El colegio
Llegué al pueblito de tierra caliente con mi madre al lado y una maleta prestada, escuchaba en el walkman a los prisioneros, que por entonces eran ídolos juveniles con su asesinato de marilyn y su baile de los que sobran.
Mi pelo parecía de futbolista del nacional, con unas mechitas relobas y tennis converse de colores amarillos y azules, overal y camisas de cuadros. Conocí en la finca a varias personas, la chica del piercing, la rubia, la que se aguataba la montada, mi amigo el juicioso, que hoy vive en Nueva York haciendo lo que le gusta; las hermanitas que ahora son grandes y tienen hijos, al otro compadre de la foto que no es que fuéramos íntimos, pero lo quiero mucho, a mis compañeritos de curso todos tan majos y puestos; a las damas las veo de cuando en cuando, la una profe y la otra dedicada a los dientes. Ambas pendientes de la luz divina.
Como todos en ese espacio, donde se celebran fiestas y se conmemoran los mejores tiempos con helicópteros, francachelas y comilonas…
Recuerdo a los que trabajaban y todavía trabajan pero con más canas, a los que ya se han ido y a veces por ahí me encuentro, y tengo en las nebulosas del cuerpo de callo a los que desaparecieron tanto de la mente como de la faz de la tierra.
Hice muchas cosas en el colegio, jugué varios deportes, escribí varios cuentos, estudié varias lecciones, me escapé mil veces, me fumé mis cigarros, me dormí mis siestas en los columpios, y capé casi siempre las clases de francés.
Vi un sin fin de veces top gun echada en el sofá de la sala y me enamoré perdida al menos dos veces de damas que nunca lo supieron, mientras jugábamos pinpong o nos lanzábamos a la piscina… tiempos aquellos de escuela y farra.
Me gradué en noviembre, un 30, dando un discurso más llorado que leído (por cierto dice mi madre que de ese tiempo a hoy mi oratoria y dominio del espacio público han mejorado en forma).
Vine a la u y mi madre se fue de profe, y en la foto que acompaña este post está ella cual nomo dándoles a los chicos su clase de espiritualidad, que definitivamente fue lo mejor de estudiar allá.
“Estudiantes de espíritu ardiente, venid hoy vuestra ciencia a elevar, y a dejar en lo alto las glorias, del colegio Kirpalamar”.





