Recuento de mañana triste
Me he vuelto a poner en la mano las pulseras de caucho, la una, rosada, me la regaló la dama hace tiempos y apoya la investigación en la lucha contra el cáncer de seno, la otra, roja, dice que Bogotá es territorio de diversidad y la conservo como recuerdo de los días en que se celebraba la semana diversa.
Tengo también en la memoria muchos otros fetiches parecidos, pequeños brazaletes que me cuelgan de la cabeza, como al señor escultor de la basura, que se pasea por el mundo con la cabeza llena de disparates.
Bueno, en realidad, yo no los tengo por fuera, los llevo por dentro, un montón de disparates y de chucherías que a veces suenan, que a veces, duelen… ahondo en el tema.
Estuve esta semana por primera vez en el congreso; finalmente llegó ese cuando; cuantas veces de niña por la tele veía a los congresistas en su oficio de legislar al país, y me llenaba de orgullo por mi nación, por el sueño libertario del señor de la espada que le ponía el orden a las circunstancias; cuantas veces en las clases de democracia tuve yo que aprender de tres poderes, constituciones y cambios democráticos, sintiéndolas todas cosas buenas y saludables.
Es el congreso un edificio gigantesco que empezaron a construir en 1914 y terminaron en 1915, como rezan los números romanos, (mal escritos) en las paredes del senado, también hay unos letreritos dorados con los nombres de los departamentos y un cuadro tamaño natural de Bolívar y Santander con un grupo que no identifiqué (no se tanto de historia como para) de señores que o lucharon o se hicieron los que luchaban por la democracia de la patria liberada… ah patria, que te niegas a hacerte de verdad, civilizada.
Pensando en la magnitud de la estructura externa, yo habría pensado que era un recinto gigantesco, el que usaban los patriarcas para debatir, pero no, el senado es mas bien chico visto desde las barras; los senadores tienen cada uno su pupitre como en el colegio, y son tan desordenados como en un colegio, se cambian de puesto y se la pasan conversando sin ningún respeto los unos por los otros.
Se saludan, se conversan, beben café, agua, comen frutas y maníes mientras los que están a favor y en contra se echan sus peroratas. Fui al congreso por lo de la ley de parejas del mismo sexo, una iniciativa que ha tratado de pasar 5 veces del voto negativo al favorable.
Sin embargo y nuevamente se aplazó la votación; quienes están en contra, se tomaron la palabra y los compañeritos de clase fueron capando uno a uno hasta que muy 7 pm no había “quórum decisorio” para el martes aplazado nuevamente el pupitrazo nominal…
Interesante que se aplazara y que la senadora cristiana hiciera su propaganda de marcha discriminatoria justo antes de, para que terminara la marcha antigay en las noticias, 4 días antes de la fecha programada para tomar decisiones.
Defiende a la familia, la señora de la camioneta blindada y el diezmo del marido pastor, y yo me pregunto que he tenido yo, que han tenido los hijos de mis amigas lesbianas, que han tenido la hermana del esposo de mi hermana (concuñada se llama) y que han tenido sus amigas y sus amigos “raros” en esas tierras lejanas, que han sido los abuelos y los tíos de otras gentes que no procrearon pero constituyeron núcleo, para mi, eso es FAMILIA.
Pensaba entonces que la democracia, que la idea de un país civilizado, no está en el recinto maltrecho en que ni las puertas de los baños funcionan, sino en las nuevas generaciones.
Entonces, miércoles a la noche camino por la séptima con mi paquete de garros, dejo de pensar en democracias participativas y me centro en la bombillita de la educación temprana, nefasto resultado.
La presentación ante colegios se quedó en veremos también, muy puntual estuve, ayer, en el colegio de nombre de santo, pero nada, pasaron otros grupos contando sus cuentos y cuando llegó mi turno lgbtudo se me fue el quórum, es mas importante subirse al bus que saber que es la ciudadanía plena y como hacerla aplicar en cualquier campo.
Será que los tiempos no avanzan al unísono con mis ideas, chucherías que cuelgan de mi mente imaginaria, será que no estamos listos para semejante batalla…
Terminé el día caminando, de nuevo, como cuando creía que el congreso era un lugar sagrado; ésta vez sin amigos, resignada a saber que no hay remedio, con una caja de chocolates y un paquete de cigarros; paradoja que convierte el cuento de una sociedad feliz, en una gorda que sigue engordando y unos pulmones que se siguen llenando de humo.
No parece muy feliz esta mañana, en que me había prometido llegar a tiempo al taller de gestión de cambio, ¿para qué si nada cambia? Para qué si los sueños se estrellan contra las montañas, como es una montaña la campaña que le dejamos a otros por limitarnos a decir “estos son los derechos que queremos que nos traten” lo decidió en pleno la mesa, y la palabra de la mesa, claro, como la del senado, es palabra sagrada.
Lo cierto es que en el afán por vivir, nos inventamos quimeras, pequeñas escaramuzas que nos hacen doler menos las chucherías que se estrellan por dentro, a mi cada vez y con más desconsuelo se me llena de mierda el cerebro.
Las amigas no existen, la democracia no existe, la educación es mediocre, la perra engorda, yo engordo… y como es hora, me baño y me preparo un caldo.
Preparado el caldo, paseada la perra, sonríe la vida frente al espejo… sigo siendo, un día feliz.