Circo
Tendría yo unos 5 años, era un parque gigantesco con canchas por todos lados y unos elefantes y jirafas de cemento que podían treparse, allí estábamos mi prima que no era prima, su hermanito de los de verdad, mi hermana y yo; cuando vimos a lo lejos la carpa; había en el parque un circo y yo nunca había visto eso.
Corrimos al circo todos y si, efectivamente allí estaba, tenía función no se cuanto tiempo después, asi que fuimos a casa a pedir que nos llevaran y sucedió, nos fuimos con mi tio el simpático al circo del parque.
Era ya tardecito, 5 creo yo, y no había mucha gente, el circo, era de medio pelo, muy precario, de carpa con parches y todo, pero quienes actuaban en el, lo hacían con tanto amor y devoción que muchas de las escenas que vi ese día, con mago, payasos, malabaristas y perros amaestrados, siempre me recordarán buenos tiempos de pelota de letras.
Ayer fui al circo con mi hermana y mi sobrina, no iba desde niña, un plan muy bacano, el mismo circo de hace años, mejor éste que el primero, pero se le nota lo extinto al arte de mantenerse divirtiendo a otros.
Siguen provocando calambres de estómago los saltos mortales y triples, los señores voladores, las motos enjauladas, el simio y toda la parafernalia, no me causan gracia los payasos y es definitivo amo a los tigres de bengala.
Como al mago del limón que trabajaba radiestesia y la contorsionista que se doblaba y redoblaba, llevo en el corazón el circo.
Al salir el circo de la fe me causo gracia, me recordó lo crédulos que somos los mortales, incluyéndome.