Transito trans
Miércoles cualquier hora, no recuerdo, me decido a terminar la primera parte de un verso, la mujer con la que he hablado de corazón abierto resulta decirme a la mañana que todo ha sido un cuento; no un poema, un cuento y chino; me convenzo a lágrimas, como no hacerlo, estoy acostumbrada a vivir de pluma en pluma, de sueño en sueño.
No transgredo, me quedó ahí, pegada a los cuadros fijos que no entiendo, joder, ¿cuantas veces pasar por los mismos escupitajos para entenderlos? termina la fase dos y me voy al baño, crédula.
Parece un castigo divino, tengo pegado a Dios y a sus preceptos en la frente, como la frente de los árabes creyentes que ya tienen morado de tanto darse golpes varias veces al día sobre las alfombras mágicas…
No importa, me resigno, tomo el bus cualquiera luego de ver los ojos y el cabello crecido de la mujer que conocí en pijama, cuantas veces miré hacia su ventana, la imaginé pasajera del tiempo, no nos reconocemos, falsas nosotras que huimos de lo inevitable, tampoco importa.
Camino lento por la calle chapineruna y entro en el recinto de las decisiones, hay gente, conversando, como siempre, llevando la discusión desde y hacia ningún lado, parece plausible, son todos espejismos marcados en las esferas del poder.
Van y vienen besos, saludos, pequeñas escaramusas, despedidas de aquellos que nos sentimos comprometidos… ¿a que le estamos apostando? Salimos de nuevo a la brisa de octubre y tomamos decisiones.
Paseo trans por la caracas, saludo a las mujeres que transitan, disfraces de colores, comentarios, la idea vagabunda de conocerlas por dentro, por fuera, por los lados, empaparme de ellas, de sus cuerpos, de los olores que celestinos incitan a decir cosas…
Taxi compartido y unas cervezas en el barcito pequeño, vamos a hablar de novelas, se supone, nos metemos o seguimos metidos en los cuentitos de ser redentores de futuro, vienen las papas, la cocacola, nos paseamos de lo orgánico, a lo social, a lo físico a las tribus africanas, a las construcciones del ser gay o lesbiana…
Pasan las doce y me prometo mentalmente terminar con éxito la fase empezada, bobada, asomo por las fantasías reveladas de distintas páginas, ¿Cuál es la suya? A ti que te importa si es vagabunda.
Ha sonado el teléfono varias veces, es su voz enamorada, la amo yo, por supuesto, como no amarla, extrañando como extraño su calor a mi lado en la cama, sería perfecto ganarse el balotto, pero eso no pasa.
Me decido entonces por subir y me encuentro sobre la cama el rastro etéreo de lo que siempre olvido y es inevitable; me resigno de nuevo, como con el costo de la comida de perro… ¿Qué pasó con la dignidad?
Me olvido de mi misma y me acuerdo; he prometido tantas cosas, me levanto, apuro el paso y traigo a colación lo sucedido, vuelvo a prometer, escribo, grabo y proclamo, es de mañana, jueves; han de pasar bajo el puente muchas aguas…
La veo mirarme y no importa, merece su castigo, se lo digo y entre cada letra oprimida me levanto…





