La mierda de quedarse sin zapatos
Será por casquivana que me lo merezco, pero me resultó una mamera ésta mañana y tengo que comentarlo…
Muy ayer me fui de rumba con cierta gente a la casa de la chica de la moto entre varios ires y venires, me quedé sin zapatos puestos; en algún momento, quedaron encerrados en un cuarto durante la noche y muy de madrugada y debido al tema puerta cerrada zapatos adentro, tuve que dormir en un sofá donde si me cabía el cuerpo no me cabían las piernas o viceversa; sin cobija y muerta de la rabia por haber perdido el celubicho y no tener zapatos ni nada.
Me acordé entonces de tres cuentos de gente sin zapatos que me hicieron enfrentar la puerta del cuarto y tocar desaforada a las 7am, después de dos horas nefastas para poderme ir a casa y tratar de dormir decente…
El primero de los cuentos de zapatos ocurrió justo pasando la calle en casa de una amiga a la que amaba, nos pasábamos las tardes en su terraza, viendo pasar gente, fumando montecarlo azul y planeando su fuga, porque nunca tenía permiso para callejear y siempre andaba inventándose la forma. La mamá entonces, que no era boba, como no es boba ninguna mamá, le escondía los zapatos; pero para vivos, más vivos, pues desde que llegaba yo a su casa, me tiraba mi amiga por la ventana un par y yo los escondía en el garaje antes de subir.
Eso me hizo pasearme por la casa, 6:00am buscando un par de zapatos que me pudiera llevar prestados, pero los únicos que encontré estaban en el cuarto de la plancha y medían como 15 cms (joder, encima de descalza, patona… ni modo)
Luego me acordé del amigo cartagenero al que también por callejero le escondían los zapatos, éste se pasaba por los techos de otras casas y en donde los amigos, así fueran chanclas conseguía… y pa la escollera.
Yo, que ya pretensiones de rumba no tenía, pensé que hubiera manera de entrar al cuarto encerrado, así fuera escalando, pero luego me contuve, que por mucho gimnasio, ya no tengo el coraje de montarme en la cornisa y además, 6:30 am, barrio desconocido y norteño mínimo un tiro me hecha un vigilante juicioso… peligroso, no se hace dice el instinto.
Por último, me acordé de mi primo el marquero que sin zapatos andaba hasta que no le compraban adidas, entonces, decidí irme sin zapatos, con tan mala suerte que la plata que tenía no alcanzaba para taxi, entonces paila, que como indigente sin zapatos, tampoco…
Toqué la puerta entonces y bueno, aquí estoy, en casa, después de putear a mil policías que tenían la séptima cerrada y no dejaban pasar hacia la plaza…
Moraleja, que lástima pero adiós, me despido de ti… y me voy.