Heriberto de la Calle
La primera vez que vi Zoociedad, me enamoré de sus presentadores, de su estilo desenfadado para criticar la vida nacional de Colombia y de sus múltiples secciones; detrás de ese espacio que pronto desapareció de la pantalla por la incidencia política de sus comentarios, había tres señores, que yo recuerde y que aún hoy, con todo y todo, son vigentes; los dos primeros el uno biólogo y el otro hijo de inmigrantes suizos siguen por ahí con diccionarios de la ch y colomnas en el tiempo; el uno en Colombia y el otro en los Estados Unidos, siguen ambos contando con humor las cosas del diario vivir.
El tercero, un señor muy particular, de dientes locos e ideas brillantes, fue asesinado hace 7 años porque con sus sueños buscaba un mejor país y hay gente a la que no le gusta eso, porque no es negocio.
Les pareció muy necio el lustra botas, y le mandaron a pegar sus tiros en una mañana de agosto en que yo me iba de viaje para el Putumayo.
Ahora, escribiéndolo me siento en otro mundo que sin embargo al leer el periódico o ver fragmentariamente las noticias, es el mismo, con capos que se entregan y sueños de paz medio así medio asá.
Ya quiero yo ver como les va a los capos en su cárcel privada de Córdoba, que con sus paisajes y sus cosas, me recuerdan una catedral antioqueña, pero claro, existe y se debe aplicar en estos casos, el beneficio de la duda.
Aunque dudo que el crimen se esclarezca, éste o el de Galán que era tan bonito y que nos sorprendió muerto en Soacha, con la pizza en la boca luego del caballito del diablo.
Decía un señor al que quise mucho que esos magnicidios aumentan la conciencia política, que la gente al final termina ganado y entendiendo que en la vida hay que hacerse de algún lado, me pregunto entonces ¿será el mío al frente como tengo vocación, o esperaré paciente a ver quien gana para hacerme al final y sin encanto del lado que ondeen las banderas?