Escribir en casa
Después de tantos sucesos tan movedizos, por fin estoy sentada en casa, tarde de lunes, tratando de contar para el blog lo que pasó éste fin de semana, fueron tantas cosas, que no se por donde cogerlas…
Voy a empezar por el viernes... miro el reloj como todas las mañanas: con bostezo de ¿qué día es hoy? recuerdo que es viernes; repaso entonces. cómo siempre, en la memoria somnolienta, que cosas tengo ¿qué hacer un viernes? Tremendo día.
Empezando con reunión en el IDCT, pasando por el gimnasio, una hora; cómo no, bajar kilitos... y salir corriendo a medio almorzar, bañarme y ponerme pispa para la tremenda rumba de aniversario.
Llegó la chica del carro pasadas las 3, casi las 4.y nos fuimos cual traficante de drogas a encontramos con el man de las luces en una callejuela del centro, nos hicimos visita la chica de los dientes y yo, al lado de un motel, muy bizarro; mientras llegaba el hombre en su Renault 4 super master rojo engallado, proveniente del sur, con toda la family a bordo, medio espichada y contenta de paseo fusagasuqueño.
Y llegamos al hueco, a bajar las cosas y a colgarlo todo y a esperar la rumba y lo que pasara... pasaron cosas, como no, que si pasaron, corno 300 niñas. pasaron y la pasaron de lujo: se bebieron sus cervezas, se bailaron, sus bailados y se comportaron todas ellas mejor que damas.
Hubo sus dramas, que si no los hubiese, no habría buenos cuentos, empecemos, por la nena que cantaba, que me regaño muchas veces porque no le subía al volumen del tiesto que el man del hueco tenía por amplificador y mezclador de sonidos, pero que vaina...
Se hizo lo que se pudo con los recursos que había... y se consiguieron frutos, y futuros para el sueno DeGenerado, porque a pesar de lo entre cortado del sonido, la pasamos bombi, y fue un drama, lo admito, pero cada vez que se le subía al audio, el tiesto brincaba y se quedaba callado, y paila, no teníamos ni ventilador, ni amplificador de repuesto...
Devolvió la más, mucha gente, y da pena y todo, pero ni modo tampoco, estaba lleno y físicamente, no había espacio, pa tanta gente, hubo de todo, se saludaron niñas, se admiro en silencio, Se admiro en piropo, se admiro gritando desde la tarima cervecera, y hasta se lloro un poquito de la alegría y de la tristeza, por quererlas tanto y que se terminen llendo.
Al final y de remate nos fuimos todas juntas treinta y tantas muy contentas al viejo bar de nombre egipcio a terminar el día... y el resto lo dejo al azul reproche de la mañana, que ya bostezo y voy por un sanduche de cena.