Un día feliz
Ayer vi en la tele a un señor que atendió en el hospital a Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, dijo entre varias cosas, que casi lo matan porque en la radio informaron que Gaitán había muerto a causa de una inyección mal puesta y que ese mismo día tuvo que atender a por lo menos 300 personas más, víctimas de lo que la historia conoce como el bogotazo.
Un hecho que ocurrió en la historia de mi país hace más años de los que tengo, pero que sin embargo evoca en mí, los recuerdos de familiares, amig@|s y desconocid@sque si lo vivieron.
Por ejemplo recuerdo que los padres de un amigo se habían casado la noche anterior, un jueves y los cogió la tarde del viernes tirando en un lugar del centro histórico de la ciudad, en medio de bombazos, pedreas, incendios y lágrimas, me lo contaron ellos mismos entre risas en su casa de las villas un martes a las 5 tomando chocolate, la bebida de los dioses.
O la historia de mi tia, que me contó hace poco frente a una taza de te otro trozo de su vida, cuando minutos antes de ocurridos los hechos, pasó a saludar a su tia en el banco de la república, justo en frente de donde cayera el líder sin que todavía pasara y se fue a su casa en chapinero, como si nada, para enterarse luego de las 3 pm de lo que había sucedido en el lugar donde había estado.
Pasaron muchas cosas ese día, en el campo y en la ciudad, pasaron en la cabeza de muchas personas, caso concreto Fidel que estaba aquí y se patió todo el cuento para años después hacer su revolución cubana; paralelo la esposa del señor Ospina y su banquete de conferencia panamericana que la mantuvo alimentada a ella y a todo el personal de palacio incluido su marido; mujer de armas tomar, que se salió a pasear las calles para ver la situación real del pueblo, según su propio cuento, contado hace años a la revista suplementaria del periódico capitalino.
La que si lo hizo y en serio, fue la madre de la amiga de mi mamá, que se fue levantando muertos por las calles a ver si encontraba a su marido y este llegó a casa, 4 días después hambriento y harapiento porque le había tocado caminar de noche y agazaparse de día, para no ser alcanzado por los francotiradores.
Y pasaron mulas y pasaron muertos, casi tantos como los que hay ahora por las mismas causas en los mismos lados y en más aún.
Pobrezas infinitas y sueños de ganarlo todo a punta de armas…
Me acuerdo entonces del cuento que me contara ayer el sobreviviente de armero y que me reta a convertir en cuento, de un robot que funciona con ira y por lo tanto es indestructible, excepto por alguien que no la sintiera.
Así que claro, me digo luego de escribir el post: amar es el equivalente de todas las respuestas, y sonrío, porque es un día feliz cuando descubres eso.





