Tomar la decisión correcta
Ajaib Singh Ji me concedió la iniciación el 10 de febrero de 1986, lo hizo a través de su representante el señor de las gorras, fui a la India por primera vez en 1987 a ver en su casa al Gordo y a estar en el programa de meditación de noviembre de ese año; en esa oportunidad le dije en la entrevista privada que me dijera como podía ser una gran periodista.
Me respondió que mi responsabilidad en el campo de la información era decir las cosas sin meterme con las personas, pues los periodistas en las manos, teníamos muchas bombas; que nuestros lápices y lapiceros eran las bombas que podían hacer la vida de alguien o destruirla, así que la información debía ser manejada con mucho tacto.
Terminé siendo comunicadora social con énfasis en educativa, y desde que me dijo el Gordo eso en la entrevista, he tratado parcamente de hacer lo que me pedía: hablar sin comprometer a nadie; la embarro a veces por bocona, pero mal que bien trato de seguir el consejo.
La última vez que me recibió en entrevista, en marzo de 1996 poco antes de su muerte, me dijo que me veía muy grande, que ya no era una niña y que para mi propio beneficio espiritual, debía tomar la decisión correcta; no especificó cual era, simplemente la llamó decisión correcta.
He utilizado sus palabras para decisiones trascendentales, decisiones de vida, como irme de casa de mi madre o salir del closet.
Ahora, me encuentro de nuevo en una encrucijada, no se si sea trascendental o no, pero me llena de dudas el tema aquel de los decires populares; por un lado, el muy paisa “para atrás ni para coger impulso” y por otro el chino “mejor retroceder un metro que avanzar un centímetro”.
¿Será que me lo tomo realmente muy personal? Será que en verdad soy una niña berrinchosa y malcriada que si no hacen otros lo que quiere, enloquece de furia y hace pataleta… parecería cierto en el impaciente tema de haber pasado carta de renuncia a ya sabemos que.
Pero me temo que el malestar no es por las famosas listas, sino por sentirme abandonada… entonces grave, solos estamos y solos moriremos dicen también por ahí, amigos no hay en el mundo.
Ah sabiduría popular, dires y decires… veámoslo en plata blanca: lo uno no se contrapone con lo otro, es meramente circunstancial, cierto, y en general todos los argumentos racionales le dan la razón a que es berrinche y hay que agachar la cabeza.
El corazón no se decide, le duelen las palabras como siempre, le duelen las actitudes, los malos momentos, los gritos, las paradas públicas, las cartas, y las caras, entonces, ¿hay que ser humilde, poner la otra mejilla, sentirme apabullada y tonta en secreto (ahora público), es el purgatorio de la falta?
Dicen que la gente trabajadora a veces está con personas por las cuales no siente lazos afectivos, es decir no es obligatorio ser amigos de quienes trabajan con uno, no hay que quererlos.
Yo no puedo hacer eso, no puedo trabajar con quien no me quiere, con quien me ha dolido, me cuesta trabajo, me lo tomo personal…
Mmm, pero entonces donde queda el Maestro con su vivir lo bueno y descartar lo malo; amar a todos por ser humanos, como bien lo interpreta en sus palabras el amigo gates.
Ser feliz a toda consta, me decía la amiga trasvestida opinando que dejara de lado la vaina y siguiera.
Ser yo misma simplemente y ya; se supone, que esta muy bien servirse de las herramientas al mejor estilo de la gente oportunista, yo lo soy, ahora lo admito, si veo la oportunidad, intento aprovecharla lo mejor posible, de frente, como actúo siempre, sin rastrerísmos.
Entonces, la pregunta se convierte en ¿Es esto un trabajo? ¿Hay que sacarle el corazón? Para mi no, para mi, es la vida; Borrón y cuenta nueva: sonrisa, frente en alto.
Amo lo que construyo con mis actos de todos los días y no voy a dejarlo por pequeñeces.
No necesito perdones, no necesito culpas o culpables, no necesito rencores incurables, puedo mirar a los ojos sin rabia, puedo dejar los malos comentarios, las malas palabras, puedo dejar la cizaña; no le debo nada a nadie, nadie me debe nada…
Suena “siempre estaré” de compañía ilimitada, se me llena de amor el corazón y digo… me quedo.





