bucaramanga – Bogotá en Copetrán.

Las mamertas argentinas y cubanas, los españoles various como el churro, el barcelones y mecano; las gringas muchas destacadas y lastimosamente extraviadas en la tara de los nombres olvidados; Maddona, Michael Jackson, The cure, Pet Shop Boys, Air Suply, “tigre” de una película de Stalone y Guns and Roses que al final vino, se presentó y llovió en noviembre.

Capítulo aparte para el rock en español, los prisioneros, hombres g y colombianos como compañía ilimitada, kraken y demás.

Soy rumbera, de salsa, de merengue, de dance y pop, reggue y ahora de regguetón, soy de lavar y de planchar mientras le hago triangulito al vals de los quinces y al de los matrimonios.

Me he bailado hasta los bayanes que se merecen capítulo aparte con sus traducciones de ser mejor y salir de los ladrones.

Vallenatos, clásicos y de kaleth/ Celedón, músicas étnicas de flauta y de percusión, las de amor y las suecas de toda edad que oí por primera vez en el año nuevo, como mi señora que me acompaña desde los tiempos de la ruta escolar frente al cementerio, la campesina santandereana y la lunita consentida del pueblito de mis cuitas.

Entonces dale, que son bonitas las canciones… y si, me gusta la música.
 
Circo


Tendría yo unos 5 años, era un parque gigantesco con canchas por todos lados y unos elefantes y jirafas de cemento que podían treparse, allí estábamos mi prima que no era prima, su hermanito de los de verdad, mi hermana y yo; cuando vimos a lo lejos la carpa; había en el parque un circo y yo nunca había visto eso.

Corrimos al circo todos y si, efectivamente allí estaba, tenía función no se cuanto tiempo después, asi que fuimos a casa a pedir que nos llevaran y sucedió, nos fuimos con mi tio el simpático al circo del parque.

Era ya tardecito, 5 creo yo, y no había mucha gente, el circo, era de medio pelo, muy precario, de carpa con parches y todo, pero quienes actuaban en el, lo hacían con tanto amor y devoción que muchas de las escenas que vi ese día, con mago, payasos, malabaristas y perros amaestrados, siempre me recordarán buenos tiempos de pelota de letras.

Ayer fui al circo con mi hermana y mi sobrina, no iba desde niña, un plan muy bacano, el mismo circo de hace años, mejor éste que el primero, pero se le nota lo extinto al arte de mantenerse divirtiendo a otros.

Siguen provocando calambres de estómago los saltos mortales y triples, los señores voladores, las motos enjauladas, el simio y toda la parafernalia, no me causan gracia los payasos y es definitivo amo a los tigres de bengala.

Como al mago del limón que trabajaba radiestesia y la contorsionista que se doblaba y redoblaba, llevo en el corazón el circo.

Al salir el circo de la fe me causo gracia, me recordó lo crédulos que somos los mortales, incluyéndome.
 
De jeta contra el planeta

Viernes 7:30, mega fiesta de mujeres, yo muy pispa y muy maja me dispongo a tomar la ducha de rigor antes de la fanfarria; pierna adentro, pierna adentro y a dejar correr el agua, perfecta combinación entre caliente y frío, tirando a bastante caliente; mojada toda, va el jabón por todos lados, las orejas por delante y por detrás, los codos, brazos, piernas, la barriguita, doble esfuerzo debajo de las axilas, no va y sea que me entre lo chuchienta...

Por supuesto la planta de los pies, para dar buenos pasos; levanto la pierna, giro y torpemente me voy de espalda, perdida de equilibrio por un segundo, al tempo de que trato de poner de nuevo el punto de apoyo hago movimiento de brazo compensador y en un suceder de cámara lenta, la tina no alcanza a sostenerme…

¿Cuánto espacio hay entre la pared y mi lugar de caída, pienso en un nano segundo? La vida en perspectiva, ¡me maté!… respiro profundo y toda mi humanidad yace sobre el tapete del baño, marica, me salvé, no estoy muerta, mi cabeza ni roza la pared, gracias a Dios soy de baja estatura… la noticia perturbadora en el espacio de la esquina, yo sonrío y me paro.

