La cortina de las putas
Nunca he entrado en un puteadero de Pereira, pero dice un amigo mío que las tiritas de entrar a la sala de mi casa, son igualitas a las de los puteaderos de Pereira, yo me enfado de lo lindo y le digo que es un atrevido y que respete… y luego pasados los días y ya más tranquila, me quedo pensando que cada cual habla de la feria como le va en ella, y que las tiritas me han ayudado en éstos días a ver el carácter de las personas que entran en mi casa.
El dijo que parecían de casa de citas, la amiga africana tan pronto las vio empezó a bailar la danza del vientre y la novia de mi socia DeGenerada, les dio muchos halagos y se fijó en sus materiales.
Mi sobrina, para disgustar a mi hermana, se pone a jugar con ellas y mi socio de los parlantes se entra con todo y cicla y le tiene sin cuidado que le frenen el paso…
Mientras que al paisa de las óperas le parecen fabulosas, sigue y me pide una cerveza para mojar el gaznate.
Yo me acuerdo de los espacios indios, de las cortinillas de piedras, de las tardes de café y libros y me siento contenta.
Mi casa lo evoca todo, incluso a las putas tristes del señor don nobel.





