Un atardecer de esos que recuerdo

El bar italiano era el único lugar en muchos kilometros a la redonda donde vendían mojitos, la tarde la pasamos entonces viendo el regreso de los barcos a la bahía mientras cenabamos platos de pasta y pizzas mojadas con mojitos muy cubamos.
Ya caida la tarde, nos metimos en la cueva de los libros, un lugar de paredes forradas por libros en todos los idiomas dejados por los turistas.