El hundimiento del Karina
Hace años leí un libro sobre un barco, se llamaba El Karina, y fue un barco que compraron en conjunto la guerrilla del M-19 y los narcos de los 70 y 80 para importar ellos mismos y a escondidas un gran cargamento de armas y entrarlo a Colombia por alguna playa desierta.
Estuvieron tan de malas los guerrillos que se les varó el barquito frente a Panamá y allá estuvo el pobre varios meses hasta que todo el mundo se sabía el secreto a voces de que el Karina transportaba armas para la guerrilla colombiana por lo que luego de reparado terminó siendo hundido, no me acuerdo de que modo.
Pues bien, resulta que en mi vida hay una espía con nombre de barco guerrillero, que se encarga de contarle mis andares en Colombia a la dama en el país donde se encuentra; es tan hábil la espía que toma pequeños párrafos de las cosas que escribo sobre mis despechos y se las envía a su correo personal, que por cierto no sabemos de donde obtuvo.
La dama se vuelve loca, claro, porque aunque no seamos nada, seguimos siendo todo en una simbiosis que a las dos nos parece rara, pero aceptamos como la vida, que va pasando y nos va dejando ratos, recuerdos y a veces pesares, pero sobre todo, va decantando el amor que nos tenemos…
Yo le he dicho que si, que lo que escribo lo siento y no voy a dejar de escribirlo o a cambiarlo sólo para que la espía no le mande apartes selectivos, mejor he de decir viperinos de mis hechos en fin de semana.
Ella a optado entonces por insultarla y pasarme el correo desde el cual le escribe y al que yo, por supuesto no voy a escribirle, porque para qué, sólo le digo desde aquí, donde me lee, que se busque una vida propia, porque, aunque se la mía una caja de monerías, no esta bien que se entrometa en mis relaciones con la dama.
A menos claro está que lo que pase es que la señora de nombre de barco esté enamorada de mi rubia metro y medio, y en ese caso, como dicen los expertos: en la guerra y en el amor todo se vale.
Personalmente opino que para conquistar a alguien no es suficiente con malintencionadamente dañar a otros, se necesitan al menos las horas que la dama y yo nos hemos dedicado a consentirnos y a pelearnos, parejitos todos.
Por mi lado, doy por hundido ese barco, esperemos que lleven sus ocupantes más salvavidas que los del titanic.





