Noche de Poker
Se supone que el poker es un juego de engañar al otro, hacerle creer que uno tiene un mejor juego para que se salga de la partida antes que uno y aumenten así las fichas del lado de uno y no del lado de los contrincantes.
Pues bien, anoche tuvimos poker en casa de la chica de la moto, apenas las de DeGeneres-E, la jefa, la chica que mejor llamar exchica, la novia con cara de lagartija y por supuesto la webmaster de la moto.
Nos fuimos después de discutir arduamente si preferíamos blues o plan tranquilo, ganó el plan tranquilo, con compra de cervezas en el almacén de cadena y discusión previa por la manera como hablo y parezco estar peleando.
El juego, como siempre, entretenido, salí a media victoria por aquello de ser finalista con la jefa; tuve más fichas, es decir, gané por una cabeza, como si de carrera de caballos se tratara, me llevé más plata, que pagó el taxi, en la buenísima porque tenía ganas de victoria.
Hoy, justo antes de darme la ducha y salir para el encuentro lo comento, comento que no se si sea de engaño o de tener más o menos claro que tienen y que hacen con lo que tienen en las manos el resto de las jugadoras.
Yo por ejemplo pocas veces juego cañando y ayer aprendí que quien se retira a tiempo de una mala mano, aunque deje unas fichas sobre la mesa, salva más con la prudencia.
Me voy pues, prudente apostadora a apostarle al cuento de escuchar que dicen las mujeres sobre las mujeres en el encuentro y luego, por la noche supongo que cumpliré el designio de embriagarme a medias en el lugar de la fogata.
A ver si un domingo enguayabado me permite ver de a pocos como se construyen las identidades y quien es quien en el juego de cañar o tener mano.