Salir del Closet
Le quito de nuevo unos minutos al tema de cortar y pegar viñetas para hablar del día mundial de salir del closet; me han contado en la vida muchas historias, unas tienen que ver con las mamás que se encuentran cosas, otras con los besos descubiertos o los actos más serios atisbados de repente.
Me han contado también de padres ultra católicos que encerraban a la gente y la “martirizaban” con imágenes de vírgenes y santos para conseguir su “liberación” del demonio del pecado, so pena de caer en el más profundo infierno a la muerte.
Pues bien, contaré hoy, aunque creo que ya lo he contado, como salí yo del closet; tenía 28 años y ya no vivía con mi progenitora, con quien conversaba en mis tiempos de enfermera en su consulta del norte, toda clase de temas, como aún hago.
Me le senté en frente y entre chiste y chanza le dije – Madre, soy lesbiana; la pobre, al otro lado del escritorio recién comprado, quedó impávida y sólo atinó a decir – ¡¡¡Ten mucho cuidado!!!
Pensé yo entonces en sidas y enfermedades contagiosas por supuesto, pensé también en mis amigos valientes que se habían decidido por la sexualidad con su mismo género hacía como 10 años y en lo lenta y cobarde que había sido yo misma hasta entonces para admitir que me gustaban las damas, chicas, mujeres, chavas y demás adjetivos que pudiera usar para referirme a las féminas.
Le dije y me sentí salva, me preguntó entonces si tenía novia y aunque me veía con alguien le dije que no, de algún modo me sonaba más serio decirle, no estoy con nadie y por eso mi decisión o mi descubrimiento o lo que sea esto de contarle a alguien lo que haces en la cama era más de cabeza que de sábanas.
Se fue mi madre al baño, supongo yo que ha enjuagarse los ojos ahora un poco medio cubiertos de lágrimas; yo la esperé frente al baño con las manos temblando y la seguridad absoluta que de ahí en adelante el tema era cuesta abajo.
Hay gente que se ha ido de la casa muy joven por el impase aquel de que no les respetan el tema, y los admiro, a ellos y a ellas, por decidirse antes de lo que fui yo capaz, pero es que en realidad, eso de decirle a alguien que amas quien eres, libera, por lo menos en mi caso.
Luego le conté a mi amiga la comunicadora, quien sólo atinó a decir – y yo con todo lo que la defendí en la U; joder, todo el mundo lo tenía claro menos yo, pero bueno, es un paso, un llegar a algún lado, decirlo y sentirme al pelo por haberlo hecho.
A mi padre, claro, ni en la tumba… era super homófobo, pero, y son las paradojas de la vida, la última cena, se la recibió a mi mona rodeado de areperas…
Espero desde aquí a que venga el día, como ha de suceder, en que seamos de verdad iguales, en que no importe si nos da por esto o por aquello en cualquier campo, porque la libertad, el amor y esas cosas fundamentales de la vida no deberían estar en tela de juicio ni ser juzgables.