Episodio dos
Las pasiones se me revuelven en todos los puntos cardinales, pinceladas van y vienen en un oasis de imaginación y encanto pictórico; de la cama a la mesita de noche, vuelo como hada de cuento infantil; de la mesita de noche, a la silla que parece el andamio perfecto para indagar en lo que siento por varios temas de la vida, entre ellos el del artefacto que definitivamente necesita reparación.

Debo aclarar por supuesto que en el arte de pintar el cuarto me paré cientos de veces sobre todos los objetos, incluida la bicicleta estática, la cama del monstruo piernipeludo y la silla tipo director de cine pero jamás, ninguno dio muestras de resentir mi peso.

Pero justo cuando mi efervescencia daba la última pincelada a la recreación del reciente agravio de la sujeta, torciese el trocillo metálico de la estabilidad entre pata y pata, rasgose la lona, el pie resbala y me voy de culo contra el piso.

Joder, ni me di cuenta, sucedió en un segundo, miles de manchas de todos los colores decoraban mi maltrecha figura incluyéndola en el cuadro, patética y sigue cantando Tracy Chapman.

Revisión de los daños, me he clavado la pieza averiada en el pie, pero no es profundo ni grave y veo posibles moretones en brazo izquierdo, y junto a la rodilla.

Al levantarme me digo muy creyente que es la última vez que sufro por ellas, que mando la silla al shut y que como homenaje a este magno suceso de ruptura, utilizo cada gota caída sobre mi piel para decirlo todo a cerca de ellas en las siguientes pinceladas.

Episodio tres
Bogotá, 5:30 pm, viernes, supermercado de gasolinera, 138 con autopista… paquete de papas, halls de naranja, media de ron, medio de kool; vasitos con hielo y matrimonio a las afueras de la ciudad.

Pasan las escenas matrimoniales sin novedad en el frente, regresamos a casa 12:30, y me compenso con un último cigarro que se me resbala por las piernas; marica, te voy a quemar algo, para, para… me bajo, doy un paso atrás buscando la colilla, otro y sin previo aviso al fondo de la zanja (con z).

Joder, estoy condenada al fango, la camisa nueva vuelta mierda, espero no perder los zapatos, sale uno, salen dos, considerándolo poco probable me aferro a las matitas de pasto y aún contra todos mis pronósticos en tres pasos salgo; vencedora y vuelta mierda vuelvo al carro y prendo el otro.

Dos rasguños, en el dedo gordo el mas grave, el brazo y la espalda con daños mínimos según se siente, en comparación con el golpe los daños son mínimos, y mientras embarro todo el auto pienso que ya esta bueno, tengo que dejar de caerme.
 
Fiestas Decembrinas



No me las esperaba rumberas, éstas fiestas decembrinas, pero me la he pasado del timbo al tambo bebiendo cerveza preferiblemente y bailando desde chucuchucu hasta raeggeton, pasando por salsa, merengue y son.

Empecé las fiestas antes del 24 con amigotes y amigotas de varios lados, resultados nefastos pero previsibles, soy mujer casada y así yo misma me empeñe en pensar lo contrario, hay por ahí un santo que me protege de los malos pasos y me lleva por las sendas del deber ser.

La mejor rumba de todas, fue la del fin del año, del 30 al 2 estuve de paseo en una finca que no era el paraíso, pero se parecía bastante, un gusto impecable el de sus dueños, que por segunda vez en la vida alquilaban su pedazo de cielo.

Entre nados y siestas de día y músicas varias de noche la pasé de lujo, pensando en ella claro, pero como no iba a pensarla si en semejante lugar sólo hacía falta estar acompañada.

Para los buenos deseos del año nuevo hice lo de rigor y hasta otro tanto, vuelta a la propiedad, comida de uva, copa de champaña, cuco amarillo al revés y al derecho, lentejas y arroces, dinero en el bolsillo y quema de año viejo con los malos hábitos que quiero dejar a un lado, más una lista de buenos propósitos hoy guardada en el baúl con los arroces y las lentejas.

Mi madre en casa se pasó las fiestas meditando, buena ella que siempre se dedica a esos oficios, yo sigo profana y me alegro de ello, que ya vendrá el otro diciembre con su alegría y me sentaré a hacerle yo compañía.

Besitos pues a quienes leen y un enorme abrazo de prosperidad en el año que empieza.