Pasado el discurso…
De los andes gloriosos a hoy, ha habido mucho trecho, y sin embargo sigo metiendo toda la emoción de mi discurso en la voz entrecortada, pero no importa, se dice lo que se tiene que decir…
Y luego, cuando la multitud aplaude y otro orador salta a la palestra bajo yo los escalones como en una nube y saludo dichosa a todo aquél que me saluda y abrazo al alcalde y camino hacia mi madre que parece estar en otro mundo entre toda esta gente que me da la mano.
Camino yo entonces, con las chispitas esas en los ojos, de haber hecho lo que sentía honesto y empiezan a pasarme por la mente todas las figuras de cómo llegué yo a ese estado.
Ya ha pasado el jolgorio y la algarabía del primer momento, salimos el domingo en pleno a marchar, salimos el sábado al parque a ver películas a hacer arte, a construir lo que hemos dicho que construimos con nuestros actos.
Y vale la pena sentirme orgullosa, porque de quien soy, no hay nada por lo cual, deba sentir vergüenza.